Guerra de Dioses cap 6 por Elena Siles

Capítulo 6

Huor, Bastian y Emer miraban impotentes como Leith y Yael se marcharon cabalgando rumbo a Insel. Bastian se acercó a Huor y le dio una palmadita en el hombro.

—Por mi culpa se ha ido…—susurró Huor.
—No ha sido culpa tuya sino de Sombra Gris —le consoló Emer.
—Gracias pequeño, aunque eso nunca podrá saberlo ella. Jamás me creerá.
—La verdad siempre sale a la luz —afirmó Bastian.
Huor bajó la cabeza triste y susurró —Ojalá me perdonara…
—Vamos, te invito a una cerveza —le ofreció Bastian.
—No gracias, me voy a mi habitación a dormir un poco —Huor se marchó cabizbajo.
—Tenemos que organizarle una buena fiesta, a lo mejor así se anima —sugirió Emer.
—No, créeme en estos casos lo mejor es que el tiempo haga su efecto. Necesita estar solo, te lo digo por experiencia. Además, Leith volverá en unos días y seguro que se queda. Tan sólo estaba un poco enfadada, pero no dejará el grupo —explicó Bastian.
—Me alegra oír eso, bueno pues yo me voy a investigar por el castillo —dijo Emer alegre.
Bastian observó cómo se iba Emer dando saltos —Este chico nunca madurará.

Bastian se marchó a buscar al rey. Lo encontró en su despacho en el ala este redactando un escrito y observando un cuadro de la pared de vez en cuando. Bastian tosió, a pesar de haber llamado y haber entrado el rey seguía embelesado con aquel cuadro. Como era lógico Bastian no pudo evitar mirar el cuadro. Era el retrato de una mujer rubia de ojos azules.

—Es preciosa, ¿verdad? —comentó el rey. Bastian se volvió algo avergonzado —No te preocupes, es normal sentir curiosidad. Es mi esposa que como sabes falleció hace unos años. Vita, ese era su nombre. Cada vez que miro a Ámber me da la impresión de que estoy mirando a mi esposa. Se parecen tanto…
—Majestad me preguntaba que en el hipotético caso de que Leith no quisiera volver a los ambarinos y se disolviera el grupo…cuál sería el futuro de los demás.

—Pues con respecto a Huor volvería a ser capitán de los arqueros, con respecto a Emer creo que lo pondré como espía en Stein. A pesar del pacto siempre es bueno tener gente por todas partes. Es el que mejor se conoce la zona así que sería lo más apropiado, tendría un nuevo grupo que también son espías residentes allí, unos tres más sino me equivoco. En cuanto a ti… bueno eres un buen guerrero. Serías parte de mi ejército o tal vez continuaras con misiones para mí —explicó el rey.
—¿Y Leith? —se atrevió a preguntar Bastian.
—Bueno en caso de que volviera a servirme no disolvería el grupo. Si ella no quisiera volver a entrar entonces la pondría como dirigente de mis tropas. Y si tampoco le parece satisfactorio entonces sería ella y no tú quien me realizara misiones especiales. No sé qué decidirá, si decide volver yo desde luego la esperaré con los brazos abiertos.
—Una última cosa más… Si Leith no volviera de su misión, ¿qué sucedería?
—Habría una guerra contra Insel en la cual se unirían prácticamente todos los reinos, de eso estoy seguro. No pienso arriesgarme a que me quiten a mi hija, ella es todo lo que quiero en esta vida.
—Gracias por recibirme majestad —Bastian salió de la habitación y cerró la puerta.

Bastian caminó hasta su habitación, cerró la puerta y se dirigió hacia el escritorio. Se sentó delante de él, sacó un pergamino, una pluma y tinta; y empezó a escribir. Si el rey tenía razón seguramente habría una guerra contra Insel y matarían a todos los ciudadanos allí residentes incluidos a sus dos hijos que ese momento estaban al cuidado de su hermana. Debía avisarla antes de que fuera demasiado tarde. Bastian sabía que estaba cometiendo traición, estaba escribiendo una carta a un ciudadano de Insel para avisar de un posible ataque de guerra contra el país; pero él sólo podía pensar en sus hijos. Durante estos cuatros años apenas había podido ir a visitarles… y ahora se arrepentía enormemente de no habérselos llevado consigo a Erde. Estaría traicionado al rey, al reino, al grupo, pero sino lo hacía se traicionaría a sí mismo. Mojó la pluma en tinta y comenzó a escribir:

“Hermana, te escribo para pedirte que viajes con los niños a Erde y te establezcas aquí definitivamente. Lamento no haberte escrito antes, pero he estado bastante ocupado con mi trabajo. Por favor ven lo más pronto posible es muy importante que salgas inmediatamente porque habrá un ataque de guerra contra Insel próximamente”
“No puedo contarte mucho más, pero sé que os matarán si seguís allí asique huid antes de que lleguen los soldados. Dales a los niños un beso de mi parte. Te quiere, tu hermano, Bastian”.

