Piratas de Sagara capítulo 1

Capítulo 1

En el noroeste de la isla de Barbás vivía Sylah junto a su melliza Himeko, su madre Akane y su padre Takeshi. Sylah tenía los ojos verdes, la piel blanca, su constitución era delgada y atlética, su pelo era corto, lacio y de color rosa; siempre tenía una sonrisa en el rostro y su personalidad era fuerte y arrolladora, y muchos aseguraban que había heredado sus ganas de vivir aventuras de Takeshi. Sylah llevaba puesto un pantalón marrón ancho y largo, una blusa blanca de mangas largas, un chalequillo rojo oscuro, un cinturón negro y botas a juego. Himeko, por otra parte, era más parecida a su madre, Akane, pues tenía el pelo negro azabache y los ojos grises oscuros y rasgados, era de baja estatura y delgada, por otra parte, poseía buenos muslos y caderas anchas. Himeko llevaba un vestido de tirantas corto lila con volantes al final blancos, una chaqueta de tirantas violeta con remates en negro y blancos, unas medias negras, unas botas blancas y unos guantes a juego. Sylah y Himeko se preparaban para ir a clases en el skoalle, el edificio dónde recibían una educación primaria que posteriormente les conduciría a decidir entre continuar sus estudios en el werynavir como piratas revolucionarios, formarse en el árbol de las runas o bien finalizar sus estudios y comenzar a trabajar.

 

—Papá, quería saber si te habías encontrado una runa con afinidad ahora que hemos terminado nuestra formación, pero creo que es mejor que se lo cuentes tú. Yo ya tuve bastante intentando explicarles cómo funcionaba la mía, la runa del magnetrón. Ni que fuera tan difícil de comprender. Adquiero energía del exterior y la transformo en impulsos electromagnéticos.

—Pues imagínate cuando me toque explicarles cómo funciona la runa de telequinesis. Muevo objetos y hasta puedo crear campos de fuerza, pero no puedo leer la mente ni influir en ella. Tampoco puedo moldear los objetos a no ser que cree un campo de fuerza alrededor, cosa que me cuesta mucha energía por lo que solo puedo realizarlo un limitado número de veces al día porque gasto mucha energía. Van a creer que me lo he inventado —comentó Himeko.

—Sí, entiendo. Menos mal que tenemos estas runas gracias a que tenemos la afinidad adecuada, sin ella seguramente seríamos como una de esas personas que no poseen una runa.

—Un gewoan, ¿dices? —inquirió Himeko.

—Me entra escalofríos solo de pensarlo. Por cierto… ¿crees que veremos hoy a Ryu?

—Sí, claro. Después de todo vive en el Black Hat y hoy iremos de excursión allí. ¿Por qué?

—Por nada… Es que últimamente no nos vemos tanto.

—¿Y eso? —preguntó Himeko.

—Es porque está muy ocupado ahora que es oficialmente un pirata revolucionario y claro, debe demostrar que puede tomar las riendas del liderazgo de su padre.

—No te preocupes, seguro que podrás verle.

 

Sylah asintió. Hacía unos días que había empezado a percibirse de una forma distinta. A pesar de que nunca se había sentido conforme con su propia imagen, durante los últimos meses se sentía inconcebible en su cuerpo y no sabía qué significaban esos sentimientos encontrados que poseía, pero sí sabía que la gente apartaba a los que les resultaban diferentes; algunos incluso los perseguían, por lo que había decidido ocultarlos en su interior ya que tenía miedo de lo que sucedería si los expresaba en voz alta. Sylah escuchó a su madre gritando que bajaran a desayunar. Himeko dejó sus nunchakus apoyados en la pared, y junto a Sylah acudieron junto a sus padres. Su padre estaba poniendo la mesa mientras su madre terminaba de preparar el desayuno en la cocina. Akane era una mujer alta y esbelta con grandes similitudes con Himeko, solía llevar su pelo negro semirecogido de forma simple, pero elegante. Akane llevaba un kimono rojo y negros largo, debajo del cual tenía un maillot muy pegado al cuerpo, y unas sandalias de madera con calcetines. Akane era una mujer de valores familiares y bastante sobreprotectora, todo lo contrario de su marido, Takeshi, un hombre divertido y halagüeño, aunque si ambos tenían algo en común, era que eran muy exigentes como padres. Takeshi había perdido el pelo hacía unos años y ahora lucía sin tapujos una brillante calva que le hacía resaltar su barba castaña A pesar de que pudieran parecer muy desemejantes, ambos se preocupaban por su familia, y ambos tenían los ojos castaños y rasgados.

