Guerra de Dioses cap 11 por Elena Siles

Capítulo 11

—Ha sido una ceremonia muy bonita —comentó Yael.
—¿Cómo es que no ha venido tu hermana a la boda? —preguntó Huor.
—Alguien tenía que cuidar de los gemelos. Además, mis hijos son demasiados revoltosos como para llevarlos a una boda real —respondió Bastian.
—Vamos tampoco será para tanto —aseguró Emer.
—Créeme Emer si mis hijos hubieran estado aquí, te puedo asegurar que la princesa estaría ya cubierta de tarta —Emer se rió con el comentario de Bastian.
Katara observó que los camareros comenzaron a sentar a los invitados —Mirad, el banquete ha comenzado, será mejor que nos sentemos en nuestra mesa.

Los camareros les sentaron en una mesa al lado de los recién casados. En la mesa de los novios estaban: Ámber, Samir, el rey Zenón, la reina Vita y la familia de Samir. Compuesta por: Marajá Ayib, un hombre de unos cincuenta y cuatro años con los ojos oscuros, bastante alto y cuerpo corpulento; su madre la Rainha Amat, una mujer muy hermosa de unos cuarenta años, ojos oscuros, bastante alta y muy delgada, de carácter amable y sonrisa encantadora; y por último su hermano Rabi Ayib un niño moreno de diez años de edad, y cuya condición era extraordinariamente parecida a la de su padre. Todos ellos tenían en común era la piel morena y el pelo negro. Había como unas doscientas mesas en el gran salón, pero la más importante eran las mesas de los reyes de los otros reinos que se componía por: Lucio Tirso y Amalia Delfina, reyes de Kanavat; Tiberio Salmar y Galia Cildermer, reyes de Strahl; Idril Nachâti, reina de Vihar, y Thoron Nûmessë, capitán de la guardia élfica. Y también la mesa de los príncipes y princesas de los otros reinos: Angelina y Zacarías Tirso, príncipes de Kanavat; Cassandra Salmar, princesa de Strahl; Alastor Lirnê, príncipe de Vihar. Y en una mesa aparte estaban los virreyes de Insel, Mia, su pareja y algunos nobles del norte.
Lucio Tirso presidía la mesa de los reyes junto a su esposa. Lucio era un hombre de unos cuarenta y siete años con el pelo negro, ojos marrones y facciones redondas. Era un hombre bajito y corpulento, con un espeso bigote y voz grave. Su esposa, Amalia Delfina, estaba sentada a su derecha. Amalia era una mujer de unos cuarenta y cuatro años de ojos claros; con el pelo castaño, largo y rizado; también bastante bajita, pero era bastante más delgada que su marido.
A la derecha de Amalia estaba sentada Galia Cildermer, una mujer de unos cuarenta años, pero aparentaba unos treinta y seis años; con el pelo rosa, largo y rizado; ojos azules como el mar; tez tostada por el sol de playa del reino de Strahl, y facciones hermosas. A su lado estaba sentado su marido Tiberio Salmar, un hombre de unos cuarenta y seis años que aparentaba sin embargo como mucho 38 años; tenía el pelo castaño claro con mechas rubias por el sol, ondulado y medio largo; ojos de color miel; tez tostada y facciones fuertes. Al lado de éste último estaban sentados los últimos integrantes de la mesa que eran correspondientemente: Thoron Nûmessë, un elfo de unos ochenta y ocho años; apariencia de veintiocho en edad humana, con los ojos verdes esmeralda; el pelo largo recogido por la mitad, lacio y gris; de constitución fuerte, alta y delgada, y facciones delgadas; e Idril Nachâti, la reina elfa de sesenta y tres años; apariencia de treinta y tres en edad humana; el pelo blanco, lacio y largo; ojos violetas y facciones delicadas.

