Guerra de Dioses cap 3 por Elena Siles

Capítulo 3

Huor se levantó temprano con una sonrisa de oreja a oreja. Entonces entró en su habitación el halcón real con una carta. Huor cogió el pergamino y lo leyó:

“A mi gran capitán Huor debo de darles las gracias por salvar a mi hija del traidor de Ícaro. Darles las gracias es uno de mis motivos para escribirle esta carta, pero el otro es pedirle disculpas porque me acaban de dar información sobre vuestra capitana Leith y todas las sospechas de traición han sido disipadas. Por lo visto ha habido una malinterpretación de las informaciones, debo por tanto pediros que olvidéis la última carta y que perdonéis este error. Por mucho que me duela uno se puede equivocar, aunque sea rey. También me gustaría saber cómo os han recibido y cómo se encuentra mi hija con su prometido. Y como recompensa a vuestro trabajo os voy a dar el resto de la semana libre con una última misión: traer a mi hija Ámber y a su prometido de vuelta a Kusha antes del solsticio de primavera.
Espero volver a recibir pronto noticias suyas, el Rey Zenón”

Huor decidió darle algo de comer al halcón para el viaje. Se sentó delante de un pergamino y comenzó a escribir:

“Mi querido Rey Zenón. No debéis preocuparos por nada, vuestra hija está completamente a salvo ahora que el traidor de Ícaro está bajo la custodia de la guardia real del príncipe Samir; quién por cierto se ha entendido bastante bien con su hija, yo podría decir incluso que están comenzando a enamorarse. Con respecto a mi antigua capitana, Leith, os debo confesar que yo jamás dudé de su lealtad, aun así, si en un futuro tenéis pruebas totalmente certificables sobre la traición de una persona, da igual quién, le pondré en manos de la justicia de su majestad.
A la vuelta traeré a su hija y a su prometido Samir a Kusha un día antes del solsticio. Viajaremos también con el traidor para ajusticiarlo en Kusha.
La verdad es que el recibimiento del príncipe Samir cumplió el protocolo y las expectativas de la princesa Ámber, así pues, no hay mucho más que añadir.
A su entera disposición, su capitán, Huor”

Huor ató la carta al halcón y éste salió volando de la habitación. Entonces llamaron a la puerta, era un sirviente con el desayuno. Dejó el desayuno y se fue tan deprisa como había llegado. Huor desayunó y se vistió para buscar a los chicos. Llamó a sus puertas, pero no contestaban así que decidió salir afuera. Estaban en el jardín esperándole con una sonrisa.

—Hombre, ya era hora —le saludó Bastian.
—Buenos días capitán —le saludó Emer.
—Buenos días a ambos.
—Este sitio es increíble, lo echaba de menos —dijo Emer.
—Por cierto, el rey nos ha dado oficialmente el resto de la semana libre, pero debemos partir en un par de días para estar antes del solsticio en Kusha.
—Es decir que tenemos un día para averiguar dónde están los enviados de Insel para matar a la princesa —concluyó Bastian.
—Yo la verdad es que creo que no han enviado a nadie —confesó Emer.
—¿Y por qué dices eso? —preguntó Huor.
—Pues porque si fuera así, ya habría habido algún tipo de ataque. Además, ya se ha firmado el pacto de alianza. ¿Qué sentido tiene atacar a la princesa? —explicó Emer.
—Aunque fuera así es nuestro deber asegurarnos que esa amenaza no exista y si existe eliminarla de inmediato —les recordó Huor.
—¿Crees que podremos contratar espías para tardar menos? —preguntó Bastian.
—Es una buena idea sin duda, pero ¿tenemos dinero para eso? —insinuó Huor.
—Sí, con tal de tener tres o cuatro serán suficientes —contestó Bastian.
—Entonces lo mejor será buscarlos antes del almuerzo y así dejarles buscando durante este día a los enviados de Insel, sino encuentran nada dejaremos el tema por zanjado. Emer, ¿sabes dónde podemos contratar espías en Yambú?
—Sí. Seguidme —respondió Emer a Huor.

Emer caminaba seguido de Huor y Bastian dirección sur, no tardaron más de unos diez minutos en dar con una posada llamada: la cucaracha. Las avenidas estaban pavimentadas con losas oscuras de piedra y a los lados no había árboles sino hileras de columnas, algunas de mármol, otras de cobre y hierro, unidas por pesadas cadenas. Emer les hizo una señal para que les esperase fuera, Huor y Bastian obedecieron.
Al rato salió Emer con otros tres kenders de más o menos su misma edad. Uno tenía pelo negro, el otro era pelirrojo y el último tenía el pelo rubio, pero todos tenían los ojos castaños. Vestían con pantalones, camisetas de manga larga, botas y guantes negros.

—¿Más renacuajos? —dijo Bastian no muy entusiasmado.
—Bastian, estos son los mejores espías de Yambú así que más respeto.
—Gracias Emer —contestó el kender rubio.
—¿Cómo os llamáis? —preguntó Huor.
—Puedes llamarnos: Tim, —dijo el kender rubio refiriéndose al kender de pelo oscuro y ojos claros —Quinn —señaló al kender pelirrojo —y yo soy Kim.
—Vale, está bien —intervino Huor algo confuso —¿Dónde podemos hablar con más privacidad? Tenemos que indicaros de qué se trata vuestra misión.
—Seguidme —respondió Quinn.

