Guerra de Dioses cap 12 por Elena Siles

Capítulo 12

Helena puso su mano sobre la mano de Leith —Vamos a un sitio apartado, no pueden vernos los aldeanos —Leith asintió como respuesta —Me temo que he de despedirme de vosotros en este momento.

Ellos se tuvieron que quedar mirando como Leith y Helena se marchaban. Huor no debía haber ido, pero sinceramente se estaba muriendo de curiosidad, quería saber cómo iba a ser el traspaso de poderes. Así que en cuanto tuvo oportunidad se escapó del grupo y dejó al resto hablando entre ellos mientras se escabullía por detrás lentamente. Huor encontró a las chicas después de un tiempo, estaban en casa de Leith realizando el traspaso de poderes. No pudo ver con claridad lo que sucedía, pero pudo ver una luz… muy intensa. Y después… la verdadera apariencia de Helena. Entonces entendió porque era la diosa de la belleza, era sin duda la mujer más hermosa que había visto nunca. Se enamoró de ella inmediatamente. Ellas comenzaron a conversar…

—Es realmente impresionante. ¡Tengo más poder que nunca! —dijo impresionada Leith.
—Concéntrate. Busca en tu interior el poder para encontrar a los ángeles oscuros.
Leith cerró los ojos y comenzó a concentrarse —No veo nada.
—Mi poder no es suficiente, deberás volar lo más alto que puedas y alimentar tu poder con el sol. Es la única manera de que podamos encontrar a los ángeles oscuros —le explicó Helena.
—¿Me estás diciendo que nuestros poderes se fortalecen con la luz del sol?
—Pues sí, vamos —Helena cogió la mano de Leith y salieron por la puerta de atrás.

Una luz le dio a Huor y olvidó su verdadera forma… como si supiera… Seguramente lo sabía, por eso le hizo olvidar su apariencia. Huor fue corriendo hasta la puerta de atrás, pero ya no estaban. Huor miró hacia arriba y pudo ver un destello de luz. Volvió con el grupo y poco después volvieron las chicas. Helena había recuperado su forma anterior. y Leith estaba más radiante que nunca.

—Ya he encontrado al primer ángel oscuro. Me ha costado más de lo previsto porque estaba usando su poder para ocultarse de mí, pero ahora podremos localizarlos en cuanto pisen un pie en Sapta Dvipa —explicó Leith —Nuestro primer objetivo es Craita, está en Riel. Apenas a un día de viaje en caballo. Hija debemos irnos, si sucede algo no dudes en avisarme.
—Adiós mamá —Eiko se marchó junto a Helena.
Leith se montó en Hest —¡Vamos! Si vamos rápido la atraparemos antes de que pueda escapar.

Bastian, Huor, Katara, Leith, Emer y Yael se montaron en sus respectivos caballos y comenzaron a cabalgar juntos hacia Riel. Yael ya había estado antes en aquél pueblo así que su tarea principal fue hacer de guía por el pueblo de Riel. Por desgracia no consiguieron encontrar en el pueblo a Craita. Todo el grupo estaba muy desilusionado, por fortuna no todo había acabado allí. Uno de los pueblerinos afirmó ver extraños movimientos en el bosque. Transportados por el viento, les llegó un recuerdo común y sintieron una congoja en el corazón recordando a los hombres que habían muerto allí.
Desmontaron y fueron caminando por el bosque así sería más fácil pillar a Craita por sorpresa. Sin embargo, no parecía desconcertada ni mucho menos, sino que simplemente les sonreía con malicia. Como si hubiera estado aquel momento desde hacía tiempo. Aquello le hizo darse cuenta que, aunque la hubiesen encontrado no significaba que fueran a vencerla.
Yael observó a Craita detenidamente, era sin duda una mujer cuya belleza era tenebrosa y temible, pero no por ello menos hermosa. Era bastante alta, casi igual que Leith y estaba en forma, su cuerpo era sin duda impresionante. Sus ojos verdes esmeralda te atravesaban con una mirada y sus labios carmesí podrían bien esconder el más dulce de los besos. Su pelo era de color plata, lacio y largo, tan largo que casi les llegaba a las caderas. Pero lo más impresionante de ella era sin duda sus atuendos: llevaba puesto una especie de corsé metálico negro y dorado que dejaba ver parte de sus protuberantes pechos unido con unas hombreras y una capa de los mismos colores. La parte inferior del conjunto era apenas mayor a la ropa interior, pero era metálica a igual que el corsé. Aparte del conjunto metálico llevaba puesto unos guantes y unas botas de los mismos colores. Su arma principal consistía en un cetro dorado con decorados élficos y acabado redondo.

