Guerra de Dioses cap 8 por Elena Siles

Capítulo 8

Mientras los chicos estaban celebrando la coronación del virrey en Insel. El virrey ya había sido coronado y ahora estaba en un gran banquete con algunos nobles de la corte de Erde y su hija Mia. Mia tenía la tez morena y los ojos azules como el cielo. Su pelo era castaño, largo y ondulado; y su rostro delicado y fino. Mia llevaba puesto un vestido rosa claro de palabra de honor de estilo renacentista, con adornos en color oro y entonces chocó con Huor por casualidad.

 

—Hola, permítame presentarme. Soy Huor miembro de los ambarinos.

—Encantada de conoceros mi nombre es Mia, como ya sabréis soy la hija del virrey.

—Entonces si me permitís…—Huor hizo una leve reverencia y se incorporó con una sonrisa en el rostro —Me gustaría invitaros a una copa —Huor le tendió la copa.

Mia cogió la copa —Gracias es usted todo un caballero.

—Y vos toda una dama —Mia sonrió como respuesta —Me preguntaba si tendríais el honor de concederme un baile —le pidió Huor.

—Será un placer.

Huor le tendió la mano y ella la cogió, se dirigieron hacia la pista de baile y comenzaron a bailar juntos —Tiene usted un don para el baile.

—Me educaron para ser una señorita, me enseñaron a cantar, bailar, tocar el piano y ser una dama de buen gusto. Aunque ahora que soy la princesa del reino de Insel mi educación se extenderá mucho más allá para poder realizar mis nuevos deberes como princesa.

—Debe de estar muy ocupada entonces —comentó Huor.

—Bueno siempre encuentro tiempo para escaparme y poder bailar con caballeros como usted en una noche tan especial como ésta.

—¿Y puede permitirse una dama tan especial como usted bailar con alguien como yo?

—Es todo un honor que me hayáis pedido este baile.

—¿Aún no estáis prometida? —preguntó Huor.

—No, mi padre quiere que mi marido lo elija yo misma, aunque debe de ser un hombre de honor por supuesto —contestó Mia.

—¿Y habéis tenido suerte con vuestra búsqueda?

—La suerte de cada uno no depende de nadie más que de uno mismo —afirmó Mia.

—Así que no creéis en la suerte —Mia negó con la cabeza —¿Y en qué creéis?

—En el destino, es por él por el cual estamos ahora bailando juntos. Creo que las cosas que suceden, tanto las buenas como las malas, tienen un fin y un propósito.

—Todo está enlazado de alguna forma —concluyó Huor.

—Exacto —confirmó Mia.

—¿Y qué esperáis ahora del destino?

—Que me brinde un segundo baile con vos en el futuro —Mia se apartó de él —Ha sido un placer bailar con usted, pero debo atender al resto de mis invitados.

—Ha sido un placer —respondió Huor y Mia se marchó sonriente.

Bastian se acercó hasta él —Un bonito baile sí señor, no sabía que supieras bailar.

—Hasta ahora, yo tampoco —confesó Huor.

Bastian se rió —¿Y quién es tu amiga?

—Mia, la hija del virrey.

Bastian le miró sorprendido —Vaya, vas a por todas.

—En realidad sólo quería bailar. Yo sigo queriendo a Leith.

—Pero ella no te corresponde y lo sabes. Deberías pasar página —le aseguró Bastian.

—Lo sé, pero no puedo dejar de sentir lo que siento por ella.

Bastian le abrazó —Vamos, bebe algo así se animas un poco.

—Sí, tienes razón —Huor cogió una copa y comenzó a beber —Por cierto, ¿dónde está Emer?

—Durmiendo —respondió Bastian.

—Bueno se hace tarde mañana debemos partir hacia Kusha temprano así que deberíamos descansar —sugirió Huor.

