Reseña de «Invade me» de Manu Franco y Manu Civera Ro

Sinopsis: ¿Y si existiera el sistema perfecto?. Un sistema que no solo uniera a toda la humanidad, sino que hiciera que por primera vez no hubiera ninguna guerra en el mundo, la delincuencia fuera mínima, la hambruna y la alfabetización, erradicadas, la población más feliz que nunca y que los progresos humanos se catapultaran al infinito dándonos el mayor salto tecnológico de la historia… ¿Y si el precio de ese sistema perfecto es que no lo hemos elegido? ¿y si el coste de vivir esta utopía a escala mundial es que nos ha sido impuesto a la fuerza?. ¿Lucharía la humanidad por liberarse o preferiría una feliz y próspera sumisión?…

Booktrailer: https://youtu.be/iRd7y9phTAA

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RESEÑA

Leyendo este libro me encontré con una escena explícita de violación, por eso os he de poner aquí un Tiger Warning de posible contenido sensible. Es solo una escena pequeña, pero aún asi me gustaría marcarlo porque hay personas especialmente sensibles a ciertos temas y me parece importante.
Bueno, el libro tiene un estilo sencillo y fácil de leer, no obstante, es no convierte la historia en algo simple ya que su trama y como se desarrolla es lo que de verdad hace algo único a esta novela. Entonces si te gusta el suspense, el drama y una trama bien conectada sin lugar a dudas creo que deberías leer Invade Me.  Los personajes están bastante bien, si bien es cierto que no me ha llamado ninguno especialmente la atención, esto también es algo positivo pues significa que es algo más coral.  He de especificar que la dualidad moral que se plantea en la novela me parece súper novedoso y de lo más intrigante. A mi punto de vista desde luego me quedaría con los aliens, pero para algo está ahí el debate. Creo que lo más interesante de la novela es la ficción creada para la trama y como une perfectamente todas las partes.

Mi nota para esta novela es 4’5/5.

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«Silencio» por Elena Siles Bernal

Era una fría y sombría tarde de invierno cuando hallaron a Marina, después de casi una semana desparecida, el cuerpo de la joven había sido hallado en el río Guadalquivir en Córdoba capital. El inspector Antonio Delgado Ruiz-Herrera había acudido al lugar junto al equipo de forenses para tomar testimonio a los que habían descubierto el cadáver. Se trataba de dos jóvenes, uno de ellos era un hombre sudamericano con el pelo oscuro y el otro era español con el pelo pelirrojo.

— Nosotros sólo dábamos un paseo, cuándo fuimos a por un poco de agua para nuestras cantimploras cuando vimos a la joven en la orilla — dijo el joven sudamericano.
— Fuimos a ayudarla, pero al acercarnos supimos que ya no podíamos ayudarla…dios no me lo puedo creer — dijo emocionado el joven pelirrojo.
— Entiendo, ¿vuestros nombres por favor? — preguntó el inspector.
— Sergio Bellido — contestó el joven español intentando reponerse.
— Marcelo Presas.
— ¿Conocían a la joven? — ambos negaron y el inspector apuntó los nombres y les entregó una tarjeta — Este es mi número personal, si se acuerdan de algo, aunque pueda parecer o no importancia llámenme — Antonio observó como ambos jóvenes se marchaban aún conmocionados.
La forense, una joven mujer de piel morena, ojos castaños y pelo oscuro se acercó hasta Antonio con cara de frustración — No te lo vas a creer no hay marcas de ningún tipo en el cuerpo. Así que… o el que ha hecho esto sabe lo que hace o ha sido un suicidio.
Antonio suspiró algo cansado — Comunícame enseguida cuanto tengas la autopsia, por favor — la forense asintió como respuesta — Gracias Ana.

Antonio se subió de nuevo al coche y fue directo a su casa, necesitaba comer algo y darse una buena ducha. A pesar de sus entrados 40 años Antonio aparentaba bastante menos gracias principalmente a que se mantenía en forma por su trabajo. Su pelo era sin embargo el reflejo de su edad, era entre castaño y canoso, y hacía poco había comenzado a perder algo de pelo. Sus rasgos eran algo toscos y estaban curtidos por la edad, sin embargo, poseía unos intensos ojos azules. Antonio era sin duda un hombre solitario, había estado casado, pero se divorció poco después.
Siempre había sido un adicto a su trabajo y apenas tenía tiempo para ver a su familia o amigos. También tenía una hija, Clara, que por fortuna había heredado la personalidad y belleza de su madre; el único rasgo que ambos compartían eran la altura, pues su exmujer era más alta que él.
Antonio llegó a su apartamento y allí estaba Roy, esperándole con una gran sonrisa. Su compañero canino era sin duda la mejor compañía de Antonio. Antonio había adoptado a Roy, hacía dos años sacándole de la perrera. En cuanto vio a aquel pastor alemán de 3 años no dudó ni un instante en llevárselo a casa.