—Bienvenidos. Mis árboles os han estado observando, os ha costado mucho encontrarme y ahora que me habéis encontrado pretendéis darme muerte, pero no planeasteis una cosa: vuestra derrota —dijo Craita con una risa malvada.
—¡Somos seis contra uno! ¿De verdad piensas que tienes alguna oportunidad de vencernos Craita? Ahórranos un tiempo muy valioso y entrégate —le respondió Leith.
—Yo jamás estoy sola. Todo el bosque está de mi lado —Craita alzó las manos y aparecieron: un oso, una anaconda gigante y un puma —¡Kasvi ! —gritó Craita y de sus manos salieron unas plantas trepadoras que les atraparon. Craita se dejó morder por los animales, así ellos podían ahora matarles —¡Acabad con ellos! —les ordenó y los animales se abalanzaron sobre nosotros mientras Craita se marchaba riéndose maléficamente.
—¡Ey! —gritó Emer que como por arte de magia había conseguido escapar —¡Venid a por mí!
Bastian enfurecido comenzó a romper las platas con sus propias manos —¡Vamos lucha conmigo cobarde! —Bastian consiguió salir de las plantas y atacó al oso que estaba acorralando a Emer —No vas a tocarle ni un pelo.
—¡Cerrad los ojos! —gritó Leith. De pronto de ella salió una potente luz que quemó todas las plantas —Ocupaos de estos, yo iré a por Craita —Leith se marchó corriendo.

Ya liberado Yael pudo luchar contra los animales. Entonces vio cómo el puma iba a atacar a Bastian y a Emer que estaban ocupados con el oso. Yael se acercó al puma y le asestó un golpe mortal. Katara le salvó del ataque de la anaconda, pero era demasiado grande para ella. Katara esquivó dos de sus golpes y el último tuvo que pararlo con sus propias manos. Yael estaba siendo asfixiado por la cola de la anaconda cuando de pronto como de la nada unas flechas se clavaron en la cabeza de la anaconda que cayó inerte al suelo. Poco después se escuchó un gran golpe y vieron al oso muerto a manos de Bastian, le había retorcido el cuello. Todos se miraron satisfechos, había sido una pelea bastante más tediosa de lo esperado, pero habían vencido.
Entonces escucharon un grito de Leith pidiendo auxilio, el primero en salir corriendo fue Yael que no dudó ni por un instante en salir a su rescate, los demás acudieron justo después.
Y vio a Leith tendida en el suelo con el cuerpo inerte de Craita a su lado con una flecha justo en el corazón. Hasta ese momento Yael no se había fijado, pero Leith estaba atada con plantas enredadas alrededor de su cuerpo, causándole grandes daños en su pálida piel. Tenía los ojos carentes de brillo y parecía exhausta. Entonces Yael comprendió que Craita había usado las platas para succionar la energía de Leith. Seguramente si se hubiera retrasado un poco más Leith hubiera muerto.
Yael observó el cetro de Craita… estaba lleno de luz. Se le ocurrió una idea algo descabellada, quizás no funcionara, pero Leith estaba muy débil. Debía intentarlo, por ella. Yael cogió el cetro y apuntó a Leith y del cetro salió una luz inmensa que alcanzó a Leith y lentamente fue adhiriéndose a ella. Leith recuperó lentamente su brillo y energía hasta que el cetro quedó vació de luz y desapareció de sus manos como por arte de magia. Por extraño que parezca el cuerpo de Craita también desapareció con una brisa de viento que inundó el lugar de energía. De pronto el bosque recuperó su energía y esplendor, Yael comprendió que todo ese tiempo Craita se había estado valiéndose del poder del bosque para incrementar su propio poder.

