Guerra de Dioses cap 1 por Elena Siles

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Capítulo 1

Leith despertó sobresaltada en medio de la noche, algo nuevo latía en su corazón, nuevos recuerdos acudían a su mente. ¿Qué era todo aquello? ¿Qué es lo que estaba pasado? ¿Seguía soñando? Se pellizcó a sí misma. No estaba soñando; pero seguía sin creerse que aquello estuviera sucediendo. Era como si hubiera despertado de un hechizo, como si miles de recuerdos vinieran a su mente. Ella era un arcángel, lo sentía en su interior. Entonces comprendió porqué en su armadura había dos ranuras en la parte de la espalda. Eran para que sus alas[1], escondidas en la espalda, pudieran surgir por dichas ranuras y por tanto poder volar. En su mente aparecían más imágenes rápidas y confusas, entre ellas pudo ver cuál era su misión como arcángel.

Debía de cumplir una misión mucho más importante que la de proteger su reino, era la misión de salvar el mundo de la ira de Azrael. Ella era su única esperanza, la única que sabía realmente lo que estaba sucediendo. Debía marchar enseguida, claro que aún no sabía el camino a seguir. ¿A dónde debía dirigirse primero? Estaba tan confusa que se desmayó. La levantó un lametón de su caballo, Hest. Leith murmuró malhumorada. Sabía que lo que había sentido no había sido una ilusión. Debía irse, pero ¿cómo iba a contárselo a los chicos? ¿Qué podría decirles realmente? Suspiró profundamente aquello iba a ser muy duro, pero debía hacerlo. Era la primera en levantarse y decidió vestirse, antes que nada.

Después Leith decidió empezar a desmotar de Hest el equipaje de los demás y a ponerlo con cuidado cerca del campamento. Una vez hubo terminado comenzó a preparar su equipaje. Estaba montándolo en Hest cuando escuchó un bostezo. Los chicos se estaban levantando, el primero fue Emer que se levantó con un brinco y después los otros dos que le siguieron más tranquilos. Se quedaron un poco confusos al ver su equipaje en el suelo. Leith se acercó, aquella mirada no la conocían, era una mirada llena de…miedo.

 

 

 

 

—Chicos hay algo que debo contaros. Tengo una misión muy importante que cumplir, el único problema es que he de hacerlo sola. Sé que queréis venir, pero esta misión es en solitario. Aun así, debéis cumplir con la misión del rey Zenón —Leith les entregó un pergamino —Debéis volver a Kusha y escoltar a la princesa Ámber hasta Yambú, la capital del reino de Stein. Allí conocerá a su prometido, el príncipe Samir, después volverán y se casarán, para así pactar una alianza con el reino vecino. Una alianza totalmente necesaria debido a nuestro lamentable estado financiero causa de  a la gran guerra. Pero esta alianza, con uno de los reinos más ricos de Sapta Dvipa, eliminará nuestras deudas y además ganaremos un aliado para defender Erde de nuestro enemigo: el reino de Insel. Debéis ser más profesionales que nunca y escoltar a la princesa hasta Yambú lo antes posible.

Los chicos suspiraron cansados y Leith continuó —Sé que estáis cansados, acabamos de terminar una misión en Vihar, pero cuando regreséis os espera una agradable recompensa de mil roans[2] para cada uno. Dejaré al mando a Huor durante el periodo que estoy fuera. Pero os prometo que volveré. Os voy a echar de menos.

Emer fue corriendo para abrazarla —Yo también te voy a echar de menos.

Huor también se unió —Más te vale volver, no pienso ser siempre el capitán —Notó como Leith sonreía —Nunca te había visto sonreír así.

Entonces Bastian con sus brazos los rodeó a todos y les abrazó con fuerza —¡Abrazo de equipo!

—¡Bastian! —dijo Huor un poco agobiado.

—Perdonad es que me emociono con las despedidas. Leith ¿si te vas significa que podré cargar con el equipaje del grupo?

—Sí, aunque eso deberías preguntárselo ahora a Huor.

Bastian le lanzó una mirada emocionado a Huor, el asintió —¡Bien! Entrenamiento gratuito. Me pondré fuerte como toro —y acto seguido puso las maletas restantes en una maleta gigante que hizo en menos de un minuto con ramas de árboles —¡Hop!

—Leith —intervino Huor que ya se había separado del abrazo —Por favor vuelve pronto o me volveré loco.

Leith sonrió y le entregó a Emer que aún seguía enganchado a ella —Cuídales mientras estoy fuera. Y no te preocupes, volveré.

Huor separó a Emer de la pierna de Leith —Te voy a echar de menos.

—He de irme… —A Leith se le apareció la imagen de la isla de Ilver, era un mensaje de Yael —A Ilver. Volveré para el solsticio de primavera, no reuniremos en Kusha.

—Leith, espera. ¿Puedes dejarnos solos Emer? —Emer asintió y se marchó junto a Bastian. Huor sacó una daga que guardaba en su cinturón —Esto es para ti, pero es tan sólo un préstamo. Tendrás que devolvérmela y así volver con nosotros.

—No necesitaba ninguna daga para eso, pensaba volver igualmente; pero no te preocupes te la devolveré —Leith se dio media vuelta y caminó hasta dónde estaba Hest esperándola. Leith se montó en él —¡Adiós chicos!

 

Y Leith se marchó cabalgando rumbo sureste. Rumbo al reino de Kanavat y posteriormente a la isla dónde Yael se encontraba encerrado en una prisión de hielo.

 

Bastian se reunió con Huor —Se te nota a leguas que estás colado por ella.

—¿Qué? —contestó indignado Huor.

—Oh por favor, todo el mundo sabe que estás colado por Leith desde hace más de dos años. No intentes ocultarlo se te da de pena. La única que no sabe nada es Leith. Sé que la amas, la cuestión es cuándo vas a decírselo de una vez. No va a volver siempre. Algún día encontrará a alguien por el camino. Lo sé por experiencia.