Takeshi acostumbraba a usar túnicas marrones largas, unas sandalias de madera y en época de invierno solía ponerse un abrigo largo gris. Takeshi adiestraba a Sylah y a Himeko de forma más física. Por el contrario, Akane se encargaba de la parte educativa. Akane poseía una de las runas más poderosas, la runa elemental del fuego y Takeshi poseía la runa elemental de la piedra. Las runas elementales eran de las más complicadas de conseguir pues debías tener una afinidad de alma especial y una gran fuerza de voluntad. La mayoría conseguían sus runas cuando se graduaban en la skoalle, pero también existía un gran mercado negro de runas y que eran fabricadas en Goldyrien usando mano de obra esclava. Akane encendió la pila dándole a un botón para calentar la leche. Cualquiera habría pensado que era absurdo teniendo en cuenta su poder, pero Akane no solía invocarlo precisamente por lo peligroso que era controlarlo, incluso para ella. Las casas de Barbás contaban con tecnología eléctrica basada en lo que podía encontrarse del resto de islas del archipiélago, con la gran diferencia que tenían un suministro propio eléctrico.

 

—Hoy iréis de excursión al Black Hat y al árbol de las runas, ¿no? —preguntó Akane.

—Sí, yo estoy deseando comenzar —confesó Himeko.

—Yo estoy de los nervios. No sé exactamente qué decisión tomar.

—Sylah, tienes un gran poder. Deberías elegir ir al werynavir a ser pirata revolucionario —dijo Takeshi.

—Además, así podrías ver más a Ryu —comentó Himeko.

—Es que… quiero pensármelo bien. Es una decisión importante —confesó Sylah.

—Bueno, decidas lo que decidas, nosotros te apoyaremos. Estoy deseando que llegue el barco a Barbás. Nos traerá más futuros piratas a los que podremos adiestrar para la revolución y también provisiones y recursos. Esta isla es rica, pero hay cosas que debemos importar, sobre todo, medicamentos para el hospital —afirmó Takeshi.

 

Su familia continuó hablando y Sylah les observaba en silencio mientras desayunaba. Terminaron de desayunar y se marchó con su hermana al skoalle. Paseando hacia allí pudo vislumbrar el árbol de las runas dónde se almacenan las runas que otorgan distintos poderes según su naturaleza. Sylah sintió nostalgia, era como volver al primer día de clase cuando apenas tenía seis años. Sylah tenía marcado aquel día en su memoria y no pudo evitar evocar dicho recuerdo.

 

—El mundo en el que vivimos se llama Naviantia. Estamos en el año noventa y cuatro del siglo diez desde la creación de la barrera Aequor. Los naviantianos vivimos gobernados por un régimen autoritario llamado el Axis, un grupo de expertos guerreros del mar llamados kohu, y actualmente su líder es Morgan Northwode. El mandato se trasmite de padre a hijo o a un sucesor designado directamente por el anterior mandatario, aunque debe contar con el beneplácito de los nobles de Goldyrien. Naviantia está formado por un conjunto de islas rodeadas por la Aequor, una barrera invisible que protege a sus habitantes de los monstruos marinos que habitan en nuestros mares, la cual está conectada a través de las cuatro islas más grandes y que rodean el archipiélago: la isla de la prisión Kantawo, la isla fantasma Pransylvan, la isla de la alta nobleza Goldyrien y la base mundial de Axis —dijo el maestro a la clase mientras Sylah observaba el mapa que tenía detrás de él y que utilizaba para enseñar el aspecto del mundo en el que vivían—. En Naviantia utilizamos como moneda los zelts inventado por el primer mandatario del Axis, Eric J. Zelts. Aunque aún existen islas en las que se siguen aceptando el trueque, sobre todo en las más pobres. Cada una de las islas tiene un clima y hasta una fauna totalmente distinta, aunque sí que existen ciertos animales comunes, como los de granja.

