La vecina de al lado último cap por Elena Siles

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Capitulo 25

Sandra apenas podía moverse por el dolor que le causaba la cadera, pero aun así debía hacer lo correcto, debía avisar a Vera de las verdaderas intenciones de Mara. Así que se levantó y se dirigió hasta la cafetería dónde había quedado con Vera. Llegó a la hora prevista, y vio a Ver esperándola sentada tomando un café con una gran sonrisa. Si ella supiera lo que ahora le deparaba…no sonreiría tanto, eso seguro.

Sandra se sentó enfrente de Vera — Gracias por venir.
— Me alegra volver a verte Sandra — Sandra asintió como respuesta — Dime, ¿a qué viene esta cita tan misteriosa? ¿Ha sucedido algo?
— Tenías que saber la verdad — contestó Sandra.
— ¿A qué te refieres? — preguntó Vera.
— Mara no es la mujer que creer que es. Desde que os conoció a ti y a Xavier quiso separaros, sucedió lo mismo con la antigua pareja de vecinos: Brenda y Jack. Mara le cogió cariño a Jack e hizo todo lo posible para separarles y estar con Jack, pero una vez que lo tuvo en sus manos se deshizo al poco tiempo de él.
— Aunque eso fuera cierto, a mí ya me da igual Yo estoy con Martin, me da igual si Mara está con Xavier o no. Yo siempre quise a Martin, así que ¿qué más da si intentaba separarnos? Nosotros ya estábamos destinados a terminar nuestra relación, no nos queríamos de verdad — dijo Vera tranquilamente.
— No lo entiendes. Mara mató a Brenda para poder estar con Jack y después mató a Jack por aburrimiento. Fue a por ti desde el principio. ¿Por qué crees que te recomendó a ese psiquiatra que además era amigo suyo? Ellos dos estaban aliados para hacerte perder la cabeza y que Mara se hiciera con el corazón de Xavier. Martin te salvó y ahora me temo que Mara querrá terminar lo que empezó. Seguramente cuando sepa que yo te he contado todo esto irá a por mí, pero ya me da igual, he vivido demasiados años con miedo. Si he de morir para parar a esa loca de una vez por todas, que así sea — explicó Sandra.
Verá la miró incrédula incapaz de imaginar a una persona tan frágil como Mara matando a alguien, pero la expresión de Sandra era tan sincera… y de pronto comenzó a atar cabos, y se dio cuenta de que Sandra tenía razón — Oh dios santo. Tengo que contárselo a Xavier.
— Ten cuidado Vera, ella te estará esperando — le avisó Sandra.
Vera se levantó con prisas y de pronto se fijó en Sandra — ¿Y qué pasará contigo?
— No te preocupes por mí, tú ve a avisar a Xavier — Vera asintió como respuesta y salió corriendo. Sandra se le quedó mirando, sacó de su bolso y una pistola. Puso el caño sobre su sien y disparó. Su último pensamiento fue: “ahora ya no podrás hacerme daño Mara”.

Vera se dirigía corriendo al piso de Xavier mientras marcaba su número en el teléfono, pero Xavier no respondía. Vera enfadada guardó el teléfono y siguió corriendo hasta llegar al piso de Xavier. Llamó a la puerta con intensidad y le abrió Xavier, la cara que puso al verla no tuvo precio.