Los chicos siguieron a Quinn hasta dentro de la taberna, una vez dentro fueron directos hacia una habitación. Quinn abrió la puerta y todos pasaron dentro, después cerró la puerta detrás de sí. La verdad es que era una habitación bastante modesta, de un color burdeos gastado, con poco más que una litera con tres camas y un escritorio al fondo de la habitación.

—¿De qué se trataría nuestra misión? —preguntó Kim.
—Queremos que localicéis a unos hombres de Insel, probablemente asesinos, que han sido enviados para matar a la princesa. Sólo queremos que nos digáis su posición, nosotros nos encargaríamos de encerrarles —explicó Huor.
—¿Sabéis dónde pueden estar? ¿Su aspecto físico? —preguntó Tim.
—No la verdad es que no —respondió Emer.
—Pero sabemos que tendrán el emblema de Insel y probablemente ya estén en la ciudad. Sino encontráis nada en Yambú, ya nos encargaremos nosotros. Para contactar con nosotros enviarnos un mensaje a nombre de Huor.
—¿Ese eres tú? ¿El capitán del grupo? —preguntó Kim y Huor asintió como respuesta —¿Os alojáis en palacio? —Huor volvió asentir —De acuerdo.
—¿Necesitáis algo más? —preguntó Emer.
—No os preocupéis ya buscaremos información por nuestra parte —respondió Tim
—¿Para cuándo debemos tener la información? —preguntó Kim.
—Para mañana, y sino poseéis nada, no os preocupéis. Ya nos encargaremos nosotros más adelante, si necesitásemos vuestra ayuda de nuevo contactaremos con vosotros u os enviaremos un mensaje a esta posada —contestó Huor.
—Me parece bien. ¿Cuánto nos vais a pagar? —intervino Quinn.
—60 roan, 20 para cada uno por un día de trabajo —respondió Huor.
—Trato hecho entonces —dijo Kim.
—Tomad 30 roans por adelantado, los demás os lo daremos mañana —dijo Bastian.
—Me parece bien —contestó Kim —Si encontramos algo os enviaremos un mensaje, sino nos veremos aquí mañana para el resto del pago.
—De acuerdo. Adiós —respondió Huor.
Los chicos se despidieron de los kenders y salieron de la posada, mientras caminaban hacia el palacio y el primero en hablar fue Bastian —¿Crees que conseguirán encontrarles? Con tan poca información y tan poco tiempo, en fin ¿quién podría?
—Bueno, son los mejores espías de Yambú. Se conocen la zona de memoria, si existe tal amenaza creedme, encontraran a los enviados de Insel —respondió Emer.
—Bueno no sé vosotros, pero tengo hambre. Vayamos a comer algo —sugirió Huor.
—Me apunto —dijo Emer alegre.

Bastian, Emer y Huor se dirigieron hasta el salón del palacio dónde les estaban esperando para almorzar. En medio del salón se hallaba la mesa real dónde acostumbraba la familia real a comer. El príncipe Samir presidía la mesa acompañado únicamente por su prometida Ámber pues sus padres y su hermano menor se encontraban celebrando unas fiestas tradicionales en otro salón con unos nobles de la corte.

Samir levantó su copa —Queridos compañeros, este brindis va dedicado a nuestros héroes: Bastian, Huor y Emer, que ayer salvaron la vida de mi prometida y la de un servidor. Para demostraros mis gratificaciones os invito a mi boda con la princesa.
Todos alzaron sus copas —¡Por nuestros héroes! —y brindaron.
—Gracias majestad, para nosotros es todo un honor servirle —respondió Huor.
—Soy yo quién está en deuda con vos y con vuestro equipo —contestó Samir.
—Sólo cumplíamos con nuestro deber —intervino Bastian.
—Tal vez, pero aun así os estoy muy agradecido y para demostráoslo me he tomado la libertad de mandaros a vuestras habitaciones un regalo a cada uno —dijo Samir.
A todos se les dibujó una sonrisa en la cara, jamás hubieran imaginado algo así. Nunca se le había recompensado, a parte del dinero prometido, por su trabajo en las misiones. Aquello hacía sin duda más agradable el viaje, así pues, se despidieron con cortesía y fueron a sus habitaciones. Huor abrió la puerta y se encontró con una mujer tapada de la cabeza a los pies y una camilla un tanto peculiar.

—Yo masajista, tú tumba en camilla —farfulló la mujer. Huor se tumbó en la camilla y la masajista le levantó —Primero quitar ropa y luego tumba en camilla bocabajo.
Huor se quitó la ropa y se tumbó en la camilla —¿Está bien así?
—Sí. Ahora tú cierra ojos y relaja —la masajista le untó aceite sobre su espalda y comenzó a hacerle el masaje —Si tú incómodo decírmelo.
—Estoy genial, gracias —respondió Huor adormilado.

Bastian se encontró más de lo mismo, pero el aspecto de la mujer era algo peculiar, era tan alta y fuerte cómo él. Bastian se desnudó, pero al ver la mirada de desaprobación de la mujer, se quedó en ropa interior sin saber qué hacer. La masajista le cogió y lo tumbó en la camilla bocabajo, sin apenas hablar comenzó a darles golpes en la espalda.
Sin duda el que más suerte tuvo fue Emer que se encontró con una mujer parecida a la de Huor, pero que hablaba bien y era bastante más suave dando el masaje que la de Bastian.