Como si hubiera estado en un sueño despertó de pronto —¿Yael estás bien? —le preguntó Leith a lo que respondió asintiendo —Gracias por devolverme mi energía, no sé cómo lo has hecho, pero gracias a ti me encuentro como nueva y sigo teniendo el poder de encontrar a los ángeles oscuros. Y os garantizo que en cuanto toquen tierra iremos tras ellos.

Decidieron acampar allí mismo, estaban muy cansados y aún no sabían hacia dónde deberían partir, sería un viaje desconcertante y muy largo. La luz del sol se había desvanecido. Soplaba un viento helado. Las siete lunas iluminaban el cielo del este con un pálido y frío resplandor. Al sureste se adelantaba el bosque; los lindes sombríos estaban aún a diez leguas de distancia y más allá unas pendientes montañosas se perdían en el azul de la lejanía. Entonces Huor observó a Yael mirando a Leith con cariño y ella le devolvió aquella mirada. Aquello le dolió menos de lo que esperaba, se dio cuenta que sus sentimientos habían comenzado a cambiar.
Por fin estaba comenzando a verla más como su compañera, y aunque Huor quería a Leith, era obvio que ya no podía ser correspondido por lo que lo mejor para ambos era que Huor la olvidara y encontrar a otra persona con el tiempo. Yael se tumbó en el suelo y miró al cielo pensando en lo que le esperaría a continuación.
Mientras los ambarinos se encaminaban en un viaje lleno de peligros, en Kusha también tuvieron sus propios peligros. Tal y cómo había predicho Helena en cuanto se marcharon Azrael se dispuso a atacar la ciudad. Por fortuna no fue él sino su esbirro Darkran, antiguo jefe de la guardia negra junto un séquito de hombres armados. Helena miró al cielo, gracias a sus poderes se había podido poner en contacto con: Moira, diosa del destino; Nox, semidiós de la noche; y Eón, dios de la eternidad. Helena observó a sus compañeros. Moira poseía la apariencia de una mujer joven de apenas 26 años a igual que Nox, pero Eón poseía una apariencia mayor de unos 46 o 48 años humanos. Moira tenía pelo corto, plateado y lacio, Nox en cambio tenía el pelo negro, corto y lacio a diferencia de Eón que poseía el mismo color, pero su pelo era largo.
Moira y Nox tenían rasgos más delicados mientras que Eón poseía unos rasgos más fuertes. La piel de Moira era morena mientras que la de Nox y Eón era blanca.
Las armas de Moira consistían en una lanza y un potente poder mágico. Nox y Eón utilizaban cetros como armas, pero el de Nox era corto y con acabado afilado, y el de Eón era largo y con acabado redondo. Moira llevaba puesto un vestido lila largo, con remates en rosa, escote de pico, mangas largas y abierto por las piernas. Eón llevaba puesto un pantalón negro largo, camisa negra de mangas largas sobre el cual levaba un conjunto de mangas largas negro con filos en amarillo, con falda ancha y un cinturón lila.
Y por último Nox llevaba puesto un conjunto de guerrero negro y azul oscuro, unas botas negras y un cinturón del mismo color. Todos los ciudadanos corrían despavoridos de los hombres de Darkran llenos de miedo y desesperación.

—Rendíos ahora y vuestra muerte será rápida e indolora, atreveos a desafiarnos y el pueblo pagará vuestra afrenta. ¡Hombres atacad! —les ordenó Darkran.
—¡Eón! —gritó Helena al ver que uno de los hombres de Darkran iba a matar a uno de los ciudadanos. Eón paró el ataque del guerrero y entonces Helena cegó al ejército con una luz muy potente —¡Yo me ocuparé de poner a salvo a los ciudadanos, vosotros matadles! —Todos asintieron como respuesta —Eón tú me ayudarás a proteger al pueblo.
Eón realizó un movimiento de manos y creó una plataforma volante —Vamos —Helena se subió con él y comenzaron a apartar a todos los ciudadanos del campo de batalla.