Lucio fue el primero en romper el silencio —¿Qué os ha parecido la boda?
—Una celebración de un gusto exquisito, sin duda —afirmó Galia.
—Y el vestido de la princesa era sencillamente perfecto. Aún recuerdo mi boda con Lucio, mi vestido tenía tantas capas que en nuestra noche de bodas tuvieron que desvestirme más de doce doncellas —contó Amalia.
—Mi boda fue mucho más sencilla, un vestido largo de una sola pieza, trascurrió en la playa y sólo asistieron nuestros familiares —narró Tiberio.
—¿Y cómo fue vuestra boda Idril? —Preguntó curiosa Galia.
—¿Cómo os atrevéis a hablar de mi difunto esposo en la mesa? —preguntó enfadada Idril.
—¿Entonces quien os acompaña? —insinuó Amalia.
—Yo soy Thoron, el capitán de la guardia de su majestad la reina.
—No sabéis cuánto lo lamento, no sabía que vuestro esposo hubiera muerto —dijo Galia.
Idril suspiró con algo de desprecio —Lo dejaré pasar, mas ni siquiera su existencia debe volverse a nombrar. Pues es costumbre en mis tierras, como deberías saber, que cuando ha muerto un ser querido, jamás puede volver a nombrase. Así es la única manera de que descansan en paz, pues cada vez que escuchan su nombre se despiertan de su sueño eterno.
—¿Y vos Thoron estáis casado? —preguntó Amalia cambiando de tema.
—Mi destino ha estado siempre ligado con mi reino. Estoy casado con mi deber y labor. Así siempre ha sido, y así será hasta que mi muerte llegue —respondió Thoron.
Se creó un incómodo silencio hasta Tiberio habló —Bueno, ¡aún no hemos brindado por los recién casados! ¡Brindemos! ¡Por Ámber y Samir!
—¡Por Ámber y Samir! —brindaron todos.
Amalia se dirigió a Galia —Bueno, ¿tiene ya prometido vuestra hija Cassandra?, mi hija Angelina está prometida con un excelente caballero de nuestra corte.
—Pues la verdad es que lamentablemente aún no. Estamos deseando que encuentre a alguien para comprometerse, pero parece que ninguno de nuestros nobles sea de su agrado. Sólo espero que encuentre marido pronto —confesó Galia.
—He oído que vuestro hijo sigue soltero, ¿no Idril? —preguntó Tiberio interesado.
—Alastor era como un pájaro enjaulado, desea libertad y volar lejos, pero jamás ha sabido lo que supone eso. Thoron ha sido el único que ha podido doblegar su rebeldía. Ahora que lucha con nuestros soldados parece haberse enderezado, pero jamás ha dado señales de querer comprometerse. Ahora está hablando con vuestra hija, puede que ambos congenien y nuestros problemas se solucionen hoy —contestó Idril.

La conversación en la mesa de los príncipes era más bien distinta. Angelina Tirso intentaba hacer que su hermano Zacarías se comiera todo el plato, pero el niño de once años no le hacía caso, al final se rindió y Zacarías se marchó a jugar con otros niños de la corte. La joven Angelina se pasó la mano por su pelo, largo, lacio y castaño, estaba algo cansada; siempre acababa bregando con su hermano pequeño. Para tener sólo veinte años, era una joven con una belleza extraordinaria. Sus ojos eran iguales a los de su madre y sus facciones idénticas a las de su padre, por suerte heredó el físico de su madre, que a diferencias de Zacarías no había tenido esa suerte. Alastor no pudo evitar sonreír, aquél niño rebelde le recordaba tanto a él… Tenía ya diecinueve años, y ahora que por fin había enderezado su vida quería encontrar a alguien con quien comprometerse.
La pobre Angelina duró poco sentada, a los poco minutos tuvo que salir corriendo detrás de su hermano Zacarías porque tenía intención de prenderle fuego a la peluca de una señora. A lo lejos pudo ver una peluca ardiendo volando hacia un camarero. Así pues, allí estaban los dos solos: Cassandra Salmar y Alastor Lirnê. Los ojos azules de Cassandra se encontraron con los ojos verdes esmeralda de Alastor y ambos sonrieron.

