Guerra de Dioses cap 19 por Elena Siles

Capítulo 19

El sol comenzó a salir por este previniendo un día tranquilo y soleado para la boda que se iba a celebrar pocas horas después. La boda que haría enloquecer de júbilo a todo el reino de Erde, pero sobre todo a todos los ambarinos, pues se casaban dos de los suyos.
Los sirvientes del castillo fueron los primeros en despertarse, había mucho por hacer ya que los soldados gigantes y los licántropos habían llegado a Kusha así que tenían que acomodar a los jefes en las mesas, pero pudieron resolverlo fácilmente.
Yael se había levantado temprano, pues estaba un poco nervioso. La otra noche casi se pierde así mismo y ahora iba a casarse. Tenía miedo de perder de nuevo su amor por Leith, no podía creerse aún que hubiera sido tan fácil engañarle. A pesar de saber del poderoso poder que tenía Venus se sentía un poco culpable por lo que había pasado. Sin embargo, hoy dejaba todo eso atrás. Iba a comenzar una vida junto el amor de su vida y su hija, y por ello era inmensamente feliz. No sabía lo que sucedería a continuación, ni cuentos días tendrían antes de que la batalla final; pero si sabía que quería disfrutar esos últimos momentos con las personas que amaba. Yael suspiró y se tranquilizó, sería un día que jamás olvidaría.
Así pues, se puso un conjunto normal y bajó hasta el comedor para desayunar, por suerte allí ya estaban esperándole Huor, Bastian, Samir y Emer. En una mesa aparte estaban Helena, Ámber y Katara; y en otra mesa estaban los reyes Zenón y Vita. Yael se sentó al lado de Emer y se unió al desayuno del grupo, el cual ya estaba servido en la mesa, con una sonrisa.

—¡Pero si es el novio! —lo saludó alegre Bastian.
Yael sonrió avergonzado —Pues sí, ese soy yo.
Huor le observó con cautela —Pareces nervioso.
—Un poco —admitió Yael —Samir, tú ya has pasado por esto. ¿Algún consejo?
Samir le miró pensativo —Se puntual y relájate. Todo saldrá bien.
Yael cayó en la cuenta de algo —¡Por los dioses se me ha olvidado escoger un padrino!
—¡Oh! Escógeme a mí, a mí, a mí —gritó Emer ilusionado.
—No —le cortó Yael algo asustado, ya se imaginaba el revuelvo que armaría Emer. Yael algo asustado miró a los demás pidiendo ayuda —¿Algún voluntario?
—Lo siento compañero, pero yo estaré algo ocupado controlando a mis gemelos y eso que cuento con la ayuda de Marcia —dijo Bastian.
—Yo es que apenas te conozco —reconoció Samir.
Todo el mundo miró a Huor y este negó con la cabeza —Ni hablar.
—¿Por qué no? Tú conoces bien a Leith y a mí, serías un estupendo padrino.
Huor terminó su desayuno —Ya sabes por qué no voy a hacerlo.
Yael le miró incrédulo y asintió —Vale, lo siento. Pensé que eras también mi compañero después de todo —De pronto a Yael se le ocurrió la persona perfecta y sonrió alegre —¡Ya sé a quién pedírselo! Espero que acepte —Yael terminó su desayuno con rapidez y salió disparado hacia su habitación.
Bastian miró cabreado a Huor y este negó con la cabeza como respuesta —¿Qué?
Samir confundido miró a Huor —¿Me lo puede explicar alguien, por favor?
Huor suspiró —Es una larga historia…—Huor terminó se marchó con paso decidido a su habitación.
—¿Qué le pasa? —preguntó Samir.
Bastian negó con la cabeza —Que no tiene remedio.