Nox se abalanzó sobre varios guerreros con su cetro y les partió el cráneo, a continuación, lanzó varios ataques mágicos oscuros contra soldados que iban a por los ciudadanos. Consiguió pararles a tiempo, pero Darkran seguía avanzando sin parar, llevándose a varios ciudadanos inocentes con él. Eiko paró el siguiente ataque de Darkran con su catana, consiguió derribarle de su caballo y luchar a pie contra él. Sin embargo, Darkran era mucho más fuerte y pronto pudo alcanzarla en un hombro. Se quedó impresionada al ver que un simple mortal podía herirla.

—Te estarás preguntando cómo he conseguido herirte. Verás después de mi humillante derrota en Plahka decidí tomar medidas y me puse en contacto con Azrael —Darkran le mostró el tarro a Eiko —Con mi nuevo poder puedo mataros.
De pronto apareció Nox y lanzó a Darkran lejos —¿Estás bien? —preguntó y Eiko asintió. Darkran estaba inconsciente —Bien, porque ellos —señaló al ejército —No van a detenerse ante nada. ¿Lista para seguir luchando?
—Por supuesto —afirmó Eiko.
—¡Eh! —les gritó Helena —No puedo seguir conteniéndoles a todos, os necesito.

Eiko corrió hacia Helena, estaba rodeada de soldados. Eiko luchó contra los primeros cuatro soldados que cayeron enseguida bajo el filo de su espada, pero eran demasiados.

—No puedo seguir parando el tiempo, mi poder se está debilitando —confesó Eón.
—¡Os advertí que no podíais vencer ingratos! —gritó Darkran que acababa de levantarse.
—¡No hay nada que podáis hacer contra el poder de Azrael! —rió malvadamente Darkran.
Helena se miró así misma —No hay otra opción. Ha llegado el momento.
—¿Qué vas a hacer Helena? —preguntó asustado Nox.
—Eón llévate a los aldeanos que quedan y protégelos. Nox oculta su huida con tu poder, y suceda lo que suceda no miréis hacia aquí.
Helena esperó a que se marcharan los chicos y miró a las chicas —Eiko y Moira pase lo que pase no vengáis a por mí —Cerrad los ojos hasta que yo os lo diga. Apartaos, yo me encargaré del resto —Entonces Helena comenzó a transformarse y cuando terminó los soldados pudieron ver su verdadera forma —Si me deseáis luchad entre vosotros hasta que sólo uno de pie quede y juro el que quede en pie en mi amado se convertirá.
De pronto las chicas entendieron el plan de Helena, quería que se pelearan entre sí hasta sólo quedar uno. Los soldados estaban furiosos, los más débiles comenzaron a luchar entre ellos. Entonces las nubes se apartaron del cielo y el sol cayó sobre Helena dejando ver su máxima belleza. Una avalancha de soldados cayó sobre Eiko y Moira. Eiko formó a su alrededor un escudo protector. Ellas se quedaron inmovibles aún con los ojos cerrados, escuchando gritos de dolor y guerra.
—¡Soldados rendíos a vuestro capitán! ¡¡Ella debe ser mía!! —gritó furioso Darkran.
Helena comenzó a rezar —Dioses os ruego que me ayudéis a proteger este mundo. Os ruego que cuando termine esta batalla me dejéis ser humana. Anula todos los peligros que puedan acecharnos y siempre os seré fiel hasta el fin de los tiempos. Vuestra hija Helena.
Apareció Karma, diosa de la Justicia —Mi querida Helena, es justo que después del sacrificio que estás dispuesta a hacer por proteger este pueblo, nosotros los dioses os protejamos. Ahora puedo ayudaros. Decís que queréis ser humana —Karma le entregó un colgante de oro —Con esto podréis ser humana, pero estarás al servicio del ganador de esta noche. Sólo podrás salvarte si él te abandona, si alguien más le mata o si te arrebatan la belleza que una vez te perteneció. Me temo que más no puedo hacer salvo desearos suerte.
—Gracias, no olvidaré lo que habéis hecho por mí —le contestó Helena.