Bastian terminó de escribir con sudor entre las manos del miedo que poseía en su cuerpo. Se marchó poco después a los palomares para enviar la carta, una vez que la paloma comenzó a volar se tranquilizó. Se dirigió al gremio de las casas y les pidió una vivienda para cuatro personas en un plazo de cinco días máximo, por suerte había una a la venta. La compró con el resto del dinero de la misión y volvió a su habitación. Una vez dentro se tumbó en su cama para descansar.
Emer caminaba por los pasillos del castillo visitando cada rincón y escondite que encontraba. Bajó unas escaleras que lo condujeron hasta el mausoleo familiar de los reyes de Erde. Allí estaban enterrados todos los reyes y reinas que habían gobernado Erde. En total habría aproximadamente unas veintiséis estatuas que representaban a los reyes y reinas. Entonces Emer se fijó en que había tres ataúdes que ocupaban una posición privilegiada. Se dirigió primero hacia los dos del fondo, eran los fundadores del reino los primeros reyes de Erde. Emer se dirigió hacia el otro ataúd que tenía el busto con la imagen de una reina. Era especialmente bella. Pudo leer en el ataúd una placa que ponía: “Vita, esposa del rey Zenón y madre de Ámber. Fallecida el 16 de Abril de 1590”.
De pronto se fijó en que el ataúd estaba encajado asique había sido abierto anteriormente. Emer preocupado abrió el ataúd con mucho esfuerzo y cuando comprobó el interior su cara palideció. Comenzó a correr de una forma casi exagerada para buscar al rey. Encontró al rey en el despacho después de una búsqueda frenética lleno cansado y apenas podía hablar. Llamó energéticamente a la puerta, el rey abrió la puerta pocos minutos después, cuando vio la cara de preocupación de Emer supo que algo había pasado.

—Hola Emer. ¿Qué sucede? ¿Estás bien? ¿Está mi hija bien? —Emer asintió porque aún seguía sin poder hablar —Respira hondo y cuéntame qué ha pasado.
Emer se tranquilizó —Han robado los restos de su esposa del mausoleo familiar.
De pronto la cara del rey cambió radicalmente —¿Cómo sabes tú eso?
—Estaba caminando por el castillo cuando bajé al mausoleo y descubrí que el ataúd de su esposa estaba encajado… así que lo abrí y entonces vi que estaba vacío —respondió Emer.
—¡¡Guardias!! —Gritó el rey y unos tres guardias acudieron a él enseguida —Acompañarme hasta el mausoleo, necesito comprobar una cosa.

Emer, el rey y los tres guardias bajaron las escaleras. En cuanto vieron el ataúd abierto las peores sospechas del rey fueron confirmadas y Zenón ya no pudo aguantar más las lágrimas. Emer se quedó a su lado sin saber qué hacer. El rey pidió que llamaran a su hija. Emer cumplió aquella orden rápidamente. Corrió hasta el jardín y encontró a Ámber con su prometido Samir charlando.

—¡¡Princesa!! —gritaba Emer mientras llegaba hasta ella —¡¡Princesa!!
Ámber se volvió para Emer —¿Qué sucede? ¿A qué viene tanto jaleo?
—Su padre la llama, es urgente —Emer la cogió de la mano y se la llevó.
—¿Pero qué haces? ¡Suéltame! —decía la princesa mientras Emer la llevaba al castillo.
Al final la princesa cedió y corrieron hasta el mausoleo. Encontraron al rey llorando en el suelo y a los tres guardias esperando fuera. Ámber se arrodilló junto a su padre y le abrazó con dulzura —¡¡Padre!! ¿Qué sucede? —Emer le hizo girar la cabeza hasta el ataúd abierto. La princesa se tapó la boca impresionada —Por los dioses…
—Siento haberla traído hasta aquí de esta manera princesa… pero como puede ver… Era bastante urgente —intervino Emer —Si quiere puedo ir a buscar a Huor, él averiguará lo qué ha sucedido aquí. Usted llévese a su padre y tranquilízale. ¿De acuerdo?
—Sí —musitó ella. Ámber levantó a su padre con esfuerzo —Vamos papá, tus hombres se ocuparán de esto. Averiguarán qué ha pasado y darán con el culpable.

El rey se levantó y se marchó con su hija. Emer se dirigió a uno de los guardias y le miró seriamente —Busque a Huor y a Bastian —el guardia asintió y se marchó con prisas —Vosotros dos vigilad la entrada y asegurarse de que tan solo entren mis compañeros.