Eiko se despertó temprano, dispuesta a hacer que aquel día fuera inolvidable para sus padres. Así pues, se vistió con rapidez y fue directa a la habitación de su madre. Entró en la habitación y se encontró a su madre todavía durmiendo. Eiko suspiró, debía ser el único día en el que su madre se levantaba tarde y era precisamente el día de su boda.
Eiko cerró la puerta detrás de sí y con mucho cuidado despertó a su madre, que se levantó de la cama con una sonrisa en los labios. Eiko abrió la ventana y llamó a varios sirvientes que les trajeron el desayuno hasta la habitación. Después de desayunar juntas Eiko fue la primera en ducharse y tras ella fue Leith. Ambas con una toalla enrollada en la cabeza y otra al cuerpo comenzaron a hablar despreocupadamente mientras se peinaban enfrente del espejo grande que había en la habitación. Leith le hizo un hermoso recogido atrás con dos trenzas a Eiko y ella le hizo a Leith una trenza suelta con rizos decorada con una hermosa diadema con pequeñas incrustaciones de perlas.

—¿Estás nerviosa mamá? —Leith asintió como respuesta —No te preocupes, ya sabes que todo saldrá bien. Papá te quiere muchísimo y yo también. Todos te queremos.
Leith suspiró —Lo sé… Yo también te quiero.
Eiko la abrazó por la espalda —Disfruta de este día y no pienses en nada más.
Leith asintió —Gracias hija mía.
Alguien llamó a la puerta, era la sirvienta con los dos vestidos, quien los dejó sobre la cama y se marchó cerrando la puerta detrás de sí. Eiko y Leith terminaron de acicalarse y comenzaron a vestirse. Eiko se puso su vestido de color azul cielo, con corte princesa, escote de barca y mangas caídas, y unos zapatos a juego mientras que Leith se puso el vestido de novia que había elegido en la tienda. Era un vestido de color blanco roto con este de corazón, encaje como decoración y corte princesa. Leith también se había puesto unos pendientes y unos zapatos a juego. Ambas se maquillaron levemente y tras ver el resultado final ambas se emocionaron. Así pues, madre e hija se fundieron en un profundo y significativo abrazo emocionadas y alegres.
De pronto las campanadas empezaron a sonar varias veces y ambas se separaron del abrazo. El tiempo había pasado tan rápido que no se habían dado cuenta de que era la hora del comienzo de la ceremonia.

—¡Por los dioses! ¡Ya es la hora! —dijo Leith.
—Tranquila, respira hondo.
—¡Pero llegamos tarde! —gritó Leith nerviosa.
Eiko la miró fijamente y Leith respiró profundamente —¿Mejor? —Leith asintió como respuesta —No te preocupes, no van a comenzar la ceremonia sin la novia. ¿no?
—Tienes razón.
Eiko le puso el broche de los ambarinos en el vestido y la miró a los ojos —¿Lista?

Leith asintió y Eiko le abrió la puerta. Leith pasó, Eiko se incorporó a su lado y juntas caminaron hasta la capilla. Las puertas de la capilla estaban ya cerradas, dos soldados las custodiaban. Había entrado ya todo el mundo, sólo faltaba la novia. Leith hizo una señal a los soldados y ellos abrieron la puerta. La capilla estaba decorada con el color verde y amarillo en honor a los ambarinos. Allí estaban todos de pie mirándola con una sonrisa en los labios y vestidos de gala. Junto al altar estaba el sacerdote y a su izquierda dos hombres que llevaban puestos elegantes trajes. Al girarse ambos hombres a Leith se le dibujó una enorme sonrisa en los labios. Más alejado del altar; vestido con un traje negro, blusa negra y zapatos a juego; estaba su padre Gabriel y junto a él estaba su futuro marido; Yael, vestido con un traje gris oscuro, con una blusa blanca, pajarita negra y zapatos a juego.
Eiko caminó por el pasillo de la capilla hasta el altar y se puso en el extremo izquierda. Un músico comenzó a tocar una hermosa melodía y Leith comprendió que había llegado el momento.
Leith caminó hasta el altar con calma mientras todo el mundo la miraba emocionado, incluso Emer y los gemelos Jenx y Denx, se comportaron durante toda la ceremonia. Aquello significaba mucho para todos pues Leith, famosa por tener un corazón de hielo, había sucumbido a la fuerza del amor y ahora hacía dicha unión realidad. Leith llegó al altar y saludó a su padre alegre quien emocionado le sonrió. Después miró a Yael con agradecimiento y le cogió la mano en respuesta, no hacía falta decir nada más. La música paró de sonar y todo el mundo se sentó en sus respectivos sitios, excepto el sacerdote, Eiko, Gabriel, Yael y Leith.