— Hola chico — Antonio acarició a Roy, después le puso agua limpia y comida en su cuenco — Veo que no soy el único que tiene hambre — Antonio fue a la cocina y se hizo un sándwich de pavo. Se lo comió, cogió una cerveza de la nevera y regresó al salón.

Antonio cogió las cartas de la mesa del recibidor y se sentó en el sofá. Miró una a una, eran todas facturas… “Debería de pedir un aumento” pensó Antonio. Antonio dejó las cartas en la mesa del salón y fue a su despacho, allí revisó de nuevo la copia del expediente del caso que tenía guardada en un fichero. Revisó todas las declaraciones de los amigos y familiares de Marina. Había una foto de la joven de unas semanas antes de desaparecer en el expediente, aquellos ojos de color miel se le clavaban en el alma. Aquel caso le estaba trastocando, su hija tenía 12 años y Marina tenía tan sólo 14; se estaba convirtiendo en algo casi personal. Marina tenía el pelo pelirrojo, largo y lacio, la piel blanca, pero con pecas sobre sus mejillas sonrosadas, y aunque era bastante delgada podía verse que se iba a convertir en una mujer hermosa. Claro que al final el destino había querido interrumpir la vida de aquella joven, Antonio estaba decidido a dar con el asesino de Marina, aunque le costase años. Todo lo que leía sobre Marina le confundía aún más según todos sus compañeros era muy tímida y no hablaba con nadie. Su padre aseguraba que Marina no tenía ni había tenido nunca novios o amigos íntimos, su única amiga era Verónica, pero su padre aseguraba que hacía meses que no venía a casa. Su madre era alcohólica y estaba en prisión y no veía a su hija desde que tenía 8 años, por lo que el padre lógicamente estaba demasiado saturado por una hija adolescente sin ayuda alguna. Por ello, Antonio no se sorprendió al comprobar en el ordenador de la chica verificaba que había estado chateando con un chico los últimos meses, pero las conversaciones terminaban el día que la habían secuestrado.
Localizaron al joven en cuestión, pero aseguraba no conocer a Marina y al registrar su ordenador quedó verificada su versión. Alguien había creado un perfil falso y había comenzado a chatear con Marina para ganarse su confianza, por lo que empezaron a investigar la posibilidad de un pederasta.
Sin embargo, al rastrear las señales del chat conducían a una cafetería muy concurrida y actual para jóvenes, lo cuál no concordaba con esa teoría. Todas las pistas habían llevaba a un callejón sin salida, investigaron la posibilidad de que Marina se hubiera marchado de casa y aquello si concordaba un poco más con la historia pues faltaba ropa y cosas personales de Marina en su habitación. Al final localizaron a la antigua amiga de Marina, Verónica, una joven de ojos azules y delgada cuyo padre era el profesor de teatro en el colegio y cuya madre era ama de casa. El hermano de Verónica había muerto hacía un año. Sin embargo, Verónica no tenía en contra de Marina y además había estado estudiando el día que Marina desapareció, sus padres y un historial de internet lo confirmaban.
Antonio se hallaba casi como al principio sin sospechosos ni pistas que pudiera seguir, al menos hasta que le comunicaran el resultado de la autopsia. Pero ahora la posibilidad de hallar viva a Marina había desparecido. Así pues, cerró el expediente y lo volvió a guardar en el fichero. “Algo se me está escapando y no logro descifrar el qué…quizás debería pasear a Roy y despejarme un poco”. Antonio se levantó, cogió la correa de Roy y la ató a su collar mientras Roy daba saltos de alegría. Antonio cogió una cazadora, una bolsa de plástico y las llaves de la casa antes de irse a dar un paseo con Roy. Tras un paseo de un par de horas regresó a casa con Roy algo cansado, aquel perro tenía demasiada energía y él estaba empezando a hacerse viejo para ir corriendo tras de él cuando salía corriendo detrás de algún perro.
Antonio se puso el pijama y encendió la televisión, y allí estaba Marina en las noticias. A pesar de que nada más saber que habían encontrado el cadáver de Marina lo primero que hizo Antonio fue avisar a los padres, se sentía mal por trataban a la joven en algunos medios de comunicación. Él mismo era padre y veía inhumano el usar la muerte de una joven para así conseguir dinero. Nunca le habían gustado los periodistas, pero desde luego aquella patraña que usaba el sufrimiento para ganar dinero no tenían perdón, eran buitres dispuestos a inventarse noticias e invadir las vidas de otros sólo por el morbo. Antonio apagó la televisión cabreado y se echó a dormir, no aguantaba más de esa basura y además estaba cansado.
“Mañana al despertarme tendré los primeros resultados de la autopsia y podré retomar de nuevo la investigación, espero poder avanzar algo y no volver a quedarme estancado de nuevo. Debo resolver este caso y hacer justicia a Marina o de lo contrario no creo que pueda volver a dormir”

