Guerra de Dioses cap 7 por Elena Siles

Capítulo 7

Leith se despertó temprano, se vistió con su conjunto habitual, se lavó la cara para despejarse, y salió de la habitación. Fue a desayunar sola, era temprano incluso para ver a Emer despierto. Como era temprano decidió hacer una visita a Hest en el establo del rey. Para su sorpresa la princesa estaba allí cepillando a su yegua blanca.

 

—Una yegua preciosa princesa, sin duda posee una belleza digna de acompañar a la vuestra.

Ámber se giró y sonrió —Gracias Leith, ¿o debería llamarla Sir Stewart?

—Gracias, pero prefiero Leith sino le importa.

—Te entiendo perfectamente. A igual que yo prefiero que me llames Ámber en vez de majestad, princesa o mi señora. Me hace sentir algo vieja si le digo la verdad.

—¿Habéis podido hablar con vuestra madre? —preguntó Leith.

—Sí, así es. Por eso me he levantado temprano, quería hablar con ella. Jamás me imaginé que siguiera viva, estaba hecha a la idea de que jamás volvería a verla. Pero gracias a mis ambarinos mi madre ha vuelto a casa y por si fuera poco las cabezas del rey de Insel y del traidor están en las picas del castillo. Anoche creí oír a todo el pueblo lleno de euforia. Esta mañana se le ha dado la gran noticia de la vuelta de mi madre, explicamos la situación y se creó una gran alegría entre nuestros pueblerinos. Es agradable que por fin haya terminado todo.

Leith se acercó hasta Hest y comenzó a cepillarle —Bueno aún nos queda conquistar Insel.

—Sí, pero lo más complicado ya está hecho gracias a vuestro amigo… ¿Cómo se llamaba?

—Yael —respondió Leith.

—¡Exactamente! Padre le envió su recompensa antes por si se marchaba durante la noche e hizo bien. ¿Os habéis enterado de su marcha? —preguntó Ámber.

—Sí. Ayer me despedí de él. De hecho, tengo que hablar de Yael con vuestro padre. ¿Se ha despertado ya? —Ámber asintió —Bueno entonces iré a verle ahora mismo. Adiós Hest.  Ha sido un placer veros Ámber —se despidió Leith.

 

Huor se despertó alegre, había aclarado las cosas con Leith y eso le hizo sentirse fenomenal. Desayunó con Bastian y Emer que estaban ya en el salón esperándole. Cuando terminaron de desayunar dieron un paseo hasta fuera del castillo y se encontraron con Leith de vuelta de los establos. Les saludó, pero se marchó con prisas.

 

—Vaya sí que tenía prisa Leith —observó Emer.

—Seguro que va a ver al rey para hablar sobre el ataque a Insel —apuntó Bastian.

—Ahora ella es la capitana de nuevo así que es su deber, la verdad me alegro de haberme quitado ese peso de encima. En el tiempo que he sido capitán han pasado más cosas que en los cuatro años que he estado con vosotros —comentó Huor.

—Sí, tienes razón Huor. Aunque la verdad yo no es que haya podido hacer gran cosa. Ni siquiera tengo un arma —se quejó Emer.

—Podríamos comprarle una —sugirió Bastian —El chico ha demostrado que puede pelear bastante bien sin nosotros, se lo merece.

—Está bien, pero si pregunta Leith yo no tuve nada que ver —respondió Huor.

 

Los chicos se marcharon al herrero y compraron dos hoces para Emer de tamaño pequeño principalmente porque si no, no podría con ellas. Emer salió contento del herrero, por fin tenía armas y podría luchar.

 

Mientras Leith hablaba con el rey en su despacho. La reina estaba en su habitación descansando.  Leith se acercó hasta el rey que estaba con unos papeles —¿Puedo hablar con vos un momento majestad? —preguntó Leith y el rey asintió mientras le indicaba que tomara asiento —Me gustaría abordar dos temas, el primero es que el grupo hemos decidido que se una a nosotros Yael. Y el otro tema es el ataque a las tierras de Insel.

El rey apartó la vista de los papeles y la miró a los ojos —Con respecto al primer tema puedes poner en el grupo a quién quieras mientras sepa luchar, dime el nombre para poder pagarle y listo. En cuanto al tema del ataque de Insel había pensado en mandaros primero para abrir el camino junto a unos pocos soldados. Samir me ha confirmado que su ejército llegará a Insel en dos días, así que deberéis de mantener nuestra posición durante ese tiempo. Una vez tomada Insel os daré una nueva misión.

—Gracias majestad.

Los ojos del rey se volvieron oscuros —Leith, debo de advertirte de algo antes de irte.

—¿De qué se trata majestad? —preguntó Leith.

—Tu condición no te hace más fuerte sino más débil, nadie más debe saber quién sois.

—¿A qué os referís exactamente?

