Guerra de Dioses cap 14 por Elena Siles

Capítulo 14

Bastian le había dado su palabra de que montaría guardia así que Yael decidió aprovechar para descansar aquella noche. Después de la pequeña charla decidieron comer. Poco después terminaron y decidieron recogerlo todo. Yael se tumbó en su cama, y sintió como todo su cuerpo crujía. Y entonces cerró los ojos esperando que las pesadillas esta vez no perturbaran una vez más, pero estaba tan casado que el sueño pronto le alcanzó.
El canto de los gorriones y el sonido de una risa le despertó. Cuando Yael abrió los ojos vio que era Emer el emisor de aquella risa tan peculiar. Yael se frotó los ojos y la luz de la mañana, que penetraba a través de los árboles ya despojados de la mayoría de su follaje verde, llegó hasta él como un potente rayo que le deslumbró. Lentamente su vista que se fue acostumbrado a la potente luz de la mañana y pudo ver con claridad cómo nuestro grupo iba incorporándose uno por uno hasta que todos estuvieron despiertos. Huor se levantó y observó cómo Leith y Yael llegaban andando hasta el campamento, habían pasado la noche fuera juntos. Tenían que reanudar el viaje, pero en ese momento se dio cuenta de que no sabían hacia dónde deberían viajar. Yael recordó entonces su estancia en el reino de Feuer y Yael pensó que quizás podrían volver y pedir la ayuda que le había prometido el rey y que tanto necesitaban.

—¡Buenos días! —le saludó Emer —¿No es un día precioso para jugar por el bosque?
—Emer lo siento, pero no podemos entretenernos, debemos retomar nuestro viaje —afirmó Leith.
—¿Y hacia dónde se supone que vamos? —intervino Katara —Os recuerdo que no tenemos un próximo objetivo hacia dónde ir ¿Alguien había pensado cuál debería ser nuestro próximo destino?
—Yo había pensado en el reino de Feuer. Cuando me marché a comprobar la información que había recibido el rey tuve un percance con nuestro antiguo amigo Sombra Gris, y en el desarrollo de nuestro enfrentamiento salvé la vida del rey Kebeth. Éste me aseguró que llegado el momento nos ayudaría en la batalla final. Deberíamos pedirle que nos brinde esa ayuda antes de que lo haga alguno de los ángeles oscuros —sugirió Yael.
—En el pasado el reino de Erde tuvo grandes disputas contra el reino de Feuer —les recordó Leith —No sé si nos van a ayudar.
—Pues espero que no sea así. Necesitamos toda la ayuda que podamos conseguir —aseguró Yael.
—No perdemos nada por intentarlo —dijo Huor.
—Marchemos pues hacia Puskara —ordenó Leith.

Se montaron en sus respectivas monturas y comenzaron el viaje cabalgando a trote, estaban dispuestos a cabalgar todo el día si era preciso pues querían llegar hasta el río antes de que cayera la noche. El viaje sería largo, pero era aún más lo que nos esperaría una vez cruzado el río, era por esa razón por la cual querían llegar cuanto antes hasta el río. El paisaje otoñal comenzaba ya a dar paso al paisaje invernal que anunciaría su llegada antes de los previsto. Los arces, castaños y fresnos eran los más dañados, sin embargo, los pinos de hoja perenne estaban fuertes y robustos, de hecho, apenas dejaban atravesar unos leves rayos de luz sobre nosotros.
El bosque de Erde era sin duda uno de los más vivos y verdes de todos los reinos, tan sólo lo superaba en vegetación los bosques internos de las cordilleras Awils. Aquél cambio de la escasa luz y a una muy potente nos había dejado desconcertados. Tanto se notaba la diferencia del alto bosque dónde predominaban los pinos al bajo bosque que tuvieron que parar en numerosas ocasiones para no perdernos.
Los animales que habitaban en el bosque de Erde convivían en armonía, y en ocasiones podían ver a lo lejos algún que otro curioso animal observándonos.
Los pueblos que fueron pasando no estaban habitados por ciudadanos humanos sino por enanos y hobbits. El pueblo al que ahora llegaban por la noche estaba celebrando la gran recolecta que habían tenido durante el verano. Las voces cantando y el olor a comida casera nos atrajo hasta el pueblo. Además, la noche ya les había alcanzado. Necesitaban un merecido descanso y disfrutar de la compañía de aquellos amables seres. La noche les había alcanzado a pesar de haber ido a trote durante todo el camino, no habían conseguido llegar hasta el río en el tiempo previsto. La distancia se había cortado en gran mesura sin duda, pero no habían conseguido su objetivo inicial y aquello significaba que su viaje se alargaría aún más de los esperado.
Desmontaron de los caballos y comenzaron a caminar por el pueblo en busca de una buena taberna en dónde poder alojarse aquella noche. Encontraron una taberna enseguida, y decidieron dejar los caballos en el establo y pasar dentro.
Una vez dentro de la taberna pudieron observan que reinaba un gran ambiente en ella, los pueblerinos cantaban alegres mientras bebían y comían.