El primero en terminar del masaje fue Huor, que se levantó medio adormilado.
—¿Qué tenía ese aceite? ¿Me has drogado? —preguntó Huor confuso.
—Yo masajista, dar masaje. Regalo del príncipe.
—Pues gracias, me has dejado genial.
—Yo masajista, dar masaje. Regalo del príncipe.
—Veo que no hablas muy bien mi idioma, ¿de dónde eres?
—Yo masajista, dar masaje…
—Vale, vale. Ya me he enterado —la interrumpió Huor —Que pesada eres mujer —la mujer le miró intensamente como respuesta —Te puedes marchar, gracias.

La masajista se marchó con la camilla y después Huor se limpió, y se vistió. Después decidió ir a ver cómo le iban a los demás.
Cuando abrió la puerta de Bastian se encontró una escena un tanto peculiar. Una mujer que bien podría ser mujer o un oso enorme, le estaba dando una paliza al pobre Bastian y él sin inmutarse.

—¿Pero qué? —dijo perplejo Huor.
—¡Hola Huor! ¿Has visto a mi masajista? Es muy buena.
—¿Buena? Te va a partir la crisma —le respondió Huor a Bastian.
—Ya está —dijo la masajista.
—Para mí está bien. Así es cómo me tocaba mi esposa, Rind.
—¿Tú estás casado? —preguntó la mujer.
—Lo estuve, hace mucho tiempo —contestó Bastian.
—Puede marcharse ya —le informó Huor. La mujer salió de la habitación con la camilla en silencio —Entro y veo cómo te está dando una paliza esa osa.
—Venga no te pasases Huor. Así es cómo se hacen las cosas en mi reino. Por cierto, ¿a qué venía lo de llamarla oso? Es una mujer bastante atractiva.
—Estarás de coña, ¿esa cosa enorme, peluda y con martillos por manos?
—Para nosotros es una mujer hermosa, en mi reino son todas así —dijo Bastian.
—¿Tu esposa era también así? —preguntó Huor.
—Por supuesto, bueno era un poco más baja y tenía el pelo rubio. Pero era también bastante hermosa. Oye no me mires así, nuestra forma de ver la belleza es diferente.
—Entonces, ¿vuestro prototipo de belleza es cómo la de que acaba de marcharse?
—Sí, más o menos. En mi reino suelen ser incluso más grandes. Bueno, ¿vamos a ver cómo le va a Emer? —sugirió Bastian. Y acto seguido como si le hubiera escuchado entró Emer en la habitación —¡Emer! Hombre que casualidad, justamente ahora estábamos hablando de ti. ¿Cómo te ha ido?
—Maravillosamente —contestó Emer un poco ido.
—¿Has bebido? —preguntó Huor.
—¿Bebido? ¿Qué es en comparación la bebida cuándo has tocado el cielo?
—Vale, está bebido —concluyó Huor.
—Para nada amigo mío. Yo he pasado la mejor hora de toda mi vida, de toda mi vida en serio. Ha sido genial —respondió Emer que acto seguido cayó rendido al suelo.
—Ha conseguido dormir a Emer —dijo Bastian impresionado.
—Tendríamos que contratar a esa mujer para nuestros viajes, nos vendría bien alguien que sabe cómo mantener a Emer a raya —sugirió Huor.
—Pero para eso ya tenemos a Leith, lo que necesitamos es alguien que le duerma.
—Tuche. Bueno, ¿y ahora qué hacemos con él?
—Le puedo dejar durmiendo en su habitación y nosotros nos vamos a tomar unas copas. ¿Qué me dices? —propuso Bastian.
—¿A qué esperamos?

Bastian cogió a Emer y lo llevó hasta la habitación y soltó en la cama. Sin duda tomarse unas copas fue una buena idea y para ello fueron a la misma taberna del primer día que les había enseñado Emer. Pidieron un par de copas de ron y se sentaron en la barra para charlar de vanidades, y despejar la cabeza.
Mientras tanto los espías contratados por los chicos recorrían la ciudad sin dejar rastro en busca de pistas, en busca de los enviados de Insel. Quinn, Tim y Kim se pararon en un callejón oscuro, allí les esperaba una de sus fuentes más fiables. Era un hombre de estatura normal, pero algo flacucho. Iba vestido completamente de negro, con un sombrero y una capa que ocultaban su rostro, a pesar de ello podía verse levemente el brillo de sus ojos grises.

—Hola Sombra Gris —le saludó Kim.
Sombra Gris miró a los lados y tras asegurarse de que no había nadie indicó a los Kenders que se acercaran —Buenas tardes señores. ¿En qué puedo servirles?
—Buscamos a unos hombres de Insel. ¿Has visto a alguien sospechoso entrar en la ciudad? Necesitamos encontrarlos antes de mañana —le informó Quinn.
—Es posible —Sombra Gris estiró la mano para pedirles algo de dinero a cambio de la información, Kim le dio un par de roans y Sombra Gris se lo guardó en el bolsillo del pantalón con gesto indiferente —He visto cinco hombres con el emblema de Insel entrando por la mañana en la ciudad. Iban armados con espadas y mazas.
—¿Sabes a dónde se dirigían? —preguntó Tim.
—Creo que a los suburbios del sur de la ciudad —respondió Sombra Gris.
—Gracias de nuevo por tu ayuda —dijo Kim.
—Una última pregunta —intervino Sombra Gris —¿Quién os ha contratado esta vez?
—Ya sabes que no te podemos responder a eso —contestó Kim seriamente —Gracias, volveremos en otra ocasión.

