Piratas de Sagara capítulo 2

Capítulo 2

En Barbás acababa de llegar el Vetros al muelle de la ciudad, en el timón estaba su capitana Maureen, una mujer blanca de mediana edad, con los ojos azules, pelo azul oscuro, largo y ondulado, con apariencia de pera, rasgos perfilados y finos, llevaba puesto unos pantalones grises oscuros, una almilla de color negro por debajo de la cual llevaba una blusa de mangas larga de color caqui, un cinturón marrón cruzado por el pecho en el que portaba dos dirks, un sombrero pirata negro y botas altas juego. En el muelle la estaban esperando algunos brumenses expectantes por lo que el Vetros podría traer a la isla. Nada más atracar el Vetros comenzaron a salir niños del barco de todas las razas, también había mujeres y unos pocos hombres. Los piratas también bajaron del barco, entre ellos estaba Ryu, el hijo de Maureen y Valko; en Barbás le respetaban muchísimo pues lo consideraban el príncipe de los piratas revolucionarios. Ryu era un hombre blanco, de pelo azul oscuro, largo y lacio recogido en una coleta baja, con los rasgos de su madre, pero con la constitución delgada y fibrosa de su padre. Ryu solía vestir con kimonos negros y grises oscuros, y que poseía la runa animal mitológica del dragón. Sylah no pudo evitar que le invadiera sentimientos extraños al verle, antes habían estado muy unidos y ahora apenas le veía, con la traba que Sylah ya tenía suficientes problemas con sus propios sentimientos con respecto a su aspecto y condición individual como para preocuparse por nada más. Primero necesitaba encontrarse como persona y darle sentido a esa maraña de sensaciones que le aprisionaban dentro de un cuerpo con que el que no podía ni identificarse ni amarse. Jamás había hablado con nadie de lo que sentía, ni siquiera su hermana, bien por miedo, por desconfianza o porque sencillamente no entendía ni comprendía por qué al divisarse al espejo tenía ganas de vomitar. Sylah suspiró, quizás si hablaba con su hermana, con la que tenía un vínculo muy especial, esta podría ayudarle.

Valko era un hombre blanco de mediana edad con el pelo gris, largo y lacio, ojos claros, y constitución robusta, que solía vestir con un conjunto por completo en negro y rojo. Valko observaba, a través de una ventana del Black Hat, como el Vetros llegaba al muelle cargado de provisiones y también de personas que habían liberado de ser esclavos y dispuestas a comenzar una nueva vida en Barbás, sobre todo niños huérfanos perfectos para adiestrar como futuros piratas revolucionarios. Valko sabía que los últimos años se habían ganado muchos enemigos, ahora había sumado uno más, los saqueadores o también conocidos como los Crawers. Un grupo de mercenarios dispuestos a cualquier cosa por el mejor postor y cuya base principal era Sagara, aunque por desgracia en los últimos años habían conquistado más islas en Naviantia.

 

Sylah encontró a su hermana Himeko en casa entrenando con su padre en el jardín mientras su madre limpiaba la casa y terminaba de preparar la cena para la familia. Sylah les saludó a ambos y le hizo señales a su hermana para hablar con ella. Himeko se disculpó con su padre y dio el entrenamiento por finalizado, decidieron que mañana continuaría entrenando.

 

—Déjame que te ayude, Akane —se ofreció Takeshi.

 

Takeshi se marchó al interior de la casa para realizar tareas del hogar junto a su esposa con paso decidido y Himeko indicó a Sylah que se sentara en un banco para poder charlar.

 

—¿Qué sucede? Has vuelto un poco tarde —comentó Himeko.

—Sí —admitió Sylah—. Lo lamento.

—No te preocupes. Bueno, cuéntame que te ocurre. Sé que te ocurre algo. Últimamente estás más raro que de costumbre y eso ya es decir.

—Ya —dijo Sylah con una sonrisa algo triste dibujada en su rostro—. La verdad es que no sé qué es lo que me ocurre, hermana. He tenido sentimientos muy extraños en mi interior.

—Ya sabes que puedes confiar en mí… Cuéntamelo, por favor… No quiero verte así… se me rompe el corazón a pedazos…

—Odio mi cuerpo, cada vez que me miro al espejo no me identifico con lo que siento en mi interior. Sé que suena extraño… Tengo mucha confusión en realidad… Creo que necesito irme para saber quién soy. Quizás allí fuera exista alguien que pueda darme las respuestas que necesito —explicó Sylah.

—¿Irte? ¿A dónde? —preguntó Himeko y Sylah respondió encogiéndose de hombros. Himeko suspiró asimilando la noticia—. Hermana, hay algo que necesito contarte. —Sylah comenzó a cantar una dulce canción—: No lo niego, mis ojos te miran como nadie.

Contigo me siento por fin segura.

Cuando estamos juntas mi corazón late.

Se para el tiempo, el sol y la luna.

Te lo ruego, escucha mi corazón.

No te vayas de mi lado, por favor.