Entonces Huor se fijó entonces en el anillo de compromiso de Bastian —¿Estás casado?

—Lo dices por mi anillo, pero no estoy casado. Ya no, aunque lo sigo llevando porque mi corazón sigue perteneciendo a la misma persona. Huor quizás fracases en tu intento de conquistarla. Leith es una mujer totalmente diferente a todas las demás, es eso lo que la hace tan especial. Lo importante es intentarlo. Hazme caso, sé de lo que hablo. El mayor error que puedes cometer es no hacer nada por miedo a cometer un error. Si yo tuviera otra oportunidad…

Huor se le quedó mirando con la boca abierta. Bajo todos esos músculos había un alma rota y solitaria carcomida por el pasado —Lo siento, pero te equivocas conmigo.

Bastian suspiró —Como veas. Mientras tanto iremos a Kusha, debemos descansar.

Emer se acercó corriendo —¿De qué están hablando los abuelitos?

—De algo que no te interesa renacuajo —Bastian lo cogió de un puñado —Vámonos ya o se hará de noche —Bastian mientras dejaba en el suelo a Emer

 

Huor se colocó a la cabeza para guiarles hasta la capital de Erde, Kusha, dónde comenzarían una nueva misión. ¿Cuánto tiempo llevaba en aquella situación? Desde hace dos años si no le fallaba la memoria, por aquel entonces debería tener veintidós años. Parecía que había transcurrido más… Recordaba con perfección cómo se había creado el grupo. Él por aquel entonces era capitán de los arqueros de su majestad el rey Zenón. A pesar de que era elfo, nació en Erde. Estudió hasta los catorce años e ingresó en el ejército como arquero, su padre le había enseñado desde que tenía razón de ser. A los veinte años consiguió ser el capitán de los arqueros. Con el tiempo se ganó el respeto de sus compañeros no a base de miedo sino con honestidad y grandes victorias. A los veintidós años le llamó el rey en persona para felicitarle por su gran trabajo y le presentó a Leith y a Bastian; que serían a partir de ese momento, sus compañeros de equipo.

Su equipo sería la mano derecha del rey y se encargaría de los incesantes ataques de Insel, los enemigos por excelencia de Erde. Con el tiempo lo que al principio era algo pasajero se hizo oficial. Ahora era el comandante de los guardianes y guerreros de su majestad, más conocidos cómo ambarinos.

Emer se incorporó un año más tarde. La razón por la cual Emer estaba en su grupo era porque Leith le había salvado de la horca con sus propias manos, la misión personal de rescatar a Emer fue sin duda la que más le unió a Leith. Bastian por aquel entonces estaba cumpliendo por ellos la misión que les había encomendado el rey. Lo cual significaba que Huor y Leith estaban solos todo el día. Al final acabaron más unidos que nunca, incluso recordaba varias escenas comprometedoras entre ambos, pero Huor era una persona solitaria. Ya había amado una vez y la había perdido por una enfermedad. En aquel momento sin duda estaba muy confuso y decidió esperar antes de decidir algo para lo que aún no estaba preparado. Pasó sus manos sobre su rostro frustrado, suspiró y apartó las ramas que estaban delante de él. Ya a lo lejos podía ver Kusha. Detrás de él estaban Bastian y Emer cantando alegres. Huor decidió salir del bosque y caminar por los amplios prados que se alzaban ante él. Emer salió corriendo alegre hacia Kusha mientras que Bastian le gritaba para que no se alejara demasiado. Huor les siguió y juntos llegaron hasta las puertas de Kusha. Las murallas de Kusha eran famosas por ser las más altas y fuertes de todos los castillos del reino, y probablemente del mundo. Eran de piedra de las cordilleras Awils creadas hacía dos siglos por los ángeles para separar al reino de Insel del reino de Erde.

Fue entonces cuando comenzó la enemistad entre ambos reinos, puesto que Insel reclamaba territorios al otro lado de las cordilleras que habían sido conquistados y Erde no accedió a entregárselos. Sabía que si se lo permitían les invadirían y perderían su reino. Huor contemplaba el resplandor de la ciudad de Kusha como si fuera el propio sol, y sin embargo según cuenta la historia fueron sus comienzos los años realmente gloriosos. Kusha era el sueño de un futuro mejor, ella era la base de todo el reino, era lo que mantenía la esperanza. Al fondo de las casas de campesinos y el mercado se podía ver el esplendoroso castillo de su majestad el rey Zenón y la princesa Ámber. El rey Zenón era famoso por ser un hombre amable, llano, honrado y justo mientras que su hija Ámber era famosa por su belleza, amabilidad, dulzura y pureza. Huor conoció a Ámber cuando tenía apenas doce años al ser nombrado guardia personal de su majestad y unirse posteriormente al grupo, por lo que en su mente aún seguía la imagen de una dulce niña rubia de ojos azules. Cuando entraron en el castillo un set de sirvientes anunciaron su llegada ante el rey. Uno de los sirvientes les informó de que el rey les recibiría enseguida, mientras tanto podían instalarse en sus habitaciones. Descansaron apenas unos minutos cuando el rey les hizo llamar. El rey estaba bastante bien, para tener cincuenta y seis años. Sus ojos eran grises y su piel blanca con arrugas propias de la edad, su pelo era castaño con canas, lacio y corto. Zenón vestía con un traje negro de mangas largas, unas botas negras muy elegantes, varios colgantes y anillos, y por último una corona de oro con una gran esmeralda en el centro. La princesa sin embargo iba vestida de un color más claro, casi azul cielo, un colgante de diamantes a juego con su diadema y unos tacones a penas visibles por su voluptuoso vestido de mangas largas. Su pelo rubio y su rostro angelical daban fe a su fama de belleza.