Pidieron algo de comer y el posadero nos los trajo —Aquí tienen lo que han pedido.
—¡Qué ambiente tan festivo! —comentó Yael alegre.
—Hemos tenido la mejor cosecha desde hace años, es natural que lo celebremos después de todos los malos años de cosechas que hemos tenido —respondió el posadero.
—¡Mirad cómo cantan! —indicó Emer e inmediatamente nos callamos para escuchar.

“¡Cantan compañeros cantad
¡y al ritmo de la canción bailad!
Bebed y comed cuanto queréis
en la taberna después pagareis
Este pueblo nuestro hogar será
podremos disfrutar a cantidad
hermosos paisajes y libertad
nuestra casa nuestro amor verá
nuestra fidelidad recibirá.
¡Cantad compañeros cantad
y al ritmo de la canción bailad!
Que corra el vino y la carne
la felicidad vamos a celebrar”

—Me entran ganas de bailar —aseguró Leith.
—Tus deseos son órdenes para mi —Yael le ofreció su mano y la ayudó a levantarse

Estuvieron varias horas bailando, comiendo y bebiendo hasta que estuvieron agotados. Pagaron al camarero y pasaron la noche en aquel encantador pueblo.
Al día siguiente partirían algo más tarde, esta vez a un paso más relajado, pues los caballos estaban cansados y como además ya no habían cumplido con el tiempo estimado del principio les daba igual tardar unos días más en llegar hasta Puskara.

Liv caminaba nerviosa por el Lhasa sabiendo que tarde o temprano caerían las lunas. Mot estaba a su lado intentando tranquilizarla tocando una canción con su laúd, pero era inútil. Mot suspiró cansada y se acarició su pelo largo, negro y lacio. Sus ojos azules marinos sobre su piel nacarada resaltaban como dos estrellas brillantes en una noche oscura. Poseía la apariencia de una mujer humana de apenas veintitrés años, contando con ello y su belleza natural bien podría ser una de las diosas más hermosas de Ciel. Llevaba puesto un vestido de palabra de honor, hecho seda y de color beige y rosa, su estilo era vaporoso y con volantes que le llegaban hasta los tobillos. El vestido era ceñido hasta las caderas dónde se habría por el lado izquierdo. Como joyas llevaba puesto unos pendientes largos, dos pulseras, un brazalete y un collar, todos ellos de oro. Y como zapatos usaba unas sandalias de cuero al igual que muchos dioses.

—Relájate Liv.
—No puedo evitar sentirme angustiada. Necesito saber que Leith está bien.
Mot suspiró —De acuerdo te dejaré ver a Moira —Liv sonrió alegre —Pero ten en cuenta que acaba de venir de una dura batalla y estará cansada así que no la agobies demasiado.

Liv comenzó a recorrer el Lhasa, cruzando sus portales y salas hasta llegar afuera. Una vez fuera corrió hasta el sanatorio; el edificio dónde se curaban los dioses, ángeles y arcángeles; allí era dónde estaba Moira. El sanatorio era un edificio rectangular igual que el Lhasa, sólo que de menor tamaño y a diferencia del Lhasa tenía paredes.