—A que si alguien descubriera por casualidad…—Zenón levantó un libro que había en el escritorio, era el libro de los ángeles, la historia de cómo se salvó Sapta Dvipa de la gran guerra —Vuestra verdadera identidad… quién sabe qué podría ocurrir —El rey señaló una imagen, en ella se veía a Leith —Es curioso que hasta el día del ataque a mi castillo jamás me había planteado esta posibilidad. Pero me entró la curiosidad y pedí un favor a mis amigos los monjes. Este es uno de los primeros e inéditos libros de los ángeles en el cuál se relata cómo vos y vuestro amigo salváis Sapta Dvipa —El rey cerró el libro —Cuando se descubra tu secreto entonces… ¿Qué crees que harán los dioses contigo? —Leith miró aquellos ojos oscuros…era Azrael, ya sabía dónde podía encontrarle. Así que le lanzó un hechizo sin pensarlo dos veces. Aquello le volvería a la realidad, aunque algo confuso —Estoy algo cansado.  Quiero que te marches y no vuelvas nunca. ¿Ha quedado claro?

—Sí majestad —Leith se marchó y los ojos del rey volvieron a la normalidad.

 

Leith estaba decidida a dejar algunas cosas claras con esos monjes así que caminó hasta la parte exterior del castillo y echó a volar. No podía permitir que Azrael atacara al rey de aquella forma, sabía que si atacaba a los monjes él iría a por ella y entonces le mataría. Mientras Leith volaba hacia el templo Yael explicaba a Katara sus raíces y orígenes.

 

Katara le miraba aterrorizada y algo confusa —Quieres decir… ¿Qué soy uno de ellos?

—Eres hija de Indra y Eredia, eres una semidiosa —le explicó Yael.

—Tú sabes quién destruyó mi pueblo. ¿verdad?

—Fue Azrael, dios de la oscuridad, pero Indra te salvó ya que eres su hija.

—¿Y podré matar a Azrael? —preguntó rabiosa.

—No, pero puedes impedir que le haga lo mismo a otras familias. Tú querías venir conmigo y ahora sé que estás capacitada para venir. Tendrás que enfrentarte a demonios y a los ángeles oscuros e incluso a tu propio padre. La pregunta es, ¿serás capaz?

Katara le tendió la mano —Cuenta conmigo. No permitiré que se salga con la suya.

 

Durante du estancia en Withw Leith se había ido volando hasta el monasterio de los monjes, pero los chicos aún seguían buscándola.

 

—¿Dónde está Leith? —preguntó Emer.

—Ni idea. No la había visto nunca así —confesó Huor.

Bastian le dio una palmada en la espalda a su compañero —Vamos, te invito a una cerveza y así pasamos un tiempo juntos como hombres. ¿Qué te parece?

—Me parece buena idea —le respondió Huor con una sonrisa.

 

Los chicos se marcharon a una taberna y al mismo instante Leith posaba los pies en el monasterio. Guardó las alas y abrió las puertas del monasterio. Pasó dentro, pero no había nadie. Leith comenzó a recorrer todo el monasterio, pero estaba completamente vacío. El monasterio contaba principalmente con una planta rectangular con sus cuatro torres en las esquinas, típica de los sobrios alcázares erdianos de piedra blanca procedente de las cordilleras Awils.

 

—Oíd monjes soy Leith y os ordeno que aparezcáis ante de mí inmediatamente.

Leith se dio la vuelta y se encontró con un monje de unos noventa años o más —¿Qué os trae por aquí?

—Azrael ha conseguido llegar hasta el rey de Erde. Solucionadlo inmediatamente o me veré obligada a tomar medidas.

—No podemos hacer tal cosa —respondió el monje.

De pronto aparecieron muchos más monjes —Entonces ya habéis firmado vuestro destino —dijo Leith y acto seguido desenfundó su espada —Que conste, que ya os avisé.

 

Leith se cortó en el brazo para tener la espada llena de sangre de arcángel y así poder vencerles. Se fue al por un monje, no duró apenas unos segundos. Creyendo que no podría matarle se quedaron todos quietos y al caer la cabeza del monje los demás sacaron sus armas dispuestos a luchar. Aunque lucharon en vano, apenas consiguieron rozarla y ella ya había matado a más de cincuenta monjes. Únicamente quedaron diez. Leith se dirigió al primer monje que se había quedado inmóvil mirando la escena.

 

—Solucionadlo inmediatamente o me veré obligada a regresar y la próxima vez no seré tan indulgente —les ordenó Leith.

—Os creéis muy poderosa, pero la verdad es que nos habéis subestimado.

 

Apareció entonces una narca[1] e inmediatamente cerró los ojos. Oía como se acercaba siseando por el suelo mientras el monje se reía. Leith estaba completamente convencida de que aquel monje era Azrael y si conseguía matarle todo terminaría. Oyó un último siseo y se apartó a la izquierda. Puede que no pudiera usar los ojos, pero si el oído y la espada. La narca la mordió en el estómago y Leith gritó. Con todas sus fuerzas atacó al aire y sobre su mejilla cayeron unas gotas de sangre de la narca. Oyó como la narca gritaba furiosa, le había alcanzado, aunque no sabía exactamente con qué certeza podía oler la sangre de la bestia.