La sala estaba totalmente decorada, el suelo estaba tapizado a conjunto con los dos tronos de los reyes, había una alfombra dorada que llegaba de la puerta hasta los tronos y unas ventanas, gigantescas que daban claridad a la sala. Todos se inclinaron ante sus reyes y el rey hizo un gesto de que se podían levantar.

 

—Muy bien me ha llegado el informe de uno de mis espías. Ahora que hemos erradicado a los bandidos en el reino de Vihar, la reina Idril nos ha ofrecido una suculenta recompensa y nos ha enviado una carta con la intención de firmar una alianza con nuestro reino. Y como rey agradecido os entrego vuestra parte —dio dos palmadas y en la habitación entraron cuatro sirvientes cada uno con un cofre —Un momento —el rey se fijó entonces que faltaba Leith —¿Por qué sois sólo tres? ¿Y vuestra capitana?

—No ha podido venir su majestad, pero le manda recuerdos —contestó Huor.

—¿Y quién está al mando del grupo entonces? —preguntó el rey.

—Yo majestad —dijo Huor mientras hacía una leve reverencia —Leith me cedió el mando mientras ella estaba ausente, ha tenido que salir por problemas familiares. No se preocupe, volverá enseguida y entonces podrá llevarse su parte. Aunque si quiere podemos guardarla nosotros —terminó Huor mientras se incorporaba de la reverencia.

—Por supuesto —el rey indicó a los sirvientes que dieran los cofres a Huor —Bueno yo envié a mi halcón con un pergamino con vuestra próxima misión para vuestra capitana —Huor le mostró el pergamino —Exacto, bueno ya sabéis cuál es vuestra misión. Tendréis un día para descansar, partiréis al alba. Ya podéis marcharos.

Huor, Bastian y Emer dieron media vuelta y se marcharon a la habitación de Bastian, para hablar sobre lo sucedido. Emer fue el primero en hablar —No entiendo. ¿Por qué razón has mentido por Leith? ¿La capitana no había marchado a una misión del rey?

—Eso nos dijo, pero está claro que nos mintió. El rey no le ha dado una misión en solitario, es ridículo llevamos juntos mucho tiempo. ¿Qué es lo que nos oculta realmente? ¿Por qué se habrá ido? —comentó Bastian.

—No lo sé. Pero conozco a Leith y no nos mentiría sin razón. Puede que en cierto modo no nos mintiera, ella no nos dijo que la misión fuera del rey. Puede que haya aceptado una misión externa como en otras ocasiones. Puede que esta vez sea algo parecido. En esas misiones siempre ha ido sola —explicó Huor.

—Tienes razón. No debemos preocuparnos —concluyó Bastian.

—Pues yo creo que es diferente —interrumpió Emer.

—¿Por qué crees eso? —preguntó curioso Huor.

—Porque jamás se había despedido así —respondió Emer.

—Eso no te lo podemos discutir, pero lo mejor es que terminemos esta misión y reunirnos con ella en Kusha. Y ahora, fuera de mi habitación —ordenó Bastian.

—Vale —contestó rápidamente Emer y de inmediato salió corriendo.

—Tú encárgate de los cofres, ¿vale? Mañana lo repartiremos antes de irnos.

—Huor, intenta dormir. Mañana será otro día.

 

Huor asintió y se marchó de la habitación, entró en la suya y después de desnudarse se tumbó en la cama. Se quedó dormido pensando en el solsticio de primavera y en el rencuentro con Leith.

Huor se levantó temprano, como de costumbre, y se visitó para bajar a desayunar. En el pasillo se encontró con el resto del grupo y decidieron desayunar juntos. Terminaron bastante rápido para poder así coger sus cosas y marcharse con la princesa con destino Yambú. Cuando estuvieron listos se repartieron las ganancias de los cofres a excepción del contenido del cofre de Leith que guardó Bastian. Al salir del castillo le esperaban tres caballos, el carruaje de la princesa que iba tirado por otros dos caballos y otros dos guardias a caballo. El carruaje lo conducía el sirviente más leal del rey: Ícaro, con tan sólo veintiséis años.

 

—Que guay. ¡Caballos! —Emer se montó en el más pequeño, era blanco con manchas marrones, le iba que ni pintado —Me quedo con este. Yo voy por delante.

—Estas eufórico, Emer, deberías calmarte…esto es una misión importante.

—Creo que elegiré el caballo de color marrón —dijo Huor mientras se montaba en su caballo.

Bastian dejó todo el equipaje en el carruaje de la princesa y se montó en su caballo con ademán serio. Llamó a la ventanilla del carruaje de la princesa y la ventanilla se abrió con una sonrisa —Majestad, Huor y yo iremos a su lado, los guardias a nuestras espaldas y Emer irá delante.

La princesa le observó con atención —¿Ese niño irá delante?

—Es originario de Yambú, es el mejor guía que podréis tener para este viaje —dijo Bastian

—¿Y vos cómo os llamáis? —preguntó la princesa.

—Bastian.

—Espero que mi padre haya elegido bien los reclutas para esta misión porque mi vida está en peligro. Debéis saber que Insel mandará a sus mejores sicarios para matarme.

—No os debéis preocupar. Todos nosotros estamos aquí para protegerla —la tranquilizó Bastian.

—Está bien. Ya podemos partir, quiero llegar lo antes posible —le contestó ella y acto seguido cerró la ventanilla.

 

Durante todo el día avanzaron en línea recta hacia el noreste, sin interrumpirse una sola vez. El sol se ponía cuando empezaron a acercarse al extremo norte de las lomas.

Habían marchado muchas horas sin tomarse descanso cuando llegaron al río que separaba el reino de Stein del reino de Erde.

Por encima de él habían construido un puente de piedra sostenido por grandes pilares para poder cruzar al otro reino. Cruzaron y poco después decidieron descansar.