Cassandra era un joven de gran belleza; su pelo rosa, largo y lacio, sólo que lo llevaba recogido en una linda trenza; su piel bronceada y sus facciones delicadas la hacían aún si pudiera más hermosa. Pero Alastor era también un joven apuesto, su pelo blanco, lacio y largo a igual que el de su madre, estaba recogido por la mitad con un par de trenzas y luego suelto; su constitución era delgada y alta, y los rasgos eran sin duda los de su padre. Un camarero les trajo el postre a ambos y se fue.
—Tú eres Cassandra, la princesa de Strahl. ¿Verdad? —la joven asintió —Yo soy Alastor Lirnê, príncipe de Vihar, encantado de conocerte.
—Lo mismo digo —respondió tímidamente Cassandra.
—¿Cómo es que no has venido con pareja? —preguntó curioso Alastor.
—No tengo. Todos los que me presenta mi madre son muy tontos.
Alastor sonrió —A mí me pasa exactamente igual. ¿Qué edad tienes?
—Diecisiete años. ¿Y tú?
—Tengo diecinueve, aún soy muy joven pues como ya sabrás mi raza tiene una longevidad inusual.
—Vaya. ¿Y qué sucede si os enamoráis de un humano? —preguntó curiosa Cassandra.
—Pues renunciamos a nuestra herencia élfica y entonces podemos vivir lo mismo que ellos.
—Eso es un gesto muy grande de amor.
—Sí que lo es —se creó un silencio y luego Alastor dijo —¡Mirad ha comenzado el baile!
—Es una música preciosa —comentó Cassandra.
—¿Quieres bailar conmigo? —preguntó Alastor.
—Por supuesto —contestó Cassandra.

Alastor sacó a bailar a Cassandra y comenzaron a bailar junto al resto de los nobles. Ámber bailaba con su padre, Samir con su madre Rainha, Bastian con Emer, Yael con Katara y Leith con Huor. Yael la miraba de reojo y no podía evitar sonreír. Terminó la canción y se acercó hasta ella, quería bailar al menos un baile con ella.

—Hola Leith —dijo Yael alegre —¿Te gustaría bailar un baile conmigo?
—Por supuesto —respondió Leith.
La música comenzó a sonar —Gracias por concederme este baile.
—De nada. Por cierto, ¿averiguaste dónde se esconden los ángeles oscuros?
—Lamentablemente no. Me choqué de nuevo con nuestro antiguo amigo Sombra Gris y dijo que serían ellos quienes nos encontrarían —respondió Yael.
—Cuando tengan un ejército y a dos dioses a sus espaldas. Cobardes.
Yael sonrió, le encantaba su forma de ser —Dejemos ese tema. Hablemos de otra cosa.
Leith sufrió un pequeño impulso de energía interior, como si acabara de recordar aún más de su pasado —Nunca me llego a acostumbrar a estas cosas.
—¿Estás bien? —preguntó Yael y ella asintió con la cabeza —Por curiosidad… ¿qué acabas de recordar?
—Esa frase ya me la dijiste antes… el día…
—El día que te pedí que te casaras conmigo —Yael terminó la frase por ella.
—Sí —recordó ella emocionada.
—Y tú respondiste…
—Respondí que podrías intentarlo —respondió Leith con una sonrisa.
—Y yo te dije que podría intentarlo, pero que…
—Jamás las palabras podrían expresar lo que sentía —finalizó Leith.
—Porque, aunque no pudiera ver tu rostro con mis ojos… siempre podría ver tu alma con mi corazón. Había vivido el tiempo suficiente como para saber que estaba enamorado de ti y finalmente que te querría cada día de mi vida hasta el final de mis días.
—Y te dije —continuó Leith.
—Me dijiste que a pesar de que eso eran demasiados días teniendo en cuenta que somos inmortales te casarías conmigo porque…
—Yo también te querría cada día de mi vida hasta el final de mis días —concluyó Leith.
Entonces finalizó la canción y ambos se miraron fijamente —Si seguimos aquí parados de pie nos vamos a perder la tarta
—Dicen que es de chocolate y crema strahladiana .
—Tiene que estar realmente deliciosa —comentó Yael.
Entonces Huor, al ver la escena fue a la barra para pedir una copa —Hola ponme una copa.
—¿Qué le pongo? —le preguntó el camarero.
—Un dragón rojo.
—Es lo más fuerte que tenemos está usted seguro…—no le hizo falta una respuesta su mirada lo dijo todo —De acuerdo, marchando.
El camarero se dio la vuelta y comenzó a prepararle la copa cuando oí a una voz femenina a mi lado —Para mí otra por favor.
—Por supuesto Helena —le respondió el camarero a la chica —El camarero les puso las copas —Aquí tenéis, si me disculpan tengo que atender al resto de clientes.

Huor observó a la chica que estaba a su lado, una joven sin duda muy hermosa. Sus ojos eran marrones, profundos y sinceros, su pelo castaño, largo y lacio le caía por su piel blanca y esmaltada. Llevaba puesto un vestido azul cobalto de estilo barroco que le llegaba hasta los tobillos.