Vera le abrazó aliviada al ver que estaba bien — No sabes lo mucho que me alegro de verte.
— ¿Qué sucede? — le preguntó Xavier confuso — Pareces alterada.
— Tengo que contarte una cosa sobre Mara, será mejor que te sientes — Vera entró en el piso de Xavier y esperó a que éste se sentara, después le contó la conversación que había mantenido poco antes con Sandra — Mara es una asesina, ya intentó matarme una vez, ahora estoy segura de ello, y volverá a intentarlo hasta que lo consiga. Tienes que detenerla.
Xavier sonrió sarcásticamente — Eres increíble. Lo que te llegas a inventar Vera — Xavier se rió y Vera se enfadó — No me mires así, te he pillado, pero tampoco es para tanto. Entiendo que ahora que sabes que estoy con otra te vuelvas celosa y te invites cosas de Mara, pero esto…
— No me lo estoy inventando Xavier. A mí me da igual con quién rehagas tu vida, pero esa mujer es una asesina. Tenemos que detenerla.
— Será mejor que te marches Vera, esto ha dejado de ser divertido — Vera le miró incrédula ante la respuesta de Xavier — Por cierto — Xavier se levantó y le entregó una carpeta llena de papeles — Estos son los papeles del divorcio, ya están firmados. Ahora que ya soy libre oficialmente te diré una cosa: espero que Martin te quiera porque si no, no aguantará tus locuras y desvaríos Vera — Vera cogió los papeles y se levantó aún incrédula — Hasta luego querida. Ha sido un placer mantener esta extraña conversación, pero por favor no vuelvas.

Vera se marchó del piso de Xavier aún sin creerse lo que acababa de suceder, Xavier estaba a la merced completa de Mara. Esa mujer lo había estado planeando todo desde el principio, pero… ¿para qué? ¿Para estar con Xavier? Seguramente había una razón más oscura detrás de todo aquello y pensaba descubrirla, no se pensaba rendir hasta Mara estuviera entre rejas.

Vera marcó el número de Martin — Hola cariño, necesito que me recojas estoy en el piso de Xavier, he venido a por los papeles del divorcio. Tengo que contarte una cosa, pero tiene que ser en persona… ¿vienes a por mí? Gracias cariño — Vera colgó y marcó otro número de teléfono, era el del capitán Wright— Buenas tardes capitán, soy Vera Johnson. Sí… verá necesitaría que me hiciera un favor personal. ¿Podríamos vernos esta tarde? Gracias capitán.
Martin llegó para recoger a Vera — Aquí estoy. Dime, ¿qué sucede?
— Vamos a la comisaría he quedado con el capitán Wright.
— Pero… ¿qué? — dijo confuso Martin.
— Llegamos tarde, te lo contaré por el camino, ¿de acuerdo?

Vera y Martin se marcharon con prisas de camino a la comisaría, pero justo a la salida les esperaba Mara. Los amantes se miraron y Martin comprendió de pronto todo lo que estaba pasando. Puso a Vera detrás de él para protegerla, pero Mara sacó una pistola.

— ¿Ibais a alguna parte? — preguntó irónicamente Mara.
— No lo hagas Mara, aún estás a tiempo para entregarte y no ir a parar a la silla eléctrica. Mi primo es abogado podría conseguirte un buen acuerdo — intervino Martin.
Mara se rió maléficamente — Jamás iré a la cárcel.
— Xavier puede oírte — le recordó Vera.
— No tenía intención de mataros ahora, perdería la gracia — Mara disparó a Martin y a Vera casi simultáneamente, ambos cayeron dormidos — Buenas noches.