Ahora ya habían recorrido doce leguas por las llanuras. Las lunas brillaban en el cielo. El reino de Stein era rico por sus minas de diamantes y oro, pero poseía unas calurosas temperaturas y sus campos eran yermos. Era casi todo era desierto a excepción de pueblos aislados cercanos a la playa. Unos bandidos estaban a punto de asaltarles por sorpresa. Los bandidos eran veintisiete en total, pero ocho se quedaron escondidos en las dunas para intentar proteger a sus compañeros con sus arcos.

Intento en vano pues Huor se dio cuenta de la emboscada a tiempo y mató en apenas un minuto a los ocho arqueros, pero un bandido le atacó y le derribó del caballo. Bastian cortó unas cuantas cabezas con sus hachas desde el caballo y saltó sobre el bandido que había atacado a Huor. Huor cogió el arma del bandido y empezó a luchar cuerpo a cuerpo con los bandidos. Mientras tanto los dos soldados de la princesa y Emer la protegían de los pocos bandidos que conseguían eludir a Huor y Bastian. Un bandido atacó a Bastian con una vara de hierro la cual se dobló al golpear sobre el torso de Bastian. Bastian cogió la vara y la usó como cuerda para atar al bandido y lo lanzó lejos. Aprovechó el desconcierto de los otros dos enemigos para golpear sus cabezas entre sí, los dos bandidos cayeron al suelo completamente aturdidos.

Huor dio varios pasos hacia atrás y mató a un bandido con su arco, el otro sin embargo estaba demasiado cerca. Huor se disponía a plantarle cara con la espada que había cogido del bandido, pero entonces el cuchillo de Emer se le clavó en la cabeza.

Huor se volvió sorprendido, cogió el cuchillo del cuerpo y se lo lanzó a Emer el cuál lo cogió sin problemas. Habían acabado con veinte bandidos y se disponían a pelear con el resto, pero los siete faltantes decidieron huir. Huor recogió las flechas que había usado del cuerpo de sus víctimas, pues apenas le quedaban en su carcaj, mientras Bastian registraba a los bandidos en busca de oro o alguna pista de su paradero. No resultaron ser enviados por Insel, pero al menos consiguieron trescientos roans más. La princesa estaba agachada en su carruaje, asustada y un poco histérica. Jamás había sido víctima de un atraco y todo aquello la había cogido totalmente por sorpresa.

Los guardias no dijeron nada, se limitaron a ponerse de nuevo en la retaguardia del carruaje mientras que Emer sin embargo se asomó a la ventanilla de la princesa.

 

—No se preocupe princesa —dijo Emer asomado boca abajo —Los bandidos ya se han ido. No tiene de que preocuparse.

La princesa se calmó y volvió a su asiento —Gracias.

Bastian observó a los bandidos corriendo —¡Mirad como corren! Eso les pasa por meterse con quien no debían. ¡Gallinas! Ya no os creéis tan chulos, ¿verdad? Venid aquí a ver si os atrevéis. Si eso huid, es lo mejor que podéis hacer cobardes.

—Eran veintisiete y hemos acabado con veinte, no está nada mal.

—Y que lo digas Huor. Le hemos dado una buena paliza —le respondió Bastian alegre.

Emer volvió a asomarse por la ventanilla de la princesa, esta vez llamó y la princesa abrió la ventanilla —Princesa. ¿Se encuentra bien?

—Sí, estoy bien, y antes que nada debo pediros disculpas, está claro que mi padre ha elegido sabiamente a mis acompañantes. Aunque la verdad aún tengo el susto en el cuerpo.

Bastian se acercó hasta ellos —¡Emer baja de ahí! Se te va a bajar la sangre a la cabeza y ya estás lo suficientemente loco.

Emer bajó refunfuñando y se montó en su caballo —Vale, está bien.

Bastian se acercó hasta la princesa —Espero que el chico no la haya molestado.

—No para nada, ya estoy mejor. Es que, con eso del atraco, he pasado mucho miedo.

—No se preocupe princesa, yo la he vigilado y he matado a un bandido yo solito —contestó Emer desde la lejanía. Bastian le lanzó una mirada fulminante.

—Jamás te hemos cuestionado Emer, eres grande a pesar de ser pequeño —dijo Huor.

—Bueno Emer —intervino Bastian ya montado sobre su caballo —¿Te importaría guiarnos hasta Yambú? Tenemos que llegar antes de que se haga de noche.

—¡A sus órdenes! —contestó Emer alegre.

—No se preocupe princesa, la protegeremos hasta su destino —se despidió Bastian.

—Gracias —respondió Ámber con una sonrisa y cerró la ventanilla.

Bastian acudió junto a Huor para charlar durante la travesía —Es curioso este Emer.

—Es cierto, tiene diecisiete y aparenta tener sólo diez. Va montado en un poni y se cree que es un caballo.

—¿Es Emer humano? Jamás se me ha ocurrido preguntárselo.

—Es un Kender sin duda, es extraño que no te dieras cuenta —respondió Huor.

—Si bueno, los kenders son bastante similares a los humanos. Aunque no es que yo pueda decir nada, al fin y al cabo, soy medio gigante. De hecho, la única humana del grupo es Leith.

Ámber abrió la ventanilla de nuevo —¿Quién es Leith?

—Nuestra capitana. Ahora mismo está fuera y me dejó a mí al cargo. ¿No nos escuchaste hablar con vuestro padre ayer? —respondió Huor.

—No la verdad es sólo estaba pensando en mi boda, eso de casarme con un perfecto desconocido no me hace gracia. Aun así, sé cuál es mi deber con mi reino.

—Princesa piensa en positivo, al menos tiene una edad parecida a la vuestra. Además, me han dicho que es un todo un caballero —le animó Bastian.

—Sí. Tienes razón —dijo alicaída Ámber que inmediatamente cerró la ventanilla.