Estaba herida. Aquella mordedora estaba tardando en curarse. Sintió como sus músculos volvían a latir con fuerza, y oyó un siseo que se acercaba a ella. Leith saltó con todas sus fuerzas poniendo la espada delante de ella. Y entonces oyó como la cabeza de la narca caía y las risas del monje desparecían. Usó la espada dar reflejo de aquella criatura, ya muerta. Los ojos de la narca eran efectivos, tanto que con el reflejo de la espada petrificó a todos los monjes. Leith lanzó un hechizo a la narca y pudo abrir los ojos. Gracias a la narca Azrael había quedado atrapado dentro del cuerpo del monje petrificado, aquel era el momento perfecto para matarle por fin.  Observó cómo Azrael intentaba escapar del cuerpo del monje sin éxito. Rápidamente volvió a cubrir su espada con su sangre cortándose en un brazo y atravesó al monje por el torso con ella. El grito de Azrael se oyó por todo el monasterio, poco a poco la piedra fue quebrándose, pero Leith se mantenía firme.  Su sangre estaba comenzando a abandonar su cuerpo y a pasar al de Azrael, cuya oscuridad no podía soportar una sangre con tanta luz y fuerza.

Aquello era lo que lo mataba, nada más que la luz que Leith guardaba dentro de ella. Azrael pudo escapar del cuerpo petrificado del monje, pero no de Leith quién seguía sosteniendo su espada sobre el torso de Azrael a pesar de que las fuerzas la abandonaban.

Entonces una luz liberó la espada de Leith de Azrael el cuál escapó inmediatamente. Leith estaba extremadamente herida, su poder había pasado directamente a Azrael para matarle. Era la única forma de solucionar aquello, pero alguien lo había impedido.

 

Liv apareció delante de ella dispuesta a ayudarla —¡Detente hija!

—Madre… ¿Qué haces aquí? —Leith cayó en sus brazos.

—Salvarte la vida. No puedes enfrentarte a él, es demasiado poderoso. Aún no tienes el poder suficiente para matarle. Debes matar antes a los ángeles oscuros, con ello y un sacrificio no sólo debilitarás a Azrael, sino que conseguirás el poder suficiente para poder matarle sin matarte a ti también.

—¿Y cuál es ese sacrifico madre? —preguntó Leith.

—Pronto llegará a ti una joven que resultará ser hija de Indra, si ella te da parte de su poder entonces podrás derrotar a Azrael.

—Dime su nombre.

—Katara —le respondió Liv y dijo esto se marchó.

 

Leith miró sus heridas, estaban sanando, pero aún sangraba. Se apretó en el estómago y echó a volar, pero las fuerzas la abandonaban en un último esfuerzo silbó para llamar a Hest. Por lo lejos se oyó al caballo, pero Leith ya estaba en el suelo desvanecida. Hest cabalgó con Leith sobre su lomo sin descanso, ella le necesitaba más que nunca. Hasta era probable que si no llegaba pronto a Kusha muriera, pues después de luchar contra Azrael casi toda su energía se había esfumado. Si Liv no hubiera intervenido Leith estaría muerta. Azrael no hubiese muerto entonces puesto que Leith no poseía aún el poder de matarle y Azrael lo sabía. Su plan consistió en que fuera por él y ella muriera intentando matarle, pero Liv intervino y él estaba demasiado débil cómo para luchar contra ella. Sus ángeles oscuros le habían fallado. Se supone que mientras estuviera luchando contra Leith ellos se encargarían de Liv, pero no habían sido capaces de contenerla.

No les culpaba, sin embargo, puesto que sabía muy bien que el poder de Liv era inmenso pues hasta pudo derrotarle a él en el pasado; pero ahora la situación era muy diferente. Azrael era mucho más poderoso, y pronto conseguiría el poder que necesitaba para destruir Sapta Dvipa. Y entonces, por fin, liberaría a su amada, Hela.

 

Leith se despertó con un rayo de sol e inmediatamente se llevó una mano hacia su estómago. Observó entonces que Huor estaba su lado cogiéndole la mano. Era de día, ¿cuánto tiempo llevaría dormida? Se preguntó Leith. No lo sabía, pero sospechaba que llevaba bastante tiempo tumbada en aquella cama recuperándose de la lucha contra Azrael.

—Buenos días —musitó Leith.

Huor la miró atónico —¡Has despertado! —la abrazó con fuerza —Estaba muy preocupado.

—¿Pero de qué estás hablando? —preguntó Leith confusa.

—Apareciste sobre tu caballo con una gran herida en el estómago, no respondías. Te han tratado los mejores médicos. Los chicos están durmiendo, pero yo me quedé contigo toda la noche esperando a que despertaras —respondió Huor.

Leith miró su torso y estaba curado —Eres un exagerado, sino es apenas un rasguño.

—Bueno ayer estabas mucho peor, con la herida que tenías no sabía si….  Pero has tenido un gran médico, ha conseguido que te recuperes muy pronto.

—Huor no es la primera vez ni será la última de que alguien consiga herirme. Soy una gran guerrera, pero eso no significa que no pueda sangrar.