Sin ti no soy nada, hermana.

Cantemos juntas esta nana.

Hay una cuna al lado de la ventana.

Al lado en una silla está sentada

nuestra protectora, nuestra madre

observándonos porque ahora sabe

que nos quiere como a nadie.

Cuando estamos juntas mi corazón late.

Se para el tiempo, el sol y la luna.

No lo niego, mis ojos te miran como nadie.

Contigo me siento por fin segura.

Mientras estemos las dos juntas

nunca solas estaremos.

Si te cojo la mano ahora somos una.

Ambas todo superaremos.

Sin ti no soy nada, hermana.

 

Al finalizar Sylah abrazó a su hermana y ella le proporcionó una mirada llena de cariño.

 

—He leído en un tabloide, hablaba de un centro en Brum que ayuda a personas que se sienten diferentes. Es allí a dónde tienes ir, Sylah. Ese es tu destino, allí podrás averiguar realmente quién eres.

 

Sylah abrazó a su hermana con lágrimas en los ojos y las manos temblorosas. Casi temblando de la emoción se fundieron en el abrazo disfrutando aquellos segundos. La brisa se había detenido y no se escuchaba ningún sonido, casi parecía que se había detenido el tiempo para rememorar aquel instante que había quedado marcado en sus recuerdos. Aquellos años que habían vivido jamás podrían borrarse, pero en el fondo sabían que la separación era inevitable y al final no pudieron contener sus emociones. Eran mucho lo que habían compartido, tardes enteras comentando cosas cotidianas, noches en vela desvelándose mutuamente los secretos y preocupaciones… Pasando los cumpleaños en familia, escapándose a escondidas de las clases a última hora algunos días para ir a observar cómo entrenaban los piratas, entreteniéndose con juegos de cartas o con el escondite y se podían pasar horas enteras sencillamente hablando de cosas banales. No pudo evitar florecer uno de esos días…

Sylah y Himeko estaban en la playa, con apenas trece años y disfrutaban de uno de esos días largos de verano con un calor intenso mientras el sonido del mar les envolvía.

 

—Se me hace raro —confesó Himeko.

—¿El qué? —preguntó Sylah.

—Pensar que dentro de poco tendremos que regresar a las clases. Estos dos meses de vacaciones se me han pasado demasiado rápido…

—Aún falta mucho para eso —le recordó Sylah—. Pero creo que entiendo lo que quieres decir. El tiempo los sentimos como que trascurre muy lento y otras veces excesivamente rápido, pero la verdad es que el tiempo pasa igual. Tan solo cambia cómo lo apreciamos.

—Sí, supongo que tienes razón —dijo Himeko encogiéndose de hombros.

—¿Te apetece hacer algo? —preguntó Sylah.

—¿Cómo qué?

—No sé, cualquier cosa.

—¿Qué tienes planeado?  —dijo Himeko mirándole a los ojos.

—No, nada. Solo preguntaba, por si te apetecía hacer algo.

—Ah —respondió Himeko con un suspiro—. Pues no sé… Disfruto pasando el tiempo así contigo, sencillamente mirando el cielo y saboreando el calor del sol sobre mi piel. Es la única época del año donde consigo no parecer un fantasma.

 

Sylah se rió y a los pocos segundos Himeko le acompañó con una risa sincera. Aquellos momentos juntos eran mucho más importante. ¿Cómo podrían imaginar que algún día se separarían sin saber siquiera si podrían volver a verse? Sin embargo, no eran necesarias más palabras para saber lo importante que era para Sylah aquel viaje. Puede que Himeko no comprendiera jamás las razones de Sylah, con la objeción que le quería por encima de todo y por ello debía dejar que se marchara.

Ryu llegó al Black Hat con dos cicatrices nuevas sobre su cuerpo, sino fuera por el médico de abordo hubiese muerto luchando contra los saqueadores. Eran mucho más fuertes de lo que cualquiera pudiera imaginarse y desde luego mucho más perversos. La verdad era que la única diferencia entre ellos y los Goldyrien era la cubierta, con respecto a todo lo demás se comportaban exactamente igual. Esclavitud, lujuria, alcohol, juego y sobre todo la ignorancia.

Ryu suspiró cansado y se pasó la mano por el pelo frustrado. Había completado su formación en el werynavir hacía apenas un mes e inmediatamente partió junto a su madre hacia Sagara.

Debía recoger provisiones y huérfanos para Barbás. Ryu ahora comprendía por qué muchos días su madre volvía con la mirada cansada y llena de pena. Su padre estaba esperándole en la habitación y Ryu salió corriendo a darle un abrazo que Valko le devolvió.

Poco después entró Maureen y Valko sonrió casi instintivamente. Los tres se unieron en un abrazo de familia y al separarse Valko besó levemente a su esposa en los labios. Los tres se contemplaron con cariño, se notaba lo unidos que estaban como familia.

 

—Veo que ha sido un viaje duro —comentó Valko.