Los kenders escalaron hasta el tejado de la casa más cercana y comenzaron a saltar, como hacía Emer, de casa en casa dirección sur. Los kenders entraron en la primera posada que encontraron y preguntaron por un grupo de cinco hombres con el emblema de Insel, pero no hubo suerte. Les informaron sin embargo que vieron un grupo de dichas características en la posada de enfrente. Los kenders decidieron volver a intentarlo y esta vez sí tuvieron más suerte. La camarera les dijo que dichos hombres se hospedaban allí y aquellos momentos no estaban en sus habitaciones.
Una vez localizados los enviados de Insel decidieron entrar forzosamente por una ventana a las habitaciones que le había indicado la camarera. Dos habitaciones dobles y una individual, sin duda, la individual, era la del líder del grupo. Kim se introdujo en la habitación individual mientras que Quinn y Tim estaban en las habitaciones dobles buscando pisas. Kim observó la habitación.
Estaba compuesta por una cama individual, una mesilla de noche, un cuadro, un escritorio con una silla y un macuto negro sobre la silla. Todo estaba muy ordenado y Kim sospechó que no encontraría lo que había ido a buscar fácilmente. Abrió el macuto, pero dentro sólo había ropa y algunos pergaminos en blanco; sin duda eran para ponerse en contacto con el que les había enviado.
En uno de los cajones del escritorio encontró tinta y plumas para escribir. Decidió volver abrir el macuto y cortar el emblema de la casa de Insel de la prenda con su cuchillo, así tendría una prueba para demostrar que estaban en la ciudad.
Quinn y Tim buscaban en las otras habitaciones, pero no encontraron nada de interés. Algo de dinero, más ropa, unas cuerdas y un bote de cristal con un contenido líquido azul un poso sospechoso que decidieron robar. Kim seguía buscando en la habitación individual, pero no encontró nada debajo de la cama, ni en los cajones de la mesilla… hasta que de repente miró el cuadro. Tuvo un presentimiento y le dio la vuelta, sujetados por una cuerda había varios pergaminos, quitó con cuidado los pergaminos, los enrolló y los guardó en su cinturón; luego puso el cuadro donde estaba antes y salió de la habitación.
Fuera de la taberna se encontró con Kim y Tim que traían consigo el extraño bote de cristal, una vez repasados todos los objetos decidieron marcharse. Huor y Bastian estaban tomándose una cerveza y charlando cuando la camarera les entregó una nota que había llegado a la posada de parte de los kenders. Huor fue quien recogió el pergamino y le dio un roan a la camarera por las molestias

—¿Qué sucede Huor? —preguntó Bastian algo preocupado.
—Los kenders han encontrado a los enviados de Insel. Dicen que están en una posada llamada: El lagarto, en el suburbio sur de la ciudad. Leo: “Es urgente que vengáis, tenemos que hablar en persona. Kim”.
—De acuerdo, vayamos entonces —dijo Bastian mientras se levantaba. Huor se disponía a pagar, pero Bastian le paró —Esta vez invito yo.

Huor y Bastian salieron de la taberna con prisas. Llegaron pronto hasta la posada, entraron y se encontraron con los kenders esperándoles. Los kenders les hicieron una señal para que les siguieran hasta una habitación, una vez dentro Kim sacó de su cinturón los pergaminos y se lo entregó a Huor.

—Estos pergaminos son cartas del rey de Insel. Tienen su firma. Aparte de eso tenemos un emblema y un bote lleno de una sustancia desconocida.
Kim les entregó los demás objetos —Nosotros hemos terminado nuestra parte, ahora el resto es cosa vuestra a no ser que nos paguéis diez roans más a cada uno aparte de los 30 roans que nos debéis del trato anterior.
—¿Tú que dices Huor? —le preguntó Bastian.
—Son cinco y nosotros somos dos, si tenemos a los kenders de nuestra parte estaremos empatados. No pienso arriesgarme por 30 roans más.
—Estoy de acuerdo contigo, no sabemos a qué nos enfrentamos —dijo Bastian.
—Decidido entonces —Huor les entregó a los kenders 60 roans.
—Una buena decisión sin duda. Vamos chicos —respondió Kim.

Salieron de la habitación y con los kenders en cabeza se dirigieron caminando hasta el suburbio sur. Una vez allí los kenders se fueron por los tejados para buscar a los enviados de Insel.
De repente cinco hombres vestidos de negro llegaron a la posada, pero al ver a Bastian y Huor echaron a correr. Bastian lazó una de sus hachas y le dio a uno, Huor disparó una flecha y alcanzó a uno en la pierna. Bastian corrió hasta el hombre herido y le dio un puñetazo que le dejó K.O., después cogió su hacha del hombre que había matado mientras que Huor disparaba otra flecha que alcanzó a uno de los hombres de negro en el cuello.
Los otros dos se iban a escapar, pero unos cuchillos se clavaron en sus piernas, eran los kenders que habían conseguido atraparles. Bastian golpeó y dejó inconsciente a los que quedaban, tras quitarles las flechas y los cuchillos del cuerpo Bastian decidió cargarles hasta palacio para que fueran arrestados y ajusticiados. Huor y Bastian sintieron lástima al tener que despedirse de los kenders tan rápido, pero no tenían tiempo para despedidas largas. Huor y Bastian llegaron a palacio con los enviados de Insel aún inconscientes sobre los hombros de Bastian. Los guardias al verlos se alertaron, pero cuando Huor les contó la historia les ayudaron con los prisioneros. Rápidamente la noticia llegó hasta los príncipes que una vez más les agradecieron enormemente su trabajo.