—Sí es sólo que… no podía imaginarme si quiera que te pudiera pasar nada malo…

Leith le miró fijamente a los ojos —Bueno me he enfrentado a unos sesenta monjes endemoniados y a una narca, creo que está justificado.

—¿Has luchado contra monjes? —preguntó confuso Huor.

—Estaban poseídos y querían matarme. ¿Qué querías que hiciera?

—Espera has dicho que te has enfrentado a una narca … ¿Es cierto?

—Ya viste cómo atacaron el castillo, ¿y aún te extrañas? Este mundo está plagado de criaturas y no todas son buenas e inofensivas. Yo me he enfrentado a unas cuantas.

Huor la miró fascinado —Nunca dejas de sorprenderme.

Leith sonrió mientras se incorporaba para sentarse —Anda ayúdame a levantarme.

Huor la cogió en brazos, pero entonces apareció un alocado Emer que al ver a Leith se abalanzó contra ellos —¡Emer no! —intentó en vano Bastian y Huor y Leith cayeron al suelo.

—¡Estás bien! ¡Estás bien! —gritaba Emer.

—Emer déjales en paz —Bastian lo cogió con una mano y con otra ayudó a Huor y a Leith a levantarse —¿Estás mejor Leith? —Ella asintió —Será mejor que descanses tranquila. Vendremos a verte dentro de un rato Leith —Bastian se marchó con Emer de la habitación.

Huor se quedó abrazado a Leith —Menuda caída. ¿Estás bien?

—Sí. Aunque tengo algo de hambre y de sed —confesó Leith.

—No pasa nada. Le diré al servicio que nos traiga algo —Huor llamó al servicio y apareció entonces un sirviente —Me gustaría un buen par de filetes de cerdo con patatas y un par de cervezas.

El sirviente se marchó con prisas y volvió con la comida —Gracias —el sirviente cerró la puerta y se marchó corriendo por el pasillo —Y yo que pensaba que Emer era nervioso.

Leith se rió y luego se calmó —Te debo una por quedarte conmigo toda la noche cuidado de mí.

—Yo a ti te debo unas cuantas así que… ¿qué tal si quedamos en paz?

—Está bien —aceptó Leith.

 

Comenzaron a comer en silencio, en el escritorio uno frente al otro. Huor volvió a llamar al servicio y se llevaron los platos. Huor cerró la puerta y poco después llamaron a la puerta, eran Bastian y Emer. Huor les abrió y les dejó pasar. Emer corrió hacia Leith sonriente.

 

—Hola chicos —les saludó Leith.

Huor bostezó —Si quieres podemos tomar algo afuera.

—Huor necesitas dormir. Además, yo también quiero descansar —dijo Leith.

—Bueno, nosotros sí que nos vamos —intervino Bastian.

—Adiós Huor —se despidió Emer mientras se marchaba.

Bastian y Emer se marcharon para dejarles a solas. Huor la abrazó por la espalda con cariño —Tengo algo que decirte.

Leith le miró a los ojos algo confundida —¿De qué se trata?

—Desde hace dos años estoy perdidamente enamorado de ti. He esperado demasiado para decírtelo. Sé que desperdicié mi oportunidad y que ya no es que tengas muchas posibilidades con el rubito merodeando, pero tenía que decírtelo. Por lo menos, podías darme una oportunidad.

Leith se apartó de él —No puedes estar conmigo.

—¿Por qué no? —preguntó Huor.

—Porque no soy lo que tú crees que soy.

—Mientes —Huor se acercó a ella y la hizo girar —Mientras sigas siendo Leith, la mujer con la sonrisa más bonita que he visto nunca, pero con fuerza suficiente para vencer a cien hombres sin pestañear. Fuerte, valiente, inteligente, gran compañera y una gran persona. Y por si fuera poco eres preciosa.

Leith cogió su mano y la puso sobre el torso de Huor —No te conviene estar conmigo, tan sólo lograría dañarte. Jamás podremos estar juntos.

—Dime al menos la razón por la cual no podamos estar juntos.

—No puedo decírtelo —confesó Leith.

—¿Entonces cuál es el problema? —preguntó Huor enfadado —¿Sientes algo por mí?

—Hace tiempo que eso murió —reconoció ella —Perdón si te di falsas esperanzas.

—¿Sentiste algo por mí? —preguntó Huor emocionado.

—Puede que en el pasado cuando estábamos tú y yo solos sí que sintiera algo por ti, pero eso quedó en el pasado y cuando volvamos al grupo no quiero volver a oír nada sobre este tema.

—Por lo menos lo he intentado —dijo triste Huor.

—Debo descansar, así que…

 

Huor se marchó a su habitación algo decaído. Huor se tumbó en la cama y se quedó con los ojos cerrados y pensando en todo lo que había sucedido. No pudo dormir, ni siquiera cambió de postura.

La luz del sol entró por la ventana y Huor decidió comenzar a empaquetar las cosas puesto que en apenas unos minutos debían marcharse a Insel para retomar la soberanía de Erde sobre el reino del norte. Desayunó a solas y al salir del castillo se encontró con los demás esperándole.