 

Katara y Leith se levantaron con el primer rayo de sol que brilló por el horizonte, Yael tardó algo más y para cuando estuvo despierto ellas ya estaban listas para retomar el viaje. Galoparon y galoparon sobre las dunas del desierto hasta que a lo lejos pudieron ver por fin el puente de piedra que separaba ambos reinos. Pronto estarían en Kusha, la verdad es que el resto del trayecto fue bastante corto comparado con el arduo camino que ya habíamos recorrido. Llegaron a Kusha antes de lo previsto y como tenían tiempo de sobra decidieron buscar al rey para hablarle de Katara. Leith dejó a Hest y a Jan en el establo del castillo, cogió las cosas y entraron con ella en el castillo.

 

—Katara —le ordenó Leith —Necesito que vengas conmigo, el rey debe de conocerte

—De acuerdo.

Leith y Katara se marcharon para hablar con el rey y Yael se quedó solo en el salón sin saber muy bien qué hacer —Os esperaré aquí —les respondió Yael mientras se marchaban.

Leith llegó al despacho del rey y llamó a la puerta, tras esperar un rato la puerta se abrió y se encontró con el rey en frente suya —Bienvenida de nuevo Leith, recibí las buenas noticias; por favor pasa y cuéntamelo todo —Leith y Katara pasaron dentro del despacho —Por cierto, no pretendo entrometerme, ¿pero quién es?

—Mi nombre es Katara.

—Es el nuevo miembro de nuestro grupo. Es una gran guerrera y me ha salvado la vida en el desierto —le informó Leith —Sé que usted me dijo que no tenía ningún problema si se añadían más miembros a nuestro grupo, pero me pareció lo correcto que al menos la conocierais.

El rey observó a Katara fijamente —Un placer conoceros y bienvenida a los ambarinos.

—Gracias majestad —le respondió Katara con una reverencia.

—Katara, necesito hablar con el rey a solas. Reúnete con Yael, yo iré enseguida.

Katara miró a Leith extrañada, pero no puso objeciones —De acuerdo —Katara se marchó.

Leith cerró las puertas y se volvió para el rey —Hay una cosa que debo contarle.

—¿De qué se trata? —preguntó curioso el rey.

—Yo fui la que asesinó a los monjes del templo.

—¿Por qué?

—Porque intentaron matarme —contestó Leith.

—¿Por qué iban a hacer tal cosa? —preguntó algo confuso el rey.

—Porque estaban endemoniados, demonios como los que atacaron su castillo. Alguien quiere que os enfrentéis en guerra ya sea contra Insel o contra Stein.

—¿Quién?

—Los demonios del Averno.

—¿Por qué?

—Pues porque ellos se alimentan de almas humanas. Cuantas más mueran más almas consigan más poderosos serán —respondió Leith.

—Así que lo que quiere decirme Leith es…

—Que bajo ninguna circunstancia debe haber una guerra —finalizó Leith.

El rey miró a Leith fijamente —¿Y qué pretendes decirme con todo esto?

—Verá; yo sé cómo derrotarles, pero necesito tiempo. Así que me preguntaba si usted…

—¿Podría darme ese tiempo? —concluyó el rey y Leith asintió. El rey se quedó pensativo durante un tiempo —Leith en realidad lo único que no me encaja es cómo sabe usted todas esas cosas, porque que yo sepa sólo mi familia y yo hemos tenido acceso a ese tipo de información. Así que… ¿puedes explicarme como dispones de esta información? —Leith miró al suelo, no sabía qué decirle al rey —Responda inmediatamente, Leith.

—No puedo contárselo majestad.

—¿Qué? ¿Cómo te atreves? ¡Soy tu rey! Si quiero puedo…

—¡Hice un juramento! —le interrumpió Leith, y el rey se quedó asombrado.

De pronto el rey ató hilos y se dio cuenta de a quién tenía delante —Por los dioses…

—Majestad…. —intervino Leith buscando su apoyo.

El rey se levantó y la miró fijamente —Ya te recuerdo… Eres uno de os ángeles que salvaron Sapta Dvipa de la gran guerra… ¿Cómo es que no me di cuenta antes?

—Majestad no puede contárselo a nadie. No es mi sólo vida la que está en juego sino Sapta Dvipa y necesito su ayuda. Hice un juramento, por favor no puede saberlo nadie.