Liv corrió hasta dónde estaba Moira —Hola Moira, me alegro de ver que ya estás mejor.
—Tan sólo necesitaba descansar. Dime, ¿qué te preocupa?
—Es mi hija, Leith. Necesito saber que está bien —reconoció Liv.
—No te preocupes Liv, Leith está bien. De hecho, me he podido enterar que ya ha derrotado con la ayuda de su grupo a dos de los ángeles oscuros —le tranquilizó Moira.
—También venía a pedirte otro favor. Gabriel me dijo que volvería hace dos días de la batalla contra los demonios del inferno. ¿Él está bien? —preguntó Liv.
—Podrías preguntárselo tú misma —indicó Moira —Ahí está.
Liv se dio la vuelta y vio a Gabriel esperándola con una gran sonrisa —¡Gabriel! Has vuelto —Liv salió corriendo a su encuentro y le besó en los labios.
—Por supuesto que sí amor mío —Gabriel besó a Liv en los labios y después se separó de ella con cuidado —Perdona la tardanza, pero las cosas se complicaron más de lo que esperaba.
—Lo importante es que has vuelto —Liv se separó de él con una sonrisa.
—¿Se sabe algo ya de Leith? —preguntó Gabriel.
—Ella también está bien e incluso ya ha derrotado a dos de los siete —respondió alegre Liv.
—He estado pensando que podría ir a visitarla —se ofreció Gabriel —Ahora que hemos derrotado a los demonios que quedaban en Sapta Dvipa podemos por fin relajarnos.
—Se pondrá muy contenta al verte, pero me gustaría que pasaras un tiempo a mi lado antes de volver a marcharte. Te he echado tanto de menos —confesó Liv.
—Por supuesto que sí, no pensaba marcharme aún. Dentro de un par de semanas quizás.
—Me parece genial, siempre que vuelvas a mi lado —respondió Liv.
—Nada excepto la muerte haría que me separase de ti. Os amo —Gabriel besó a Liv apasionadamente.
Moira tosió para interrumpir a la pareja de enamorados, éstos avergonzados se separaron —Bien, si eso es todo Liv, tengo que irme a mis aposentos.

Moira comenzó a irse con paso decidido del sanatorio, pero antes de marcharse del todo observó a Gabriel, él hombre al que una vez amó. Tenía el pelo castaño, lacio y corto; los ojos azules y una sonrisa que te enamoraba. Sus facciones predominantes y su cuerpo musculoso lo convertían en un hombre realmente atractivo.
Gabriel solía vestir con una camiseta marrón pegada al cuerpo, una armadura de broce, unos pantalones negros y unas botas a juego. Sus alas blancas brillaban a la luz del sol, eran inmensas y espectaculares, y entre ellas guardaba su arma: una maza de hierro.
Moira suspiró, y pensar que en un pasado no muy lejano pudo estar enamorada… ya había pasado muchos años desde entonces, pero jamás había sentido lo mismo de nuevo por otra persona. Por eso, aunque ya no estaba enamorada de Gabriel aún recordaba con cariño el amor que le procesó en el pasado.
En realidad, ellos jamás habían estado juntos, pero justo cuando podrían haber comenzado un romance él conoció a su amor verdadero, Liv.
Filóstrato daba vueltas por la biblioteca de Ciel nervioso. Filóstrato tenía el pelo castaño claro, corto y lacio, y tenía los ojos marrones oscuros. Era muy delgado y alto y tenía la piel blanca. Vestía con una toga blanca, unos pantalones marrones pegados y unas sandalias de cuero. De pronto entró Candara con su andar grácil y ondulante su pelo rubio, largo y ondulado le caía por su cuerpo sinuoso de curvas, y sus potentes ojos verdes brillaban con el sol. Sus facciones eran delicadas y muy hermosas, al ser la semidiosa del día resplandecía una luz interior que podría iluminar cualquiera noche oscura. Candara llevaba puesto un vestido beige de tirantas con el torso pegado y suelto por la cintura, estaba hecho de seda y tenía pedrería por el torso. Sobre la parte inferior tenía un encaje de flores plateadas y unos volantes bastante amplios. Por último, llevaba unas sandalias a juego con el vestido. Candara se acercó hasta el atareado Filóstrato que estaba llevando manuscritos de un lado de la biblioteca para el otro.

—¡Filóstrato! —le saludó Candara.
—Hola Candara lamento decirte que no puedo entretenerme. Los últimos ataques a la biblioteca por parte de los secuaces del infierno han convertido esto en un auténtico desastre. Tengo que volver a ponerlo todo tal y como estaba antes de que vuelva mi madre —se excusó Filóstrato.
—Es muy importante, necesitamos tu ayuda —le suplicó Candara.
Filóstrato se paró y la miró a los ojos, al ver su mirada de preocupación se dio cuenta que de verdad era importante así que dejó todo o que estaba haciendo —¿Qué sucede?
—No sé cómo explicarlo, ven conmigo —Candara le agarró por el brazo y se lo llevó por la fuerza.