Huor montó sus cosas en su caballo y luego se subió él. Leith comenzó a cabalgar iniciando así el viaje, los demás la siguieron cabalgando en sus caballos. Con ellos viajaban unos quinientos hombres del reino de Erde, no eran demasiados, pero desde el ataque al castillo no habían podido reclutar más. Las colinas se acercaban, pero ya los altos picos de las montañas de Insel se confundían entre la oscuridad creciente del cielo. Algunas millas más allá, del otro lado de las montañas, había una hondonada ancha y verde en las montarías, y desde allí un desfiladero se abría paso entre las colinas.

Los rumores de la guerra crecían. Ahora escuchaban, como transportados en alas de la noche, unos cantos roncos. Con la noche sobre ellos llegaron hasta Vir dónde desmontaron de sus caballos para pasar la noche allí. Sabían que pronto estarían frente al castillo negro de Plahka para tomar Insel.

 

—Pararemos aquí para descansar y comer algo, pero reanudaremos la marcha inmediatamente después. Debo de hacer un recado, enseguida vuelvo. Bastian, estás al mando durante mi ausencia —anunció Leith e inmediatamente descabalgó y se marchó andando.

—¿Me acaba de dejar al mando? —preguntó Bastian confuso y entonces miró a Huor, él era la respuesta —¿Qué has hecho?

—Se lo dije —contestó Huor serio.

—¿El qué le dijiste? —preguntó curioso Emer.

—Le dije que la amaba, pero evidentemente no salió como esperaba. Tenías razón, Bastian, he tardado demasiado —respondió Huor mientras se desmontaba del caballo —Será mejor que comamos y descansemos, Leith no tardará demasiado.

 

Leith viajó hasta un claro apartado y rezó a su madre, Liv. Pidiéndole protección. Entonces una paloma mensajera se posó a su lado con un pergamino en su pata izquierda. Leith cogió el pergamino y lo leyó. Uno de los espías que trabaja para el rey se había puesto contacto con ella por algo que había descubierto y al leer de que se trataba se puso furiosa. Leith volvió con el grupo, les saludó brevemente y comió algo antes de continuar con el viaje.

 

Bastian cabalgó hasta el lado de Leith —¿Por qué me has dejado al mando?

—De hecho, te estaba poniendo a prueba Bastian y no las has superado.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Bastian.

—¿Enviaste o no enviaste una paloma a tu hermana para avisar del ataque de Insel? —Bastian la miró sorprendido —¿Te sorprende? Tengo amigos por todas partes, no se me puede ocultar nada Bastian.

—¿Y qué piensas hacer? ¿Echarme del equipo?

—No. Entiendo que lo hiciste por tus hijos y por ello no voy a tomar ninguna acción al respecto. Pero si tienes que proteger a tu familia siempre puedes acudir a mí Bastian. ¿De acuerdo? —le explicó Leith.

—Gracias capitana. ¿Puedo preguntarle por qué lo ha dejado pasar?

—Porque lo hiciste por tus hijos, por tu familia. Pero no pongas a prueba mi generosidad Bastian, esto no puede repetirse nunca más —le advirtió Leith.

—Entendido capitana, la próxima vez acudiré a usted. Gracias —Bastian se retiró de su lado.

 

Todo el ejército se detuvo, desconcertado por la amenaza silenciosa del muro del castillo negro. A cada instante, los relámpagos desgarraban las tinieblas de la noche. Avanzaban galopando, Leith y todo el ejército.

De fondo ya se divisaba la ciudad de Plahka y habían llegado antes de que anocheciera lo cual significaba que tenían tiempo de sobra para retomar la posición sobre la ciudad.

 

—¡Alto! —ordenó Leith y todo el mundo paró —Soldados y compañeros hemos llegado ante las puertas del enemigo, ha llegado nuestro momento de demostrar de qué somos capaces. Estamos aquí para recuperar la soberanía de Insel. Su rey nos entregó las tierras que gobernaba y nosotros reinaremos sobre estas tierras con vigor, valentía y justicia. Demostrémosles que nunca debieron atacarnos, gritemos el nombre de nuestro rey, rugamos nuestro lema. El León venció al Lobo una vez, ¡volvamos para defender lo que es nuestro! ¡Koira[2] sconfitto al Lupo[3]! ¡Fuerza y vigor!

—¡Fuerza y vigor! ¡Fuerza y vigor! —gritaban los soldados.

—Yo iré primero y acabaré con los guardias, luego os abriré las puertas y lucharemos contra todo aquel que se interponga en nuestro camino. ¡¿Estáis conmigo?! —preguntó Leith y los soldados gritaron emocionados —Manteneros en silencio mientras abro las puertas una vez dentro rugir como leones —Leith desmontó del caballo y se marchó andando entre la oscuridad.