—Queridos familiares y amigos de la feliz pareja estamos aquí para presenciar su unión en matrimonio. Debo añadir que, a pesar de que no conozco personalmente demasiado a ninguno de los dos, no me puede dar más alegría que ver cómo el amor se encuentra a veces más cerca de lo que nosotros pensamos y que a pesar de los males que hoy en día nos acechan el amor es más fuerte que todo eso y persiste en nosotros. Así pues, voy a proceder a darles la palabra a ambos para que pronuncien sus votos —dijo el sacerdote.
Leith miró a Yael, pero este negó con la cabeza —A mí no me mires. Tú eres la capitana, al fin y al cabo, así que las damas primero.
Todo el mundo se rió y tras volver el silencio Leith comenzó sus votos —Hace no mucho tiempo pensaba que nunca jamás podría enamorarme de alguien, pero de una forma inesperada nos reencontramos y me hiciste recordar quién soy en realidad. A pesar de todo lo que hemos tenido que superar juntos nuestro amor ha podido con todo y por ello te quiero aún más. Gracias por estar siempre a mi lado y hacerme sonreír incluso en los momentos más difíciles. Gracias por ser el mejor hombre que jamás he conocido, por ser mi compañero fiel, por hacerme creer en el amor verdadero…. Gracias por amarme incondicionalmente siempre. Gracias… por formar parte de mi vida porque no me puedo imaginar la vida sin ti. Pero sobre todo gracias… muchas gracias… por hacerme tan inmensamente, infinitamente tan feliz. Gracias.
Toda la sala emocionada aplaudió y Yael les hizo callar —Yo simplemente te voy a prometer que pase lo que pase siempre podrás contar conmigo. Te prometo que si me lo permites intentaré hacerte lo más feliz que pueda todos los días. Te prometo te querré como te he querido durante todo este tiempo, pero cada día un poco más.
Toda la sala aplaudió y emocionada Leith sonrió. El sacerdote carraspeó y todo el mundo volvió a calmarse —Unos votos preciosos, sin duda. Bueno continuemos que sino en el banquete en vez de en el almuerzo será en la cena —hubo unas ligueras risas y el sacerdote continuó —Los anillos por favor —Eiko entró el anillo a Leith y ella lo cogió —Así pues, Leith Stewart; capitana de los ambarinos, caballero y heroína del reino de Erde. ¿Quieres a Yael Ice como marido y prometes serle fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y, así amarle y respetarla todos los días de tu vida?
—Sí, quiero.
—Yael Ice, miembro de los ambarinos y héroe del reino de Erde. ¿Quieres a Leith Stewart como esposa y prometes serle fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y, así amarle y respetarla todos los días de tu vida?
—Sí, quiero.
—Pues por el poder que me ha sido concedido por el reino de Erde yo os declaro marido y mujer. ¡Puedes besar a la novia! —finalizó el sacerdote.
Yael besó a Leith y todo el mundo aplaudió —¡Vivan los novios! —gritó Bastian.
—¡Vivan! —gritaron todo el mundo.