 

El viaje era largo, el calor los abrumaba, pero a medida que iban pasando las horas, comenzaban a bajar las temperaturas lo cual agradecieron todos. Por fin habían llegado hasta la ciudad de Yambú, sin duda si no hubieran tenido a Emer probablemente se hubieran perdido en la inmensidad del desierto. El reino de Stein también era propietario de la isla Cith. Esta isla era rica en recursos naturales y no estaban pobladas para evitar la destrucción de la zona. La Isla Cith estaba situadas en el mar Zinwe, al este y se desconocían la existencia de islas o continentes más allá de éstas islas. De hecho, sólo había dos islas más en el mundo. La isla de Ilver, que pertenecía al reino de Kanavat y la isla Vir, una isla de interior gobernada por el reino de Insel, y que se encontraba justo en medio de un gran lago llamado lago Petro, y conectada únicamente por dos puentes, uno con dirección a Insel y otro con dirección a Erde. La princesa Ámber bajó con cuidado del caballo y la recibió Huor que la ayudó a bajar. Unos cuantos sirvientes del príncipe Samir condujeron a los caballos hasta el establo, quitando primero por supuesto el equipaje del carruaje. Ícaro y otros sirvientes del príncipe llevaron el equipaje hasta los aposentos en el castillo. El castillo era sin duda uno de los más hermosos de Sapta Dvipa, era inmenso y poseía un gran patio central interior. El castillo tenía por una cúpula hecha de oro, de hecho, todo el palacio estaba decorado con estos tonos. Sin duda Yambú era una ciudad hermosa, con sus casas de piedra y su mercado tan vivaz. Se comentaba que existía un segundo palacio situado en la isla Cik que había sido abandonado después la gran guerra.

Ícaro caminaba al lado de la princesa, la observaba atentamente con sus ojos casi amarillos, parecía inmerso en su rostro. Ícaro sin duda era un joven estrambótico, extraño, siempre caminaba junto a la princesa de manera lenta y algo peculiar. Su pelo negro alborotado y sus dientes afilados no le daban mejor aspecto. Parecía más rata que humano, sus movimientos eran parecidos a los del animal y su comportamiento lo convertía en todo un misterio.

Muchas veces se pasaba su lengua de reptil por sus labios debido al calor y los demás sentían escalofríos, excepto la princesa que no se daba cuenta de ninguna de estas cosas.

Todos sospechaban que el sirviente tenía una obsesión repugnante y algo macabra con la princesa, pero nada corroboraba esta teoría a excepción del extraño comportamiento del aquel joven tan misterioso. Fue una suerte que el mismísimo príncipe los recibiera en la puerta de palacio, eso ahorró a Huor estrangular a Ícaro por sus miradas lascivas hacia la princesa. El príncipe Samir hizo que en la cara de la princesa se dibujara una sonrisa de oreja a oreja y no era para menos, sin duda era un hombre atractivo. Su pelo era oscuro corto y lacio, su piel morena, sus ojos eran azules, y poseía un físico envidiable. Samir iba vestido con una camisa azul pegada al cuerpo, un peto protector de cuero encima, una capa roja y marrón, un cinturón y unas botas a juego, un pantalón beige y con una corona de oro con el emblema del reino: la serpiente.[3]

 

—Bienvenida a mi reino princesa Ámber, yo soy el príncipe Samir. Me han hablado mucho de su majestad y la verdad es que eres famosa por vuestra belleza, pero sinceramente yo creo que no os hacen justicia. ¿Cómo podría alguien si quiera intentar describir vuestra belleza? —se presentó sonriente Samir.

La princesa soltó una risita tímida —En cambio tú, eras un misterio para mí.

—Eso se puede solucionar. Os prepararé una cena especial y así podernos conocernos mejor. Por cierto, ¿quiénes os acompañan? —preguntó Samir.

—Os presento a mis ambarinos: el capitán, Huor; Emer el chico pelirrojo; y Bastian. Mi padre les ha seleccionado especialmente para este viaje, son los mejores. También me acompañan: Ícaro, mi sirviente, y mis dos guardias más leales —explicó Ámber.

—Un curioso grupo sin duda. Acompañarme y os enseñaré a todos vuestros aposentos en el castillo —el príncipe Samir les invitó a pasar.

 

Ámber acudió a su lado y las puertas del castillo se abrieron, sin duda era un lugar hermoso, cuidado hasta el último detalle, decorado cada milímetro. La entrada comenzaba con una cúpula y luego se abría al patio interior. Samir giró hacia la izquierda y todos le siguieron. Subieron dos plantas y les dejó en las habitaciones, Samir se alejó con la princesa e Ícaro siguiéndoles los tacones.

Huor entró en su habitación, un sirviente dejó su equipaje al lado de la cama y se marchó con prisas. La verdad es que era bastante amplia, parecida a la que poseía en Erde, pero con tonos más claros. Emer y Bastian entraron en la habitación con una sonrisa.

 

—¡Hola Huor! —saludó alegre Emer al entrar.

Huor sonrió forzosamente —Veo que estás contento.

—¡Pues claro! Hemos terminado la misión, eso significa que volvemos a Kusha y veremos de nuevo a Leith. No te ofendas eres un buen capitán, pero la echo de menos —respondió Emer.

—Yo también la echo de menos —contestó Huor sombrío.

—¿Pero a qué viene esa cara? —preguntó Emer.

—Creo que nuestro capitán tiene añoranza —dijo Bastian.

—Pues te vendrá bien salir con nosotros. Os puedo hacer un tour guiado por la ciudad —sugirió Emer.

—¿Qué dices Huor? ¿Te animas? —preguntó Bastian y él asintió como respuesta.

 

Emer iba delante contándoles la historia de la ciudad de Yambú, les explicaba cada detalle del pueblo: sus costumbres, su gastronomía, arte y ocio. Emer lo sabía todo sobre su tierra natal, les hizo un tour envidiable. El trayecto final terminaba en una taberna, al principio parecía sombría, pero nada más entrar descubrieron un ambiente muy agradable. Estaba prácticamente llena, tenían un escenario y sobre él un hombre tocando el laúd. Los chicos se sentaron en la única mesa libre que quedaba y pronto les llegó la camarera para tomarles el recado. Los chicos pidieron tres cervezas y enseguida se las trajeron.