 

Las puertas se abrieron y los soldados entraron en el castillo con fuerza y valentía. Entonces una tormenta de flechas salió a su encuentro, y una granizada de pedruscos. Sorprendidos, los soldados titubearon; pero en seguida volvieron a la carga. Resonaron otra vez las trompetas y una horda saltó hacia adelante, vociferando. Llevaban los escudos en alto como formando un techo y empujaban en el centro dos troncos enormes. Rugientes y veloces cubrían el castillo arrasando a los soldados enemigos.

El ejército erdiano comenzó a gritar el nombre del rey y a rugir su lema para defender aquello que ya era suyo dando por ello hasta su propia vida. De pronto de la oscuridad salió un hombre vestido completamente de negro acompañado por unos mil soldados vestidos con armaduras negras y el símbolo de Insel: el lobo. El hombre de unos 36 años tenía el pelo negro, lacio y corto. Sus ojos eran grises y profundos. Vestía una armadura similar a la de sus hombres acompañada por una capa, y por una espada del color de la noche.  Todo el mundo dejó la lucha esperando a aquel ser de la noche que era evidentemente el jefe de los soldados enemigos se decidiera a hablar con Leith que ahora se encontraba enfrente de él.

—Buenas noches, usted debe de ser Leith capitana de los ambarinos y de este ridículo ejército que ha mandado el rey para intentar gobernar las tierras de Insel. Ahora el poder es nuestro, de la Guardia Negra y tal como debía de ser desde un principio. Nuestro rey os prometió algo que no era suyo: estas tierras. Desde su reinado fuimos nosotros los que velamos por el pueblo, los que realmente gobernaban estas tierras. El rey sólo era una imagen, un hombre frustrado buscando una venganza que jamás consiguió —les explicó el hombre misterioso.

—¿Quién eres? —le preguntó Leith.

—Mi nombre es Darkran y soy el capitán de la Guardia Negra, los soldados de Insel. No permitiré que os hagáis con estas tierras, si las queréis deberéis enfrentaros a nosotros.

Leith se dirigió hasta unos pocos metros del capitán —Mi nombre es Leith Stewart soy la capitana de los ambarinos y representante del rey en esta guerra. Luchad conmigo a muerte capitán, si me vencéis nos marcharemos. ¿O queréis hacer un trato algo más…afortunado para vosotros?

—¿Acaso pensáis que os temo? —Darkran se rió sarcásticamente.

—Hacéis mal en subestimarme capitán, pero es vuestra vida y no la mía, al fin y al cabo, la que está en juego. Decirme capitán ¿estáis listo para morir? —respondió Leith.

—No pienso morir hoy —contestó Darkran mientras se lanzaba con su espada contra Leith —¡Muerte!

—¿Cuánto creéis que durará? —preguntó Emer curioso.

—Yo apuesto 12 roans a que dura menos de cinco minutos —contestó Bastian.

—¿Estás loco? Es el capitán de la guardia negra… —intervino Huor —Apuesto 15 roans a que dura unos once minutos.

—Yo digo que le va a derrotar en unos siete minutos. Apuesto 14 roans —dijo Emer.

 

El capitán se lanzó contra Leith y ella le esquivó con facilidad, se puso a su espalda y le golpeó con la espada. El capitán furioso volvió a atacar contra Leith con toda su fuerza. Leith desenfundó su espada y paró el ataque. Giró la espada, saltó al aire, le dio una patada al capitán y con un ataque le quitó su espada, luego le apuntó al cuello. Darkran la miró sorprendido sin saber que decir, Leith le dedicó una sonrisa.

 

—¿Has contado los minutos Emer? —preguntó Huor.

—Han sido cuatro, Bastian ha ganado —se lamentó Emer mientras ambos le entregaban el dinero a Bastian —Aquí tienes.

—Gracias —respondió Bastian recogiendo el dinero de ambos.

—¿Te das por vencido y me ahorras las molestias? —preguntó Leith.

—¡Matadla! —ordenó Darkran.

Leith le clavó la espada en el pecho —Bueno. ¿Quién será el próximo? —un soldado corrió hacia ella, ni siquiera duró un par de segundos su cabeza rodó hasta los soldados de Erde —Decirme soldados, ¿alguno de vosotros desea también la muerte? Aún estáis a tiempo de rendiros.

—Un soldado de la Guardia Negra jamás se rinde —musitó Darkran en susurros.

—En ese caso tus hombres te acompañarán en tu muerte —respondió Leith.

 

Darkran se aguantó la herida y se fue arrastrando hacia la salida mientras sus soldados luchaban contra Leith, por suerte para él la herida era superficial gracias a su armadura. Así se alejó, rápido y en silencio, hasta llegar al borde de la loma. Allí, eligiendo un espacio libre entre los centinelas, se internó en la noche como una sombra maligna, bajó por la pendiente y fue hasta el bosque dónde reposó a esperar su venganza.

Unos cincuenta soldados se aproximaron a ella y la siguieron Huor, Emer y Bastian a la batalla. Los soldados de la guardia negra iban cayendo muertos uno tras otro. Los soldados de Erde también comenzaron a luchar blandiendo sus espadas y rugiendo el lema de Erde. Leith lanzó un ataque contra uno de los soldados que cayó de rodillas ante ella mientras que Huor disparó una de sus flechas y le dio en toda la yugular. Bastian destrozaba a los soldados con sus propias manos, apenas usaba las hachas de su cinturón, y cuando las usada cortaba las cabezas de sus enemigos de tres en tres.