—Muchísimas gracias de nuevo —dijo la princesa con una sonrisa.
—Debo de reforzar la seguridad de mi ciudad por lo visto. Primero un traidor y luego cinco asesinos de Insel. ¿Qué es lo que falta? ¿Un ataque de los bandidos del desierto? —dijo Samir indignado.
—No, eso ya pasó —le respondió Bastian.
—Te prometo mi amor que no te pasará nada malo, reforzaré la seguridad y pondré las cosas claras a mis soldados. Esto no puede quedar así —aseguró Samir.
—Mi amado Samir, no es necesario nada de eso. Yo estoy segura mientras permanezca a vuestro lado —Ámber besó a Samir en la mejilla.
—Agradezco vuestras palabras princesa, pero esto no quedará sin castigo.
—Samir, tranquilízate. Es cosa del rey de Insel, me quiere muerta porque sabe que si nuestros reinos se unen le ganaríamos en batalla. Castigar a estos asesinos si así lo deseáis, pero no os sulfuréis mi amor. Jamás llegarán a mí mientras los ambarinos me protejan. Por favor, tranquilizaos —dijo Ámber.
De pronto como de la nada Emer llegó hasta ellos algo dormido aún —Hola chicos.
—Para que luego digas que yo soy el que duerme —comentó Huor.
Emer se dio cuenta entonces de la presencia de los príncipes, inmediatamente hizo una reverencia —Lo siento mis príncipes, me temo que me han pegado las sábanas.
—¿Él no os ha acompañado? —preguntó Samir.
—Pues no, después del masaje se quedó dormido. El pobre lleva mucho tiempo viajando es normal que esté cansado —explicó Bastian.
—Gracias por defenderme —le dijo Emer. Bastian sonrió como respuesta —¿Qué me he perdido?
—Hemos dado con los enviados de Insel y los hemos arrestado. Con ellos llevaban las cartas del rey de Insel en la cual se especificaba su misión y hemos encontrado un extraño frasco cuyo contenido desconocemos —le informó Huor.
—¿Me lo podéis mostrar? —preguntó Samir. Bastian le dio el frasco y Samir lo observó atentamente —Me temo que es veneno. Pero debo de reconocer que jamás había visto un veneno similar en toda mi vida.
—¿Alguien quería envenenarme? —preguntó Ámber.
—Eso me temo princesa —contestó Huor.
—Nunca antes había deseado tanto casarme —confesó Ámber.
—En cuanto nos casemos pienso luchar contra Insel. Esto no va a quedar así. Ya va siendo hora que le plantemos cara. Vuestro padre ya fue a la batalla contra Insel y ganó. Sin embargo, cometió el error de no destruirles por completo. Debemos eliminar a Insel, que no queden más que cenizas de su reino y así podrá haber paz por fin —afirmó Samir.
—No quiero sangre mi amor, tan sólo volver a casa —añadió Ámber cansada.
—Mañana partiremos de vuelta a Kusha princesa. No debéis temer por vuestra vida nosotros la protegeremos —les informó Huor.
—Para una vez que me quedo dormido y mirad todo lo que me pierdo —comentó Emer que acto seguido recibió una colleja de Bastian —¡Au!
—Perdonadle señor, este muchacho no tiene educación —se disculpó Bastian.
—No hay nada que perdonar —contestó Ámber sonriente.
—He de deciros chicos que sois los mejores y gracias por todo. De verdad.
—No es nada príncipe —respondió Huor a Samir.
—Os veo cansados. Haré que os sirvan la cena en vuestras habitaciones, descansad porque mañana partiremos al alba —anunció Samir.

Los chicos se despidieron de los príncipes con una reverencia y se marcharon a sus habitaciones. Había sido unos días turbulentos y agotadores, necesitaban dormir.
Bastian, Huor y Emer quien decidieron ir a sus habitaciones. Huor cerró la puerta de su habitación y vio de nuevo al halcón real con un pergamino en su pata. Estaba cansado de las cartas del rey, pero como capitán era su responsabilidad ahora que Leith no estaba. Huor cansado cogió el pergamino y lo leyó:

“¡Grandes noticias capitán! Cuanto me alegro de leer estas palabras.
Mi hija es feliz con su boda y ha congeniado con su prometido. Estoy muy contento. A decir verdad, me alegro mucho de vuestras decisiones, yo no habría tomado otras. He de confesaros que he encargado varios regalos para recompensaros por todo vuestro trabajo.
Deseando vuestro regreso a mi reino, el rey Zenón”.

Huor terminó de leer la carta y se sentó frustrado delante del escritorio. Cogió un pergamino en blanco y decidió responder al rey:

“Mi querido rey, me siento agradecido de vuestra atención y vuestra correspondencia. Mañana partiremos hacia Kusha con vuestra hija y su prometido, así pues, estaremos pronto de vuelta.
En cuanto a los regalos no era necesario, nosotros cumplíamos con nuestro deber, y educadamente le agradezco este detalle con nosotros.
Vuestro capitán, Huor”

Huor ató la carta al halcón y éste salió volando de la habitación. Luego se sentó de nuevo delante del escritorio, delante de él había un pergamino en blanco y un bote con tinta y una pluma. Entonces entró un sirviente con la cena. Huor guardó la carta en su macuto y decidió cenar. El sirviente se llevó los platos y todo lo demás rápidamente cuando Huor terminó de cenar. Huor cerró la ventana, echó las persianas, se desvistió y se echó a dormir. Aquella noche no consiguió conciliar el sueño, tenía una extraña pesadilla en la cual Leith perecía en sus brazos. La pesadilla no hacía más repetirse. La muerte de Leith delante de sus ojos sin que él pudiera hacer nada… ¿Qué significaba aquello?
Huor se despertó entre sudores y lágrimas. Ya estaba amaneciendo y pronto deberían marcharse. Huor se vistió lo más rápido que pudo, cogió sus cosas y se dirigió a reunirse con los chicos.