—No se preocupe Leith yo guardaré su secreto —El rey la abrazó y se apartó de ella con una sonrisa —Tendrás todo lo que necesites Leith. Sé ahora que tu misión no es salvar mi reino sino al mundo y yo te daré todo lo que necesites para ello. Puedes contar conmigo.

—Gracias majestad —Leith hizo una reverencia y se marchó.

Vieron a Leith desde lejos, Yael fue el primero en acudir a ella —¿Estás bien?

—Lo sabe —le respondió Leith —Ha prometido guardarme el secreto, pero me siento como si hubiera traicionado mi juramento.

Yael la miró a los ojos y la abrazó —No te preocupes Leith, has hecho lo que tenías que hacer.

Entonces Leith le susurró —Lo hice también por mi hija, ella me necesita y… la echo mucho de menos… ella es esa persona especial que hay en mi vida y no sé qué haría si le pasara algo…

—¿La recuerdas? —preguntó Yael y Leith asintió —Lamento no habértelo contado antes, pero no sabía si estabas preparada.

—Lo entiendo.

—Está a salvo en Ciel con Liv —le afirmó Yael —Vamos os invito a ambas a comer.

Leith se separó de Yael ya más calmada —De acuerdo.

Katara, Leith y Yael fueron a una taberna de Kusha. Encontraron una mesa pegada a la ventana, se sentaron y pidieron algo de comer. Mientras esperaban a la comida se creó un silencio entre ellos, Katara decidió romperlo —¿Qué es lo que te ha pasado antes Leith?

—Nada, me emocioné un poco porque he echado de menos a los chicos —mintió Leith.

—¿Y la charla con el rey te recordó a ellos? —preguntó confusa Katara.

—Pues sí… Los nombró y… bueno el resto ya lo viste —respondió Leith.

—Siento entonces volver a recordártelos es que me preocupé por tu estado —confesó Katara.

—Ya estoy bien —afirmó Leith.

 

Yael se alegraba ver que Katara y Leith se llevaran tan bien. Vino la comida y terminaron de comer en silencio. Después de comer decidieron descansar un poco en el castillo. Pasado un tiempo, decidió ir a ver a Leith. Yael llamó a la puerta de la habitación de Leith y ella le abrió.

 

—Hola Yael, contigo quería hablar.

—¿Y Katara? —preguntó Yael.

—Está duchándose —le respondió Leith.

—Pareces mucho más tranquila —Yael pasó dentro de la habitación.

—Sí así es —Leith cerró la puerta. Yael le cogió la mano y vio aún llevaba el anillo, y al verlo sonrió. Ella notó que Yael lo miraba y se sonrojó —Es un bonito recuerdo….

De pronto Leith comenzó a recordar cosas y se mareó, Yael la cogió justo a tiempo antes de que se cayera —¿Leith?

Leith abrió los ojos y le dedicó una sonrisa preciosa —Acabo de recordarlo todo.

—¿En serio?, pero eso es genial Leith —Leith asintió —¿Estás bien? Casi te caes.

—Pero tú me has cogido a tiempo y no es la primera vez —Leith le miró con intensidad y sonrió alegre —Gracias. Aunque, debo contarte una cosa…Tal vez me odies por ello.

Yael la miró extrañado —¿Por qué dices eso?

—Mi madre dice que necesito parte del poder de Katara para vencer a Azrael… En cuanto la vi luchando supe que era la chica de la que me había hablado mi madre —le explicó Leith.

—¿Y cuándo se lo dirás?

—Cuando llegue el momento oportuno. Es duro, pero es la única opción que tenemos.

—Vámonos afuera, te vendrá bien tomar el aire —sugirió Yael.

—¡Katara estamos afuera en la puerta del castillo! —gritó Leith.

—¡Vale! —respondió Katara.

 

Leith asintió y se marcharon a fuera juntos. Estaban en la puerta mientras Leith se desahogaba cuando notó un brillo en sus ojos. Leith le sonrió alegre, parecía que iba a decir algo… pero entonces como de la nada apareció Katara y señaló delante de ellos.