Xavier estaba viendo la tele y le pareció escuchar dos sonidos huecos, parecidos a disparos, pero creyó que eran alucinaciones suyas. Pero no se sentía del todo cómodo así que fue a ver a Mara su piso, necesitaba verla. Comprobar que todo aquello que le habían contado eran las típicas mentiras de una exesposa celosa, y que Mara seguía siendo la Mara que él creía que era. Tal vez dudar de ella no estaba bien, y menos con algo tan grave, pero no podía quitarse la idea de la cabeza. Lo que le había contado Vera al principio le había parecido absurdo, pero explicaría muchas cosas que quedaban por zanjar del intento de asesinato de Vera por aquel psiquiatra; tenía esa extraña sensación que sólo podría quitarse de encima si lo hablaba con Mara. Necesitaba contestaciones para algunas preguntas y estaba dispuesto a aceptar la verdad por muy dura que fuese. Xavier llamó a la puerta de Mara, pero nadie respondió.
Xavier utilizó la llave que le había dado Mara hacía un par de días y entró. Parecía no haber nadie, pero decidió mirar en el dormitorio por si estaba dormida, y entonces lo vio.
El cadáver de una mujer mayor degollado tendido sobre la cama, estaba envuelto en una bolsa de plástico, pero se le podía ver la cabeza. Estaba planeando cómo deshacerse del cadáver.
Todo lo que le había contado Vera era verdad. Xavier salió del piso de Mara con prisas.
Daniel Wright esperaba en su despacho, hacía un rato que Vera Johnson le había llamado para concertar una cita con él, y aún no había llegado. Aquello era bastante extraño. ¿Qué era lo que le iba a contar aquella mujer? ¿Estaría relacionado con la mujer hallada muerta en la cafetería Brooklyn? Los camareros recuerdan haber visto a una mujer con descripción muy parecida a la señorita Johnson saliendo corriendo del escenario del crimen. Todos afirmaban que había sido un suicidio, pero si había sido así, ¿por qué había salido aquella mujer corriendo? ¿y era Vera aquella mujer y por eso le había citado? Quizás tuviera que contarle algo sobre aquel suicidio. ¿Estaría todo aquello relacionado de alguna manera? Era lo más probable, necesitaba que alguien lo investigara y no podía llamar a Xavier porque tenía relación con la principal testigo, y puede que incluso se convirtiera en sospechosa. Quizás lo que quería contarle es que ella era culpable de aquel suicidio…
En cualquier caso, debía mantener a Xavier fuera del caso, avisaría a Price, había demostrado ser un buen detective y además sabía que podía confiar en él para que no se lo contara a Xavier. Daniel suspiró, aquella situación iba a ser sin embargo bastante complicada.

Daniel abrió su móvil y comenzó a escribir: “Price, te necesito en mi despacho. Ahora” y se lo envió a Price, un minuto después Price estaba en su despacho — Siéntate, por favor.
— ¿Qué sucede capitán? — preguntó Price.
— Hace poco recibí una llamada de Vera Johnson diciéndome que se iba a citar conmigo esta tarde, pero no se ha presentado. Creo que puede estar involucrada de alguna forma en el suceso de esta tarde en la cafetería Brooklyn, y necesito hablar con ella. No contesta al teléfono, así quiero que averigües todo lo que puedas sobre el caso y manda a Cox para busque a la señorita Johnson — le explicó Daniel.
— Y me imagino que quiere mantener alejado de esta investigación a Carpenter…
— Por supuesto que sí Price, una mujer ha muerto esta tarde y su exmujer podría estar implicada. Sí algo sé de Xavier Carpenter es que, aunque le apasione su trabajo jamás dudaría en salvar a su exmujer a pesar de todo lo que haya sucedido entre ellos — dijo Daniel.
De pronto sonó el teléfono y Daniel lo cogió — Hola detective Carpenter. Dígame… ¿qué sucede? — a Daniel se le cambió la cara — No se preocupe, enseguida mando a Emily y a Katia para allá. Gracias por informarme Xavier — Daniel colgó.
— ¿Qué sucede capitán? — preguntó Price.
— Me temo Richard que la historia de Brenda y Jack se está repitiendo, pero esta vez con Vera Johnson y Xavier Carpenter — respondió Daniel.
— Jamás conseguimos atrapar a Mara Anderson, no teníamos pruebas suficientes. ¿Cree acaso que esta vez será diferente capitán? — insinuó Richard.
— No lo sé, pero tendremos que arriesgarnos.
— Capitán …la última vez…
— ¡Sé perfectamente lo que pasó la última vez! — le cortó Daniel — Pero no voy a permitir que una tragedia personal interfiera en este caso y menos si la vida de tres personas entre ellas uno de mis agentes está en peligro. Además, puede que se la única ocasión de hacerle justicia a mi hija Brenda, tenemos que detener de una vez por todas a Mara Anderson y esta vez lo haremos a tiempo — dijo Daniel