Karma asintió y se marchó lentamente hacia Ciel. Helena se quedó mirando cómo se marchaba volando como si fuera una pluma. Karma llevaba sobre su mano derecha llevaba su arma que era una balanza de oro adornada con diamantes y esmeraldas. Su pelo era azul oscuro, largo y lacio, sin embargo, bien podría cambiar de color si ella así lo deseaba.
Llevaba puesto un vestido de seda azulado y lila, al estilo griego clásico y finalmente una diadema de oro. La batalla terminó ya sólo quedaban unos cuantos soldados en pie. Entonces Helena se puso el colgante y su belleza se esfumó, y con ella su fuerza sobre los hombres se marchitó. Las chicas pudieron por fin abrir los ojos y al ver que eran pocos los soldados lo que quedaban en pie comenzaron a luchar contra los que quedaban. No duraron apenas unos minutos, pero a pesar de su lucha algunos consiguieron escapar, entre ellos Darkran que salió galopando con Helena en el lomo de su caballo.
—Puede que hayáis vencido, pero pienso llevarme lo que es mío —les gritó Darkran mientras se alejaba galopando con Helena.
Helena observaba como las chicas no podían hacer nada, viendo como su raptor se la llevaba a la fuerza. Moira fue detenida por el brazo de Eiko —Si vamos tras ella, morirá. No podemos hacer nada por ella Moira.
—Esto sólo ha sido una pequeña batalla comparado con lo que nos tendremos que enfrentar en la guerra contra los dioses del Averno.
—Lo sé Moira, sé que esto no ha hecho más que empezar —comentó Eiko.
—Eso no es lo peor. Tuve una visión de Katara en Ciel; y desde el principio supe su destino.
—¿A qué te refieres? —preguntó Eiko.
—Katara debe entregar casi todo su poder a tu madre, sólo así ella tendrá el poder suficiente para vencer a Azrael.
—Ya ha vencido a Azrael antes —contestó Eiko.
—Sí, pero no le ha matado. Para llegar a matar a Azrael necesitará de toda su sangre y poder que se le ha sido otorgado por ser hija de Liv. Por eso sino recibe más poder morirá luchando contra Azrael. Katara es la única que puede otorgarle el poder necesario para lograr la victoria.
—Mi madre jamás le haría eso a alguien —afirmó Eiko.
—No, no lo hará, eso es cierto. Lo hará la propia Katara al saber su destino —dijo Moira.
—Me siento contrariada. Katara es una gran amiga mía, pero Leith es mi madre. En cualquier de los casos perderé a alguien muy querido para mí. ¿Y ya está el destino sellado?
—No —respondió Moira seriamente —Es posible que las tornas cambien y por eso es por lo que hemos acudido a ayudaros, porque tú jugarás un papel muy importante en todo lo que va a suceder en la guerra. Sin ti, el destino estaría completamente sentenciado para todos, pero contigo es posible que podamos cambiar el final. Y sinceramente me gustaría poder cambiar ese final —explicó Moira.
Eiko sonrió —El pueblo ya está volviendo a sus casas. Ahora nos toca a nosotras descansar.

Leith se despertó sobresaltada en mitad de la noche, últimamente tenía pesadillas sobre el futuro de Sapta Dvipa. Había estado a punto de morir a manos de Craita. ¿Estaría lista para enfrentarse al resto de los ángeles oscuros? Si no fuera por Yael estaría muerta y ella lo sabía. Aún recordaba la pelea con Craita… y el momento en el cuál una de sus plantas consiguió tocar su piel su energía se desvaneció rápidamente. Jamás había visto un poder mágico semejante.
Había descubierto nuevos poderes en su interior, pero no había conseguido liberarlos y puede que si no lo hacía pronto murieran más de almas inocentes por su culpa.
No era lo suficientemente poderosa para enfrentarse a los ángeles oscuros, ella poseía una gran habilidad en el campo de batalla, pero no había usado sus poderes de arcángel desde la gran guerra. Leith se levantó y caminó hacia el centro del campamento. Pronto se haría de día y los chicos se despertarían… ¿Podría acudir a su madre para que la ayudase a liberar sus poderes de arcángel? Liv estaba luchando contra Azrael, pero era posible que pudiera escucharla.