Emer corría entre los soldados de la guardia negra esquivaba sus ataques y les robaba todas sus armas, algunos ni siquiera pudieron protegerse del ataque del ejército erdiano gracias a las travesuras de Emer.

Huor blandió una espada enemiga y con ella mató a un soldado a la espalda de Bastian, una mirada de complicidad lo dijo todo.  Leith miró al ejército enemigo cada vez más y más pequeño, pues a pesar que los superaban en gran número la fuerza y valentía de los soldados erdianos les brindaba una fuerza nunca vista. Tal fue así que su victoria llegó antes de que saliera el sol por el horizonte. Una vez vencidos, el ejército enemigo dormía en el suelo del castillo negro ahora lleno de sangre y muerte.

Los soldados erdianos gritaban de júbilo, habían perdido unos cuantos hombres en el trascurso de la guerra, pero habían ganado.

 

Leith se acercó a los hombres del ejército y ellos se callaron dejando a hablar a la capitana —Soldados de Erde hemos recuperado la soberanía sobre Insel. El reino de oscuridad se ha terminado.

—¡Por la capitana! —gritó Huor y soldados gritaron después lo mismo.

—¡Koira sconfitto al Lupo! ¡Fuerza y vigor! —exclamó Leith.

—¡Fuerza y vigor! —gritaron los soldados.

—Celebremos nuestra victoria compañeros —anunció Leith y todos la vitorearon.

 

La celebración tuvo un sabor agridulce porque habían perdido varios hombres, pero al mismo tiempo estaban felices puesto que las pérdidas habían sido insignificantes teniendo en cuenta que los superaban enormemente en número. Los soldados enterraron los cuerpos de sus compañeros y brindaron en su honor. Leith envió inmediatamente una paloma mensajera al rey con la gran noticia de su victoria en las tierras del norte. La noche en el castillo fue una celebración, incluso el pueblo lo celebró cuando se enteraron de la noticia; era evidente de que estaban hartos de la explotación que habían sufrido por parte del antiguo reinado. La noche fue larga y apenas pudieron descansar, pero fue una noche llena de alegría y fiesta; sin duda habían conseguido una gran victoria.

 

Leith despertó a los chicos temprano —Chicos tengo que despedirme.

—¿Te marchas de nuevo? —preguntó enfadado Emer.

—Sí, pero volveré; nos volveremos a reencontrar en Kusha —dijo Leith.

—¿Y por qué te vas en esta ocasión? —le preguntó Huor.

—Hace días que no tengo noticias de Yael y creo que puede estar gravemente herido así que voy a salir a buscarle y llevarle a Kusha. Dejaré al mando a Huor como de costumbre.

Huor y Bastian se acercaron de nuevo hasta Leith. Huor la miró fijamente —Leith, ¿te marchas ya o…? —Leith asintió como respuesta —Es una pena, te vas a perder lo mejor.

—¿Lo dices por el viaje de vuelta? —preguntó Leith.

—No, lo digo porque te perderás la coronación del virrey. Será una fiesta increíble.

—¿Y de quién se trata? —volvió a preguntar Leith.

—De un noble de confianza del rey, por lo menos hasta que decidan un sucesor adecuado para el cargo —comentó Bastian.

—Bueno chicos siento dejaros de nuevo, pero nos veremos de nuevo en Kusha —intervino Leith.

—De acuerdo —dijo sonriente Bastian —Adiós capitana.

 

Leith se despidió de los chicos y se fue a buscar a Hest con el cuál cabalgó hasta llegar a la costa, una vez allí decidió guardar a Hest en el colgante y seguir volando. Su viaje fue bastante corto, lo largo fue la búsqueda que realizó hasta encontrar a Yael.

Leith le vio hablando con Katara mientras Yael descansaba para recuperar fuerzas. Yael la vio desde lejos galopando sobre Hest, ella se bajó de él al verle.

 

—¡Yael! —Leith le abrazó —Estás vivo. Siento haber tardado tanto en ir en tu busca.

—Lo importante es que has venido, ven te quiero presentar a alguien —Yael la llevó hasta Katara quien la recibió con una sonrisa —Te presento a Katara hija de Indra y Eredia. Me ha salvado la vida. Katara te presento a Leith, la capitana del grupo.

Katara le estrechó la mano a Leith —Es un placer conocerte.

—Le he planteado a Katara unirse a nuestro grupo, cuantos más mejor —comentó Yael.

—Bueno es una semidiosa no nos vendría mal, pero ¿sabe luchar? —preguntó Leith.

—¿Quieres comprobarlo? —preguntó Katara.

—Ponte en posición —le respondió Leith.