 

—¿Qué os ha parecido mi tour turístico? —preguntó Emer

—La verdad es que ha estado muy bien. No sabía que Yambú fuera tan bonita y tuviera esas historias tan fascinantes —comentó Bastian.

—¿Qué tal si hacemos un brindis? —propuso Emer.

—Por nuestra capitana Leith —dijo Bastian mientras alzaba su copa.

—Por Leith —brindaron todos al unísono.

—Es increíble que las cosas hayan salido tan bien con este viaje. No sólo hemos cumplido el trayecto y vencido a unos bandidos, sino que además la princesa parece ahora estar encantada con su boda. ¿Cuándo se supone que se casan?

—Pues creo que se casan dentro de unos seis meses, pero hoy firmarán la alianza con nuestro reino —le respondió Huor a Bastian.

—Es bonito cuando surge un amor así—comentó alegre Emer

—Sí que lo es —afirmó Bastian.

—Yo me alegro que a la princesa le guste el príncipe porque nadie debería casarse sino es por amor. Aunque hay casos algo extraños de amor como el de ese tal Ícaro —contestó Emer,

—Hablando de ese tipo ¿Qué os parece? —comentó Bastian.

—A mí no me da buena espina —concluyó Huor.

—Pues si la princesa corre peligro deberíamos quedarnos, ¿no? —sugirió Emer

—Sí. O eso o terminamos con ese Ícaro antes de que sea demasiado tarde. Porque sinceramente no estoy dispuesto a quedarme en un reino tan caluroso —dijo Bastian.

—No me ofendo, tranquilo. ¿Y cómo lo hacemos? —preguntó Emer —Es la mano derecha de la princesa va con ella a todas partes. Además, no tenemos nada en su contra realmente.

—Emer tiene razón Bastian. Debemos encontrar pruebas sino queremos que nos condenen a nosotros —certificó Huor.

—Vale la princesa ahora mismo se encuentra a buen recaudo en el castillo, por lo que si intenta algo contra ella lo hará después de la cena —afirmó Bastian.

—Haremos lo siguiente: Para empezar Emer seguirá al príncipe y a la princesa para garantizar su seguridad —Emer asintió como respuesta —Nosotros dos convenceremos a los guardias de que ha entrado un asaltante en los aposentos de Ícaro y de la princesa, lo achacaremos a la amenaza del reino de Insel para parar la boda. Una vez estemos dentro buscaremos por todas partes con la excusa de buscar pruebas de los asaltantes —explicó Huor.

—A ver si lo he entendido. Tú y yo entraremos en los aposentos de la princesa y de Ícaro para buscar pruebas que puedan involucrarlo en un posible ataque para evitar la boda. ¿Y si no encontramos nada? —insinuó Bastian.

 

 

—Es absurdo que haya algo —señaló Emer —Pensarlo bien. Lo lógico sería que si planeas una traición escondieras el plan en un lugar cercano a ti, que nadie pudiera descubrirlo. Puede que tenga algún tipo de cuaderno perturbado o algo así, pero lo que de verdad lo condenaría seguro que está en Kusha.

—Tienes razón —contestó Bastian —¿Pero cómo vamos y volvemos antes de que nos marchemos de Yambú? Es imposible cruzando el desierto.

—No sí sólo viaja uno y atraviesa el lago Rox —propuso Emer.

—¿Y quién va a ir? —preguntó Bastian.

—Por una parte, debería irme yo —intervino Emer —Conozco esas aguas pues ya las he cruzado una vez, pero entonces ¿quién seguirá a príncipe y a la princesa?

—Es cierto que nadie se mueve cómo tú por Yambú, si alguno de los dos quisiera seguirles acabaría siendo descubierto —comentó Bastian

—Entonces iré yo —se ofreció Huor.

—Se te ha olvidado una cosa. La amenaza del reino de Insel para matar a la princesa —le recordó Bastian a Huor —Si se enteran de que el capitán se ha ido. ¿Qué crees que harán?

—Tienes razón. Pues entonces Emer, cuéntale como cruzaste el lago.

—Usa la gran piedra, si haces el mecanismo correctamente te aparece un puente de piedra que se deshace a medida que lo pisas. En cuanto al mecanismo debes presionar una roca gris clara que hay justo en el centro de la piedra y girarla a la derecha al mismo tiempo hasta que escuches un clic. Entonces la sueltas y debería aparecerte el puente de piedra, crúzalo lo más rápido que puedas. La piedra tiene una forma triangular y se encuentra hacia el sur del lago, hay una idéntica al otro lado para poder volver. Debes de repetir el mismo mecanismo. Una vez hayas llegado al otro lado debes andar en línea recta, y pronto verás el castillo de Kusha. Hay una entrada trasera que puedes usar para entrar en el castillo —explicó Emer.

—No es una misión fácil, pero la vida de la princesa puede estar en peligro. Ahora debes decidir si aceptas o no —dijo Huor.

—¿Estás de broma? —insinuó Bastian —Termino esta cerveza y parto ahora mismo. Vosotros cumplir con vuestra parte. Volveré antes del alba. Desearme suerte.

—No la necesitas —respondió Huor.

—Yo voy a seguir a la princesa. Huor tú deberías entrar en las habitaciones por si hay algo, aunque lo dudo, pero nunca se sabe —sugirió Emer.

—Estoy de acuerdo. Bueno chicos nos veremos mañana —se despidió Bastian.

Huor pagó las copas y se marchó. Poco después Emer y Bastian se marcharon cada uno por su lado. Emer empezó a saltar por las casas de Yambú hasta llegar al palacio, entró en su habitación, cogió las armas y volvió a salir.

Al poco rato encontró al príncipe y la princesa en el jardín, y escondido en un arbusto estaba Ícaro con una sonrisa malévola. Emer se colocó en el tejado y observó con atención, esperando para saltar sobre Ícaro si fuera necesario.