Todo el mundo fue saliendo poco a poco de la capilla y caminaron hasta el comedor, dónde las mesas ya estaban listas para recibir a los invitados. Al banquete había más invitados, únicamente por una razón: la fiesta de después. Estaba la mesa de los más pequeños, por así decirlo: Emer, Jenx, Denx, Kim, Tim y Quinn; acompañados por una sirvienta para que los vigilaran. Luego estaba la mesa de los reyes y jefes dónde estaban Zenón, Vita, Ámber, Samir, Idril, Thoron, Alastor, Taliogh, Amarok, Hati y Skoll; los reyes de Insel no habían sido invitados por supuesto. A continuación, había una mesa para los soldados que más relación tenían con Leith y otra mesa para nobles. Después estaba la mesa de los ambarinos y acompañantes dónde estaban Huor, Helena, Bastian, Marcia y Katara. Y finalmente estaba la mesa de los novios dónde se sentaban Gabriel, Eiko, Yael y Leith. Todo el mundo iba muy elegante, los más destacados los reyes y príncipes de Erde. Vita llevaba puesto un elegante vestido verde de manga corta con escote de barca y unos zapatos a juego; Ámber llevaba puesto un vestido largo violeta sin mangas con escote corazón y unos zapatos oscuros; Zenón llevaba puesto un jubón rojo con pantalones a juego y zapatos negros; y por último Samir llevaba puesto un jubón azul oscuro con pantalones oscuros y zapatos a juego.
Los licántropos habían decidido usar su forma humana para acudir a la boda. Amarok en su forma humana tenía el pelo blanco, corto y lacio; los ojos claros y la piel clara, aparentaba tener ya cierta edad. Llevaba puesto un conjunto tribal de color gris claro con detalles en rojo y gris, y zapatos marrones. Hati tenía el pelo negro, lacio y largo, los ojos oscuros y sesgados, y la piel clara. Llevaba puesto un conjunto tribal de color marrón oscuro con detalles en rojo y unas sandalias marrones. Y por último Skoll tenía el pelo negro, corto y lacio, los ojos claros y la piel blanca. Llevaba puesto un conjunto tribal de color negro con detalles en rojo y unas sandalias negras. En la misma mesa estaba Taliogh quien no se había cambiado su vestuario habitual y cuya silla, lógicamente era algo más grande de lo habitual. En la mesa de los más pequeños el vestuario era más informal y llevaban el que solían llevar siempre; tampoco es que se esperase algo distinto de los kenders.
Bastian y Huor llevaban puesto lo mismo que llevaron a la boda de Ámber, Marcia llevaba puesto un vestido sencillo de color verde oscuro, Helena llevaba puesto un elegante vestido rojo largo con escote de barca y mangas cortas, y por último Katara llevaba un elegante vestido negro con escote de pico y mangas de tirantas. La comida fue llegando a la mesa servida por los sirvientes y todo empezaron a comer. Fue una comida bastante sencilla y con agradable conversación. Al terminar de comer brindaron por la feliz pareja y acto seguido algunos invitados se marcharon ya que no se sentían cómodos con ese tipo de celebraciones. Amarok, Hati, Skoll y Taliogh fueron los primeros en marcharse y a continuación les siguieron los más pequeños quienes descansarían en una habitación aparte con una sirvienta vigilándoles.
Los sirvientes terminaron de recoger todos los platos de las mesas y entonces comenzó a sonar la música. La celebración había comenzado, serían tan sólo un par de bailes pues poco después la pareja feliz se marcharía a descansar antes de su gran noche de bodas. Yael sacó a Leith a bailar una canción lenta y se fundieron en un beso.
Todo el mundo aplaudió y ellos sonrieron alegres, sabiendo que había sido una ceremonia preciosa. Varios invitados se animaron a salir a la pista de baile para unirse a la celebración pues la música ahora era mucho más animada. Eiko fue directa hacia Katara y le pidió que bailara con ella, la cual aceptó sonriente. Bastian y Marcia fueron los siguientes a salir a bailar, incluso los reyes y príncipes se apuntaron a bailar.

Helena miró a Huor sonriente —¿Te apetecería bailar? —Huor estaba algo serio, pero asintió —¿Sucede algo?
Huor negó con la cabeza —Perdóname… Es que a pesar de que ahora mi corazón late por ti… sigue siendo difícil.
Helena con cariño le acarició el rostro —Lo entiendo. ¿Qué tal si te olvidas de todo eso bailando conmigo?
—Me parece una gran idea.

Helena cogió a Huor de la mano y salieron a bailar juntos. Durante dos horas se prolongó la fiesta hasta que sonó las campanas anunciando el final de la celebración. Yael y Leith llegaron a su habitación cansados y emocionados. Tras ponerse algo más cómodo decidieron pasar el resto del día disfrutando de la compañía mutua. Los siguientes dos días fueron de descanso para todo el mundo y transcurrieron sin incidentes ni novedades.