Leith cerró los ojos y comenzó a rezar —Dioses de Sapta Dvipa os ruego que me ayudéis a proteger este mundo. ¡Escuchadme dioses de Ciel! Me presento ante vosotros pequeña y débil; necesito vuestra fuerza y vuestra sabiduría. Hacedme fuerte, no para elevarme sobre vosotros, sino para poder luchar. Anula todos los peligros que puedan acecharnos y siempre os seré fiel hasta el fin de los tiempos. Vuestra hija Leith.

Entonces de repente apareció delante de ella Iana, la diosa de la sabiduría, ataviada con un vestido blanco de estilo griego clásico adornado con un cinturón dorado. Su era pelo lila, lacio y largo, sus ojos verdes esmeraldas, su piel blanca, aunque aparentaba ser joven estaba lleno de sabiduría. Sobre su cuello llevaba una gargantilla, que al igual que su diadema, sus brazaletes, su cinturón y su cetro, era de oro.

—Destino cruel el tuyo. Te ha sido otorgado mucho poder, pero no puedes alcanzarlo. Nos pides ayuda para que por vos os entreguemos el poder que de tan lejos de vuestra mano parece estar cuando en realidad, a vuestro alcancé está. Sin embargo, aunque luchemos arriba en Ciel he acudido a tus súplicas pues sin tu poder bien cierto es que no podrás vencer. Estoy dispuesta a ayudaros en tu ardua tarea de buscar tu poder. Tú escucha a tu corazón hija de Liv y hallarás la solución. Si brillar quieres, lo único que debes hacer es volar tan alto como tus fuerzas lleguen y después confiar en que la justicia y el destino se alineen a tu favor y te permitan en ti buscar aquello que tanto ansías encontrar —recitó Iana.
—Pero jamás podré encontrarlo yo sola. Necesito vuestra ayuda —le suplicó Leith.
—Jamás la necesitasteis. ¿Por qué iba a ser ahora diferente? Yo ya mi sabiduría y ayuda os otorgué, ahora de ti depende si caer o vencer. Me gustaría quedarme y contigo charlar; pero debo marcharme ya, la guerra me espera —y dicho esto Iana desapareció.

Leith observó cómo se marchaba Iana, ya sabía lo que tenía que hacer. Entonces comenzó a sentir como la luz de Liv la invadía por dentro y de ella un salió una luz brillante hacia fuera y como un rayo salió disparado de su cuerpo hacia el cielo. Lentamente la luz desapareció dejando ver de nuevo a Leith.

—¡Leith! —gritó Yael atemorizado y corrió hacia ella —Lo he visto todo. ¿Estás bien?
Leith enfundó a Verlian y se levantó lentamente —Estoy bien.
—Podrías haber muerto.
—En una ocasión te dije que no importa si tu muerte no significa nada para el mundo, lo único que puedes esperar de una guerra es seguir peleando hasta el final —le respondió Leith seria.
—Leith, si hay algo de lo que estoy seguro y es que, aunque murieras tu nombre jamás significaría tu olvido. Todos nosotros te recordaremos hasta el fin de nuestros días y los que vengan después pronunciarán tu nombre invocando a aquella heroína que luchó por nuestra vida y libertad.
Leith se rió sarcásticamente —¿Crees acaso que si caigo en batalla habrá un futuro que pudiéramos vivir? —Leith se serenó —No. Lo único que quedará de Sapta Dvipa será cenizas.
—Y de las cenizas resurgiremos como el fénix y entonces contaré esta historia algún día a aquellos que resurjan conmigo —le aseguró Yael.
—Espero sinceramente que así sea.
Yael la beso y ella le devolvió el beso. Entonces Yael miró al cielo y observaron la noche cae sobre el bosque. —Es hora de irnos a dormir, ¿no crees?