Helena pidió otra copa —Es fuerte, pero no es lo más fuerte que puedes pedir. Tomar un dragón rojo delata a los novatos, amigo mío. ¿Te atreves con algo más?
Huor la miró escéptico —Por supuesto.
—Camarero pónganos dos chupitos de absenta con esencia de ondina verde —Huor la miró impresionado —Aún estás a tiempo de dar marcha atrás, novato.

Huor se bebió el chupito de un tirón y ella se bebió el suyo. Ambos sonrieron. Y eso es todo lo que recordaría de aquella noche. Cuando Huor se levantó, ella estaba a su lado totalmente dormida.

Entonces Helena se despertó y parecía confusa —Buenos días.
—Buenos días.
De pronto alguien llamó a la puerta —¿Sí?
—Soy Yael.
—Un momento —Huor indicó a Helena que se escondiera. Ella le miró con reproche, pero al final me hizo caso y se escondió en el armario justo a tiempo porque Yael entró en la habitación y Huor le sonrió —Buenos días.
—He venido porque no quiero que te interpongas entre Leith y yo —dijo Yael.
—Por supuesto que no. Yo jamás me interpondría entre vosotros.
Entonces Huor vio como Helena se iba a marchar le indicó con la mirada que se volviera a esconder justo a tiempo, porque Yael se dio la vuelta —Eso espero.
Yael se marchó y Huor cerró la puerta —¡Casi te ve!
—¿Y no pueden verme? ¿Acaso estás casado? —le preguntó furiosa Helena.
—No, pero, tú tampoco has sido sincera, ayer me emborrachaste —le acusó Huor.
—Bueno eso es porque no pudiste seguirme el ritmo —se burló ella y Huor la miró enfadado —No te acuerdas de lo que sucedió ayer, ¿verdad?
—Lo siento, pero no recuerdo nada.
Helena le miró fijamente con aquellos profundos ojos castaños…—He sido una idiota, por una vez pensaba que alguien se había fijado en mí y no por mi físico. Este estúpido hechizo no funciona, sigo atrayendo a la misma clase de calaña.
—¿Hechizo? —preguntó Huor confuso.
—El que utilizo para no aparentar mi verdadera belleza.
—¿Así que te has echado un hechizo a ti misma para no aparentar la belleza que en realidad posees, para saber si atraes a los hombres no sólo por la belleza?
—Sí —le confirmó ella.
—Pues sigues siendo una mujer bastante hermosa, mucho no ha funcionado.
—Bueno tampoco quería que se asustaran. Es que todos los hombres no se molestaban en conocerme. Yo quiero algo real.
—La mujer a la que amo ya ahora está enamorada de otro hombre.
—Entonces tú deberías también seguir tu camino.
Huor la miró fijamente a los ojos —Sí, supongo que tienes razón.
Ella le miró con dulzura y suspiró con frustración —Te comprendo bastante bien, porque a pesar de mi belleza el único hombre al que idolatré una vez tampoco me correspondió y sé que lo más probable es que jamás me corresponda.
—¿Él sabía de tu verdadera belleza? —preguntó Huor.
—No, y aunque me viera ahora yo quiero que me amen por tal y como soy —le respondió ella.
—Por cierto. ¿Cómo te llamas??
—Helena
—Lamento que las cosas no salieron como tú planeaste.
Helena se encogió de hombros y suspiró —Será mejor que me marche —Helena salió de la habitación y se topó poco después con Yael —Disculpa.
—¿Helena? No te veo desde que eras una niña. ¿Cómo van las cosas en Ciel?
Helena reconoció a Yael —Todos los semidioses tuvimos que marcharnos de Ciel por el gran poder que ejercía Azrael sobre nosotros. Ni te lo imaginas Yael, vosotros estáis protegidos por Liv, pero los demás tenemos que soportar sus pensamientos dentro de nuestras cabezas intentando que nos volvamos de su parte. Aquí están las cosas tranquilas comparando con lo que se está librando arriba —le explicó Helena.
—Espera… Entonces ¿cómo está mi hija?
—Pues pensé que ya estaría aquí, no te preocupes. Ella también ha crecido bastante desde que la viste nacer. Debe de estar al llegar.
—Deberíamos atacarle enseguida. Hoy precisamente íbamos a salir hacia Insel, para comenzar a buscar a los siete ángeles oscuros —afirmó Yael.
—Si salís de Erde para entrar en Insel habrá una guerra y entonces Azrael será imparable.
—Y sino salimos Azrael terminará haciéndose con las almas de más personas inocentes. Los ángeles oscuros les están ayudando. Se han perdido muchas vidas por haber tardado tanto en ir tras ellos. Debemos vencer a los siete —afirmó Yael.
—Puedo conseguir que entréis en Insel, pero debe quedarse Leith. Si se marcha Azrael atacará directamente a los reyes de Erde.
—Leith no lo aceptará —le aseguró Yael.
—Lo sé, pero es la única que puede combatir a Azrael.
—No, no lo es. Eiko es nuestra hija. Ella también posee sangre de Liv sobre sus venas. Tiene menos poder, pero puede darnos el tiempo suficiente para encontrar a los ángeles oscuros —propuso Yael.
—Está bien, llamaré a Nox .
—Por cierto, ¿qué ha sido de los otros semidioses? —preguntó Yael.
—Filóstrato está vigilando la biblioteca de Ciel. Candara y Venus está ayudando a Liv proporcionándole energía. Orión , Eón y Moira están luchando junto a Iana y Karma en Ciel. En cuanto al resto de dioses: Indra tiene un ejército con el cuál está combatiendo a los demonios de Azrael aquí en Sapta Dvipa; Aoni está protegiendo las puertas del averno y por último Eredia está bloqueando todos los ataques de los ángeles oscuros hasta que vosotros los matéis. No sé por qué, pero se están centrado en derribar las lunas —le explicó Helena.
—¿Derribar las lunas, dices? —preguntó Yael y Helena asintió como respuesta —¿Por qué?
—Tal vez para poseer los poderes que encierran cada una de ellas —sugirió Helena.
—¿Qué poderes encierran las lunas?
—El fuego azul de los dragones, el canto de las sirenas, las fuerzas de la naturaleza, la sanación inmortal, la luz de las estrellas, la magia y lo más importante en la séptima luna está encerrada Pandora. Si Azrael consiguiera liberar el poder de las lunas Sapta Dvipa estaría acabado y más aún si consigue liberar a Pandora —afirmó ella.
—¿Cómo podría conseguir derribar las lunas? —volvió a preguntar Yael.
—Matando a Orión. Mi madre está cuidando de él.
—¿Y podrá protegerle?
—Creo que sí —contestó Helena.
—¿Crees? —preguntó Yael asustado.
—Azrael se está volviendo cada vez más poderoso, sino Leith no le hubiera vencido en las batallas que han tenido ya tendría todo el poder necesario para derribar las lunas. La única solución es matar cuanto antes a los siete ángeles oscuros —Helena hizo una pausa y de repente se le ocurrió una idea —Yo podría otorgarle a Leith parte de mis poderes para que pueda encontrar a los ángeles oscuros, pero…
—¿Qué sucede?
—Si lo hago, mi hechizo desaparecerá. No te conviene estar cuando eso suceda. Se librará una fuerza bastante potente, Leith puede absorber la luz, pero tú… Bueno es mejor que nadie más se acerque cuando ocurra; tan sólo por si acaso.
—Vale, voy a presentarte a Leith, vamos.

