El Legado de Aldur cap 12 Elena Siles

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Capítulo 12

Maxime y Cynthia llegaron juntas al restaurante, allí les esperaban los padres de Maxime, Sasha y una mujer desconocida. Maxime miró preocupada a Cynthia, la pobre estaba petrificada. Sasha había traído a otra mujer, y era…era guapísima. Su piel era un poco morena, tenía los ojos verdes y el pelo negro azabache, largo y ondulado. Podría tener la misma edad de Sasha y su cuerpo era espectacular.

Maxime cogió la mano de Cynthia- ¿Estás bien?- Cynthia asintió como respuesta, aunque ambas sabían que mentía- Lo siento. Yo…yo no lo sabía, de verdad.
– No…no pasa nada Maxime, yo le daré el regalo y me iré a casa.
– No, no te vayas. Quédate a cenar, si te vas él habrá ganado. No le des esa satisfacción. Demuéstrale que no eres la chiquilla que cree que eres, quédate a cenar, despídete con cordialidad y luego puedes ponerle verde todo lo que quieras.

Cynthia sonrió y abrazó a Maxime- Eres la mejor. Gracias. Está bien, vamos allá.
Maxime y Cynthia se acercaron hasta la mesa dónde estaban todos sentados y comenzaron a saludar a todo el mundo, incluyendo a la misteriosa mujer que estaba al lado de Sasha. Cynthia se sentó entre Maxime y Marta, todavía un poco afectada. Sasha les presentó a su acompañante, Vanessa, con una gran sonrisa.

– Me alegro de conocerles a todos, Sasha me ha hablado mucho de ustedes, sobre todo de su hermana pequeña Maxime- dijo sinceramente Vanessa.
– Es un placer conocer por fin a la chica que traía loco a nuestro pequeño Sasha, estaba deseando que este día llegara- comentó emocionada Martha.
– No seas exagerada querida- intervino Richard- además vas a hacer avergonzarse a la pobre chica. Tú no le hagas ni caso Vanessa, mi mujer a la más mínima empezará a preguntarte cosas demasiado personales, pero ella esa así.
– Eso no es verdad- se quejó Martha- Bueno, ¿y a qué te dedicas Vanessa?
– ¿Lo ves? Ya empieza con las preguntas-dijo Richard y Martha le do un golpe en el brazo para que se callara- ¡Ay!
Martha y Richard comenzaron a discutir, Sasha no sabía muy bien que hacer y Vanessa tampoco, así que Maxime intervino- ¿Qué tal si cenamos?
– Sí es una gran idea, estoy hambrienta- aseguró Cynthia.

El camarero hasta ellos y les tomó nota, mientras llegaba la comida Maxime apoyaba a Cynthia con anécdotas graciosas de Jack. La comida vino pronto y comenzó todo el mundo a comer. Cuando terminaron Sasha empezó a recibir regalos, el primero fue de sus padres, un vale para un fin de semana entero en un hotel de lujo con spa incluido para dos personas, Maxime le regaló su colonia favorita y Vanessa le regaló unas botas militares, como a él le gustaban. La última fue Cynthia, le había regalado un libro, pero no era cualquier libro. De pequeño su madre le leía ese libro, pero cuando se mudaron lo tuvieron que vender en un mercadillo porque no podían llevárselo, fue una lástima pues era el libro preferido de Sasha desde pequeño; además tenía una dedicatoria de su madre en la contraportada para él, así que para Sasha era muy especial y Cynthia había conseguido encontrarlo.
– No me lo puedo creer…es…-dijo incrédulo Sasha- Dios santo, mira madre tiene aún tu dedicatoria. ¿Cómo lo encontraste?
– Bueno, desde que me contaste la historia de este libro comencé a buscarlo, pero no lo encontraba. Le conté la historia a una amiga hace dos meses y resulta que lo tenía su abuela, tuve que comprarle un vestido de marca a medida para que me lo diese pero mereció la pena-explicó Cynthia.
-¿Tú sabías algo, Maxime?- preguntó Sasha.
Maxime aún un poco conmocionada negó con la cabeza- No…yo…no lo sabía.
-Quería que fuese una sorpresa- confesó Cynthia.
– Gracias, es…es increíble- dijo sinceramente Sasha.
– De nada- contestó Cynthia.
En ese momento ambos se miraron y se creó un silencio incómodo. La tensión podía cortarse con un cuchillo, Vanessa no sabía qué hacer. Maxime un poco agobiada intervino- ¿Qué tal si brindamos? ¡Por Sasha!
– ¡Por Sasha!- brindaron todos.
Cynthia y Maxime, se marcharon poco después del brindis, y después le siguieron Martha y Richard al poco tiempo. Vanessa miró a Sasha-¿Desde hace cuánto está enamorada de ti?
– ¿De qué estás hablando?- insinuó Sasha.
– Oh, venga. Esa chica está enamorada de ti. La tensión que había entre vosotros era más que evidente. Y ese regalo…
– ¿Tú crees qué está enamorada de mí?- no pudo evitar preguntar Sasha ilusionado.
– Pues claro. A igual que tú estás enamorado de ella. ¿Por qué me has traído?
– Yo… creía que ella no…Lo siento. Pensé que sí comenzaba algo con alguien me olvidaría de ella. No debí empezar nada contigo estando enamorado de ella.
Vanessa le cogió la mano- Ahora ella debe de pensar que no la amas, ve tras ella y no la dejes escapar- Vanessa se marchó y dejó allí a Sasha pensando.