Mientras tanto Huor estaba colándose en la habitación de la princesa. Rebuscó por todas partes, pero no encontró nada sospechoso. Parecía estar todo en orden así que volvió a dejarlo todo tal y cómo estaba, y salió de la habitación. Entró en la habitación de Ícaro y descubrió dibujos de la princesa, y varios poemas dedicados a ella que parecían recientes. Tal y cómo había dicho Emer no encontró nada interesante, pero por lo menos ahora si tenía alguna prueba que corroboraba su teoría del plan de Ícaro.

Ícaro estaba enamorado de la princesa y por aquellos poemas quería que fuera suya a cualquier precio. Salió de la habitación antes de que lo descubrieran y entró en la suya.

Para su sorpresa encontró al águila real con una carta en su pata. Abrió el pergamino y era una carta del rey, el sello lo confirmaba. Aquello le desconcertó, pero después de todo ahora era él el capitán y no Leith. Se sentó en la silla enfrente del escritorio y abrió el sobre. En su interior tal y cómo esperaba había una carta del rey que decía:

 

“Espías que poseo en el reino de Stein me han informado de vuestra llegada con mi hija sana y salva. Me hubiera gustado poder recibir una carta vuestra para darme la noticia, pero comprendo que estéis cansado y lo último que querréis será escribir.

Sin embargo, debo comunicaros que mientras seáis el capitán del equipo debéis mantenerme informado, como hacía vuestra antigua capitana. En cualquier caso, esta carta es una mera forma de agradeceros la labor que habéis hecho al llevar a mi hija hasta Yambú. Sólo deseaba daros las gracias por vuestro cometido y vuestra discreción. Me siento obligado a informaros de que algunas de mis fuentes más fiables aseguran haber visto a vuestra antigua capitana en el reino de Kanavat y parecía dirigirse a la isla de Ilver con intenciones no muy claras. No entiendo que razones posee para ello, pero si se vincula con algún enemigo me veré obligado a tomar medidas. Por eso te encomiendo a ti que si ves o escuchas algún atisbo de algo sospechoso sobre vuestra antigua capitana debes detenerla inmediatamente. Será ajusticiada como traición a la corona y sentenciada por ello.  Saludos a mi nuevo capitán de parte del Rey Zenón”

Huor repasó cada frase en busca de alguna señal que le indicara lo contrario a aquello que estaba pensado: ¿Leith era una traidora? Huor no se lo creía, pero si realmente Leith era una traidora a la corona debía detenerla. Arrugó el pergamino enfadado.

No. Leith no era una traidora, esas informaciones estaban mal seguro. Debía hablar con el rey. Quizás si le contaba lo de la amenaza de Insel y de Ícaro sobre su hija, desplazaría su atención el tiempo suficiente para dejarle a Leith tiempo de explicarse. Debía escribir una carta al rey contándole todo lo sucedido, era algo arriesgado, pero no pensaba dejar que arrestaran a Leith por algo que sabía que no había hecho.

Entre tanto Bastian ya había llegado hasta la gran piedra, el lago Rox se extendía ante él. Era enorme y oscuro. Se acercó hasta la piedra y tal y cómo le había indicado Emer había un trozo algo más claro. Presionó con una mano sobre ella y luego giró hacia la derecha. Escuchó un clic. Bastian soltó y delante de él apareció un puente de piedra que conectaba ambas partes. Cruzó lo más rápido que pudo. Llegó al otro lado cansado y el puente se volvió a esconder. Comenzó a correr en línea recta, no tenía mucho tiempo si quería volver antes del alba. Ante él estaba Kusha, y tal y cómo había dicho Emer había una puerta trasera por la que podría pasar. Consiguió colarse y una vez dentro se dirigió al castillo. Escaló por la pared y se introdujo en la habitación de Ícaro desde la ventana.

Cerró tras sí la ventana y echó las persianas para poder encender una vela. Empezó a inspeccionar la habitación y en su mesita de noche encontró en un fondo falso su diario. Un diario lleno de poemas, dibujos… pero nada específico.

Entonces se le ocurrió mirar debajo de la cama, había un parte del suelo que estaba hueco. Quitó la madera y encontró un cuaderno lleno de planos y hojas sueltas. Puso la madera en su sitio y decidió echarle un vistazo a aquel misterioso cuaderno. Y efectivamente tal y como habían sospechado había planeado matar a Samir, y en el caso de que eso no funcionara matar a la princesa. Guardó el cuaderno y lo dejó tal y como estaba. Salió de la habitación y de la ciudad lo antes posible, y comenzó a andar hasta el lago. Estaba demasiado cansado para correr, pero aun así llegó muy rápido al lago.

La luna aún seguía en el cielo, quedarían unas horas para el alba. Presionó sobre la roca y realizó el mismo mecanismo que con la otra. Cruzó corriendo por el puente de piedra y llegó al otro lado aun siendo de noche, pero quedaba poco para el alba. Entonces a pesar de estar muy cansado empezó a correr y a correr para llegar a tiempo a Yambú. Cuando pudo ver la ciudad se alegró enormemente, le dolían las piernas, pero había merecido la pena. Con algunos minutos de ventaja decidió ir andando hasta el castillo y en cuanto llegó fue a buscar a Huor a su habitación.

Bastian entró sin llamar —¡Huor! Lo tengo. Emer tenía razón.

Huor estaba mirando la carta que le iba a mandar al rey —Eso ya no importa —le entregó la carta que le había dado el rey y a Bastian se le cambió la cara —He intentado responderle… pero la verdad es que no sé qué ponerle.

—Debes de contestarle. Eso nos dará la excusa para que yo haya buscado en los aposentos de Ícaro. Diles que un espía nos dijo que había visto a Ícaro con un espía de Insel o algo así. Debes de responderle.

—¿Y Leith?