Recorrieron el campo de entrenamiento y giraron a la izquierda hasta llegar a las inmediaciones de los jardines del templo. Cerca de allí estaba el árbol dónde habitaban las almas buenas de los seres que habían fallecido en Sapta Dvipa, pero no poseía su resplandor natural sino uno de color más oscuro, casi violeta con tonos negros que luchaba poco a poco con la luz blanca natural de aquel árbol tan especial. Filóstrato se quedó mirando aquella atrocidad sin dar crédito a lo que estaban viendo sus ojos.
Sólo había leído sobre aquel suceso una vez, pero jamás pensó que podría pasar en la realidad. Filóstrato miró a Candara consternado, sin saber qué decir.

—¿Y bien? —le preguntó Candara —¿Sabes de lo que se trata?
—Por desgracia, sí. Haz llamar a todos los dioses, pero acude primero a Liv.
—De acuerdo —Candara se marchó con prisas dejando allí a un preocupado Filóstrato.
Pronto acudieron junto a él, Iana, Karma, Liv, Laika, Moira, Eón y Candara. En cuanto vieron lo que estaba sucediendo todos se alarmaron y preocuparon. Filóstrato fue el primero en hablar —Jamás pensé que llegaría el día en el que el árbol de las almas muriera y ahora que ha llegado el momento debemos pensar qué es lo que vamos hacer.
—¿Es eso lo que está pasando? —preguntó Candara —¿Se está muriendo el árbol de las almas?
—Eso me temo —intervino Moira —Y si no hacemos nada, Azrael se hará con todas estas almas y será invencible. Había tenido un vaticinio sobre lo que está sucediendo ahora mismo, pero jamás pensé que de verdad pudiera hacerse realidad. El destino aún no estaba marcado, sólo era una senda, un camino difuso… Ahora que se ha cumplido tenemos que actuar rápido si queremos que en nuestro destino pueda haber un futuro.
—¿Qué debemos hacer? —preguntó Candara curiosa.
—Uno de nosotros tendrá que sacrificarse para darle de nuevo vida al árbol —respondió Karma.
—Yo me ofreceré —intervino Eón —Era mi destino desde el principio.
Moira le miró incrédula —¿Hablas en serio? —Eón asintió como respuesta —No puedo dejar que hagas eso padre. Es un suicidio.
—Lo sé, tú ya deberías saber que esto ocurriría Moira. Es mi destino —contestó Eón.
—Creí que aún estaba a tiempo para cambiar tu destino padre —Moira le miró intensamente y le abrazó. Estaba tan emocionada que comenzó a llorar —Te quiero padre.
—Y yo a ti. —Eón la apartó delicadamente —No me perderás hija, estaré siempre encarnado en este árbol —Eón miró a Karma, Iana y Laika —Cuidaos entre vosotras hijas mías. Siempre que me necesitéis estaré aquí para recibiros.

Eón se despidió de Moira y se marchó con paso decidido. Eón caminó hasta el árbol de las almas, entonces se introdujo dentro de él y poco a poco las luces oscuras fueron extinguiéndose hasta que volvió a brillar como antes.
Moira comenzó a llorar emocionada, por muchas veces que había visto aquel futuro ahora que lo veía en el presente, en la realidad, no podía soportarlo. Moira, Iana, Karma y Laika habían visto cómo su padre se sacrificaba para mantener las almas a salvo y salvar Ciel; y aunque su muerte había sido honorable no podían evitar sufrir con su marcha. Había sido muchas emociones conjuntas y todos ellos necesitaban descansar así que se despidieron cortésmente unos de otros y se marcharon a sus respectivos aposentos; esperando tal vez olvidar alguna vez aquel suceso de sus mentes, pero sobre todo de sus corazones.

Helena había llegado por fin a Kusha, después de varios días caminando por el bosque había alcanzado su objetivo. Entró en la ciudad con la luz del sol brillando en el cielo, era una mañana preciosa. Helena caminó por la ciudad, lo primero que vio fue una barriada de casas que rodeaban la entrada de la ciudad, a pocos minutos encontró varias tiendas independientes y a su derecha estaba la escuela. La escuela era por el momento privada, pero estaban pensando en ampliarla para que pudiera ser pública, seguramente cuando terminara la gran batalla final. Un poco más adelante estaban las tiendas gremiales y varias tabernas ya conocidas para ella; se alegró de volver a caminar por la ciudad de Kusha, pero se alegró aún más cuando estuvo en las inmediaciones del palacio. Un sirviente se le acercó al verla, Helena le saludó y le ordenó que buscara a Eiko, pero le dijeron que había partido hace tiempo hacia el norte. Nox vio a Helena y fue hasta ella.