En aquellas palabras guardaba el recuerdo de la muerte de su hija Brenda, agente del cuerpo a manos de aquella mujer. Tenían muchas teorías, pero ninguna prueba. Ahora Daniel podría hacer justicia a su hija y encerrar de una vez por todas a Mara Anderson.
Martin se despertó, estaba encerrado en algún sitio oscuro seguramente era el maletero de un coche. Además, tenía atado los pies y las manos, palpó en su bolsillo y encontró su móvil, pero no tenía cobertura, maldijo para sí mismo su mala suerte.
Sin embargo, podría usarlo como linterna para ver dónde se encontraba exactamente, con mucha mañana utilizó la luz del móvil para ver dónde estaba, y tal y como había supuesto estaba dentro del maletero de un coche… un segundo… era el maletero de su coche. En un lado estaban su maletín, con sus iniciales, y aquella mancha de pintura roja. Si sin duda era su coche. y si no recordaba mal había dejado una caja de herramientas cerca…
¡Ahí estaba! La abrió con la boca y las manos aún atadas, y cogió la única sierra que tenía, era un poco vieja, pero serviría para cortar la cuerda. Con cuidado y aguantando el móvil con la boca como linterna fue cortando lentamente la cuerda, en alguna ocasión se hizo daño así mismo, pero no paró hasta que estuvo desatado. Con las manos ya libres puso desatarse los pies, aunque tuvo que reconocer que moverse en aquel cubículo tan pequeño no era fácil.
Por una vez en su vida se alegró aquel defecto de su maletero que lo tenía loco y que hacía que se abriera con los baches de la carretera, había usado una goma para mantenerlo en su sitio, pero por suerte para él, la goma podría cortarla desde el hueco que hacía con las piernas. Fue la situación más incómoda que había vivido nunca en su vida, pero consiguió salir de aquel dichoso maletero. No hacía mucho sol así que no le costó acostumbrarse a la luz, bien podrían ser las ocho de la tarde en realidad.
El sol se estaba comenzando a poner por el horizonte de la montaña, en ese mismo instante se dio cuenta de que estaba en una montaña. Repasó mentalmente en que parte de la montaña podría estar para ubicarse mejor… de pronto ya sabía dónde estaba, la montaña más pequeña de las Montañas Landscaping, pero eso estaba casi al lado de Carson City. Estaba muy lejos de casa. De pronto supo que era probable que jamás le encontraran ni a él ni a Vera, y mucho menos que los encontraron a tiempo antes de que Mara los matase. Debía impedir que Mara matase a Vera, si es que no estaba muerta ya. Debía comprobar si Vera seguía viva… Observó a su alrededor y vio una cabaña, se acercó hasta ella y miró a través de la ventana. Vio a Vera, ¡Estaba viva! Respiró aliviado, pero entonces vio a Mara con un cuchillo y una sonrisa diabólica. Tenía que pensar en una forma de detenerla, pero… ¿cómo?
Xavier esperó sentado en las escaleras hasta que llegaron Emily y Katia, y una horda de equipo técnico para llevarse el cadáver e inspeccionar el lugar del crimen. Xavier se levantó al ver a sus compañeras, jamás se imaginó que Mara pudiera ser una asesina. Y ahora Vera estaba en peligro por su culpa, era probable que estuviese ya muerta. Todo aquello era culpa suya, si hubiera escuchado a Vera…Pero ya no había vuelta atrás, ahora sólo podía hacer su trabajo lo mejor que pudiera y encontrar a Vera antes de que fuera demasiado tarde.
Xavier llegó a la comisaría y se sentó en su silla. Katia se sentó enfrente de él y lo miró con cariño. Se habían puesto enseguida a perseguir el pasado de Mara, pero no había ni un solo domicilio a su nombre. El piso en el que vivía seguía al nombre de la madre, aunque ahora que ella había muerto pasaba a Mara, eso no les aportaba nada nuevo.