—Mira por lo de Leith no debes preocuparte. Ya sabes que ella no haría nada así. Si le respondes algo sobre ello, el rey creerá que sabes algo. Así que haz cómo ni siquiera lo hubieras leído. Cuando lleguemos podrás hablar con él tranquilamente si quieres —le aconsejó Bastian.

—Tienes razón —Huor lanzó la carta a la papelera y empezó a escribir una nueva.

 

“Mi querido Rey Zenón, debo pedirle disculpas por no haberle escrito antes. Debo comunicarle malas noticias. Hemos recibido un chivatazo de un espía que ha asegurado ver a Ícaro, sirviente de su hija, con enviados de Insel con la intención de parar la boda. He mandado a Bastian para que registre su habitación y ha encontrado pruebas sólidas de sus planes. Pretendía matar al príncipe Samir e incluso a la princesa en caso de que su primer plan no saliera bien. No tenemos pruebas sin embargo que de verdad estuviera con enviados de Insel, salvo estas informaciones confusas, pero podemos condenarle con las pruebas que tenemos por intento de asesinato y traición a la corona. Espero que me perdone mi osadía al enviar a Bastian, pero temíamos por la vida de la princesa. Así pues, aguardo su respuesta a esta carta. Le enviaré otra carta cuando hayamos detenido al traidor. Saludos cordiales de su capitán. Huor”

 

—¿Qué te parece la carta Bastian? —preguntó Huor.

—Bastante convincente. Envíala deprisa —dijo Bastian.

Huor ató la carta a la pata del halcón y éste salió volando —Bueno ya está.

 

Huor y Bastian informaron a los soldados de lo ocurrido y unos cuantos acudieron con ellos para detener a Ícaro. Emer seguía vigilando desde el techo, cuando vio a Huor y a Bastian entrar en escena se relajó.

Los príncipes se asustaron al ver cómo Emer saltaba desde el tejado hacia un arbusto, salía del arbusto y se unía a sus compañeros. La princesa estaba confundida y enfadada.

 

—¿Pero qué está sucediendo aquí? —preguntó Ámber indignada.

—Ícaro queda detenido por intento de asesinato y traición a la corona. Poseemos un diario y un cuaderno que verifican estos hechos. Por favor apártese princesa —respondió Huor.

—Eso no es cierto. ¡Soy inocente! —mintió Ícaro.

Huor le apuntó con su arco —¡Levanta las manos! ¡Arriba! Soldados detenerle.

Ícaro al ver que le iban a detener lanzó un cuchillo a Samir en un último intento de matarle, pero Emer lo detuvo con uno de sus cuchillos —¡No! Vos debéis ser mía —los soldados detuvieron a Ícaro y le esposaron —¡No! Soltarme. Esto es una injusticia. Ella debía ser mía.

—¡Oh dios santo! —gritó Ámber sorprendida.

Huor relajó el arco mientras los soldados se llevaban a Ícaro —Lamento la intrusión princesa, pero cómo acabáis de ver vuestra vida y la del príncipe corría peligro.

—Muchas gracias, a todo el equipo. Me habéis salvado la vida —dijo Samir.

—Príncipe Samir no tenía ni idea de las intenciones de mi sirviente, de veras. Si lo hubiera sabido lo hubiera encerrado en las mazmorras de inmediato —respondió la princesa algo dolida por lo sucedido —No me lo puedo creer, mi más fiel sirviente era un asesino y un traidor. Ya no se puede confiar en nadie.

—No os sintáis culpable. ¿Cómo ibais a saber vos los planes del traidor? —la reconfortó Samir.

—Sí, es cierto mi príncipe.

—Bueno ahora que ya estáis a salvo majestades, me disculpo ante ustedes, pero el viaje ha sido largo y mis hombres y yo debemos descansar —dijo Huor serio —Gracias, majestad. Buenas noches —se despidió Huor con una breve referencia y acto seguido se marcharon con Huor a sus correspondientes habitaciones.

Huor, Bastian y Emer se reunieron enfrente de la habitación de Huor para hablar sobre lo sucedido. Bastian fue el primero en hablar —Ha sido un día largo. Deberíamos descansar y asegurarnos de que la amenaza de Insel no se producirá. Nunca se sabe.

 

Los chicos se despidieron y se fueron a sus habitaciones a dormir. Al día siguiente su misión les esperaba.

[1] Las alas de los ángeles y arcángeles son ocultadas usando un tatuaje mágico que poseen en su espalda. Las alas pues crecen y vuelven a ocultarse para evitar que los humanos los identifiquen como ángeles y/o arcángeles, puesto que su misión principal es estar entre los humanos pasando desapercibidos para así ayudar a los humanos.

[2]                     Roan: moneda oficial de Sapta Dvipa, establecida después de la gran guerra como moneda única para facilitar el comercio entre los siete reinos. Son de hierro y tienen el valor marcado en el reverso. Los valores posibles son: 1, 5, 10, 50 y100.

[3]                     También llamada Slagh. Todos los emblemas del reino tienen un nombre originario de la lengua antigua de Sapta Dvipa. El Lobo de Insel es Lupo, el Águila de Vihar es Falke, El Pez de Kanavat es Adler, el Dragón de Feuer es Vogel, El Calamar de Strahl es Lignje y el León de Erde es Koira.

Autor: elenasiles

En 2014 publiqué mi primer libro impreso "La Prueba". En 2019 publiqué La Guerrera Drager , en 2020 Piratas de Sagara y en 2021 Los Guardianes de Almas. Fui directora de YouAreWriter desde 2013 a 2019. He participado como autora en Renacer, Antología Benéfica (2020), en Invencibles, Una antología benéfica (2021) y en Antología Recuerdos de Tinta (2021). Además he coordinado, editado y publicado Antología Show Your Rare (2020) , Antología Sueños de Aire (2020) y Antología Criaturas de la Noche (2021) Mi email es: youarewriter.wordpress@hotmail.com Mi blog: www.elenasaavedrasiles.wordpress.com

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