»No todas las islas están sometidas al Axis, algunas siguen siendo nuestras aliadas y otras han sido conquistadas por los saqueadores o por los nobles de Goldyrien. Aunque las islas bajo el mandato del Axis deben someterse a este, cada isla puede tener leyes y cultura propia. No obstante, nosotros vivimos en una isla al margen de la Aequor: Barbás. Nosotros somos los temidos piratas de Barbás que hace seis años se enfrentaron al Axis persiguiendo la liberación de los esclavos y la destrucción de Goldyrien. Por otro lado, el líder de aquella revolución, Kanu Vaemast, no pudo cumplir su objetivo final de derrocar al Axis y tuvimos que huir afuera de la Aequor para sobrevivir.

 

Sylah suspiró, tuvo que regresar a su aburrido presente. Habían cambiado mucho las cosas en esos años. Hicieron una visita al árbol de las runas y allí les explicaron en qué consistiría el trabajo que realizaban. Sylah lo encontraba interesante, sin duda, tenía la pega de que le sonaba a que la historia ocultaba mucho o por lo menos esa era la sensación que le daba. No se creía la historia de la creación divina de Navia, era como las fábulas de los cuentos que solía leer hacía unos diez o doce años. La historia que le habían repetido sin cesar desde que tenía memoria en la skoalle consistía en que Navia era la diosa que creó el mundo de Naviantia, de ahí su nombre, y a sus habitantes. A veces pensaba que Navia solo fue la primera persona que consiguió portar la primera runa y de ahí surgió el resto de la historia. La religión naviana estaba recogida en un libro, considerado sagrado, que supuestamente había escrito el mensajero de Navia hacía milenios atrás y que había pasado de mano en mano a lo largo de los siglos. Estos libros habían llegado a todo el mundo gracias a la inventora de la imprenta, una mujer noble de Goldyrien que deseaba registrar la religión Naviantia para que todos pudieran disfrutarla y no fuera, como hasta entonces, algo exclusivo para la nobleza.

La tecnología de la teletransmisión era bastante reciente, antes de su llegada la gente se informaba a través de los trovadores o de los tabloides. A pesar de que los tabloides seguían existiendo habían pasado a un segundo plano desde la invención de la teletransmisión que surgió con la revolución pirata. La teletransmisión fue creada por el Axis, al igual que la radiotransmisión, el primero fue con fines propagandísticos y el segundo con fines de comunicación entre las filas del Axis. Sin embargo, allí en Barbás, aún no había llegado.

Sylah leía en los tabloides las voces discordantes con la religión y le hacía mucha ilusión pues en su mayoría eran mujeres. Esas mujeres habían sido apaleadas, perseguidas, insultadas, amenazadas e incluso habían intentado matarlas, aun así, seguían protestando. Las admiraba por su fuerza y valentía, deseaba poder poseer el mismo coraje que ellas, quería unirse a ellas.

 

Sylah volviendo a la realidad, debía decidir su futuro pronto si no quería ser como los saqueadores. Inútiles, sobreviviendo de lo que robaban a otros y unos delincuentes capaces de realizar cosas horribles. Akane le había concienciado sobre lo que les pasaba a las personas que no decidían su futuro, se acababan entregando al alcohol, a las drogas y a la delincuencia. Normalmente los piratas revolucionarios se apoyaban mucho entre ellos, era como una comunidad y hasta el momento ninguno de sus ciudadanos había caído en la delincuencia y Sylah no quería acabar así, por otra parte, tampoco tenía claro que era lo que quería hacer en la vida. Le surgían miles de preguntas sin respuesta sobre su persona y sobre su futuro.