Anthony llegó hasta Xavier con unos papeles y se los entregó a Xavier — No te lo vas a creer.
— ¿Qué es esto? — dijo Xavier observando los papeles.
— Son los papeles de divorcio de presentados de Sam Anderson a Sharon Anderson, pero nunca fueron llevados hasta un abogado puesto que poco después Sam murió en un accidente de coche y la madre de Mara cayó en coma — respondió Anthony.
— ¿Y qué tiene de especial estos papeles? — preguntó Xavier.
— La tutoría de Mara iba a ser para su padrastro, Sam. Y lo mejor de todo es que el motivo de divorcio presentado por Sam era el siguiente: Infidelidad. E incluso se deja caer quién era el hombre con el que era infiel la madre de Mara a Sam, era ni nada más ni nada menos que Mike tu recientemente vecino muerto. ¿No te parece muchas coincidencias? Seguro que en realidad no se cayó por las escaleras, sino que Mara lo empujó — dijo Anthony.
— ¿Por qué solicitó Sam la custodia de Mara? — preguntó Xavier curioso.
— Pues supongo que para vengarse de su mujer por ponerle los cuernos — sugirió Anthony.
— No. Nadie cargaría con una niña que no es su hija sólo por unos cuernos. Por curiosidad dime Anthony, ¿le hubiesen dado la custodia a Sam? — Anthony asintió como respuesta — Es increíble — Katia y Anthony le miraron confusos — Mara y Sam estaban juntos, por eso solicitó su custodia completa, para poder marcharse ambos juntos. ¿A qué Mara también iba en el coche cuando Sam tuvo el accidente? — Anthony asintió — ¡Lo sabía!
— Pero esto no nos descubre nada nuevo — intervino Katia.
— ¿No lo entendéis? — Katia y Anthony negaron como respuesta — Sam no murió accidentalmente. Mike el amante de Sharon hizo que tuviese un accidente en coche para evitarle a Sharon el divorcio y la pérdida segura de su hija Mara. Mara ha esperado mucho tiempo, pero ha cumplido su venganza, pero mientras sus relaciones amorosas ya se habían torcido hasta tal punto que sólo podía sentirse atraída de hombres que ya estaban comprometidos con otras personas como su padrastro Sam y una vez que los tenía ya no los quería. No podía quererlos como quiso a Sam, por eso los mataba, quería sentir que vengaba de alguna forma el que la hubieran abandonado como amante como hizo Sam. Y a las mujeres las mata porque las considera obstáculos sin embargo sin ella su relación con los hombres no podría hacerse realidad. Necesita saber que hay alguien como su madre con un marido perfecto y al que no hecha cuenta y el cuál puede arrebatar para sentirse bien. Ahora lo entiendo todo…— Xavier dio un puñetazo en la mesa — Seguro que los ha llevado a un sitio que le recuerde a su padrastro. Dime Anthony, ¿sabes a dónde se dirigían Mara y Sam antes de tener el accidente?
— El padre guardaba unas llaves de una cabaña en las Montañas Landscaping, la había alquilado durante una semana. Seguramente el tiempo de los trámites de divorcio — contestó Anthony.
— ¡Están en esa cabaña! — aseguró Xavier, y se levantó de la silla — ¡Vamos! Yo iré adelantándome. Tengo un presentimiento — Xavier se fue marchando — y manda a una patrulla.
— No te reocupes, lo haré — le gritó Anthony mientras Xavier se marchaba.

Martin cogió una piedra, no es que fuera el plan más preciso del mundo, pero quizás funcionara. Tiró la piedra a través del cristal y le dio a Mara en la cabeza, esta cayó al suelo. Martin entró y desató a Vera, en ese momento comenzó a sonar una sirena. ¡La policía! Hasta ese momento Martin no sabía lo mucho que se alegraba de oír aquel sonido.