Al día siguiente Antonio llegó a la comisaría temprano dispuesto a trabajar cuando recibió un SMS de la forense, Ana — Tengo los resultados de la autopsia, ven en cuanto puedas. Pd: Tráeme un café solo.

Antonio caminó hasta la cafetera que tenían en comisaría y sirvió dos cafés, uno solo para Ana y otro cortado para él. Después caminó directo a la sala de autopsias y allí se encontró con Ana que estaba vestida una bata de laboratorio, unas zapatillas blancas, mascarilla y guantes de látex.

Antonio le entregó el café con una sonrisa y Ana se quitó la mascarilla para darle un sorbo al café — Muchísimas gracias, la verdad es que lo necesitaba.
— De nada, por favor dime que sabes cómo murió la víctima.
Ana asintió — Murió ahogada y por fin han empezado a salir evidencias en la piel. Al principio no las vi la piel quedó dañada por el frio del agua. En cuanto apliqué un poco de calor empezaron a verse algunos moratones en las muñecas y tobillos. Además, tenía restos de alcohol y cloroformo en sangre. Y según mis cálculos murió ayer por la madrugada por la descomposición de algunos órganos.
— ¿Quieres decir que ha estado viva todo este tiempo que estuvo desaparecida?
— Así es y no la han violado ni la han maltratado, lo único extraño es que la lengua parece algo dañada, creo que se mordió así misma — respondió Ana.
— Intentaban sonsacarle información, pero si no la maltrataban físicamente… entonces… por eso tenía alcohol. Fue obligada a beber hasta hablar — Antonio miró fijamente el cuerpo de la joven — ¿Qué era aquello sobre lo que guardabas silencio?
— ¿Sabes lo más curioso? Encontré restos de cinta aislante en sus uñas, creo la tiraron atada al río. Consiguió liberarse de la cinta, pero estaba tan borracha que no podía nadar hasta la orilla y murió ahogada — explicó Ana.
Antonio se echó las manos a la cabeza incrédulo y algo cansado — Hazme un favor y si te preguntan los padres diles tan sólo que murió ahogada.
— Sí, de acuerdo. Tienes razón. ¿Sabes? este caso me tiene intrigada. Me mantendrás informada, ¿verdad? — preguntó Ana y Antonio asintió como respuesta.
De pronto Antonio recibió otro SMS, era su jefe había habido otra desaparición, se trataba de uno de los profesores del centro en que estudiaba Marina — Debo irme, tengo otro caso que puede estar relacionado con éste. Gracias por todo Ana — Antonio se despidió de Ana y se marchó directo a su oficina.

Mateo, un hombre mayor de 57 años se despertó aturdido y cuando por fin pudo abrir los ojos comprobó que estaba atado a una silla. Intentó liberarse, pero estaba aún drogado y apenas tenía fuerzas. Mateo tenía la piel clara, casi rosada, y unos rasgos caucásicos bastante prominentes. Su escaso pelo era gris, corto y lacio, sus ojos eran verdes y aunque poseía un cuerpo bastante demacrado era bastante fuerte. Estaba vestido con unos vaqueros, una camisa azul de mangas largas y zapatos a juego.
Al final su vista comenzó a acostumbrarse a la tenue luz de la habitación en dónde se hallaba, y al ver a su raptor soltó una carcajada que fue duramente respondida con una descarga eléctrica a través de una batería de coche.