Dante se levantó cansado, pues no había podido parar de pensar en Maxime. Desde que la conoció ella había aparecido en sus sueños y ahora más que nunca. Debía dar con ella y traérsela a Italia, él la amaba y quería estar junto a ella. Tenía que escaparse aquella noche e ir a Londres para conquistar a Maxime y traérsela de vuelta. Dante salió al recibidor y allí ya estaba todo preparado para recibir a los invitados. Elizabetta, la heredera de los Bianchi se acercó hasta él alegre.

-¡Vamos la fiesta va a empezar!- Elizabetta le cogió de la mano y le arrastró hasta el gran salón, toda la familia Bianchi, Aldur, Ranquel y algunos de los invitados ya estaban esperándole- Os presento a Dante, heredero de la familia Blair, apuesto, galán, inteligente, romántico y está soltero.
Dante quiso matar a Elizabetta en ese momento, todas las chicas se le abalanzaron como arpías, pero él decidió cambiar de estrategia- Hola chicas, ¿sabéis lo que más me gusta? Coleccionar cucarachas disecadas – las chicas se fueron decepcionadas y algo asqueadas- Menos mal, ya pensé que no se iban a ir nunca- Dante se marchó de la fiesta con sigilo y cuando estuvo fuera de la mansión se transformó.
Sobre sus brazos aparecieron alas y comenzó a volar, buscó un avión con destino a Londres, se enganchó a él y esperó hasta que pasó sobre la ciudad, entonces se soltó y comenzó a buscar a Maxime. La encontró saliendo de un restaurante con su amiga, Cynthia. Dante decidió seguirla desde la lejanía, y entonces Maxime entró dentro de la casa. Cuando Dante se dio cuenta de que era una casa protegida maldijo para sí mismo, bueno no importa tenía los poderes suficientes para hipnotizarla y obligarla dejarle entrar.

Maxime miraba su copa de vino melancólica, Jack había salido de nuevo a trabajar por la noche así que estaría de nuevo sola, o al menos eso pensaba ella, hasta que llamaron a la puerta. Maxime extrañada salió a abrir y cuando vio quién era su visitante gritó asustada, se fue corriendo dentro de la casa y cogió un crucifijo.

-¿Qué haces tú aquí?- preguntó Maxime.
Dante intentó entrar dentro de la casa, pero los hechizos que la protegían eran demasiado poderosos- Maxime, déjame entrar. Tenemos que hablar.
– ¡Nunca! ¡Jack vendrá y te matará!- le gritó Maxime.
– No lo hará está demasiado ocupado con uno de mis mejores amigos, Paul Hill, necesitaba tiempo para hablar contigo.
– ¿Por qué? ¿Qué quieres de mí?- preguntó asustada Maxime.
– Te quiero a ti Maxime- Dante la miró a los ojos y usó sus poderes para entrar en su mente- Déjame entrar y te demostraré que mis sentimientos son verdaderos.
Maxime se quedó petrificada antes los ojos de Dante, no sabía por qué pero aquella mirada la hipnotizaba- Sí, puedes entrar.
Dante entró dentro de la casa- Gracias. Ven siéntate- Dante le cogió de la mano y se sentaron juntos en el sofá- Maxime, desde que te conocí no puedo dejar de pensar en ti. Apareces en mis sueños todos los días. Sé que tienes miedo, pero no tienes por qué tenerlo, no te voy hacer daño.
Maxime hipnotizada le acarició el rostro- Lo sé. He estado esperando este momento. Quería que me rescataras, que volvieras a por mí.
– Pues entonces ven conmigo y seremos felices eternamente- Dante sacó sus colmillos y acarició el rostro de su amada, pero ella se apartó-¿Qué haces?
– Apartarme de ti. Yo amo a Jack- Maxime agarró su colgante, cerró los ojos y pensó en él, sabía que él lo recibiría- Márchate.
Dante le agarró las muñecas con fuerza- ¿Crees que por no mirarme no vas a caer en mi hechizo insensata mortal?- Dante le dio una bofetada y Maxime cayó al suelo llorando- Sino eres mía, no serás de nadie. Maxime corrió hasta el crucifijo y Dante la paró- Es inútil, no te resistas más- Dante la agarró y le mordió en el cuello.
Maxime forcejeó y sacó uno de los dispositivos de luz que le había dado Jack y cegó a Dante, salió corriendo fuera de la casa- ¡¡Jack!! ¡¡Sálvame!!
Dante le interrumpió el paso, estaba chamuscado, pero nada más- Él no va a venir a salvarte, está demasiado ocupado con su propia venganza.
Maxime comenzó a desfallecerse, estaba…estaba cambiando…se llevó la mano al cuello y sintió un miedo atroz…-¡No! No es posible.
– Vaya, veo que eres de corazón fuerte, sólo los más fuerte sobreviven a la mordedura de un Blair. Ahora eres uno de nosotros, si te quedas Jack te matará y lo sabes- Dante cogió a Maxime en brazos- Vamos a buscarte sangre fresca.