—Sí —respondió Maureen con un suspiro largo—. Por lo menos hemos conseguido cumplir nuestra misión exitosamente sin ninguna baja y eso ya es motivo de celebración.

—Jamás pensé que fuera a ser tan duro. No la misión en sí, sino regresar. Es complicado volver sabiendo la ayuda que es necesaria allí. ¿No podemos intervenir? —preguntó Ryu.

—Es muy peligroso enfrentarse a los saqueadores, hasta el Axis temen a los Crawers. Su líder, Nahuel, se ha convertido en uno de los hombres más temidos de Naviantia. Si queremos cambiar las cosas debemos tomar todos nuestros recursos para la próxima revolución y una vez afincados en el poder iremos a por los Crawers. Si tenemos una guerra antes nos arriesgamos a perder la segunda revolución y también nos arriesgamos a que surja otra mafia que reemplace a los Crawers y estaríamos al final en las mismas —explicó Maureen.

—Sí, lo entiendo. Es que se me hace muy difícil ver todo eso y quedarme de brazos cruzados como si nada. Me gustaría poder hacer más —confesó Ryu.

—Pronto podremos cambiar muchas cosas hijo —afirmó Valko—. Mira lo que le pasó a Kanu Vaemast. Quiso arrasarlo todo y eso fue lo que hizo que perdiera ante el Axis.

—¿De verdad fue Morgan Northwode quién le derrotó? —preguntó Ryu.

—Bueno, esa es la versión oficial del Axis y de los libros de historia; no obstante, la realidad es que fue otra persona. Yo estuve allí —reveló Maureen.

—¿Y quién fue? —curioseó Ryu.

—Lo siento, prometí que jamás lo desvelaría —confesó Maureen.

—¿No debería saberlo el resto de los piratas? Esa persona en la próxima revolución también intentará pararnos después de todo lo hizo la primera vez —inquirió Ryu.

—Kanu Vaemast era un ser destructivo. No quería construir nada, solo destruir. Ese fue el motivo por el que la primera revolución fracasó. Incluso los que estábamos de su lado veíamos la oscuridad en su interior y nos alejamos de él —desveló Valko.

—Entonces… ¿vosotros luchasteis contra Kanu Vaemast? —dijo sorprendido Ryu.

—En ese momento era la única opción. Incluso quería matar a civiles a inocentes. A veces cuando la venganza se apodera de alguien bueno, lo convierte en un monstruo —respondió Valko.

 

Ryu asintió pensativo y comprendió que debía estar más atento a su propia oscuridad. Pues si Kanu Vaemast acabó siendo engullido por ella, a él también podía pasarle. Ryu decidió disfrutar de aquellos momentos con su familia, sabía que en unos meses partiría en el Vetros y pensaba prepararse para ello.

Sylah le había relatado sus planes a sus padres y ellos no se lo habían tomado demasiado bien. Ambos pensaban que aún era demasiado joven como para realizar un viaje así y sobre todo que tenía demasiadas probabilidades de morir.

 

—Debes concentrarte —le advirtió Akane.

 

Akane le lanzó una bola de fuego directa hacia su busto y Sylah usó una técnica especial que volvió amarilla su piel endureciéndola. Akane sonrió satisfecha ante el esfuerzo de Sylah.

 

—Buen uso del praesidium —dijo Akane orgullosa—. Ahora veamos cómo usas la técnica nakotne. Recuerda que esta técnica consiste en concebir más ligero tu cuerpo para conseguir una velocidad superior en tus ataques.

 

Sylah obedeció a su madre de repente sintió como le habían dado un golpe en la barriga. Cayó de rodillas y se llevó las manos al abdomen, pero volvió a levantarse. Otro golpe le dio por la espalda y apretó los dientes. Sylah intentó concentrarse y sintió como el próximo revés le venía por el lado derecho y alzó su brazo para pararlo. No obstante, no pudo prevenir los siguientes estacazos que recibió de forma consecutiva.

 

—A estas alturas dentro de la Aequor ya habrías muerto varias veces —afirmó Takeshi.

—¡Levántate! —gritó Akane, pero Sylah no se incorporaba—. ¿Ves? Aún no estás listo. Irás al Black Hat, te harás pirata revolucionario y no saldrás de esta isla hasta que consigas vencerme.

Autor: elenasiles

En 2014 publiqué mi primer libro impreso "La Prueba". En 2019 publiqué La Guerrera Drager , en 2020 Piratas de Sagara y en 2021 Los Guardianes de Almas. Fui directora de YouAreWriter desde 2013 a 2019. He participado como autora en Renacer, Antología Benéfica (2020), en Invencibles, Una antología benéfica (2021) y en Antología Recuerdos de Tinta (2021). Además he coordinado, editado y publicado Antología Show Your Rare (2020) , Antología Sueños de Aire (2020) y Antología Criaturas de la Noche (2021) Mi email es: youarewriter.wordpress@hotmail.com Mi blog: www.elenasaavedrasiles.wordpress.com

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