Parecía que lo habían entendido así que Emer volvió a la sala y se sentó en las escaleras a esperar a Huor y a Bastian. Cerró los ojos y se pasó las manos por el pelo frustrado. Huor llegó a su habitación con rostro sombrío. Primero se sentó en la cama sin saber qué hacer salvo llorar, pero luego comenzó a ponerse muy furioso. Tiró las cosas de su escritorio al suelo y entonces se tranquilizó.
Se tumbó en la cama y al tiempo, un tiempo que le pareció eterno, alguien llamó a la puerta. Era un guardia que le dijo que se dirigiera al mausoleo, Huor obedeció a regañadientes. Por el camino se encontró con Bastian y fueron juntos hasta el mausoleo; y en la entrada de las escaleras se encontraron dos guardias que al verles se retiraron para dejarles pasar. Luego vieron a Emer sentado en las escaleras esperándoles y al alzar la vista y ver el ataúd abierto comprendieron porqué habían sido llamados con tanta urgencia.
Huor miró a Bastian conmocionado —Por los dioses. Dime que no es cierto —Huor miró a Emer buscando una negativa, pero tan sólo consiguió confirmar su teoría —El rey debe de estar destrozado ¿Lo sabe alguien más aparte de él?
—Los guardias que has visto, su hija y nosotros. Nadie más que yo sepa —respondió Emer.
—Solo hay alguien que hiciese algo así —intervino Bastian —Y todos sabemos quién es.
—No tenemos que dar por supuesto nada Bastian —le advirtió Huor —Sí es bastante probable que haya sido el reino de Insel, pero tenemos que buscar pruebas primero.
—Miremos en el ataúd, puede que haya algo —sugirió Emer.
Huor se acercó hasta el ataúd, tenía en el fondo una cama para dejar descansar los restos, pero estaba impoluta —Que extraño.
—¿Qué sucede? —preguntó curioso Emer.
—La cama en la cual descasaban los restos está intacta. Si los restos hubieran estado aquí estaría manchada, pero no tiene ni una sala mancha.
—¿Qué quieres decir Huor? —le preguntó Bastian.
—Pues que los huesos los robaron hace mucho tiempo, antes de que el cuerpo comenzara a descomponerse —contestó Huor.
—O puede que saliera ella. —insinuó Emer.
—¡¡¿Qué?!! —dijo asombrado Bastian —Eso significaría…que aún podría estar viva
—Si ella está viva… ¿Por qué no volvió con su marido? —dijo Huor.
—¿Y si la mataron luego? —sugirió Emer —Podrían haberla envenenado, pero no funcionó, el asesino se dio cuenta justo a tiempo, cuando ella intentaba salir. Entonces le golpeó y la mató en otro sitio. Y se llevó el cadáver.
—No tiene sentido. ¿Por qué llevarse el cadáver? ¿Qué mejor sitio para esconder un cadáver que un ataúd? ¿Quién iba a mirar dentro?
—Huor tiene razón, Emer. Y si está viva no tiene sentido que no pidieran un rescate, era la reina. Podrían haber pedido un rescate muy alto, pero no lo hicieron. Así que… ¿Qué sentido tendría simular su muerte?
—Podría haber muerto y alguien haber robado los huesos para hacer daño al rey, y lo ha conseguido, solo que mucho después de lo que había planeado —propuso Emer.
—Es lo más lógico. ¿Pero quién lo hizo y por qué? —se preguntó Huor.
—Alguien que odiara al rey —respondió Bastian.
—¿Y quién odia tanto al rey cómo para hacer eso? —preguntó Emer
—Deberíamos preguntarle al rey —afirmó Huor.
—¿Estás loco? —dijo irónicamente Bastian.
—Lo sé, no es que sea precisamente el momento. Quizás podamos esperar a mañana.
—Estoy de acuerdo con Bastian, el único que sabe quién le odia como para hacer algo así es el propio rey. Así que no nos queda otra que preguntarle —respondió Emer.
—Vale, pero yo no pienso hacerlo —dijo Bastian.
—Lo haré yo —se ofreció Huor —Soy el capitán después de todo. Pero esperaremos hasta mañana, le diremos al rey que necesitamos descansar y que mañana proseguiremos con la investigación.
—Me parece buena idea porque ya es tarde —comentó Emer con un bostezo.
—Nos reuniremos mañana a las 10 desayunados en el despacho del rey —ordenó Huor.

Los chicos se fueron a dormir. Cada uno con los pensamientos en una parte diferente, Huor pensaba en Leith, Bastian en sus hijos y Emer en la reina. Al día siguiente se levantaron temprano y coincidieron en el desayudo. Nadie dijo nada, estaban demasiados cansados y necesitaban reponer fuerzas. Terminaron de comer y caminaron hasta el mausoleo.