El Legado de Aldur cap 11 por Rain Cross

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Capítulo 11

 

Jack se sentía frustrado. Había perseguido a varios vampiros en busca de información sobre la familia Blair sin éxito.
«Como siga así, les voy a perder la vista -pensó-. Debo indagar más, no pueden haber desaparecido de la faz de la tierra.»
Y estaba Maxime. La chica vivía en su apartamento desde hacía ya un tiempo, y se sentía cada vez más atraído por ella. Pero sabía que debía centrarse en acabar con los Blair y poder así vengar a su difunto padre. Había aceptado la misión y tenía que cumplirla hasta el final, aunque ello conlleve perderlo todo.
Suspiró y se recostó en el sofá del salón de su piso de Londres. Miró la hora, Maxime aún tardaría un largo rato en volver a casa. «Esta noche saldré de caza. Puede que tenga más suerte.»

El ruido de la puerta al abrirse le sobresaltó y Maxime entró con su maletín del trabajo-Hola, Jack -saludó con una sonrisa en los labios.
-Hola -Jack la miró extrañado-. ¿Qué haces aquí tan pronto?
-Cynthia y yo hemos salido antes del trabajo -Dejó el maletín sobre la mesa del salón y se dirigió hacia la habitación-. Vamos a comprar un regalo para mi hermano Sasha -dijo con la puerta abierta. Jack se giró y pudo comprobar que podía entreverla cambiándose de ropa.
Jack se giró, avergonzado.-¿Quieres que os acompañe? -preguntó sonrojándose.
-No hace falta, tendremos cuidado, iremos por zonas transitadas o al centro comercial, además… -Volvió al salón con un vestido informal rojo y unas botas negras-, aún es de día.
-Tienes razón -Jack sonrió-. Pasadlo bien, entonces.
-Nos vemos esta noche, después de cenar. Tengo que ir al cumpleaños de Sacha, espero que le guste mi regalo improvisado. Hasta luego-Maxime se acercó y le besó en la mejilla y se marchó.