Yael cogió de la mano a Helena y se la llevó por los pasillos hasta dar con la puerta principal del castillo, tal y como sospechaba el grupo estaba empezando a poner las cosas en los caballos. Leith estaba junto a Katara hablando seriamente.

—¡Leith! —la llamó Yael. Leith le miró escéptica — No podemos viajar hasta Insel.
—¿A qué te refieres? —preguntó Leith
—Si viajamos a Insel lo tomarán como una afrenta y habrá una guerra, y por si fuera poco tenemos el peligro de que ataquen directamente a los reyes de Erde si nos vamos.
—Tienes razón, pero tenemos que empezar a buscar a los ángeles oscuros —le respondió Leith.
—Lo sé, pero yo os puedo ayudar —se ofreció Helena.
—Perdona, pero… ¿quién eres tú? —preguntó Leith.
—Soy Helena, encantada de volver a verte Leith.
—¿Nos conocemos?
—Sí, aunque la última vez que me viste tenía tan sólo 3 años. Fue un poco antes de terminar con la gran guerra. Regresasteis a Ciel para ayudar dejar a vuestra hija al cuidado de Liv —contestó Helena.
—¿Eres Helena, la hija de Venus? —volvió a preguntar Leith.
—La misma.
—¿Cómo está mi hija? —preguntó Leith.
—Ella abandonó Ciel hace unos días al igual que la mayoría de semidioses y ángeles. A pesar de la protección de Liv, Eiko no era lo suficientemente poderosa para plantarle cara a Azrael. Íbamos a venir juntas, pero Eiko tuvo que ayudar a Liv para salvar a Yael del destino de la muerte hace poco —explicó Helena.
Leith la miró ilusionada —Entonces… Debería de haber llegado ya —Helena asintió y Leith salió corriendo hacia la entrada de la ciudad acompañada por Yael.

