Inmoral cap 23 por Elena Siles

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Capítulo 23

Aelle y Lydia estaban en la cama juntas, acababan de casarse y ahora querían hacer oficial su matrimonio. Después de muchas discusiones, al final, el padre de Lydia, Oberyn, se había dado cuenta de que su amor era verdadero. Deborah, no había podido seducir a Lydia pues ella sólo veía a Aelle. Al final se casaron de forma tradicional, pero con menos invitados. Lydia y Aelle comenzaron a hacer el amor con pasión. Lydia comenzó a jugar con su sexo mientras Aelle hacía lo propio. Había aprendido a perder el miedo y a comenzar dejarse llevar por lo que le proponía Lydia. Sus cadenas se unieron en la desnudez con una sincronía casi perfecta. Entonces ambas se quedaron mirándose a los ojos extasiadas y al poco se quedaron profundamente dormidas.

 

Mientras Talia recibió a un misterioso hombre en una calle cercana al castillo, no podía creer que hubiera aceptado aquella reunión. Se supone que aquel hombre era un asesino que mataba a personas como ella, es decir, homosexuales. Aunque para aquel tipejo fueran “inmorales”, Talia nunca pensó en usar aquella palabra. Sin embargo, al ver a Lydia casarse con otra mujer la envidia la corrompió. Su corazón seguía roto y quería vengarse de ella, quería que sufriera como Talia había sufrido. Freya la había abandonado por ello, y eso sólo había empeorado la envidia de Talia. Al final le dio una llave al hombre el cual se marchó sin decir palabra y al poco tiempo vio al hombre salir por una puerta del castillo con el cuchillo aún lleno de sangre. Entonces Lydia gritó desesperada y poco después se escuchó alboroto en el castillo. Ahora Lydia sabía lo que era perder a la mujer que amas, se dijo así misma Talia para justificarse. A pesar de ello, había cruzado una línea que nunca pensó que cruzaría y ya ni siquiera se reconocía a sí misma.

 

Se escuchó entonces al rey Oberyn gritar — ¡No hija, no lo hagas! — El rey Oberyn comenzó a llorar tan fuerte que se escuchaba desde afuera.

 

Talia comprendió lo que había sucedido y se dio cuenta de lo que había hecho. Estaba loca y lo sabía, y sólo había una solución para las personas como ella. Fue andando hasta el puente y miró abajo. Sin pensárselo mucho más, dio el paso que faltaba y se lanzó al agua.

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Inmoral cap 22 por Elena Siles

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Capítulo 22

Irina se levantó muy temprano aquel día, hacía horas que Jarld se había marchado y sentía su cama vacía. Suspiró, hoy era el gran día. Hacía no mucho hubiera afrontado aquel día de forma distinta, pero ahora una parte de su corazón que tanto había insistido en proteger le pertenecía a Jarld, aunque ni ella misma quisiera reconocerlo. Pensó en sí estaba haciendo lo correcto, no sólo se estaba cansando con un hombre al que no amaba. sino que además lo hacía para perpetrar un golpe de estado que si no salía bien podría acabar con su muerte. Era aquello para lo que se había preparado durante muchos años, planificando cada instante desde hacía años y ahora que había llegado…una parte de ella tenía miedo. Sabía que lo deseaba con toda su alma, pero hablaba más la venganza que la justicia. Por ella habían muerto muchas personas durante su plan, algunas de ellas sólo habían sido parte del juego para Irina. Al mirarse al espejo se vio a sí misma de forma distinta, era un monstruo escondido detrás de una fachada, siempre lo había sido. No se veía en absoluto hermosa. ¿La consciencia había tomado su mente justo ahora? Al mirar el vestido de novia no pudo más que confirmar que seguiría con su plan, a pesar de lo que pudiera ocurrir consigo misma o con las vidas de los demás, debía intentarlo. Había hecho una promesa a sí misma cuando murió su padre y nada debía frenarla. El pequeño rostro de la niña que había aparecido por un instante murió al terminar de ponerse el vestido de novia, ya no había vuelta atrás.

La iglesia estaba esmeradamente decorada para la ocasión y los invitados vestían sus mejores galas. A un lado y otro, varios invitados en los bancos separados por una alfombra rosa. Entre ellos estaban: Aslaug, Johan, Kern, Jarld, Armian, Laeda, varios nobles más y Jung, aunque él intentaba no llamar la atención. Junto al altar estaba el sacerdote y Horlk II. Entonces al cabo de un rato empezó a sonar una música de arpa bastante melódica y todo el mundo se puso en pie, la novia estaba entrando en la iglesia de la mano de Svein. Cómo Irina no tenía padres, era el padrino de Horlk II el encargado de llevarla hasta el altar. Nada más llegar al altar Svein se retiró y se sentó junto a su esposa, Aslaug. Horlk II sonrió a Irina, y el sacerdote comenzó la ceremonia. Fue una ceremonia tradicional que duró casi una hora y cuando por fin les proclamaron marido y mujer salieron los novios hacia su alcoba. Allí sellarían el pacto con la unión de la carne, como mandaba la tradición, observados por el sacerdote, el padrino y la dama de honor, Laeda.

Irina llegó a la habitación real cogida de la mano de Horlk II, mientras Svein, el sacerdote y Laeda los seguían a una corta distancia. Irina comenzó a desvestirse hasta quedarse en camisón y Horlk II hizo lo mismo. Irina se tumbó en la cama y Horlk II se puso encima de ella y comenzó a besarla lentamente mientras los demás observaban. Entonces comenzó a penetrarla e Irina comenzó a interpretar su papel, gritaba de placer de vez en cuando, pero más comedida. A los pocos minutos la sesión terminó y todos los demás se marcharon dejando a Irina y Horlk II a solas.

 

Laeda llegó junto a Armian y se aseguró de que estaban a solas para hablar con él de plan que debían llevar a cabo — ¿Está todo listo?

Armian asintió — Ya he remplazado a los soldados léales a Horlk II por los míos y he avisado al cochero para que nos esté esperando en la puerta trasera. He hablado con Kern y resulta que le parece bien huir, así que también vendrá con nosotros.

— Menos mal — dijo aliviada Laeda y después le besó en los labios — Gracias.

— Él también es mi hijo, después de todo, y aunque no lo fuera no pensaba dejarle atrás.

 

Laeda asintió y entraron juntos en el salón del banquete. Los soldados de Armian rodeaban a todos los invitados, pero habían dejado una ventana sin vigilancia para que pudieran entrar por ella los encargados de acometer el golpe de estado. Entonces Horlk II e Irina entraron de nuevo en la sala vestidos de gala, se sentaron en su mesa y comenzaron a comer junto al resto de sus invitados. Jung observaba todo en una mesa con otros nobles y observó a una mujer rubia con un niño pequeño entrando por una ventana sin vigilancia, eran Marga y Neim, él no lo sabía, pero no era el único que se había dado cuenta, también le vio Jarld. De pronto vio peligrar todo el golpe de estado y comenzó a pensar qué hacer a continuación.

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