—¡Helena! —Eiko la abrazó y después se separó —Me alegro de volver a verte. Pensaba ir a rescatarte, pero me dijeron que si lo hacía tú incumplirías el trato y morirías.
—Así es. Pero no te preocupes, él lo incumplió antes y pude escapar.
—Menos mal —Eiko la observó y sonrió —Veo que vienes de un viaje largo.
—Y que lo digas —reconoció Helena —Ahora volveré a mi antigua habitación en el castillo pues esto muy casada.
—Aséate y descansa. Debes de estar cansada de tu largo viaje. Mañana iremos juntas a almorzar.

Eiko se marchó y Helena fue directa a bañarse, necesitaba descansar pues había sido un viaje largo y fastuoso. Helena se quitó la ropa y se introdujo dentro de la bañera, el agua estaba tibia justo como a ella le gustaba. Comenzó a bañarse y a quitarse la mugre con la esponja y el jabón que le habían dejado al lado de la bañera. Helena terminó poco después de bañarse asique decidió salir de la bañera y secarse. En cuanto estuvo seca se vistió con un camisón y ordenó que un sirviente le trajese comida.
El sirviente le trajo la comida en poco tiempo y Helena pudo comenzar a disfrutar del banquete que habían preparado para ella. Hasta ese momento no se había dado cuenta de lo mucho que extrañaba comer. Aunque al ser una semidiosa no tenía por qué hacerlo, comer era uno de sus máximos placeres. Saborear la comida y sentir la energía que ella te proporcionaba, aunque sólo durase apenas unos minutos. Helena terminó de comer, se fue a su habitación y se tumbó sobre su cama. Aún era temprano para irse a dormir, pero estaba muy cansada; así que cerró los ojos y se quedó profundamente dormida.

Emer fue el primero en levantarse y se dedicó a dar voces hasta que todos estuvieron despiertos. La otra noche se lo pasaron muy bien bailando y bebiendo en la taberna, pero ahora estaban cansados. Por suerte pronto estarían en el puerto, según sus cálculos podrían estar allí para la hora de almorzar. Una vez que hubiesen almorzado podrían embarcar por el río azul hacia el río rojo para llegar más rápidamente hasta Feuer. Cuando estuvieran en Feuer cabalgarían hasta Puskara dónde solicitarían la ayuda del rey Kebeth. No tenían claro que harían a continuación, pero lo más seguro es que volvieran a Kusha a no ser que Leith tuviese alguna pista de dónde se encontraba alguno de los ángeles oscuros. Se marcharon de la posada después de pagar y comenzaron a cabalgar hasta el puerto, y pudieron llegar antes de la hora del almuerzo. Decidieron parar y tomar algo en alguna taberna. Terminaron de almorzar y se dirigieron hacia el puerto.