El rey les estaba esperando —Buenos días ambarinos.
—Majestad… no era necesario que… —comenzó a decir Huor, pero no terminó la frase al ver la expresión del rostro del rey —Estaremos encantados de tenerle con nosotros para la…
—No es que haga falta mucha investigación capitán —le cortó el Rey.
—¿A qué se refiere? —preguntó Emer curioso.
—A que ya sé quién ha sido —le respondió el rey —Sé que no se deben tomar conclusiones precipitadas, pero no conozco a nadie más que me odie tanto como para hacer esto.
—¿Y quién es? —preguntó Bastian.
—Mi hermano y rey de Insel, Darren. Él y yo siempre estábamos rivalizando entre ambos. Nunca jamás hemos sido amigos, pero hubo un suceso que nos convirtió en enemigos para toda la vida y es que yo me casara con su prometida. Hice investigar la muerte de mi esposa, pero no encontró nada salvo especulaciones. Y ahora esto… —Zenón se volvió hasta ellos y les miró con rostro de desesperanza —No sé qué fue de mi esposa ni dónde está, pero sé que mi hermano morirá ya sea a manos de Leith o en las mías. Porque libraré una guerra contra Insel hasta que aparezca los restos de mi esposa y si por ello tengo que matar a todo hombre, mujer y niño de ese despreciable reino, lo haré. He sido benévolo y bondadoso durante demasiados años, pero eso se acabó. No habrá descanso, no habrá paz al menos que mi esposa vuelva dónde debe estar, mi hermano esté muerto y yo pueda ver su cabeza colgada de una pica para que todos sepan que es lo que pasará si me atacan.
—Majestad —intervino Huor algo —Le prometo que se hará justicia. Todos nos uniremos a vuestro ejército.
—Gracias, sois hombres fieles y grandes guerreros, pero ahora si me disculpáis debo descansar —el rey se marchó a paso decidido.
Una vez el rey se había marchado, Huor fue el primero en hablar —Debemos de averiguar cómo y cuándo entró Darren aquí. Bastian pregunta a los soldados de la guardia real qué es lo que recuerdan sobre aquella noche. Mientras yo y Emer nos quedaremos aquí y averiguaremos cómo entró Darren —Bastian asintió como respuesta y se marchó corriendo.

Huor miró al mausoleo, habían cerrado el ataúd, pero por lo demás estaba igual que el otro día.
Los huesos debían haber sido robados la misma noche del funeral sino la cama tendría algunos restos, pero no había nada. Así que debía de haber alguna forma de burlar la seguridad. ¿Pero cómo? Bastian estaba con el capitán de la guardia tras una búsqueda algo larga consiguió encontrar a alguien que estuviera la noche del funeral de la reina.

—Bueno entonces, ¿qué recuerda exactamente de aquella noche? —preguntó Bastian.
—¿Te han enviado a ti para hacer las preguntas? —preguntó con despectiva el capitán.
—Pues sí. Por favor responda a la pregunta que le he hecho.
El capitán le miró extrañado, pero al final habló —Recuerdo que tras la tragedia el rey hizo salir a todos los soldados del mausoleo para quedarse un tiempo a solas con su esposa. Luego subió a su habitación y cerramos las puertas. Nadie más entró al mausoleo hasta el día siguiente.
—¿Y qué hay de la seguridad? ¿Cómo consiguieron burlarla? —preguntó Bastian.
—No lo sé —le cortó el capitán —Pero conozco a mis hombres y sé que nadie jamás haría algo así. La seguridad que hubo en aquella semana fue la mejor que hemos tenido en décadas. Las puertas se cerraron con llave y nadie salvo el rey podía abrirlas.
—¿A qué hora se cerraron las puertas?
—A las doce de la noche aproximadamente —respondió el capitán a Bastian.
Bastian asintió, ya sabía todo lo que necesitaba saber —Gracias capitán —Bastian caminó hasta el mausoleo y se encontró con los chicos —Ya estoy de vuelta.
—¿Cómo te ha ido? —le preguntó Huor mientas observaba a las estatuas.
—Bastante bien —respondió Bastian —El capitán me ha asegurado que las puertas se cerraron aquel día y que la seguridad era perfecta así que…
—Tuvieron que estar dentro o entrar de una forma que los demás desconocían… Tal vez… a través… —en ese momento Huor se puso pegado a la pared dando golpecitos a ésta. Bastian y Emer se quedaron un poco confusos hasta que comprendieron que estaba buscando un pasadizo secreto —La única forma de entrar y salir es por un túnel. Tiene que haber algo que lo active…
De pronto las tripas le rugieron a Emer —Ups.
—Quizás deberíamos cenar primero y esperar a esta noche para seguir —sugirió Bastian.
—Si bueno, supongo que ese pasadizo no se va a ir a ninguna parte y me muero de hambre así que acepto la oferta —dijo algo más animado Huor.
Los chicos se fueron a comer y cuando terminaron de cenar de pronto sonaron las cornetas. Alguien había llegado al castillo. El rey estaba hablando con su hija y Samir en la recepción del castillo cuando Leith apareció por la puerta montada sobre Hest con un saco en la espalda.

—Le traigo las cabezas del rey de Insel y del traidor majestad, tal y cómo ordenasteis mi rey —Leith se bajó de Hest, hizo una reverencia rápida y dejó el saco en el suelo.
El rey fue a abrazarla —Gracias.
Leith se separó del rey —Era mi cometido señor. He vuelto lo más pronto que he podido. Yael está guardando la posesión de la capital hasta que lleguen nuestros hombres y así tomar Insel; señor.
El rey miró al saco —¿Puedo? —Leith asintió y le entregó el saco; el rey miró dentro y sonrió inmediatamente —Has hecho un gran trabajo. Te libero de todas tus misiones y obligaciones y te otorgo la libertad de decidir tu futuro.
—Gracias majestad, pero me he dado cuenta de que mi futuro siempre estará con mis compañeros. Si aún soy bienvenida aceptaré todas las misiones que me encomendéis.
—Por supuesto que sí Leith —De pronto se escucharon un gran estruendo y el grito de mujer procedentes del mausoleo —¿Qué ha sido eso? —preguntó el rey confuso.
—Puede que sea un ataque majestad, id a vuestras habitaciones. Nosotros iremos a ver qué es lo que sucede —le respondió Leith.
Leith se reunió con Huor, Bastian y Emer, y corrieron hasta el mausoleo. Había una nube de polvo enorme; pero se fue disipando hasta dejar ver una silueta conocida, ninguno daba crédito a lo que veían sus ojos. Leith guardó su espada y sonrió.