 

Katara fue la primera en atacar, Leith ni siquiera desenfundó su espada simplemente fue esquivando. Katara se quitó el látigo y lo lanzó lejos, luego atacó a Leith con su lanza, ataque que esquivó fácilmente. Leith le dio una patada en la mano y le quitó la lanza, Leith la miró pensativa.

 

—Aún tienes mucho que aprender, pero no está del todo mal —le devolvió la lanza con una sonrisa —Bueno Yael, ¿estás listo para irte? —Yael asintió —Monta en Jan con Katara, pues.

 

Katara se subió a Jan después de Yael y cuando estuvieron listos comenzaron a volar juntos. Leith pensaba en Katara, ¿sería la misma de la que le había hablado Liv? Por el camino debieron atravesar Stein y tuvieron la mala suerte de encontrarse con una tormenta de arena. Tuvieron que parar en medio del desierto. La tormenta de arena pasó, pero de dentro de ella pudieron ver salir a Vali. Vali era uno de los ángeles oscuros cuyo poder era controlar y manejar el viento. Su piel era blanca como la luna, sus ojos lilas y su pelo negro como la noche a juego con su vestido y su báculo que usaba como arma.

 

—Sabía que os encontraría, Nadezhda nos ha impedido acercarnos a vosotros hasta que no consigamos un ejército lo suficientemente grande como para derrotaros, pero desde mi punto de vista no hará falta tal cosa. Yo misma os mataré —dijo Vali entre risas tenebrosas.

 

Leith y Yael atacaron a Vali, pero la ráfaga de viento que les lanzó Vali les impedía ver. Luchaban a ciegas y por si fuera poco sus poderes eran inmensos; no podían vencerla.

Leith recordó su encuentro anterior con la narca, ya había luchado anteriormente sin el sentido de la vista, podía hacerlo una vez más. Acometió contra Vali un golpe certero en su torso, Vali gritó de dolor, pero el sabor a victoria duró poco. Vali le golpeó a Leith en la cabeza con báculo y ésta salió disparada a varios metros.

Vali les comenzó a enterrar bajo la tierra, no podían hacer nada, les tenía completamente controlados bajo aquel huracán. Katara la alcanzó y pudo arrebatarle el báculo a Vali, y el huracán cesó.

Leith respiraba con dificultad y Yael fue en su ayuda inmediatamente, aquella presión había sido demasiado para ella. Vali llamó a su báculo y acudió a ella como un rayo, e inmediatamente supieron que aquello no había hecho más que comenzar.

Un torbellino les elevó a los tres hasta el cielo, la caída era inmensa, a aquella altura podían quedar descabritados. La sangre de Vali corría por el aire y eso significaba solo una cosa: estaba preparando su muerte. El viento cesó y comenzaron a caer. Entonces un escudo invisible consiguió parar la caída. Leith había conseguido acceder a sus poderes, sin embargo, había quedado agotada; tanto que había quedado desvanecida entre los brazos de Yael. Yael miró a Katara suplicando ayuda, y ella asintió. Katara también accedió a sus poderes era la única manera de vencer a Vali. Katara dio un puñetazo en el suelo y se crearon una gran onda expansiva que llegaron hasta Vali y la tierra se echó sobre ella. Mientras Vali se libraba de la tierra con el viento Katara y Yael cubrieron sus armas con sangre y comenzaron a luchar. El viento comenzaba a danzar a su alrededor, el oxígeno comenzaba a faltarles, pero no se dieron por vencidos. Vali propulsó un torbellino contra Katara y salió disparada, Yael aprovechó para ir a por ella. Sin embargo, era muy rápida y Yael sólo pudo clavarle su espada a Vali en una pierna.

Vali le lanzó otro torbellino a Yael y le lanzó a varios metros, la batalla parecía perdida, pero entonces de pronto el viento cesó y Vali cayó al suelo del desierto con la lanza de Katara clavada en su estómago. Katara había conseguido vencer a Vali, Leith la miró a Katara a los ojos, sin duda era la chica de la que Liv le había hablado…

[1]                     Narca: Criatura fantástica que puede convertirte en piedra con la mirada. Tiene cola de serpiente que termina en aguijón de escorpión, torso de mujer y cabeza llena de serpientes. Es popularmente conocida el ejemplo de Medusa.

[2]                     Koira: símbolo o emblema del reino de Erde que es un león. El color de su bandera es el rojo.

[3]                     Koira sconfitto al Lupo: significa el león venció al lobo.

Autor: elenasiles

En 2014 publiqué mi primer libro impreso "La Prueba". En 2019 publiqué La Guerrera Drager , en 2020 Piratas de Sagara y en 2021 Los Guardianes de Almas. Fui directora de YouAreWriter desde 2013 a 2019. He participado como autora en Renacer, Antología Benéfica (2020), en Invencibles, Una antología benéfica (2021) y en Antología Recuerdos de Tinta (2021). Además he coordinado, editado y publicado Antología Show Your Rare (2020) , Antología Sueños de Aire (2020) y Antología Criaturas de la Noche (2021) Mi email es: youarewriter.wordpress@hotmail.com Mi blog: www.elenasaavedrasiles.wordpress.com

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