La vecina de al lado cap 6 por Elizabeth Thor

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Capitulo 6

Mara se acercó al cadáver de Mike, porque le había obligado hacer eso, porque todo había acabado así. Ese maldito estúpido se lo merecía, por su culpa la locura de la joven no dejaba de crecer en busca del verdadero amor. Ese bastardo de Mike y su maldita madre le convirtieron en eso. Ellos lo comenzaron todo y la mente de Mara fue la que salió perdiendo. Mara se sentó en el escalón de la escalera y escondió su cabeza entre sus piernas comenzando a llorar, ya que los amargos recuerdos volvían a taladrar su pobre mente. Aquellos días de su adolescencia, cuando vivía rodeada de sueños, de su pequeño mundo que era su habitación. Lleno de posters del último chico guapo de cine, del cantante rebelde que arrebataba el corazón a las jovencitas. Mara suspiraba con la revista entre sus manos, soñaba algún día encontrar al hombre de sus sueños y que fuera su príncipe azul. Alguien comenzó a picar la puerta, eso hizo que se despertara de sus ensueños la jovencita Mara.

— Pasa.
Su madre abrió la puerta y le miró con una sonrisa en los labios, era el cumpleaños de su niña y hoy cumplía 16 años, era un día bastante feliz para ella — Venga cariño papá te va a llevar a ti y a Sandra al centro comercial — dijo la Madre de Mara.
La chica se levantó de la cama y corrió por el pasillo buscando a su padrastro, el cariño de ese hombre había calado hondo en el corazón de Mara.
— Papá vamos quiero ir al centro comercial.

Su madre sonrió al escucharla, fue duro superar la muerte de su marido, pensaba que sería difícil de superar para su hija. Pero encontró a un hombre encantador que supo llenar ese vacío. La casa se quedó totalmente vacía, la madre quería preparar la fiesta de cumpleaños de su hija, su corazoncito no tenía muchos amigos y vivía en una fragilidad perpetua. Su mejor amiga era Sandra la hija de unos vecinos. Picaron a la puerta y al abrirla vio esa mirada de vicio de Mike. En sus manos dos cervezas y en su sonrisa se reflejaba sus ganas de placer. Un ser vicioso y grasiento.

— Cariño creo que papaíto ha llevado a su niña al centro comercial, tenemos tiempo para un buen polvo.

Puede ser que Sam fuera el marido perfecto, afectuoso y cariñoso pero la mujer necesitaba algo que la llenara totalmente. Conocer a Mike fue tan importante para ella, él no se andaba con chiquilladas, saciaba su sed con violencia, sudor y placer. Él no quería atarse, no quería ser el padre perfecto. Jamás quería formar una familia, no quería que le cortaran las alas para seguir gozando del sexo.
Mara quería comprarse unas zapatillas nuevas, quiera ver ese estreno de cine y todo estaba en el centro comercial. Junto a su amiga Sandra pasarían una tarde divertida, hablando de chicos comiendo un helado. Las dos chicas tenían suerte ya que el padrastro de Mara los llevaba a los grandes almacenes con su coche. Mara estaba sentada junto a su padrastro Sam, miraba el paisaje que la envolvía, esos grandes edificios de la ciudad. La joven miró hacia el asiento trasero a su amiga Sandra, que con una sonrisa le enseñaba la entrada de cine. Tenía tantas ganas de ver esa película. La joven notó como una mano le acariciaba lentamente la pierna, le manoseaba el muslo. Vio que Sam le estaba acariciando de una forma extraña. En vez de sentirse mal por ese momento Mara le respondió con una sonrisa, a la chica le gustaba ese trato.

Le gustaban esas sensaciones que Sam despertaba en ella con esas caricias. Con la primera hora de la noche, llego el cumpleaños de Mara, su casa se llenó de familia. Era un bonito día para la joven, que vivía en su eterna fragilidad y timidez casi infantil. Llego el momento de soplar las velas, miro ese pastel con sus 16 velas y se dispuso a soplar. Tras ella Sam que posaba sus manos en los hombros de su hijastra. Ella miró a Sandra y a sus familiares, sopló todas las velas y deseó un pequeño deseo. La fiesta transcurría tranquilamente, Sam y Mike discutían del último partido de beisbol. Mientras la madre de Mara hablaba con sus hermanas.

Mara se acercó a Sandra y le dijo algo al oído — Estoy segura de que mi deseo se cumplirá esta noche, sabes Sandra.
Su amiga le miro riéndose, mientras saboreaba el trozo de tarta.
A última hora de la noche, la fiesta se había terminado hace un par de horas. Todo estaba en silencio, la madre de mara se había tomado las pastillas para dormir y estaba profundamente dormida. Mara miraba la puerta de su habitación tirada en la cama, esperaba que algo sucediera. Lo había deseado tendría que pasar. Se abrió lentamente la puerta entrando Sam, este se acercó a la joven y le acarició su delicado cuello. Le puso un colgante, mientras Mara miraba su regalo Sam fue quitándole lentamente la ropa.
Entre besos, caricias el placer se cogió de la mano con el dolor. La virginidad de la jovencita se rompió en miles de trozos, formando un pequeño charco de sangre. La pureza había dejado el cuerpo de Mara, esta miraba el rostro de Sam que se había quedado profundamente dormido.

Ella apoyo su cabeza en el hombro de su padrastro y le susurró unas palabras — Papá este es nuestro secreto — dijo Mara.

Las dos jovencitas volvían hacer su camino para llegar al instituto, Mara y Sandra eran inseparables compartían todos sueños y secretos. Ese día Mara tenía una sonrisa radiante en su rostro, su corazón latía con fuerza y era todo por el amor que sentía. Sandra sentía curiosidad por el comportamiento de su amiga, estaba esperando que le explicara lo que pasaba por su cabeza. Mara la miró ya no podía aguantar ese secreto que guardaba, pero sería una verdad a medias. Para seguir escondiendo la identidad de Sam.

— Sabes conocí al amor de mi vida, es tan especial para mí — dijo Mara.
— ¿Quién es? — preguntó Sandra curiosa — ¿Es un chico del instituto?
Mara negó con una sonrisa: — Él es un chico adulto, que me abrazó con fuerza y me besó, como esas películas románticas. Fue tan bonito y tan especial.

La jovencita miraba el colgante que le había regalado su padrastro, sus dedos se perdían en las pequeñas formas de aquel pequeño ángel de oro. Solo podía pensar en su querido Sam, que importaba la edad si existía el amor entre ellos. En el único lugar donde podrías encontrar a Mike era en el viejo taller mecánico, la mugre y la grasa rodeaba a ese hombre. Pero ese era un día bastante tranquilo después que arreglara el último coche, solo esperaba que llegara la última hora de la tarde para cerrar. En sus manos una bujía que le iba dando algo de brillo. Se encendió un cigarro, pensó en su querido amigo Sam, pensó que podría visitar a su mujer y darle un buen repaso. Disfrutaba del cuerpo de esa mujer, disfrutaba dando placer a Sharon, aunque ya se había fijado en la existencia de su querida hija Mara.

siguiente capítulo: https://elenasilesbernal.wordpress.com/2015/08/28/la-vecina-de-al-lado-cap-7-por-elizabeth-thor/

Autor: elizabeththor

naci en 1979, en viladecans un pequeño pueblo a las afueras de barcelona, me gusta escribir a unque no persigo poder publicar. prefiero el mundo del dibujo y del comic que es mi aficion.por otra parte me gusta que la gente le interese mis rarezas escritas

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