Yael se había quedado atrapado detrás de un muro en el castillo de Insel. Bueno tras intentar en vano volver abrir la puerta decidió encender una antorcha. Al darse la vuelta vio a una mujer encadenada a la pared. Yael corrió hacia ella y comprobó si respondía. Ella le miraba confusa y con miedo. Sus ojos eran azules; y su pelo era rubio, ondulado y largo. A pesar de su palidez y su ropa roída poseía una belleza innata. Tenía cardenales y arañones por todas partes. Vestía una camisa y un pantalón roído con lo que quedaba de unas zapatillas todo de color blanquecino.

—Te voy a liberar —Yael desenfundó su espada y cortó las cadenas —¿Mejor? —la mujer asintió asustada —Perdona si te he asustado. Mi nombre es Yael y he venido para matar al rey de Insel. Lo he conseguido, pero me he quedado atrapado aquí por error. ¿Cómo os llamáis vos?
—Vita.
—Encantado. ¿Sabes si hay algún tipo de salida? —Vita le señaló la pared —Tranquila te sacaré de aquí —Yael corrió hacia la pared y ésta se derrumbó. Detrás había un túnel bastante largo. Yael cogió a Vita en brazos y la llevó dentro del túnel —Cuidado con la cabeza —Entonces vio que al lado había una especie de trineo de hierro con ruedas —Se me acaba de ocurrir una idea —montó a Vita en el trineo y luego se subió Yael. Entonces empujó el trineo —Agárrate bien, va a ser un viaje movidito.

Yael empujó el trineo y empezaron a deslizarse por el túnel. Estaba muy oscuro y Vita gritaba con cada curva que pasaban. Estuvieron viajando durante horas, perdieron la noción del tiempo, pero por fin llegaron al final del túnel. El trineo se paró a pocos metros de una pared. Yael dejó a Vita a un lado y derribó la pared. Volvió a por ella y cuando bajó el polvo pudo ver a Leith.

—¿Leith? —preguntó Yael confuso.
Leith corrió hacia Yael y le abrazó —No me lo puedo creer.
Yael seguía sin comprenderlo. Huor le ayudó —¡Es la reina! —dijo él impresionado.
—Pero si se supone que estaba muerta… —comenzó a decir Emer asombrado.
—Me envenenaron para que lo pareciera y hacerme prisionera. El rey de Insel me encerró para dar una lección a mi marido, habéis tardado mucho en venir a buscarme —respondió Vita —¿Estoy de verdad de vuelta a casa? —dijo emocionada ella.
En ese momento Yael se dio cuenta que sostenía a la reina casi desnuda en sus brazos y miró para otro lado —Creo que sería buena idea poneros algo menos roído, majestad.
La reina se rió —Tenéis razón. Llevarme a que me den un baño y me vistan. Decirle al rey que he vuelto a casa —Yael ayudó a ponerla en el suelo, pero apenas podía andar —Hace tiempo que no uso las piernas… ¿Podrías llevarme? —Yael asintió y la cogió en brazos de nuevo —Gracias.

El rey había vuelto a sus habitaciones estaba mirando el cuadro de su esposa con gran pesar cuando alguien llamó a la puerta. Era Leith con una sonrisa de oreja a oreja.
—Buenas noches majestad. Tengo buenas noticias, su esposa ha vuelto a casa.
El rey se relajó, entonces Leith se apartó y vio a su esposa detrás. Su pelo estaba recogido en una trenza, vestía un vestido naranja que se volvía rosa conforme se iba a alejando del torso. Yael la ayudaba a mantenerse en pie —Oh por los dioses…—Al rey se le escaparon unas lágrimas. Fue a abrazar a su esposa así que Yael decidió apartarse —Mi querida Vita has estado viva todo este tiempo, yo te daba por muerta… Jamás creí que volvería a verte…
Vita también comenzó a llorar —No te imaginas lo que he pasado durante tantos años… Encerrada, esperando un poco de luz, esperando volver a casa contigo y Ámber.
Zenón miró a Leith y a Yael —No sé cómo daros las gracias.
—No libréis una guerra contra Insel, conquistar el reino; pero no matéis a nadie sino es estrictamente necesario. Ellos no tienen la culpa de tener un rey como el que tuvieron. De hecho, nosotros somos muy afortunados de tenerle a usted —contestó Leith.
El rey asintió —Incluso en la adversidad y en la oscuridad sois fiel a vos misma y a vuestros ideales. Por eso eres mi mejor caballero Leith. Descansad esta noche, mañana encontraréis vuestra recompensa en vuestras respectivas habitaciones.