Mara se levantó aún algo aturdida — Tú… ¿Cómo has podido salir del maletero?
— Olvidaste cerrarlo bien — respondió Martin.
— Pues ahora verás morir a Vera y no podrás hacer nada al respecto.
— ¡Detente Mara! — dijo Xavier desde un megáfono — ¡Estas rodeada! Sal de la cabaña con las manos arriba y muy lentamente o entraremos y te detendremos por la fuerza.
Mara disparó a Martin en una pierna, en esta ocasión era una bala y no un somnífero, a continuación, cogió a Vera y abrió la puerta de la cabaña — ¡Si entráis la mato!
— ¡Xavier! — gritó Vera aterrorizada — ¡Ha disparado a Martin!
— Tranquila Mara. Voy a ir hacia allí. He venido para estar contigo Mara — dijo Xavier mientras se acercaba hasta ella — Pero tienes que soltarlos a ambos o no podré ayudarte.
Mara le miró insegura — ¿Me ayudarás? ¿Lo prometes?
— Por supuesto, para eso he venido — respondió Xavier.
— Entonces dejará que la mate — dijo Mara refiriéndose a Vera — Así podremos estar juntos.
— Si la matas, jamás estaremos juntos — afirmó Xavier.

Entonces Martin, aunque estaba herido golpeó a Mara por detrás, Mara soltó a Vera, Xavier la cogió entre los brazos y Mara le disparó. En cuanto se dio cuenta de lo que había hecho se horrorizó. Había matado a Xavier, le había disparado… No quería seguir viviendo sin él.
Y Mara llorando y recordando el amor que aún sentía por Sam comprendió que no tenía otra solución que suicidarse. El último disparó resonó por toda la montaña. Martin herido abrazó a Ver asustado. Mirando el cuerpo inerte de Mara. Xavier estaba en el suelo dolorido, gracias al chaleco antibalas había salido vivo de aquella, pero tendría varias costillas rotas y una buena contusión. Todo había terminado.

La vecina de al lado cap 24 por Elena Siles y Elizabeth Thor

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Capitulo 24

Xavier tiró de Mara hasta que las sensibles puntas de sus senos tocaron su pecho. Las manos de Xavier flotaron por su espalda hasta cerrarse en sus nalgas y la levantó. Comenzó a penetrarla, primero lentamente y después con más intensidad. Con la piel caliente y resbaladiza se unieron con una mínima sensación de roce o presión. Mara no pudo evitar gemir de placer, era una sensación que no había experimentado nunca, él la volvía loca hasta un punto inimaginable.