Sylah terminó sus clases y junto a su hermana fueron a comer a casa todos juntos. Cuando terminaron de ayudar a su madre a recoger Himeko se quedó en casa para entrenar y Sylah decidió dirigirse hacia el muelle. Durante el trayecto observó la isla como si fuera la primera vez que la veía, sentía que un trozo de su alma siempre pertenecería a Barbás, aunque el resto de su corazón pertenecía al mar y a las aventuras que deseaba comenzar.

El Black Hat se erigía a su izquierda, majestuoso y enorme, de paredes de madera de caoba roja y forma ovalada, y un gran techo negro; casi parecía el casco de barco cubierto por el tradicional sombrero negro que solían llevar los piratas. Justo a su lado estaba el werynavir, el lugar dónde se comenzaba el adiestramiento como pirata revolucionario, solo los más poderosos y fuertes conseguían terminar exitosamente el duro entrenamiento al que eran sometidos. Por eso muchos alumnos renunciaban y acababan dedicándose a la agricultura, pesca o artesanía. Los buenos trabajadores siempre eran bienvenidos en Barbás, sea cual fuera su ámbito, sobre todo las mujeres ya que se dedicaban a la enseñanza de los huérfanos traídos de Sagara o bien a ayudar en la comunidad. Himeko tenía muy claro que deseaba ser pirata revolucionario y para ello se instruiría en el werynavir. En las demás islas también poseían un werynavir, solo que adiestraban a kohu y no a piratas.

A la derecha estaba el hospital; de paredes blancas de piedra maciza, ventanales grandes y puertas verdes. Al frente estaba el río rodeando ambos edificios y algunas casas, y un poco más adelante estaba el mercado principal. Sylah continuó caminando recto hacia el sureste hasta finalmente ver el muelle lleno de barcos de pescadores y por la otra parte barcos piratas. Y se sentó en el borde del muelle mirando a lo más profundo del mar. El barco que había zarpado hacía unos meses ahora volvía a Barbás y pudo distinguir a bordo de este a Maureen Oceans, la esposa del líder pirata revolucionario Valko y madre de Ryu; no obstante, era más conocida por ser la capitana del Vetros, el único barco capaz de atravesar la Aequor y la razón era muy simple:

Maureen poseía la runa elemental del agua. El Vetros fue el barco en el que huyeron los piratas tras el fracaso de la revolución y sería el barco en el cual retornarían a Naviantia para la guerra que se avecinaba.

A Sylah no le interesaba la guerra, solo quería lanzarse al mar y vivir aventuras. En lo más adentro de su interior comprendía que seguramente el único lugar dónde podría encontrarse como persona y dar respuesta a esos sentimientos que ocultaba era el mar, sabía que era posible que no regresara, pero no podía seguir viviendo así. Solo deseaba algo de paz y tranquilidad. Quizás el mar pudiera decirle quién era de verdad y cuál era su destino.

Autor: elenasiles

En 2014 publiqué mi primer libro impreso "La Prueba". En 2019 publiqué La Guerrera Drager , en 2020 Piratas de Sagara y en 2021 Los Guardianes de Almas. Fui directora de YouAreWriter desde 2013 a 2019. He participado como autora en Renacer, Antología Benéfica (2020), en Invencibles, Una antología benéfica (2021) y en Antología Recuerdos de Tinta (2021). Además he coordinado, editado y publicado Antología Show Your Rare (2020) , Antología Sueños de Aire (2020) y Antología Criaturas de la Noche (2021) Mi email es: youarewriter.wordpress@hotmail.com Mi blog: www.elenasaavedrasiles.wordpress.com

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