—Siento la tardanza —se disculpó Huor.
—No te preocupes. Ya está todo listo. Te estábamos esperando —respondió Bastian.
—Vale, gracias. Por cierto, he recibido otra carta del rey. Nos agradece todo nuestro trabajo y no nos ha invitado al solsticio de primavera —les informó Huor.
—¡Gran noticia entonces! —comentó Emer alegre.
—Sí, si lo es —Huor comenzó a pensar en su sueño.
—¡Huor! —le llamó Bastian —¿Estás bien?
—Sí. Marchémonos, ya vamos atrasados —respondió mientras se alejaba.

Bastian y Emer siguieron a Huor y llegaron a los carruajes dónde les esperaban los príncipes, los soldados de la princesa y otros tres soldados del príncipe que custodiaban al prisionero. Huor dejó el equipaje con el resto de macutos y montó sobre su caballo. Los demás también montaron. Al frente iba Emer, conduciendo el carruaje iba uno de los sirvientes del príncipe, a los lados del carruaje iban Bastian y Huor, y detrás iban los soldados de la princesa y el prisionero.

—Bueno. ¿Ya estamos todos? —preguntó Samir desde el carruaje.
—Sí —contestó Huor.
—Bien pues partamos antes de que se nos haga de noche —ordenó Samir.

Y todo el grupo comenzó a avanzar hacia el norte, pronto verían la salida de la ciudad y posteriormente el desierto. Mientras los chicos avanzaban en silencio Ámber y Samir mantenían una conversación en el carruaje.

—Nunca he entendido porqué a los reyes de vuestro reino no se le llama reyes sino marajá.
—Fue por el primer gobernante de nuestro reino cuyo nombre casualmente era Marajá y sus descendientes también tenían el mismo nombre, con el paso del tiempo pasó a llamarse a los gobernantes marajá, aunque ya no se llamarán así —explicó Samir.
—Una historia curiosa —comentó Ámber —¿Sabéis porque mi reino se llama Erde?
—Pues la verdad es que no —confesó Samir.
—Erde significa tierra y poseemos ese nombre porque somos el reino más grande.
—¿Exactamente de qué idioma lo has traducido? —le preguntó Samir.
—Del idioma de los dioses. Hace 200 años aproximadamente se libró una gran guerra mundial por las fronteras de los reinos. Después llegaron los ángeles y crearon los siete ríos y las cordilleras, como ya sabes. Pero lo que desconoces es que un semidios se dedicó a escribir toda su aventura.
Ámber continuó —Ese libro es considerado sagrado y pocos conocen su existencia, de hecho, un grupo de monjes lo guardan a gran recaudo y no se lo dejan leer a nadie excepto a los reyes y reinas de Erde puesto que le deben lealtad hasta el fin de los tiempos. Cada generación el rey o reina de Erde lleva a sus hijos al templo, le muestra el libro y les enseña a leerlo, sólo un puñado de personas conocen el idioma de los ángeles y su historia. Yo tuve la gran suerte de conocer esta historia. Y como ahora vas a ser mi marido también serás rey de Erde, y por lo tanto puedo contaros esta historia —explicó Ámber.
Samir se quedó impresionado —Vaya. Sólo una pregunta. ¿Por qué deben los monjes a tu reino lealtad hasta el fin de los tiempos?
—Nuestro reino les acogió en la gran guerra y salvó su monasterio.
—¿Y cómo es que sabían leer ellos el idioma de los ángeles? —preguntó Samir.
—Muy buena pregunta. Sinceramente no tengo ni idea. Algunas leyendas sugieren que el semidios que escribió el manuscrito les dio el poder de leer el libro. Pero son sólo leyendas.
—Es una historia muy interesante sin duda —contestó Samir.
—¿Puedo preguntaros yo algo más personal? —Samir asintió como respuesta —¿Por qué me elegisteis como vuestra esposa? Habéis dicho que os obligaron a casaros, pero fue vuestro padre quien pidió este matrimonio para ti. ¿Por qué?
—Pues sinceramente no tengo ni idea. Mi padre os eligió supongo que porque sois la hija del rey vecino y quería una alianza para atacar al reino de Insel.
—¿Y entonces por qué un matrimonio? ¿Por qué no una alianza? —preguntó Ámber.
—Porque un matrimonio es más sólido —respondió Samir.
—Si hubierais podido elegir, ¿me hubierais elegido a mí?
—No lo sé, no os conocía así que… ¿Y vos?
—Probablemente no. Sinceramente dudo que siquiera nos hubiéramos conocido.
—Pero ha salido bien. Tú y yo tenemos más o menos la misma edad, somos jóvenes, apuestos… Y estamos empezando algo muy bonito juntos —comentó Samir.
—Eso es muy bonito, pero la verdad es que temo que en cuanto estéis casado conmigo os deshagáis de mí. Y con esto quiero decir que me olvidéis y os caséis al poco tiempo con otra mujer más joven o más bella —confesó Ámber.
Samir se rió, Ámber le miró algo molesta —Mi querida Ámber, ¿cómo voy a poder cambiaros por otra? ¿Por quién? ¿Quién sería más bella que tú? ¿Con quién sentiría lo que siento con vos? Sólo con vos, sólo vos seréis mi esposa.
—¿Cómo he tenido tanta suerte?
—Esa pregunta es la que me hago yo cada minuto que estoy a vuestro lado.
Ámber le dio un beso en la mejilla —Nunca olvidaré este momento.
—Ni yo tampoco.
Ámber apoyó su cabeza sobre su hombro —Aprovechemos este momento juntos, no tendremos mucha privacidad en los próximos días.
—Me gustaría que se detuviera el tiempo y quedarnos así juntos para siempre.
—Lo estaremos, pronto nos casaremos. Iré de blanco y tú de azul, como marca la tradición. Y cuando nos nombren marido y mujer entonces nadie podrá separarnos.