En el templo Cik los preparativos para la guerra se estaban ultimando. Azrael convertido en su forma más humana paseaba por sus aposentos. Tenía el pelo blanco y gris, lacio y largo. Su piel era de color casi grisácea, tenía los ojos completamente negros y sesgados, sus labios eran finos y quebradizos, y sus rasgos eran rectos. Su constitución era alta y delgada, pero muy en forma. Vestía una túnica azul oscura larga sin mangas abierta por el torso y debajo de esta unos pantalones largos anchos negros. También llevaba unas botas negras robustas, unos guantes y un cinturón metálicos. Al lado de él descansaba su espadón negro colgado de su silla. Azrael estaba sentado sobre dicha silla que estaba hecha con huesos de demonios. Además, en la habitación había un taburete para los pies a juego y una mesa cóncava de piedra oscura. Azrael pensativo miraba la mesa sobe la cual tenía extendido figuras de piedra roja y otras pizas hechas con huesos, representando las fuerzas de ambos bandos. Una mujer de piel oscura y ojos negros como su cabello entró en la habitación con paso decidido. Kali se puso al lado de Azrael y le masajeó los hombros con delicadeza.

—¿Qué somos las piedras rojas o las figuras hechas huesos? —preguntó Kali.
—Las piedras rojas por supuesto, me inspiré en nuestro amado entorno.
Kali se rió sarcásticamente —¿Qué tenéis planeado exactamente? Después de esta última derrota en Erde ya no nos quedan demonios en Sapta Dvipa. Vamos a tener que luchar en Withw y eso nos hará vulnerables.

Azrael se rió —No lo entiendes. ¿Verdad? Incluso cuando pierdo gano. Todos los pasos que he dado pueden parecer impulsivos, pero estaban pensados para ser vistos de esa manera —Kali le miró desconcertada —Esta guerra no me importa, lo único que me importa es Hela.
—Pero ya no poseéis a los ángeles oscuros ni a nadie en Ciel. ¿Cómo vais a matar a Orión? Es la única manera de liberarla de su prisión. ¿Acaso no quieres ganar?
—Yo envié a los ángeles oscuros a su propia muerte. ¿No lo entiendes? Estaba cumpliendo con el balance —explicó Azrael.
—¿Qué sucedería si no hubiera balance entre luz y oscuridad?
—Que todo lo que conoces desaparecería y empezaríamos desde cero otra vez.
—¿Y entonces por qué luchar?
—Yo tengo un papel que desempañar en el ciclo del universo. Uno que no escogí, pero igualmente importante. Lo comprendí cuando encerraron a Hela. Me negaba a cumplir con mi papel, a ser aquello para lo que me habían creado. Así que cogieron aquello que amaba y lo apartaron de mí, obligándome así a luchar. Comprendí que debía ser impulsivo, pero metódico y llegado el momento descubrir mi verdadero plan.
—¡Quieres morir con ella! —comprendió Kali.
—Siendo almas, es la única manera de ser libres —Azrael suspiró —Yo no escogí esto, me vi obligado a ello y estoy cansado. He esperado mucho para que todo se desarrollara según mis planes. Por eso esperé a que Leith recobrara sus poderes de arcángel, por eso envié a los ángeles oscuros a una muerte segura, por eso la batalla será en Withw. Para que después de muchos años, seré libre.
—¿Y no se romperá el equilibrio?
—No porque yo mismo he creado a mi sucesor. Verás todas las almas que mis ángeles oscuros que me han otorgado las he fusionado con el alma de un hombre que desempeñará el papel de maldad con mucho gusto y esa malversa creación la puse en un nuevo cuerpo. Te presento a Ishmael.

Apareció en la habitación un hombre enorme y corpulento vestido con una armadura roja y negra completa. Con el casco puesto no podía vérsele el rostro, o si quiera saber si tenía rostro tan solo unos ojos amarillos brillantes. En su cinturón llevaba una enorme espada de hierro con empuñadura de hueso dentro de una funda de cuero negro.