A lo lejos vieron a los chicos, estaban llegando a la ciudad. Leith se separó de Yael y comenzó a correr hacia su encuentro, Yael y Katara la siguieron. Leith corría alegre, esperaba rencontrarse con Huor, Emer y Bastian.

Huor y Bastian se levantaron temprano, vieron como llegaban los soldados de Samir a la capital así que ya podían marcharse. Huor se marchó a vestirse al cuarto baño y cuando regresó junto a Bastian, éste le respondió con una mirada picarona.

 

—Vale, conozco esa mirada. ¿Qué es lo que sucede?

—Adivina quién ha preguntado por ti mientras te vestías —Bastian se apartó y entonces pudo ver a Mia, Huor se quedó mudo —Bueno tengo que preparar el equipaje así que os dejo solos.

Huor intentó decir algo, pero Bastian se marchó —Hola Mia estás… estás… —Huor no podía evitar mirar a su enorme escote —Realmente…favorecedora.

Mia se sonrojó —Oh, gracias. Veo que se ha puesto el uniforme de batalla, ¿ya se marcha?

—En efecto, mi deber me llama.

Mia se acercó hasta él —Es una pena, empezaba a cogerle gusto a vuestra compañía.

—Os he tengo que recordad que mi compañía no es la de un noble de renombre no sería bien vista por vuestro padre, el virrey.

Mia se acercó aún más —Al contrario, él fue quién me aconsejo vuestra compañía.

—Bueno, aunque me agrada mucho vuestro interés sobre mi persona mi trabajo no me permite tener una relación ni mucho menos prestarle todas las atenciones que alguien de vuestra posición debe tener.

Mia se dio la vuelta y sus ojos se volvieron oscuros —Sería una pena que se enteraran de que intentasteis mancillar a la joven princesa —Mia se puso a penas unos milímetros de él y le hizo mirarla a los ojos —Nadie me ha dicho nunca que no, piénselo bien —Mia le guiñó un ojo —Usted volverá a mi lado capitán —Mia le introdujo una pastilla por la fuerza en su boca, Huor intentó no tragársela sin éxito —Cuando despiertes estarás enamorado de mí hasta el día de tu muerte —Huor se desplomó en el suelo y Mia gritó teatralmente —¡Por los dioses! ¡¡Bastian venga deprisa!!

Bastian entró corriendo en la habitación —¿Qué ha pasado?

—Lo desconozco, le he dado un beso y se ha desplomado —dijo inocentemente Mia.

Bastian se rió —Entonces es normal. Déjeme que yo le despierto —Bastian se acercó hasta Huor y le dio una bofetada, Huor se despertó confuso —¿Estás mejor?

Huor se incorporó algo mareado —¿Qué ha pasado?

—Te has desmayado —respondió Mia.

Huor la miró asombrado —¿Estoy en Ciel? Porque si no, no me explico cómo es que veo a un ángel como vos —dijo refiriéndose a Mia.

Bastian le miró extrañado —¿Seguro que no te ha afectado al cerebro la caída?

—¿Pero cómo podéis decir tal cosa? Mia es la mujer por la que mi corazón late, nunca había visto a una mujer tan hermosa. Mia, aunque debamos luchar contra mil obstáculos te prometo volver a tu lado y amarte como nadie nunca te ha amado.

Mia le cogió la mano —Lo sé querido, pero debes marcharte.

—Ojalá no tuviera que marcharme, no quiero separarme de vos —confesó Huor.

—No te preocupes, nos volveremos a ver pronto —aseguró Mia.

—He de irme, pero volveré como os he prometido princesa. Adiós, amada mía —Huor salió de la habitación con el equipaje y seguido de un confuso Bastian.

Mia se frotó las manos y sus ojos se volvieron negros —Esta vez Leith, lograré mi venganza. Jamás debiste interponerte en mis planes —Mia volvió a la normalidad.

 

Huor, Emer y Bastian comenzaron el viaje hasta Kusha poco después. Bastian no ha podido formular ninguna pregunta a Huor puesto que estaba en trance, no daba crédito de lo que pasaba. ¿Qué es lo que había pasado? Pronto lo averiguaría.