Leith y Yael se marcharon para dejar a los reyes solos. La princesa ya había sido informada de la gran noticia y había preparado una fiesta para el día siguiente para celebrarlo. Huor, Bastian y Emer se reunieron con Leith y Yael en el pasillo para charlar antes de irse a dormir.

Emer se colgó de Leith —¡No te vayas nunca más!
Leith lo dejó en el suelo —No lo haré.
—¿Vuelves a nuestro grupo? —preguntó Emer ilusionado.
—Jamás me marcharía —respondió Leith abrazándole.
—Sabía que volverías —afirmó Bastian —Al final nos has cogido cariño y todo.
Leith sonrió —La verdad es que sí. Además, no iba a dejar a Huor mucho más al mando. El pobre se volvería loco. Por cierto, con respecto tu daga, creo que la tiene la princesa.
—No, me la devolvió poco después. Tranquila —contestó Huor.
—Me alegro de que vuelvas con los tuyos Leith —intervino Yael con voz algo triste puesto que la echaría de menos —Me ha encantado hacer esta misión juntos.
—Como en los viejos tiempos —Leith le abrazó y luego se separó —No te preocupes volveremos a vernos pronto Yael.
Yael asintió, ¿cómo atraparían a los ángeles oscuros? Bueno ya habría tiempo de pensar en eso más adelante, ahora le tocaba donar sus alas para cerrar las puertas del Averno y se marcharía aquella misma noche —Hasta pronto Leith.
—Espera Yael —intervino Huor —Si quieres puedes unirte a nuestro grupo, no nos vendría mal un guerrero tan bueno como tú.
Yael se quedó realmente impresionado —¿De veras?
—Si has cumplido con esta misión puedes con cualquier cosa —intervino Bastian.
—Además así tendré a alguien nuevo a quien poder chinchar —comentó alegre Emer.
—Bueno chicos, eso está muy bien. Pero no depende de nosotros… —respondió Leith.
—No creo que el rey ponga ninguna objeción —aseguró Bastian.
—Gracias chicos, pero la heroína es Leith. Sin ella no habría podido hacer la misión.
—Eso lo sabemos, pero aun así es un gran trabajo el que hiciste —le contestó Bastian.
—Bueno tienes que ser aceptado por la capitana —propuso Huor.
Leith le miró y asintió —Puedes unirte a nosotros.
Yael la abrazó y le susurró —Eso será dentro de un par de días, ¿de acuerdo?
Ella le miró y lo comprendió —¿Te marchas ya?
—No creo que los dioses aguanten mucho más, debo donar las alas antes de que sea demasiado tarde. He esperado demasiado —le volvió a susurrar Yael.
—Quiero macharme contigo —le confesó.
—Acabas de volver, aprovecha y quédate con tu grupo. Descansa un par de días. Te prometo que volveré —Yael se apartó de ella y dijo en voz alta —Bueno tengo sueño así que…
—Adiós Yael —se despidió Leith y Yael se marchó —Gracias chicos, de verdad.
—Se nota que él es importante para ti, así que… —comenzó Huor.
—Sí que lo es, me salvó la vida en más de una ocasión —Leith comenzó a recordar cosas de nuestras aventuras en el pasado —Le echaba de menos.
—¿Por qué os separasteis? —preguntó Bastian.
—El rey me convocó para una misión y… él se marchaba lejos —mintió Leith —Pensé en escribirle, pero cada vez se iba posponiendo más hasta que dejó de tener sentido escribirle. Una misión tras otra, pero ahora que ha vuelto a mi vida… No se encuentran amigos así. Y cuando me avisó de que necesitaba mi ayuda, me fui inmediatamente. Siento no haberos contado nada.
—Pero… ¿no estáis juntos? Como pareja quiero decir —intervino Huor.
—No, cada cosa a su tiempo —explicó Leith —Bueno chicos necesito que me dejéis a solas con Huor, por favor.
—Hasta mañana Leith —dijeron Bastian y Emer, y se marcharon a sus habitaciones.
—Huor… Debo pedirte perdón. Me encontré con Sombra Gris y confesó que te había hechizado para despistarnos e introducir hombres de Insel en el castillo; secuestrar a la princesa y liberar al traidor. No te imaginas lo estúpida que me sentí por no haberte escuchado y haberme enfado por algo de lo que no tenías nada que ver. ¿Me perdonas?
Huor la abrazó —Por supuesto, tú no lo podías saber y la verdad es que me comporté como un idiota. Siento haberte dicho las cosas que te dije; no era nada cierto, de veras.
—Lo sé —Leith le miró a los ojos profundamente —No tienes por qué pedirme perdón.
—Por cierto, estás muy guapa con tu nuevo conjunto —comentó Huor con una sonrisa.
—Gracias —Leith le dio un beso en la mejilla —Buenas noches.
—Hasta mañana —se despidió Huor.