— Oh, me gusta — susurró, complacido Xavier.
— ¿Qué te gusta? — preguntó Mara.
— El ruido que has hecho. Ese gemido.
— Lo lamento; no era mi intención ser tan ruidosa.
Xavier rió y la carcajada profunda reverberó en las columnas del techo — He dicho que me gustaba. Y me gusta. Es una de las cosas que más me gusta de hacerte el amor.
Xavier sujetó más cerca de Mara y posó su frente sobre el cuello de ella. De inmediato, el vaho brotó entre ellos, resbaladizo como el agua cargada de azufre. Xavier hizo un ligero movimiento de caderas y Mara respiró hondo para sofocar un nuevo gemido — Sí, así — Xavier murmuró con suavidad — O… ¿así?
— Emmm — musitó Mara.
La respiración de ambos ya era más acelerada. Mara sostenida por los fuertes brazos de Xavier comenzó a galopar sobre él — Mejor aún… —murmulló Xavier sobre el oído de Mara —… cuando te penetro con fiereza y ansiedad y gimes y forcejeas como si quisieras apartarte, pero sé que sólo pugnas por acercarte más y que yo estoy librando la misma batalla.
Las manos de Xavier exploraban con ternura y lentitud, como seduciendo a una trucha. Se deslizaban hacia sus nalgas y descendían para tantear y acariciar el tieso y excitado punto de unión.
— No te imaginas cuando necesitaba penetrarte
Mara notó como comenzó a penetrar aún más fuerte — ¡Xavier! — se quejó.
Clavó las manos en mi cintura para acomodarme y retenerme — Todavía no he terminado. Tenemos tiempo. Y quiero escucharte gemir así otra vez. Y que gimotees y solloces, aunque no quieras, porque no podrás evitarlo. Quiero hacerte suspirar, como si tu corazón estuviera a punto de romperse, y gritar de deseo y, por fin, estallar en mis brazos. Así sabré que te he dado placer.
El torrente surgió entre los muslos de Mara y se disparó como un dardo hacia lo hondo de sus entrañas. Mara aflojó y sus manos resbalaron laxas e indefensas de los hombros de Xavier. La espalda de Mara se arqueó y sus senos resbaladizos se aplastaron contra el pecho de Xavier. Mara tembló en la oscuridad caliente y Xavier la sostuvo para que no se ahogara. Xavier sujetó las caderas de Mara con firmeza y la impulsó con potencia. Mara se aplastó contra él y Mara oyó el grito de Xavier, y supo que le había dado placer.
Sin embargo, cuando se apartó de Mara giró la cabeza hacia la mesilla de noche, y allí estaba aún la foto de Vera. Aún seguía pensando en ella e incluso después de aquello.
Mara pensaba que tenía que matarla, era la única manera de que por fin se olvidara de ella.
Mara poso su cabeza en el hombro de Xavier intentando que sus miradas se entrecruzaran, para que el pudiera el amor que reflejaban sus bonitos ojos. Ese sentimiento era verdadero era lo que sentía realmente por él. Solo quería que olvidara esos amores del pasado para quedarse para siempre con ella. El chico paso su mano lentamente por el cuerpo desnudo de su amante, acariciando su pecho y ombligo.
Mara se mordió el labio inferior cuando sintió sus dedos acariciando su sexo lentamente. Los dos se fundieron en un largo beso que parecía que no tendría final.

— Para Vera solo eras un juguete, hasta la aparición del hombre que realmente deseaba — Le susurró al oído lentamente — Yo te daré el amor que olvidaste……ella te absorbió dejándote como un recuerdo, yo te quiero Xavier.

Al abrir los ojos al nuevo día Xavier descubrió que estaba solo en la cama, al levantarse se puso su ropa y comenzó a andar por la casa de Mara. Había entrado cuando estaba muy borracho y no había visto nada de aquel hogar. Poso su mano en el pomo de una puerta pensando que era la habitación de Mara. Lentamente comenzó abrirla sin saber lo que encontraría, escuchándose como crujían las bisagras. Tirada en la cama estaba la madre de Mara que al ver algo de luz se esforzó en comenzar a gritar, pero era imposible ya que Mara la amordazaba y le tapaba la boca durante el día. El joven fue a entrar en la habitación hasta que una delicada mano le cogió de la muñeca, hay estaba Mara que le abrazaba con fuertemente. Xavier la agarro por la cintura y le miro a los ojos, esos ojos tan profundos como el océano. Mara le sonrió con timidez mientras veía como dejaba de mirarle a los ojos, sentía su tristeza en él. Un recuerdo había vuelto a él y eso le dolía, saber que la mujer con la que había compartido un dulce sueño de amor le había dejado para siempre.

Mara sabía lo que pasaba y sus manitas fueron a la cara de su amante, le miro a los ojos y le miro con seriedad — Tienes que olvidarla, sabes Vera es mi amiga, pero se ha comportado mal contigo…Fuiste su segundo plato cuando la relación con Martin se fastidio. Tú la amantes ya que estabas cegado por ella…pero ella no te merece, me escuchas.