El sol se ponía cuando Bastian, Huor y Emer, empezaron a acercarse al extremo norte de las cordilleras Awils. Habían marchado muchas horas sin tomarse descanso. Iban lentamente y ahora Huor se inclinaba hacia delante cansado. Huor era duro para los viajes, pero aquella marcha interminable comenzaba a abrumarlo.

Bastian abría la marcha, ceñudo y silencioso, sólo Emer llevaba con ligereza aquel viaje. Llegaron hasta Vir cansados y con mucho sueño. Decidieron hacer un descanso para seguir el arduo y largo camino que aún les esperaba hasta Kusha. Las horas pasaron y aún seguían cabalgando. Huor cabeceaba y se habría caído del caballo si Bastian no lo hubiera sostenido. Emer corría con la energía desbordándole, después de aquel descanso se había repuesto y ahora estaba más activo que nunca. Los chicos viajaron durante horas y por fin llegaron a Kusha. Era por la tarde y hacía un día espléndido, sol y ni una sola nube en el cielo. Estaban entrando en Kusha cuando vieron a Leith correr hacia ellos desde lejos.

 

Emer al verla salió a su encuentro y la abrazó —¡Cuánto me alegro de verte!

—Hola pequeñajo —le respondió Leith alegre.

Bastian bajó del caballo y se fue hasta nosotros —¡Hola Leith! Te hemos echado de menos.

—Yo también a vosotros. Oye, ¿qué tal si os invito a todos a una cerveza? —sugirió Leith.

—Me parece fantástico —afirmó Bastian.

Todos se dirigieron primero a palacio para dejar las cosas de los chicos, y luego caminaron hasta la taberna más próxima —Por fin puedo tomar una buena cerveza con mis compañeros —afirmó Huor.

—Debo de reconocer que la cerveza de aquí es sin duda la mejor —aseguró Bastian.

—Y que lo digas, aunque yo la verdad estoy deseando volver a Insel —confesó Huor.

—Ah sí, es por Mia. ¿Verdad? —dijo con ironía Bastian.

—¿Y cómo es? —preguntó Emer.

—Es morena, de ojos azules y tiene la piel del color de la madera —respondió Huor.

Yael casi echo la cerveza que tenía en la boca —¿Esa no es la hija del virrey?

—Sí —dijo orgulloso Huor.

Bastian le dio una colleja a Huor al ver que seguía ensimismado —¡Despierta de una vez!

Huor volvió en sí —Perdona es que no puedo evitar pensar en Mia.

—Vaya por fin te despiertas de tu estado enamoradizo. ¿Seguro que no pasó nada cuándo os dejé solos? Ese estado absorto no es normal ni para ti —dijo Bastian.

—¿A qué te refieres? —insinuó Huor.

Todo el mundo se rió y Leith se notó entonces algo cansada —Mañana quedamos para almorzar chicos, quiero descansar.

—Nos vemos mañana —respondió Yael.

Fue marcharse Leith y Huor recuperó su expresión absorta —Parece como si lo hubieran hechizado.

—¿Quieres decir que le hechizaron? —preguntó incrédulo Emer.

—Es posible. ¿Qué explicaría sino lo que acabamos de presenciar? —insinuó Yael.

—Ahora que lo dices, recuerdo que cuando dejé a Huor a solas con Mia… no tenía ningún interés en ella y poco después estaba felizmente enamorado. Pero… ¿por qué iba a querer Mia que Huor se enamorara de ella? Tiene a muchos pretendientes, y mucho más atractivos y mejores maridos para ella que Huor. ¿Qué sentido tiene todo eso?

 

De pronto Yael lo comprendió, si Huor volvía, volvería con hombres y los del reino de Insel podrían denunciar un ataque y así comenzar una guerra, y las almas irían a parar directamente a Azrael, pero para eso primero debía tener el control sobre el reino de Insel.  Por eso manipuló al rey para que enviara a Leith directamente a Insel, lo manipuló todo porque debía ser el reino de Erde quien atacara a Insel. Sería la única manera de que Leith no sospechara de la influencia de Azrael sobre todo lo que había pasado. Debía liberar a Huor y a Mia de la influencia de Azrael. Leith había liberado al rey de la influencia de Azrael, pero mientras siguiera vivo podría seguir con sus perversos planes.