En cuanto Yael entró en su habitación vio la recompensa del rey, por lo visto no había esperado al día siguiente casi daba la impresión de que supiera que se marchaba aquella noche. Yael cogió el dinero, Yael abrió la ventana y echó a volar. Con cada árbol y cada criatura veía a Erde, por cada metro que volaba más extrañaba a Leith. Voló durante casi toda la noche hasta llegar a Vir; logró llegar a tiempo, aún tenía parte de la noche para llegar a Withw. Yael encontró a Jan en el establo, Yael dejó algunas monedas de propina y se marchó cabalgando con Jan era demasiado peligroso volar con aquel viento. Durante muchas horas cabalgó por las praderas y las tierras norteñas. A menudo la hierba era tan alta que le llegaba a las rodillas.
Halló muchas lagunas ocultas y grandes extensiones de dunas que ondulaban sobre pantanos traicioneros y lentamente mientras cabalgaba el sol cayó del cielo hacia el oeste. Por fin llegó a Stein con la luz de las siete lunas marchándose para dejar paso al sol, no podía perder más tiempo. Yael voló con Jan hasta Withw. Su destino estaba sobre sus pies, el templo de Withw. Entró en el templo dorado, tenía columnas a los lados, pero no paredes; gracias a eso podías ver la inmensidad del paisaje. Las montañas se veían a lo lejos y la arena dorada se movía con el viento.
Y delante de él estaba la fuente del sacrificio. Aquella fuente había visto muchas muertes, ¿sería también la muerte su destino? No lo sabía, pero estaba listo para lo que le deparara el destino.

Yael dejó su espada en el suelo y miró fijamente a la fuente —Yo Yael, os invoco a vos Kali, diosa de la muerte, para que mi sacrificio de donar el poder de sus alas sirva para derrotar al dios de la destrucción. Yo Yael, os llamó a vos Kali aquí y ahora para que toméis sus alas y cerréis las puertas del Averno.

Entonces comenzó a aparecer unas sombras negras y un gran agujero negro lleno de fuego gritos y dolor. De él salió la figura de una mujer con la piel oscura y el pelo hecho de oscuridad. Sus ojos eran negros como la noche y era hermosa. Vestía un top de armadura negra que le dejaba los hombros descubiertos, una falda hecha con la misma armadura unida a la parte superior con una tela oscura, y unas botas negras. En sus manos tenía unos guantes de los que salían unos látigos negros y con los que cazaba las almas de aquellos que deben ir al Averno. Su rostro era como de marfil; si tocabas alguna parte de cuerpo se convertiría en ceniza; y ese rostro, no tenía expresión alguna y en aquella mirada lo único que podías ver era muerte.

—Os he escuchado Yael. Aquí me tenéis. Yo, Kali; diosa de la muerte; dispuesta para cumplir el cometido por el cual me habéis llamado. Sin embargo, debo avisaros… Una vez os haya arrebatado vuestras alas quedaréis tan débil que hasta una brisa podría mataros. Cumpliré vuestro cometido y así podré volver al Averno.
—Estoy preparado para mi muerte —se inclinó ante ella —Adelante ha llegado el momento.
—He de confesaros que sois más valiente incluso de lo pensé. Aunque eso sólo os hace estúpido e iluso al pensar que esto va a cambiar tu destino. Tarde o temprano te llevaré conmigo. Puede que hoy sea ese día —Kali le agarró con sus látigos y quedó totalmente atrapado —Mírame a los ojos y siente la oscuridad atrapando tu cuerpo…

Y ese momento Yael cayó en un profundo sueño…Yael se despertó con las siete lunas, claro que no sabía qué día era. Por lo menos sí que seguía en el templo de Withw. Había sobrevivido y delante de Yael estaba Kali.

—Por fin has despertado. Pensaba que tendría que llevarte conmigo, pero a pesar de las posibilidades has sobrevivido. Bueno aun te falta la prueba más difícil. Ahora que tengo tus alas mi mundo quedará reservado para las almas malditas —le amenazó Kali.
—Al menos mi sacrificio sí que ha servido.
—No exactamente —Kali desapareció entre las sombras con una risa malvada.

Estaba sangrando y no podía evitar gritar del dolor. ¿Qué día era? ¿Cuánto tiempo podría sobrevivir con aquellas heridas? Entonces apareció Liv con un vestido largo y blanco que dejaba al descubierto su ombligo y sus hombros. Tenía los volantes caídos y pedrería en la cintura. Llevaba una corona de diamantes a juego con las piedras del vestido. Su pelo era blanco, largo, ondulado y lo tenía semirecogido. Sus ojos eran azules como el cielo y poseía la luminosidad del sol le que le daba una belleza embriagadora.

—Me alegro de volver a verte Yael —Liv se acercó hasta a Yael y puso su mano en su espalda —Os libraré de la muerte esta vez, pero recordad que tarde o temprano tendréis que cumplir con vuestra misión.
Las heridas de Yael mejoraron, aunque seguía sintiendo un dolor inmenso. Liv le miró con dulzura —No puedo hacer mucho más por vos, tendréis que luchar por vuestra vida y el destino hará el resto.
—Esperad. ¿Por qué me ayudas ahora y no antes? ¿Qué es lo que quieres? —preguntó Yael —¿Cómo está Eiko?
—Tenéis muchas preguntas y sin embargo la respuesta es la misma para todas, vos ya sabéis la respuesta. Para proteger Sapta Dvipa y por tanto a las personas que amas debes vencer a Azrael. Por cierto, decirle a mi hija que cuando llegue el momento, la estaré esperando.
—¿Qué será de ella cuando acuda a vos?
—Esa respuesta aún no os la puedo dar —le contestó Liv.
Liv se marchó y Yael se quedó aún con muchas preguntas por hacer, pero en ese momento lo que realmente le importaba era salir de allí. Yael se arrastró hasta su espada y la usó como apoyo para levantarse. El dolor era inmenso, apenas podía moverse. Miró hacia las montañas, si le daba prisa podría llegar a una cueva para refugiarse.