—Es la creación perfecta. Él es a lo que me he dedicado durante todo este tiempo.
—Eso significa que la guerra nunca jamás terminará.
—Y yo por tanto seré libre junto a mi amada para el resto de la eternidad. El balance se mantendrá hasta el fin de nuestro ciclo. ¿No es maravilloso? —preguntó Azrael con una sonrisa siniestra —Ellos me obligaron a tener este papel y tras mucho luchar decidí que iba siendo hora de cumplir con mi deber. Darles una oscuridad infinita, incapaz de vencer que les mantuviera en guerra hasta el fin de los días.
Ishmael caminó hasta Azrael y se inclinó ante él —Mi creador, mi señor, mi maestro… os prometo que no os defraudaré.

Kali se marchó de la habitación con un nudo en el estómago. Iban a perder la Guerra de Dioses, pero a cambio tendrían una guerra que nunca jamás terminaría. Kali llegó hasta sus aposentos y cayó de rodillas con lágrimas en los ojos. A pesar de todo ella no deseaba nada de aquello. Así pues, trazó un plan. Era la única manera de hacer que la guerra finalizase y al mismo tiempo permaneciera el equilibrio. Kali abrió una apertura en las puertas del Averno, era esta la forma que usaba para llevarse las almas de aquellos que merecían ir al Averno. Al llegar a Sapta Dvipa escogió su forma más humana. Su piel negra y tersa relucía a la luz del sol. Kali dejó la brecha abierta, permitió pasar a algunos demonios y después la cerró. Así los ejércitos que había en Kusha partirían hacia Withw a librar la última batalla y no tendría a los ambarinos siguiéndole sus pasos. Además, al ser las instrucciones de Azrael éste no sospecharía. Tenía poco tiempo antes de que Azrael atacara Ciel y Kali sabía perfectamente qué tenía que hacer. Era un plan algo descabellado y era posible que no saliera bien, pero no podía permitir que Azrael consiguiera sus objetivos. Estaba dispuesta a luchar para evitar aquel futuro y llegado el momento se enfrentaría a Azrael.
Gabriel había vuelto a Ciel y Liv le esperaba para darle un fuerte abrazo. Tras una mirada intensa se besaron y después se separaron al escuchar pasos al darse la vuelta vio que era Iana.

—¡Tienes que venir! ¡Seguidme!

Tras mirarse ambos siguieron a Iana hasta una sala enorme del Lhasa. Moira estaba tendida en el suelo acompañada por Karma y Laika. Ambas estaban llorando alrededor de su hermana a la que no conseguían despertar. Su mano estaba cerrada, como si antes hubiera estado agarrando algo.
—¿Qué ha sucedido? —preguntó Liv.
—No lo sabemos —contestó Laika —Iana fue quien la encontró y nos avisó.
—Llevadla a mi habitación —ordenó Liv —Allí podré curarla… o eso espero.
Karma y Laika obedecieron. Iana miró a Liv —¿Soy la única que se ha dado cuenta de que Moira sostenía algo?
Gabriel negó con la cabeza —Yo me di cuenta, pero no estaba seguro.
Filóstrato entró corriendo en la sala y desconcertado miró a todas partes. Al ver a su madre sintió un gran alivio —¿Habéis visto a Moira?
—Se la han llevado Karma y Laika. Hijo, ¿tú sabes lo que sucedió?
—Ella me envió un mensaje, me dijo que debía darle un frasco que contenía una profecía a Mot. Fui enseguida a entregárselo y entonces ella me envió un mensaje pidiéndome que volviera aquí —explicó Filóstrato.
—¿Y no sabes nada más? —preguntó Gabriel y Filóstrato negó.
—Debería ir a ver cómo se encuentra Mot junto a Gabriel. Liv debes encargarte de Moira y Filóstrato ve junto a Candara —mandó Iana.
—Vale. Después os vemos —se despidió Liv.