«Podría aprovechar e ir a una de las casas donde se atrincheran por el día. Serán vulnerables, es perfecto.» Jack. Jack preparó las estacas y el agua bendita, las metió en una bolsa de deporte oscura y salió del piso con paso decisivo. Pensó en la casa de la familia Nichols, muy afines a los Blair. Vivían en las afueras de la ciudad. Jack sacó un informe con todo lo necesario sobre ellos. Se trataba de cuatro vampiros, Markus y Kim, los patriarcas y John y la joven Lucy, los herederos del imperio.
Jack fue hasta su domicilio y analizó el lugar; era una gran casa del siglo XVIII de piedra gris con ventanales cubiertos de terciopelo negro.
Estaba rodeada por una gran verja de hierro que les protegía contra intrusos. También tenían dos guardas de seguridad apostados ante las puertas tanto de la verja como de entrada a la casa.
Jack buscó un punto débil, algo alejado de ojos indiscretos y trepó por los barrotes con facilidad. El jardín que separaba a la casa estaba muy cuidado y poseía una belleza natural digna de una postal. Caminó por la espesa hierba con sigilo hasta una ventana cercana. Miró a los lados y cuando comprobó que no había peligro, sacó de su bolsa un cuchillo con filo de diamante y cortó el cristal como si fuera mantequilla.
Entró en el gran caserón. Allí, el ambiente era sofocante. Cogió una linterna y la encendió para poder orientarse. A pesar de que aún había luz en el exterior, el interior parecía una cueva. Jack avanzó por el salón, el lugar estaba decorado con objetos antiguos y grandes retratos, «Cómo les gusta a los vampiros todo lo viejo -Cogió una pequeña talla de una mujer de mármol y la volvió a dejar en su sitio-. Sólo sirven para acumular polvo.»
Se dirigió directamente al sótano de la casa, el lugar donde seguramente guardarían los ataúdes. Habían algunos vampiros que preferían dormir en las habitaciones e incluso en camas, como los humanos, pero las familias con linaje eran más conservadoras y les gustaba preservar las viejas costumbres.
Bajó por las escaleras que le llevarían a su destino. Al llegar al último escalón sonrió con aire triunfante al comprobar que no se equivocaba. «Premio.»
La estancia estaba totalmente a oscuras y sólo habían cuatro ataúdes en medio y varios candelabros adornados con velas a los laterales.

Jack abrió el primer ataúd; un chico joven muy pálido dormía plácidamente. «John Nichols.» Puso con sumo cuidado un rosario bendecido sobre su cuerpo y el vampiro se despertó.
-Como grites, te mato -susurró Jack y John dejó que le rodeara el cuerpo con ello. Al llegar a la carne, un humo blanco llenaba el lugar.

Hizo lo mismo con los tres siguientes. Ninguno opuso resistencia. Sabían que eran vulnerables y que el cazavampiros que los retenía podría acabar con ellos con rapidez.
-Buenas tardes, familia Nichols -dijo Jack paseándose entre los ataúdes-. No hace faltan que se levanten. Es más, mejor no se levanten. Si no, se clavarán los rosarios, y están bien bendecidos, y morirán -Suspiró-. Bien, sólo quiero saber una cosa. Dónde se encuentran los Blair.
-Nosotros no… -empezó a decir el hombre, Markus.
-Creo que no me he explicado bien -Se acercó al vampiro y le miró amenazante-. No quiero mentiras. Sólo una cosa, saber el paradero de los Blair.
Escuchó a la joven Lucy lloriquear nerviosa, y a la madre, Kim, consolar a su hija.
-No te preocupes, cielo -decía Kim.
-Todo irá bien si consigo lo que quiero, si no, puede que me enfade un poco -Jack se acercó a las dos mujeres-. Y bien, sigo esperando la respuesta.
-No les hagas daño, por favor -dijo con voz entrecortada John.
-Eso depende de vosotros -sentenció Jack.
-E-está bien -dijo al fin Markus-. Sólo sé rumores, habladurías. Ni siquiera se despidieron de nosotros. Pero Paul Hill dijo algo sobre Italia. Puede que él sepa dónde están.
Jack meditó unos momentos. «Puede que mienta, o que diga la verdad -pensó-. Iré a ver a ese tal Paul y averiguaré lo que quiero saber.»
-No confío en los vampiros, creo que debería haberlo dicho antes, pero en este caso, haré una pequeña excepción -Se acercó a las escaleras-. Bien, familia Nichols, iré a ver a vuestro amigo, y si mentís, volveré a haceros una pequeña visita. Aunque no será tan cordial como esta -Empezó a subir los peldaños de espaldas-. Y de nada servirá que se muden, os encontraré.
-¡Espera! ¡No nos puedes dejar así! -dijo John con voz aguda.
-Puedo y lo haré. Seguro que vuestros guardias os echarán de menos y bajarán a ver como estáis. Serán los encargados de quitaros vuestras ataduras -Vio que Markus intentaba zafarse de ellas emitiendo gemidos de dolor sin éxito-. Yo de ti, no haría eso. Están bendecidos por el Vaticano -dijo sonriente y se marchó del lugar.
Salió por el mismo sitio que había entrado sin ser visto y volvió al apartamento. «Debo mirar mis notas sobre los vampiros. Ese tal Paul Hill, me suena mucho su nombre.»
Llegó a su hogar; Maxime aún no había llegado. Buscó entre los informes que había realizado tras años de seguir a diferentes vampiros con su padre. Hill, Paul, era un vampiro de poca monta a los que muchos usaban para conseguir sangre fresca o algún favor difícil de realizar. «Esta noche iré a por ti. Y como no me digas lo que quiero sabes, conocerás lo que es la ira del infierno.»

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