—¡Jan! —gritó Yael y el hipogrifo apareció para ayudarle —Ven a ayudarme chico —El hipogrifo acudió hasta a él y Yael se subió a su lomo. Yael montó en él lo mejor que pudo mientras enfundaba su espada —Necesito que busques un refugio —el hipogrifo comenzó a cabalgar, luego alzó sus alas y volamos —Gracias chico, no sé qué haría sin ti.

Yael se quedó dormido y cuando despertó delante de Yael había una chica sentada en una roca. A su lado había una lanza de oro y una lumbre. La chica de unos dieciocho años tenía la piel morena, el pelo negro, largo y ondulado; sus ojos eran castaños y su cuerpo esbelto y fuerte. Lleva puesto una falda marrón que le llegaba casi a las rodillas con un pantalón negro debajo, un top negro y un peto protector de cuero encima, y unas botas y guantes a juego.

—Buenos días dormilón. Llevas un día entero durmiendo. Te he cubierto con vendas la espalda, tenías una herida bastante fe. Yael te cuidaré hasta que estés mejor.
La chica se dio cuenta de que Yael le hacía señales para pedirle agua —Perdona debes de estar sediento, ten agua —Le dio una cantimplora —¿Mejor?
Yael asintió, ahora ya podía hablar —Gracias. ¿Cómo te llamas?
—Katara. Pero yo sólo obedezco a los dioses.
—Entonces… ¿Por qué me ayudas? —preguntó Yael confuso.
—Tú eres uno de ellos. Eres uno de ellos, dónde tienes la herida tenías alas, lo sé. He visto más cómo tú —le respondió con seguridad.
—¿Me viste? —preguntó Yael y Katara asintió —Por los dioses…
—No te preocupes guardaré tu secreto. Por cierto, vuestro bicho con alas es buena montura. En cuanto me vio en el desierto me recogió. Tú ya te habías quedado dormido, deberías de haberte visto la cara toda llena de babas —Katara se rió.
—¿Has visto a más cómo yo?
—Sí, aunque de eso hace tiempo. Nadie había sobrevivido a la fuente de sangre. Todos a los que intenté ayudar estaban ya muertos cuando llegué. Y vos lo estaríais sino fuera por vuestro amigo, el bicho con alas —le explicó.
Entonces Jan volvió con un montón de peces en la boca. Katara puso un trozo de cuero en forma de bolsa y Jan echó los peces dentro —Gracias chico. Puedes descansar Jan.
—¿Así es como se llama tu amigo? ¿Jan? —le preguntó y Yael asintió —Perdona por llamarte así, no sabía tu nombre —Jan le dio un lametón, la había perdonado.
Katara fue detrás de la roca y sacó una bolsa, y de ella sacó un montón de palos. Introdujo un palo en cada pez y los puso cerca del fuego. El almuerzo no estuvo nada mal, con el estómago lleno se sentía mucho mejor. Pronto estaría recuperado.

—Gracias por ayudarme Katara. ¿Qué puedo hacer por ti a cambio?
—La verdad es que estoy harta de vivir en el desierto, es mi casa, pero deseo conocer el mundo. ¿Me llevarías contigo? —le preguntó Katara.
—Me temo que es muy peligroso. No son personas aquello a lo que me enfrentaré —le explicó Yael.
—Seres de la oscuridad —dijo ella algo asustada —Como los que arrasaron mi pueblo.
—¿Arrasaron tu pueblo? —preguntó Yael.
—Fue hace unas dos semanas, desde entonces vivo en el desierto. Yo fui la única que sobrevivió. El me salvó, pero se marchó al ver que me estaba despertando —le explicó Katara.
Yael cada vez que la miraba más le sonaba su rostro… ¿Era posible que? Debía comprobarlo para estar seguro —Katara. El hombre al que viste es tu padre.

Autor: elenasiles

En 2014 publiqué mi primer libro impreso "La Prueba". En 2019 publiqué La Guerrera Drager , en 2020 Piratas de Sagara y en 2021 Los Guardianes de Almas. Fui directora de YouAreWriter desde 2013 a 2019. He participado como autora en Renacer, Antología Benéfica (2020), en Invencibles, Una antología benéfica (2021) y en Antología Recuerdos de Tinta (2021). Además he coordinado, editado y publicado Antología Show Your Rare (2020) , Antología Sueños de Aire (2020) y Antología Criaturas de la Noche (2021) Mi email es: youarewriter.wordpress@hotmail.com Mi blog: www.elenasaavedrasiles.wordpress.com

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