— No deberías reírte dado la situación en la que estás — le amenazó.
— Es curioso, por una parte, jamás pensé que fueras a ser tú y por otra ya me lo esperaba. Aunque no te creía capaz de algo así y mucho menos de asesinar a una joven tan sólo para dar conmigo — reconoció Mateo.
— Ella se quedó en silencio cuando pudo hablar, obtuvo lo que se merecía. Aunque con ella he sido clemente, pero contigo no será así.
Mateo miró a los ojos azules de su enemigo y comenzó a temblar — Tú no lo entiendes, no puedo pararlo. Es un impulso que me arde por dentro…y no paraba de llorar y llorar… Entonces apareció ella y le golpeó con un libro en la cabeza, así sin más. Creo que lo único que intentaba era hacerle callar, pero le mató y entonces no tuvo elección pues si hablaba, entonces ella también iría a la cárcel.
— Ya conozco la historia, ella al final me lo contó todo.
— ¿Y por qué no me has matado sin más? — preguntó Mateo y entonces le taparon la boca con un pañuelo que le ataron con cinta por alrededor de la cabeza.
— Creo que ya sabes la respuesta a esa pregunta, ¿no es así? — y tras sacar un cuchillo, le bajó los pantalones y le apuñaló en los genitales — Esto es por ser un asqueroso pederasta y abusar de niños inocentes — Mateo intentaba gritar sin éxito e intentaba liberarse sin éxito. Entonces le clavaron el puñal en la barriga y escribieron sobre él: pederasta; y justo después le apuñalaron en el cuello y Mateo murió desangrado en cuestión de segundos — Debí hacerte sufrir más, pero no mereces que gastara tanta energía. ¿Sabes lo más curioso Mateo? Marina me contó una historia similar a la que me has contado, sólo que ella en realidad quiso matarte a ti y al fallar mató a quien quería salvar. En realidad, no me hacía falta saber que fuiste tú, sólo la castigué por haber guardado silencio todo este tiempo y así lo hizo a pesar de todo hasta su muerte.
Antonio mandó a uno de sus hombres para que tomase declaración a todos los alumnos y compañeros del profesor desaparecido y al director del colegio mientras él había regresado para hablar con el padre de Marina; pero ninguno de ellos parecía saber nada de la vida privada de Mateo Prados. Estaba comenzando a cansarse de aquellas pistas que no le conducían a ninguna parte, entonces recibió una llamada.

—Buenas tardes Ana, dime que tienes algo — le pidió Antonio.
— ¿Recuerdas que pediste que vigilaran las tarjetas de tu desaparecido? Pues una ha sido usada esta tarde para alquilar una habitación de hotel. Hemos mandado una patrulla para allí y han encontrado el cuerpo de Mateo sin vida. Estoy en la escena del crimen y hace menos de una hora que lo han matado — explicó Ana.
— ¿Dónde es?
— “Hotel Hesperia Córdoba”, avenida Fray Albino, 1 — respondió Ana.
— Gracias, voy enseguida para allá — Antonio colgó y se subió con prisas a su coche, una vez dentro condujo hasta la escena del crimen. Antonio llegó al hotel y subió hasta la habitación, una vez allí pudo ver la escena del crimen y tuvo que contener su impresión. Ana estaba allí apuntando cosas en su libreta — Por los dioses, ¿qué ha pasado? — Ana le miró y suspiró— Sin muchos detalles por favor.
— Pues le han apuñalado, de ahí el espectáculo de sangre por toda la habitación. Hemos encontrado este portátil, pero aún no lo hemos procesado — Ana le entregó el portátil.
Antonio manejó el portátil y se horrorizó al ver su contenido — Este hijo de puta era un pederasta, sinceramente no me apena demasiado su muerte.
— Lo de pederasta lo lleva escrito — dijo Ana y Antonio le miró confuso — Es algo literal, lo lleva escrito en el abdomen. Es obvio que todo esto es una venganza personal.
Antonio se metió en internet — Este idiota tenía su correo con la contraseña guardada, a ver si encontramos algo — Antonio miró los emails — No me lo creo, se escribía con mi otra víctima, Marina. Ambos casos están relacionados, ¡estaba en lo cierto!
— ¿Qué dicen los emails? — preguntó Ana y Antonio le miró sorprendido — ¿Qué? Es que tengo curiosidad, ¿sabes?
— Básicamente la amenaza todo el tiempo diciendo que si no guarda silencio ella sería la primera en perder. Hay un video adjunto — Antonio le dio al play y al ver su contenido su cara le cambió. “Dios, ¿cómo he estado tan ciego? … Quien asesinó a Marina también asesinó a Mateo” pensó — ¿Vino Mateo acompañado?
— Sí, los recepcionistas dijeron que venía acompañado de una prostituta, pero no tienen una imagen clara en los videos de seguridad porque llevaba sombrero y gabardina. Seguramente estaba pagada por el asesino para que subiera a la víctima a la habitación y luego entrar él y asesinarle — respondió uno de los agentes.
Antonio entonces lo entendió “era un disfraz” pensó Antonio — Sé quién asesinó a Marina y Mateo.
Ana le miró sorprendida viendo cómo se marchaba corriendo de la habitación del hotel — ¿Y no me lo dices? ¿En serio? — Ana suspiró.