Leith buscó con la mirada hasta encontrar el vendedor de pasajes —Buenas tardes señor, seis pasajes de ida por favor.
—¿Vuestras monturas también os acompañaran? —preguntó el vendedor.
—Sí —respondió Leith.
—Entonces os comunico que os saldrá más caro —les advirtió el vendedor.
—Lo sabemos, pero podemos pagarlo —contestó Yael.
El vendedor se encogió de hombros —Serán 300 roans.
—150 —intervino Emer.
—Esto no es un regateo —se burló el vendedor de Emer.
—De acuerdo señor, buscaremos otro barco —le respondió Emer muy seguro.
Emer comenzó a darse la vuelta y ellos le siguieron —¡Esperad! —les llamó el vendedor y ellos volvieron de nuevo hasta él —270 roans.
—190 —regateó Emer.
—220 es mi última oferta —le aseguró el vendedor y Emer le estrechó la mano sonriente —Genial, han hecho bien no encontrarían precios mejores en ningún otro sitio —el vendedor les entregó los pasajes y Leith le pagó —El barco sale dentro de una hora, pero deberían ir subiendo. Que tengan un buen viaje.
—Es un buen precio —comentó Katara de camino al barco.
—Para nada —indicó Emer —Pero es lo más barato que podríamos haber conseguido.
—¿Y cuál sería el precio justo? —preguntó Katara curiosa.
—180. 10 por cada pasaje de persona y 20 por cada pasaje de las monturas. Pero teniendo en cuenta que somos un grupo un poco… estrafalario es un buen precio —alegó Emer.
—¿Tú dices que nosotros somos estrafalarios? —insinuó Bastian —Habló el vestido recatadamente que habla pausadamente y con educación. Venga ya Emer, todos sabemos que tú eres el más estrafalario de todos nosotros. Eres escandaloso, ruidoso y nervioso.
—Lo sé, y es parte de mi encanto natural —aseguró Emer.
Bastian le miró incrédulo —¿Te sientes orgulloso de ello?
—¿Tú te sientes orgulloso de ser más grande que todos mis primos juntos? —preguntó Emer.
—Por supuesto que sí —contestó Bastian.
—Pues yo también me siento orgulloso de ser cómo soy. Además, si no fuese así, no estaría con vosotros. Pero admitidlo no soy el único que es un poco raro.
—¿Ah sí? —preguntó Katara algo escéptica —A ver, ¿qué tengo yo de raro?
—Llevas una lanza que es más grande que tú —señaló Emer.
—Tuche —respondió Katara.
—En fin, será mejor que vayamos subiendo al barco —intervino Leith.

Comenzaron a caminar hasta el barco y cuando estuvieron dentro decidieron dejar las monturas en la bodega. Después subieron a cubierta y poco después el barco empezó a navegar. Hasta ellos les llegaba el olor del agua dulce del río y el sonido de los demás barcos que navegaban a su lado. Leith estaba apoyada mirando el paisaje trascurrir ante ella cuando Yael se acercó por detrás a ella y la abrazó. A pesar de todo no podía evitar seguir queriéndola, le iba a costar olvidarla; pero se alegraba por ella.
Huor vio entonces a Katara sentada en un banco sosteniendo su lanza con nerviosismo. Aquella era la primera vez que la joven viajaba en barco, seguramente estaba mareada. Huor buscó también a Bastian con la mirada y vio que éste estaba persiguiendo a Emer por el barco para evitar que hiciera alguna broma a los demás pasajeros.