Eiko estaba algo aturdida, el viaje de vuelta a Sapta Dvipa había sido agotador.
Desde que Azrael comenzó la guerra de dioses ella no estaba segura en Ciel, por lo que decidió ir junto a su madre, Leith, quien estaba en Kusha, Erde. Eso significaba bajar de Ciel a Sapta Dvipa y gastar mucha energía. Helena y Eiko habían decidido viajar de vuelta a Sapta Dvipa juntas, pero Yael le necesitaba así que se quedó en Ciel para cuidar de él hasta que estuviera a salvo. Eiko se había pasado todo el día descansando y se había despertado hacía poco.
Su viaje hacia Kusha sería corto, pues apenas estaba a una hora andando de la ciudad. Su aparición había sido todo un éxito, a pesar de tener que llevarse descansando casi todo un día. Eiko caminó hasta Kusha después comer un pato que había cazado con su espada en el bosque. Durante esos casi doscientos años que había estado en Ciel se había convertido en toda una guerrera. La habían adiestrado desde pequeña hasta que alcanzó la mayoría de edad y comenzó a entrenarse sola.
A pesar de tener muchos años, al ser casi inmortal apenas aparentaba tener más de dieciocho años. El paso de los años es distinto para ángeles y arcángeles, a diferencia de los dioses quienes pueden elegir su apariencia. Los ángeles si envejecían, aunque a un ritmo tan lento que podían vivir casi mil años. Aunque, a decir verdad, ningún ángel o arcángel había alcanzado esa edad causa de a que hasta ahora la guerra contra los demonios había acabado con muchos de ellos a una edad temprana.
Eiko iba vestida con un traje de guerrera de color blanco y azul, unas botas negras, un cinturón sobre el cuál llevaba enganchada su espada y su colgante mágico, idéntico al de su madre. Eiko tenía el pelo negro, largo y lacio; que había heredado de su abuelo materno; los ojos azules, y la piel blanca. Eiko entonces vio una figura en la entrada de la ciudad, era su madre. Leith corrió hacia Eiko seguida de cerca por Yael. Ambos abrazaron emocionados a su hija. No la habían visto desde su nacimiento, estar separados tanto tiempo hizo de aquel encuentro algo increíble. Leith se emocionó tanto que comenzó a llorar abrazada a Eiko la cual también estaba emocionada. Yael abrazó poco después a su hija y tras un breve momento de familia. Decidieron reencontrarse de nuevo con Helena, la cual se había quedado con Huor.