Ella asintió y comenzó a andar y cuando estuvo lejos pudo decir en alto aquello que tanto ansiaba decir desde hacía tanto tiempo. Leith le miró intensamente y se marchó con paso decidido hacia el campamento. Yael la siguió poco después. Yael se sentó al lado del fuego y bebió un poco de hidromiel intentando apartar aquellos pensamientos oscuros de su mente sin resultado.

—¿Yael? —le preguntó Katara —¿Estás bien? Pareces ausente.
—Sí… es sólo que estoy cansado. Necesito descansar —dijo Yael.
—Todos estamos cansados, ha sido una batalla muy dura —reconoció Huor.
—Lo importante es que hemos vencido —dijo un sonriente Emer.
—Tienes razón, aunque si no fuera por Yael yo no podría contarlo. Me has salvado la vida una vez más —Leith miró con cariño a Yael —Gracias.
Yael se sonrojó y no pudo responder; Katara lo hizo por él —Que momento más empalagoso.
—Un día tendrás que tragarte esas propias palabras —aseguró Bastian.
—Bueno no quisiera interrumpir chicos, pero creo que va siendo hora de comer algo, no sé vosotros, pero yo estoy muerto de hambre —comentó Huor.
—Enseguida vuelvo con la cena —Leith se levantó y fue hasta el cuerpo de la anaconda que les había intentado matar, la cogió y la arrastró hasta el campamento con mucho esfuerzo —Espero que tengáis todos mucha hambre porque no sé qué haría con lo que sobrara.
—¿Vamos a comer serpiente? —preguntó Katara —¿Lo dices en serio?
—Pues sí. A menos que quieras ir cazar para seis personas —le respondió Leith y Katara suspiró con resignación —Pues eso, vamos ayúdame a cocinarla —Katara se levantó y acudió junto a Leith —Bien lo primero es quitarle la cabeza, la piel y las entrañas.

Mientras ellas preparan la serpiente, los chicos decidieron preparar un comedor gigante. Usaron un tronco alargado y lo cortaron por la mitad entre todos, luego pusieron piedras encima de él y lo pusieron encima del fuego para poner la serpiente encima, no es que fuese un sistema perfecto, pero era lo que tenían.
Entre todos pusieron a la serpiente encima del tronco y cuando estuvo lista la cortaron en trozos, la repartieron y comenzaron a comer.

—La verdad es que no está mal —reconoció Katara.
—Te dije que estaba buena —le respondió Leith.
—Leith siempre ha sido una excelente cocinera —aseguró Yael.
—Gracias Yael. Por cierto, ¿quién hará la guardia? —preguntó Leith.
—Pues no lo sé, pero yo estoy muerto de cansancio —afirmó Yael.
—Duerme pichón yo haré la guardia —se ofreció Bastian.
—¿De verdad? —Bastian asintió como respuesta a su pregunta —Gracias.
Katara se tumbó al lado de Emer —Estate quieto, aunque sea sólo para dormir, ¿de acuerdo?
—¡De acuerdo! —Emer dio tres vueltas encima de la cama y se quedó dormido.
Leith cogió de uno de los lados de lo que había sobrado de la serpiente —Yael ayúdame a apartar esto lejos junto al resto de los animales muertos para que no nos ataquen los coyotes.
Yael cogió el otro lado de la serpiente —Venga, vamos.
Yael y Leith se marcharon cargando con lo que había sobrado de la serpiente hacia el interior del bosque. Huor les observó irse algo dolido y Bastian se dio cuenta —¿Desde cuándo?
—¿Qué? —preguntó Huor confuso.
—Katara y Emer está dormidos. A mí no tienes que ocultarme nada así que responde.
—¿Tanto se me nota? —preguntó Huor algo alicaído y Bastian asintió como respuesta —Pues no sé desde cuándo, fue hace tanto tiempo… Jamás había sabido lo que era el rechazo hasta ahora.
—Te comprendo mejor de lo que piensas. Mi esposa me abandonó a mí y nuestros hijos para marcharse con otro hombre hace más de seis años y sigo estando enamorado de ella.
—Yo llevo algo más de cuatro años sintiendo lo que siento por ella, pero desde que sé que ya no me ama ni me amará nunca, he comprendido que debo olvidarla. Me sigue doliendo cuando la veo con…—No pudo pronunciar su nombre —Pero por fin podré olvidarla sin sentirme mal por ello.
Bastian en ese momento se dio cuenta que su caso era extrañamente parecido al de Huor y que debía olvidar a su esposa si quería ser feliz algún día —Me has dado mucho en lo que pensar.
—Sí bueno entonces será mejor que te deje con tus pensamientos. Yo me voy a ir a dormir.