Yael debía tomar medidas para que no se volviera a repetir, puede que con un amuleto de sangre de uno de los dos bastara. Si ellos tenían esa sangre encima Azrael no podría atacarlos, y puede incluso pudieran contraatacar contra los ángeles oscuros. Y eso significaría que el grupo no tendría por qué separarse. Prepararía un par de amuletos de inmediato, pero antes debía liberar a Huor del hechizo. Yael alzó su mano y le dio una bofetada, con el contacto pudo curarle con su poder de ángel. Fue fácil, más de lo que se imaginaba, quizás estuviera recuperando sus poderes.

 

Huor despertó confuso de su trance —¿Qué es lo que ha pasado?

—Yael no sé cómo lo has hecho, pero eres un genio. ¡Le has despertado del trance!

—Gracias —le respondió Yael a Bastian.

—¿Me has dado una bofetada? —preguntó Huor aún confuso.

—Y yo te habría dado otra cómo hubieras seguido hablando de esa tal Mia —aseguró Bastian.

—¿Mia? ¿Qué estás comentando?

—¿Es qué no recuerdas nada? —preguntó Emer.

—No. Lo último que recuerdo es que estaba charlando con Bastian cuando se presentó Mia en mi habitación y… algunas imágenes difusas. Que extraño.

—Bueno hoy es ya muy tarde, y estarás cansado. ¿Qué te parece si mañana te lo contamos todo? —contestó Yael.

—Me parece una buena idea —respondió Huor —Será lo mejor.

Emer, Bastian, Huor y Yael pagaron la cuenta, y se marcharon de la taberna. Cuando llegó al castillo y entró en la habitación, Yael se encontró a Leith hablando con Katara.

 

—Hola, espero no interrumpir —dijo Yael mientras entraba en la habitación con sigilo.

—No te preocupes —le respondió Leith.

—¿Qué es lo que pasa? —preguntó Yael

—Después de haber matado a Vali, Katara ha recordado que tendrá que matar de nuevo.

Yael se sentó en la cama —Katara, sin ti no podremos salvar Sapta Dvipa.

—¿Poder, yo? —dijo incrédula Katara.

—Eres una semidiosa, tienes mucho más poder del que imaginas —le aseguró Yael.

—Te necesitamos —afirmó Leith.

—¿Vas a luchar o vas a rendirte? —preguntó Yael.

Katara le miró seria —Voy a luchar.

—Así me gusta. Aun así, no te preocupes. Mañana nos tomaremos el día entero para descansar. —le dijo Leith y Katara se marchó —Es una luchadora.

—Me recuerda a ti —le dijo Yael mientras se levantaba —Por cierto, he descubierto cómo nos pueden acompañar los chicos.

—¿Qué comentáis?

—Si le ponemos colgantes con sangre podrán combatir contra los ángeles oscuros, y por tanto podrán venir con nosotros —explicó Yael.

—Es una gran idea Yael, pero creo que va siendo hora de decir la verdad, no podíamos seguir con este secreto. Si queremos que se unan en esta guerra tenemos que contarles todo. En esta guerra lucharán los dioses de Ciel contra los Dioses del Averno. Es algo a lo que jamás nos habíamos enfrentado. Es una Guerra de Dioses.

Autor: elenasiles

En 2014 publiqué mi primer libro impreso "La Prueba". En 2019 publiqué La Guerrera Drager , en 2020 Piratas de Sagara y en 2021 Los Guardianes de Almas. Fui directora de YouAreWriter desde 2013 a 2019. He participado como autora en Renacer, Antología Benéfica (2020), en Invencibles, Una antología benéfica (2021) y en Antología Recuerdos de Tinta (2021). Además he coordinado, editado y publicado Antología Show Your Rare (2020) , Antología Sueños de Aire (2020) y Antología Criaturas de la Noche (2021) Mi email es: youarewriter.wordpress@hotmail.com Mi blog: www.elenasaavedrasiles.wordpress.com

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