Entonces entrelazaron sus manos, se miraron fijamente y justo cuando se iban a besar en los labios alguien llamó a la ventanilla.

Ámber se separó de Samir sonrojados y abrió la ventanilla —¿Qué sucede capitán?
—Ya hemos llegado a Erde y estaremos enseguida en el castillo.
—¿Ya es por la noche? —volvió a preguntar Ámber.
—Pues sí, está a punto de oscurecer. Mirad —Hugo señaló al cielo y Ámber miró asombrada —Se os ha pasado el tiempo volando, ¿verdad?
—Por desgracia sí. Ha sido un viaje muy agradable, todo gracias a mi acompañante.
—Vaya muchísimas gracias por ese alago princesa —respondió Samir a Ámber.
—Es la verdad mi príncipe.
—Yo también he estado más que fenomenalmente con mi acompañante —Ámber se sonrojó —No sólo es bella, sino que también es inteligente y dulce.
—Una respuesta muy elocuente sin duda majestad, pero debo informaros que para vuestra sorpresa que mientras hablábamos ya hemos llegado al castillo —dijo Huor.
—En serio que alguien me diga porqué se pasa el tiempo así de rápido cuando estoy a vuestro lado —bromeó Samir y Ámber sonrió como respuesta.
—Bueno, el rey ha venido a recibirnos —Huor desmotó del caballo y con él también desmotaron todos. Huor abrió la puerta y salió Samir —Bienvenidos.
Samir ayudó a la princesa a bajar, la cual salió corriendo a brazos de su padre que la estaba esperando emocionado —¡Padre! Os he echado mucho de menos.
—Y yo también a vos hija. Pero bueno, ¿es este mi futuro yerno?
—Así es padre —Ámber cogió la mano de Samir y le llevó hasta su padre —Padre os presento a mi prometido, Samir.
—Encantado de conocerle señor —Samir inclinó la cabeza como signo de respeto.
—¿Señor? ¿Pero qué edad crees que tengo? Mejor no respondas. Habéis sido muy educado sin duda, pero llamadme Zenón por favor.
—Como usted diga majes… —el rey le lanzó una mirada significativa —Zenón.
—¡Eso es! A mis brazos querido yerno —El rey abrazó a Samir y después se separó de él con una gran sonrisa —Bueno Samir, me han dicho que os habéis llevado bien con mi hija, decirme ¿Os pareció hermosa cuando la visteis? ¿Fuisteis amable con ella? Quiero saberlo todo.
—¡Padre! Deja a mi prometido en paz, no ha hecho nada más que llegar y ya le estás atosigando a preguntas. Dejarle que se acomode y luego en la cena podéis hacerle todas las preguntas que quieras.
—Perdóname hija, pero es que ya sabes que me emociono con las visitas. Hablando de visitantes, mirad quién más os acompaña. Si son mis ambarinos.
Huor se acercó hasta el rey junto con Bastian y Emer e hicieron una leve reverencia y después se levantaron —Majestad.
—Es todo un placer volver a casa —comentó Bastian.
—Yo también me alegro de teneros entre mis filas de nuevo. Bueno cómo ha dicho mi hija no os voy a atosigar más, ya habrá tiempo para ello en la cena. Os veo para cenar —el rey llamó a los sirvientes que les ayudaron con el equipaje y uno de ellos se quedó esperando delante de Samir —Samir, este sirviente os llevará hasta vuestra habitación.
—De acuerdo majes…quiero decir Zenón —y Samir se marchó siguiendo al sirviente.
—¿Qué? No me podéis decir que elegí mal —dijo el rey.
—Pues la verdad es que no, elegisteis muy bien. Aunque ha sido más casualidad que otra cosa padre y lo sabes. Pero me alegro de tener a Samir como prometido.
—Y yo me alegro por vos hija, ir a vuestra habitación y nos vemos luego en la cena.
—Como digáis padre —Ámber le dio dos besos al rey y se marchó dentro del castillo.
—Bueno ahora quiero ver al traidor, ¿dónde está? —el rey caminó hasta el final y vio al prisionero encadenado —Ah, ahí estás. Quiero que me expliques cómo se te pasó por la cabeza si quiera matar a mi hija. Tantos años a mi servicio, siendo la mano derecha de mi hija y resulta que queríais matarla.
—Yo… —musitó Ícaro —La princesa me pertenece, yo la he amado cada instante de mi vida… ¿Y cómo me lo agradece? Se iba a casar con otro hombre. Eso no es justo. Yo he estado siempre a su lado, ella debería haberse casado conmigo y no con… ese príncipe. Si ella no podía estar conmigo entonces no iba a estar con nadie.
El rey le dio un puñetazo —Tú no la amas. Eres una mente sucia y retorcida, y te juro que pasarás el resto de tus días en los calabozos pudriéndote. ¡Lleváoslo! —ordenó el rey.
Los guardias empezaron a arrastrar a Ícaro hacia el castillo —¡Noooo! Ella debía de ser mía ¡Mía! ¡Ahhh! ¡No! ¡Noooo! —gritaba él mientras lo arrastraban.
Una vez que se lo llevaron el rey se dirigió a Huor —Gracias.
—Sólo cumplíamos con nuestro deber, majestad —dijo humildemente Huor.
—Siempre tan correcto y educado. Un buen hombre sin duda y me alegro de tenerle de mi lado capitán —confesó el rey.
—Soy fiel a mi rey y lo seguiré siendo —Huor hizo una pequeña reverencia y los demás también le siguieron —Mi equipo y yo estamos a vuestro servicio.
El rey les indicó que se podían levantar —Es reconfortante tener fieles caballeros como vosotros a mi servicio. Veréis he estado pensando en qué podría regalaros y se me ha ocurrido que estos caballos serían un buen regalo, pues, aunque ya os dejé su uso en otras ocasiones me parece que ya va siendo hora de que sean vuestros.
—Vaya, pues muchísimas gracias majestad —dijo agradecido Huor.
—En realidad os debía desde hace tiempo estos caballos. En fin. Estos caballos son vuestros pero he decidido regalaros un presente especial por haber salvado a mi hija de ese rufián —El rey dio unas palmadas y aparecieron tres sirvientes, tres con tres cofres y encima un objeto envuelto en seda negra —Para mí capitán y el mejor arquero que he visto jamás os regalo esta insignia, para Bastian mi fiel defensa os regalo este casco de plata, para el pelirrojo un conjunto de lucha para tus nuevas misiones y por último para Leith, aunque no esté, le tengo preparado un regalo que le daré la próxima vez que la vea. En cuanto a vuestras recompensas, lo prometido: 1000 roans para cada uno. Los cofres os lo llevarán los sirvientes a vuestras habitaciones. Por favor estableceos y a la hora de la cena nos volveremos a ver —y dicho esto el rey se marchó.