Un nuevo beso en los labios, un nuevo paso para volver al campo de batalla donde el sexo era la única arma y el lugar de batalla esta vez era el sofá del comedor, Mara intentaba por todas sus fuerzas que Xavier olvidara la sombra de Vera. Alguien que jamás le mereció. Mientras se besaban nuevamente las ideas de cortar el último cabo que le ataban a Vera nacían en su mente. Mientras se sentía abrazaba, mientras que su sudor se mezclaba con el hombre de su vida pensaba en la muerte, clavarle un cuchillo en el vientre para que esa zorra se apartara de su ya perfecta vida. Que no quería que nadie destrozara, le había costado tanto volver a levantarla que quería que fuera perfecta. Cuando sentía el placer de ser penetrada solo era capaz de ver un cuchillo cortando la piel, solo podía ver como penetraba con su cuchillo de carnicero el cuerpo de la otra mujer, esa persona que no se merecía una vida perfecta. No le valía ni sentía pena que ella hubiera perdido un hijo ya que Mara lo que había perdido era su corazón y sus sentimientos. Ahora que volvía a nacer en su interior no quería volver a perderlo. Mientras llegaba al orgasmo cogiendo con fuerza a Xavier solo pensaba en el cuerpo sin vida de Vera, solo pensaba que aquel hombre volvería a ella llorando y ella le ayudaría a olvidar para comenzar una vida perfecta entre los dos.
Xavier se volvió a quedar dormido, Mara le observaba en silencio y entre sus manos un cuchillo de carnicero. El mismo que usaría para cortar la carne de su querida amiga. Escucho unos golpes en la habitación y comenzó a pensar que su querida madre se había soltado, que esa loca se podría hacer daño. Al entrar en la habitación de su madre vio cómo se había soltado una de las manos, veía como penosamente la levantaba para señalarla a la cara y se esforzaba en decir unas palabras tras quitarse la mordaza.

— Maaaaaaara déjalo de una vez — dijo alargando las palabras en un vago esfuerzo de intentar hablar por culpa de su parálisis facial — Noooo hagas más daño……
Mara miró su cuchillo y pensó que ya era hora de olvidar el pasado, miro a su querida madre con una sonrisa en sus labios. Se acercó a ella y con fuerza comenzó a clavárselo en el pecho sin ninguna clase de remordimiento — Me quitaste lo que me hacía más feliz y a hora no permitiré que me arrebates mi nueva vida…. ¿Me escuchas? — dijo Mara.

Sandra se levantó poco a poco de la cama, esos días tan húmedos hacían que su cadera le proporcionara un fuerte dolor y todo por ese maldito tornillo. Recordaba como la estantería de libros le cayó encima aplastando sus huesos y rompiéndolos uno a uno. Pensaba que era una buena persona y podría rescatar de la locura a su buena amiga Mara y ayudar a unos vecinos. Veía la obsesión de su amiga creciendo lentamente y tenía que detenerla, deseaba que alguien la ayudara para volver a tener a su amiga de toda la vida. Después de la visita de la policía mara fue a verla y la aterrorizo con un cuchillo, la arrastro hacia el comedor y le tiro la gran librería de libros. Solo por defender su amor. Había pasado la noche entera sin dormir solo pensando en su vecina y saber si tendría que ayudarla para que Mara no le destrozara la vida. Su cabeza saturada con esa idea y mientras se hacía un café pensaba en sí tendría que ayudar, mientras se dedicaba a escribir su novela en el ordenador solo podía pensar en detener a Mara. Ya le había advertido en el parque que no se metiera, pero no quería ver como todo acababa tan mal como años atrás. Respiro profundamente y comenzó a pensar en Mara, como quería recuperar a su vieja amiga y como devorar esos labios que la tenían tan enamorada. Como quería ayudarla para que dejara todo atrás y no volviera hacer más daño. Detenerla era lo mejor que podía hacer. Cogió su móvil y marco el teléfono de Vera, eso era lo bueno de ser una escritora que dedicaba su tiempo libre en hackear cualquier ordenador que estuviera conectado en internet o móvil.

— Hola Vera soy tu vecina Sandra, quisiera hablar contigo…
— ¿Cómo tienes el número de mi móvil?, ¿Qué es lo que quieres? — preguntó Vera.
— Será mejor que me escuches hay alguien que conoces que quiere hacerte mucho daño…Nos tendríamos que ver en la cafetería Brooklyn.

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