Huor decidió ir a ver cómo estaba Katara, quizás podría mitigar sus mareos, con una rápida sesión de sanación —Hola Katara —se senté a su lado —Tienes mala cara. Dime, ¿te sucede algo?
—Estoy un poco nerviosa, sólo es eso —le contestó Katara.
—¿Por qué estás nerviosa? —preguntó Huor curioso.
Katara suspiró recordando una parte de su pasado que hasta hacía tiempo había dejado enterrada en su mente —Cuando era pequeña vivía aquí en Feuer, pero fueron tan sólo mis primeros años de vida. En cuanto mi madre se dio cuenta de lo que yo era me llevó a Stein porque pensaba que allí estaríamos a salvo.
—¿Y qué fue lo que provocó que os tuvierais que marchar de Feuer?
—Cuando nací se me fueron otorgados una serie de poderes y dones; uno de ellos era poder controlar a los dragones. Podía comunicarme con ellos, les obligué a dejar de cazar humanos y comenzaron a cazar grandes animales; al final descubrí que podría mantenerles con vida si les daba magma como alimento. Con sus manos podía hacer que ese magma que podría destruir cualquier cosa se convirtiera en la forma perfecta de hacer que los dragones sobrevivieran. Tenía cuatro años cuando mi madre me descubrió dándole de comer magma a una cría de dragón. Entonces se dio cuenta de todo el poder que yo tenía. Lo malo es que no fue la única, el rey se enteró y quiso comprarme. Lógicamente mi madre no quería que yo me convirtiera en un arma militar y decidió que un día no fugaríamos del reino para no volver jamás. Y eso hicimos, cuando llegamos a Stein mi madre me obligó a dejar de usar todos mis poderes y durante todo este tiempo había estado escondida, pero…—explicó Katara.
—Entonces los demonios atacaron a tu pueblo y mataron a tu madre.
—Sí —afirmó ella —Pasaron apenas unos días cuando vi a Yael en el templo de Withw. Supe de inmediato lo que era y pensé, que siendo lo que era yo y siendo lo que eras tú debía irme. Si le hubiera dicho la verdad no me hubiera llevado —Katara le miró emocionada y le abrazó —Gracias por escucharme, Huor —Katara se separó de él con una sonrisa —Necesitaba contárselo a alguien.
— No debes darme las gracias Katara, es lo mínimo que puedo hacer por ti —le aseguró Huor.
Katara le respondió con una sonrisa —Pero aun así tengo miedo de que puedan reconocerme.
—No te preocupes Katara, nosotros estaremos a tu lado pase lo que pase.
—Si os pasa algo por mi culpa jamás me lo perdonaría Huor —reconoció Katara.
—Creo que sabemos defendernos bastante bien solitos —ella le miró y sonrió más aliviada, pero entonces un alocado Emer pasó a su lado y le tiró un cubo de agua encima. Katara no pudo evitar reírse —No tiene gracia —se quejó Huor, pero acabó riéndose igualmente.
Bastian cogió a Emer de un pie y lo levantó —¡Ajá! Por fin te he pillado astuto renacuajo.
Emer daba patadas cabeza abajo intentando escapar —¡Suéltame!
—Ni hablar, ahora que por fin te he alcanzado te vas a quedar ahí hasta que termine el viaje. No vas a causar más problemas con tus bromas —aseguró Bastian.
—Chicos —intervino Leith que se había acercado hasta ellos junto con Yael —¿Otra vez os estáis peleando? No quiero que os peleéis más.
—Pero… Emer ha estado haciendo bromas todo el rato a los pobres pasajeros y ha empapado al pobre Huor. Yo sólo quería que parara —se quejó Bastian.
—Eso no es una excusa para perseguirle por todo el barco provocando aún más desastres de los que ya había provocado Emer. Además, si le sigues cogiendo así al pobre Emer le va a explotar la cabeza, así que bájale —le ordenó Leith —Bastian la miró intentando persuadirla —Ahora.
Bastian bajó a Emer refunfuñando —Ya está.
—En cuanto a ti —dijo Leith señalando a Emer —Tienes que dejar de hacer bromas, ya no eres un niño y si sigues así vas a volver loco al pobre Bastian. Estate quieto junto a Katara el resto del viaje o me veré obligada a dejar a Bastian que te sujete.
—Vale, está bien —Emer se sentó al lado de Katara resignado.
—Parece que tienes mano con los niños —comentó Yael.
—Bueno, sí —reconoció Leith.
—Y eso que Emer no es fácil —aseguró Yael —Pero a pesar de todo eso, me gustaría tener un niño.
—Pues yo le llamaría a mi hijo Raines —intervino Leith intentando cambiar de tema.
—¿Y si es niña? —preguntó de pronto Katara.
—Yo tenía pensado Arwen, significa: estrella de la noche —respondió Yael.
—Me parece un nombre precioso —afirmó Leith.
—¿Ya tenéis los nombres de los niños pensados? —preguntó Huor inquisitivo.
—Pues sí, porque yo no sé tú, pero yo tengo claro que quiero pasar el resto de mi vida con una única persona —Yael dio un beso a Leith en la frente —Y tengo la suerte de que esa persona me corresponde de igual manera. La perdí una vez por no atreverme a decirle lo que sentía, y ahora que estamos juntos no pienso perderla.
Leith besó en los labios a Yael, después se separó de él y dijo —Te quiero.
—¡Eh mirad! —nos llamó Emer —¡Estamos llegando!

Ni siquiera se habían dado cuenta, pero Emer tenía razón. Estaban llegando hasta Reus dónde embarcarían para llegar cabalgando hasta Puskara. Finalmente desembarcaron en el puerto de Reus, pero era ya noche cerrada así que decidieron pasar la noche en Reus y retomar su viaje mañana por la mañana.

Autor: elenasiles

En 2014 publiqué mi primer libro impreso "La Prueba". En 2019 publiqué La Guerrera Drager , en 2020 Piratas de Sagara y en 2021 Los Guardianes de Almas. Fui directora de YouAreWriter desde 2013 a 2019. He participado como autora en Renacer, Antología Benéfica (2020), en Invencibles, Una antología benéfica (2021) y en Antología Recuerdos de Tinta (2021). Además he coordinado, editado y publicado Antología Show Your Rare (2020) , Antología Sueños de Aire (2020) y Antología Criaturas de la Noche (2021) Mi email es: youarewriter.wordpress@hotmail.com Mi blog: www.elenasaavedrasiles.wordpress.com

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