Mientras los demás estaban en el campamento Yael y Leith se habían ido a deshacerse de los restos de la anaconda. Cuando por fin estuvieron en el lugar dónde habían luchado, tiraron la serpiente muerta al suelo. Les extrañó que no estuviesen los cuerpos del oso y del puma, pero decidieron no preguntarse mucho más por ello puesto que allí en el bosque había muchas criaturas con hambre por lo que la carne fresca desaparecía enseguida. Cerca de ellos había un lago bastante grande que brillaba con la luz de la luna.

—Bueno pues ya está —Leith se quitó las armaduras y las guardó en su colgante quedándose con un chándal negro pegado al cuerpo. Yael la miraba atónito —Se te va a caer la baba.
—¿Y acaso te extraña? —preguntó incrédulo Yael.
Leith le dio una colleja —¡Deja de mirarme así!
Yael se acercó hasta ella hasta que ambos estuvieron a apenas unos milímetros de distancia, tan cerca que podían sentir sus respiraciones —Yo jamás dejaré de mirarte así, por muchas collejas que me des —Leith no pudo evitar sonreír —Yo te seguiré queriendo igual.
Leith sonrió, atrajo el rostro de Yael y le besó en los labios —Jamás pensé que lo que tanto había deseado se pudiera hacer realidad.
—¿Así que esas tenemos? —Yael cogió a Leith en brazos —¡Ahora verás!
Yael la llevó hasta el lago y Leith le miró fijamente —¡Ni se te ocurra!
—¿O qué? —insinuó Yael. Leith consiguió liberarse, pero Yael la cogió poco después y la retuvo tumbada en el suelo —¿Y ahora qué? —Leith le dio un palpi en la frente a Yael —Tú te lo has buscado.
Yael le comenzó a hacer cosquillas y Leith comenzó a reírse —Jajajaja.

Yael paró y ambos se quedaron mirándose fijamente a los ojos. Entonces Yael la besó en los labios apasionadamente y Leith le correspondió.
Entre ambos había surgido la pasión, una pasión tan intensa que les invadió a ambos hasta que se vieron desbordados por ella y no pudieron hacer otra cosa salvo entregarse el uno al otro para hacer el amor hasta que ambos quedaron exhaustos. Decidieron bañarse juntos y dormir en aquel lecho juntos, disfrutando de la compañía del otro hasta que salió el sol por el este al día siguiente.

Autor: elenasiles

En 2014 publiqué mi primer libro impreso "La Prueba". En 2019 publiqué La Guerrera Drager , en 2020 Piratas de Sagara y en 2021 Los Guardianes de Almas. Fui directora de YouAreWriter desde 2013 a 2019. He participado como autora en Renacer, Antología Benéfica (2020), en Invencibles, Una antología benéfica (2021) y en Antología Recuerdos de Tinta (2021). Además he coordinado, editado y publicado Antología Show Your Rare (2020) , Antología Sueños de Aire (2020) y Antología Criaturas de la Noche (2021) Mi email es: youarewriter.wordpress@hotmail.com Mi blog: www.elenasaavedrasiles.wordpress.com

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