Los chicos entusiasmados con sus regalos siguieron a los sirvientes hasta sus habitaciones. Huor comenzó a desvestirse, seguramente tendría el tiempo justo de lavarse y cambiarse de ropa antes de la cena. Efectivamente fue así, apenas había terminado de ponerse su insignia cuando llamaron a su puerta Bastian y Emer para avisarles de que ya era la hora de cenar. Huor se reunió con ellos y caminaron juntos hasta el salón dónde se celebraba la cena.
La comida aún no estaba servida, pero la mesa ya estaba completamente decorada y en sus sillas ya estaban sentados todos: La princesa Ámber, el príncipe Samir, varios nobles de alta cuna y finalmente el rey presidiando la mesa. Había tres sillas libres para ellos. Se sentaron y poco después aparecieron los sirvientes con la cena: un pescado al horno y vino blanco.

El rey hizo un llamamiento con su copa —¡Atención amigos! Antes de comer me gustaría que brindásemos por los novios. ¡Por Ámber y Samir!
—¡Por Ámber y Samir! —y brindaron todos.
—Es costumbre en este reino como ya sabéis pedir a los dioses que bendigan esta unión con prosperidad y amor. Así que pidamos a los dioses que esta joven y feliz pareja un futuro lleno de felicidad —anunció el rey.
Todos cerraron los ojos y rezaron, después dijeron al unísono —Por los dioses.
—Bien ahora que hemos bendecido a los novios. ¡A comer! —ordenó el rey.
Todos obedecieron sus órdenes, sin duda el pescado tenía buena pinta y nuestros queridos amigos tenían mucha hambre. Huor bebió un trago de su vino —Delicioso.

Y de pronto unas sombras negras a travesaron las ventanas exteriores y comenzaron a atacar a todo el mundo. Entonces un hombre agarró a la princesa por sorpresa, cogió un frasco con el mismo líquido azul que encontraron los chicos, pero un cuchillo lo rompió. El hombre al ver que no tenía opción cogió el cuchillo y lo puso sobre la garganta de la princesa. Como por arte de magia apareció Leith que le lanzó a aquel hombre la daga de Huor justo a tiempo.

—Coge la daga —le dijo Leith a la princesa y acto seguido bajó de la mesa de un salto —No os preocupéis majestad, yo me encargo —Leith miró fijamente a Huor y desenfundó su espada —Protege a la princesa —Leith se dirigió a las puertas del salón, las abrió y marchó.

Autor: elenasiles

En 2014 publiqué mi primer libro impreso "La Prueba". En 2019 publiqué La Guerrera Drager , en 2020 Piratas de Sagara y en 2021 Los Guardianes de Almas. Fui directora de YouAreWriter desde 2013 a 2019. He participado como autora en Renacer, Antología Benéfica (2020), en Invencibles, Una antología benéfica (2021) y en Antología Recuerdos de Tinta (2021). Además he coordinado, editado y publicado Antología Show Your Rare (2020) , Antología Sueños de Aire (2020) y Antología Criaturas de la Noche (2021) Mi email es: youarewriter.wordpress@hotmail.com Mi blog: www.elenasaavedrasiles.wordpress.com

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