Iana y Gabriel se marcharon hacia la casa de Mot. Cuando por fin llegaron hasta ella entraron sin llamar y se encontraron a Mot tenida sobre su cama, parecía estar cansada. Mot tenía el pelo negro azabache, largo y lacio, la piel blanca y tersa; apenas aparentaba tener más de treinta y cuatro años; y sus rasgos eran muy parecidos a los de Eiko. Llevaba puesto un kimono blanco y lila, debajo de esta una camisa del mismo color, y unas sandalias a juego.

—¿Qué te sucede? —preguntó Gabriel.
—He creado a una nueva diosa. La he llamado Mitsuko y será la diosa del Aire. El único elemento que aún no había otorgado. Como nos encontramos en mitad de una guerra he decidido acelerar su crecimiento hasta convertirla en adulta, pero eso me ha dejado sin apenas poder.
—No lo entiendo. ¿Por qué has hecho eso? —quiso saber Gabriel.
—¿Es por la profecía de Moira? —comprendió Iana y Mot asintió —Hemos encontrado a Moira inconsciente en el suelo y parecía que sujetaba algo. ¿Sabes de qué podría tratarse? —Mot negó con la cabeza —Cuéntanos de que iba la profecía.
—No se veía bien en la visión, pero Orión era asesinado por una mano oscura y las lunas caían sobre Sapta Dvipa. La caída de las lunas era más que suficiente para destruir todo nuestro mundo. La única manera de evitar esto era creando a Mitsuko. Ella podrá frenar la caída de las lunas y entonces Eredia podría hacer con ellas nuevos continentes. Aprovecharemos este suceso para crear más vidas en lugares más seguros. Así que, aunque no ganemos la guerra de dioses la vida permanecería. Nosotros no estaremos para verla pues llegado este punto nos convertiré a todos en humanos incluyendo a los dioses del Averno. Los ángeles serán nuestros guardianes y la parca el guardián del Averno. El balance entre luz y oscuridad se mantendrá, y los humanos podrán vivir en paz sabiendo que nunca jamás habrá una guerra de dioses —explicó Mot.
—Pero Mot si haces eso desaparecerás y contigo toda la magia de este mundo. Todo quedará en manos de los humanos y ya hemos visto que no pueden estar en paz. Seguiría habiendo guerras y el caos se ceñirá sobre nuestro mundo —dijo Gabriel.
—Quizás, pero serían guerras humanas. Al igual que hay humanos malvados los hay buenos, y estoy segura de que la ayuda de los ángeles será suficiente para mantener ese ligero margen. Quizás no lo comprendéis, pero es nuestra única opción si las lunas caen a Sapta Dvipa. No podía arriesgarme a que todo lo que he creado se quedara reducido a cenizas. Y si tengo que renunciar a mi propia existencia, así lo haré —dijo convencida Mot.

De pronto al lado de Mot apareció una mujer con apariencia joven, de unos 26 años, con la piel blanca y rasgos ovalados. Tenía el pelo de varios colores: celeste, blanco, rosa, violeta y gris, pero predominaban el celeste y violeta; largo y lacio. Llevaba puesto como un conjunto adherido a su piel azoláceo sin mangas y escote corazón, y unas sandalias blancas. Montada sobre una nube pequeña, parecía casi etérea.

—Mi nombre es Mitsuko y soy la diosa del Aire. Me gustaría quedarme, pero he de irme. Debo despertar a Eredia y a Orisha. Juntos podremos parar las lunas cuando llegue el momento —anunció Mitsuko y dicho esto se marchó volando sin mirar atrás.

Al día siguiente una perturbación despertó a Leith, alguien había abierto las puertas del Averno. Lo sentía en su corazón. Así pues, se vistió con su habitual conjunto de guerrera y desayunó con Yael.
Después Leith fue a buscar al rey, a Samir, a los ambarinos y a los demás reyes. Los reunió a todos en el gran salón, todos estaban algo nerviosos y hablaban entre sí; así que Leith les hizo callar y todos la miraron.