Huor salió de su habitación y vio a Helena sola en el pasillo —¿Pero aún no te has ido?
Helena suspiró dolida —Lamento que mi presencia te moleste.
—He sido un grosero. Lo siento, es que todo esto es demasiado para mí.
—¿De qué hablas? —preguntó Helena.
—Es que… No puedo eliminar mis sentimientos anteriores como si nada.
Helena suspiró —Lo entiendo, pero yo no voy a ser la mujer con la te conformes. Yo soy una mujer que se merece mucho más. Hagamos un favor y olvidemos lo sucedido.
Huor asintió algo dolorido —Vale.
Tras unos minutos de silencio incómodo volvieron Leith y Yael acompañados de Eiko. Huor miró a Helena algo extrañado —¿De qué conoces a mis compañeros?
—Su hija y yo somos buenas amigas —mintió Helena.
Huor la miró sorprendido —¿Esa joven es la hija de Leith? —Huor cayó en la cuenta de Leith era un arcángel podría ser mucho mayor de lo que él pensaba y no saberlo.
—¿Huor? —preguntó Leith —¿De qué conoces a Helena?
—Nos acabamos de conocer —respondió Huor —Un choque fortuito.
Eiko miró a Helena confundida —Vaya. Sí que te ha cambiado el hechizo.
—Bueno, pero no funciona demasiado bien —dijo Helena señalando a Huor —Bueno vayamos a hablar a un sitio más tranquilo.
Leith paró a Helena —Huor sabe lo que soy Helena. Todos mis compañeros lo saben. Debían saber a lo que se enfrentaban.
Helena la miró enfadada —¿Sabes lo que pasará si los dioses se enteran?
—La existencia de los dioses ya ha sido revelada. Además, ¿Qué crees que pasará cuando los ciudadanos vean una guerra de dioses? —respondió Leith.
—Supongo que tienes razón —dijo Helena —Entonces será mejor que llames al resto de tu grupo y le expliques todo.
Leith se marchó y volvió poco después acompañada por Katara, Bastian y Emer, les había explicado todo pues no se sorprendieron al ver a Eiko —Listo.
Huor de pronto cayó —¿De qué os conocéis realmente Leith y tú?
—Yo soy Helena, semidiosa de la belleza. De eso nos conocemos.
—Bueno el caso es que Helena puede ayudarnos —afirmó Yael.
—Sí. Verás si se queda alguien para hacer frente a Azrael en caso de que ataque puedo ir hasta la frontera y hacer que paséis sin problemas. También puedo darte parte de mis poderes para que así podáis localizar sin problemas a los ángeles oscuros —explicó Helena.
—Gracias por ayudarnos Helena —dijo sinceramente Leith.
—Es lo menos que puedo hacer por vosotros. Pero para que este plan funcione alguien debe quedarse para hacer frente al ataque que Azrael —aseguró Helena.
Leith se quedó pensando y entonces lo comprendió —¿Habíais pensado en que se quedara Eiko? ¿Estáis locos? No voy a dejar que Eiko se enfrente sola a Azrael.
—Tú eres necesaria para vencer a los ángeles oscuros y Eiko tendrá ayuda de los semidioses para enfrentarse a Azrael —confirmó Yael.
Leith estaba pensativa, cuando Eiko se acercó hasta ella —Me voy a quedar mamá.
—¿Pero tú estás pensando lo que estás diciendo? No estás preparada para hacer frente a Azrael hija. Ni siquiera yo lo estoy. Es una locura.
—Haré lo que sea necesario para ayudaros. Helena tiene razón, debo quedarme para proteger a los reyes. Además, tendré ayuda de otros semidioses. Soy una buena guerrera madre.
—Ser buena no es suficiente para pelear contra Azrael. Podría matarte.
—También si voy con vosotros —respondió Eiko ofendida a Leith.
—Yo le pulverizaría con mis propias manos antes de que si quiera se acercara a ti hija. He estado demasiado tiempo sin estar a tu lado y ahora que por fin estamos juntas no pienso separarme de ti ni mucho menos permitiré que te hagan daño —dijo Leith.
—Yo también estoy preocupado por nuestra hija, pero es la única opción.
Todos miraron a Leith esperando una respuesta —Si es la única manera de terminar con los ángeles oscuros dejaré que te quedes, pero si ocurriese. algo…
—Sé que estarás aquí enseguida y aceptaré que me rescates si llegase la ocasión, pero no llegará madre. Yo también sé luchar —Eiko abrazó a Leith —Nos volveremos a ver pronto.
Leith se separó de Eiko —Te voy a echar de menos hija. Escríbeme —Eiko asintió como respuesta —Bueno, Helena. Ahora es tu turno.

Autor: elenasiles

En 2014 publiqué mi primer libro impreso "La Prueba". En 2019 publiqué La Guerrera Drager , en 2020 Piratas de Sagara y en 2021 Los Guardianes de Almas. Fui directora de YouAreWriter desde 2013 a 2019. He participado como autora en Renacer, Antología Benéfica (2020), en Invencibles, Una antología benéfica (2021) y en Antología Recuerdos de Tinta (2021). Además he coordinado, editado y publicado Antología Show Your Rare (2020) , Antología Sueños de Aire (2020) y Antología Criaturas de la Noche (2021) Mi email es: youarewriter.wordpress@hotmail.com Mi blog: www.elenasaavedrasiles.wordpress.com

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