Antonio fue corriendo hasta su coche y condujo rápidamente hasta llegar a la casa del asesino. Había pedido refuerzos por el camino y llegarían en unos minutos, pero el asesino no esperaría tanto, seguramente sólo había regresado para coger algo de dinero. A esas alturas sabía que con las prisas se había dejado el portátil de Mateo en la habitación y que seguramente con las prisas habría dejado alguna pista, y siendo tan inteligente no tenía otra opción salvo huir.

Antonio llamó a la puerta — ¡Policía! Abra la puerta o la derribaremos abajo.
Un hombre de unos 50 años le abrió enfadado y sorprendido — ¿Qué sucede?
Antonio le apuntó con la pistola — Contra la pared y de rodillas — le ordenó y el hombre hizo caso — ¿Dónde está su hija?
— Arriba en su cuarto — respondió asustado el hombre.
— ¡Verónica… Sal inmediatamente con las manos en alto! — gritó Antonio.
Verónica salió de la habitación con las manos en alto — ¿Sucede algo agente?
— Ya sabes lo que sucede, ven hasta aquí muy despacio — le ordenó Antonio.
— Pues va a ser que no, verá agente yo tengo tan sólo 13 años usted no puede detenerme — respondió Verónica.
— A ti no, pero a tu padre sí — dijo triunfal Antonio — Y será acusado de doble homicidio, a menos claro está que el verdadero asesino se entregue a la justicia.
Verónica suspiró — Está bien, usted gana, me entregaré.
— Pero… ¿Qué has hecho hija? — preguntó asustado su padre aún de rodillas.
— Vengué a mi hermano, padre. Eso es lo que hice — respondió Verónica y el padre se echó las manos a la cabeza — Por curiosidad, ¿cómo lo supo?
—El niño al que asesinaron tenía tus mismos ojos entonces caí que tu hermano había muerto hacía un año y luego estaba el disfraz. Tu padre es profesor de teatro.
Verónica sonrió — Es curioso, había planificado todos los detalles. Y por el color de mis ojos y un disfraz… lo curioso es que usted sabe lo que pasó. ¿No cree acaso que hice justicia por mi hermano? ¿Me va a decir que usted no habría asesinado a ese hijo de puta y a la zorra que calló la muerte de un niño?
— No eres tú quien dicta esa sentencia Verónica.
— Adelante deténgame pues, confesaré para salvar a mi padre. De todos modos, no me caerán más de cinco años en un correccional y en cuanto se sepa la verdad ni siquiera eso y usted lo sabe. Lo mejor para todos es que yo me adelante hacia usted con un cuchillo — Verónica sacó un cuchillo y avanzó hasta Antonio.
— ¡Para! Sino vas a ser castigada, entonces ven conmigo. No hagas esto.
— ¡Usted no lo entiende! Yo debería ir a la cárcel por lo que hice, pero no puedo tan sólo por mi edad. Nadie debería estar en silencio ante una injusticia — gritó Verónica.

Antonio vio como Verónica se lanzaba contra él y al final tuvo que dispararle. El padre de Verónica fue corriendo a ayudarla y llorando la abrazaba. Antonio entonces comprendió lo peligroso que podía ser que alguien se quedara en silencio ante una injusticia por miedo, como hizo Marina y las terribles consecuencias que el silencio puede llevar consigo.

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