—¡Ha llegado el momento de partir hacia Withw! He sentido como las puertas del Averno se abrían. Los ambarinos, exceptuando a Bastian y Huor, partiremos primero para retener a los demonios —informó Leith.
—¿El pequeñajo va con vosotros? —preguntó Bastian.
—Emer es el más rápido para informar al rey Marajá para que lleve al resto de sus hombres a Withw —dijo Yael.
—¿Y yo por qué me quedo? —preguntó Bastian.
—Sí. Bastian es imprescindible que tú te quedes para proteger a los reyes en Kusha y Huor junto a Samir lideran el ejército —contestó Leith.
—Con todo el respeto los reyes no nos vamos a quedar aquí viendo como parten nuestros hombres —afirmó Idril.
—No podemos protegeros a todos de los demonios en el campo de batalla y si conseguimos vencer los reinos necesitarán más que nunca a sus reyes —indicó Yael.
—Aun así, es nuestro deber luchar —afirmó Zenón.
—Majestad Zenón, no es por faltaros al respeto; pero no tenéis edad para luchar contra demonios. Vuestro reino os necesita más aquí. Samir puede venir porque es un gran guerrero y joven. Los licántropos y gigantes son tribus al servicio de vuestros reinos; por ello si pueden venir —explicó Leith.
—Sin embargo, alguien debe liderar al ejército de Vihar. Así pues, yo me iré a luchar por mi reino —se ofreció Thoron.
—De acuerdo —aceptó Leith —Entonces Thoron al de Vihar, Samir al ejercito de Stein y Huor al resto.
Ámber empezó a llorar —No es justo. ¿Por qué no puede quedarse Samir? No podría soportar la idea de que cuando todo termine tener que llorar la pérdida de mi esposo. Necesito creer que todo va a salir bien, que vamos a vencer. Necesito creer que habrá un mundo en el que pueda criar a mi hijo y que tenga a su padre.

Samir abrazó a Ámber con fuerza, emocionado. La noticia había impresionado a todo el mundo.
Entonces los reyes comprendieron que no sólo luchaban por sus vidas, por sus reinos o por el mundo en sí, sino que por lo que de verdad luchaban era por su futuro. Un futuro en el que hubiera paz, en el que pudieran vivir y envejecer por generaciones.
Ámber consiguió calmarse y decidió marcharse junto a su madre Vita de la habitación.
Había silencio total en la sala, Zenón se volvió hacia Zenón y le abrazó emocionado.
Samir también emocionado aceptó su abrazo y el rey Zenón soltó —Ten cuidado hijo y procura volver sano y salvo —el rey se separó de Samir y miró a Leith —No dejes que esos demonios ganen y protégele.
—Lo haré majestad —afirmó Leith.
—Yo protegeré Kusha junto a la guardia real —confirmó Bastian.
—Y yo protegeré a los reyes de Stein —dijo emocionado Emer.
Todos los reyes asintieron dispuestos y Samir miró a Leith —Huor y yo preparamos a todo el ejército para marchar inmediatamente hacia Withw.

Todo el mundo pareció darse por satisfecho así que se dispersaron. Tras salir a las fueras de Kusha, Emer se montó en Hest, Katara en Snieg y Yael en Jan. Emer cogió por otro camino para acortar hasta Yambú, no tenía tiempo que perder. Una vez Emer partió el resto del grupo comenzó a volar con dirección a Withw sin saber qué les esperaba allí, pero teniendo muy claro que pasara lo que pasara todo cambiaría.

Autor: elenasiles

En 2014 publiqué mi primer libro impreso "La Prueba". En 2019 publiqué La Guerrera Drager , en 2020 Piratas de Sagara y en 2021 Los Guardianes de Almas. Fui directora de YouAreWriter desde 2013 a 2019. He participado como autora en Renacer, Antología Benéfica (2020), en Invencibles, Una antología benéfica (2021) y en Antología Recuerdos de Tinta (2021). Además he coordinado, editado y publicado Antología Show Your Rare (2020) , Antología Sueños de Aire (2020) y Antología Criaturas de la Noche (2021) Mi email es: youarewriter.wordpress@hotmail.com Mi blog: www.elenasaavedrasiles.wordpress.com

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