El Sastre por Elena Siles

Era un día de otoño cuando iba en mi moto a unos 90 Km. / h por una carretera segundaria del oeste de Estados Unidos en Texas. Estaba conduciendo a casa de mi hermana, Dafne, cuando vi una sombra que huía hacia el bosque. Me llamó la atención así que paré la moto y la saqué de la carretera. La dejé al lado de un árbol cercano a la carretera y dirigí mi mirada hacia el suelo.

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Fuente: http://www.segurgent.com

Entonces vi restos de sangre que iban a parar a la cuneta de la carretera y en ella había una bolsa de basura.
Olía putrefactamente y yo me acerqué a abrir la bolsa, entonces vi algo horrible.
Vomité en el árbol y me horroricé al ver la cabeza sin ojos de un ser humano. No sabía si era hombre o mujer puesto que estaba completamente descompuesta y algo calcinada. Deprisa llamé a la policía, pero no había cobertura y entonces miré a mis espaldas. Una sombra me golpeó con algo y quedé inconsciente.

Estaba almorzando cuando oí gritos. Mi presa, un hombre de unos 40 años aproximadamente seguía desangrándose.Lo que más me gustaba de la carne humana eran las tripas. He de reconocer que con un hombre tan gordo como aquél tendría comida para toda una semana.Me gustaba aprovechar todo de mis víctimas.

Primero les dormía y les quitaba la piel, pensé que era bastante complicado si estaba despierto. Me gustaba hacerme trajes con su piel, es bastante confortable. Luego elegía una parte del cuerpo y me la preparaba como almuerzo, solía matarles de inmediato antes de que despertaran, porque no me gustaban que gritaran, cosa que hacía mi presa en aquel instante. Cogí mi pistola y le volé los sesos de la cabeza.No me gustaban los gritos por eso siempre dormía a mis presas, además podrían descubrir mi escondite secreto y la sociedad no ve con demasiados buenos ojos eso de ser caníbal. Me pondrían en la cárcel y moriría; una vez que probé la carne humana no pude comer otra cosa y lo intenté, pero no pude.
Una vez muerta mi presa la descuarticé así era más sencillo guardar las piezas en la nevera.

Terminé de almorzar y fui a sacar al árbol, como ofrenda de todos los días las sobras de mi comida. Normalmente quemaba la cara para que no pudieran reconocer a la víctima y dejaba la cara, y algunas partes íntimas no deseables para comer. Como todos los días dejé la bolsa en el árbol y con mis garras de acero hice una marca, escuche entonces tráfico. Me escondí entre las malezas y vi como un motorista veía el cadáver, estaba horrorizado.Naturalmente iba a avisar a la policía, pero yo cogí una tubería y le golpeé en la cabeza. Bueno ya no tendría que molestarme en salir a cazar la próxima semana a por una nueva víctima porque ella solita había venido hacia mí.

Me desperté aturdido, me caía la sangre por la cara. Tenía una brecha en la cabeza. Olía a carne podrida. Estaba algo oscuro, me costó unos minutos acostumbrarme a la oscuridad.Intenté hablar, pero tenía la boca tapada con una cita e intenté moverme pero estaba atado a una silla. Parecía estar atado con cuerdas, las cuerdas eran fuertes así tras varios intentos inútiles por desatarme decidí mirar a mi alrededor.Entonces se hizo la luz. Encima de mí había una bombilla. Por lo visto me encontraba dentro de una especie de estancia, no mucho más grande que un garaje. Estaba rodeado de cosas raras. Para empezar en las paredes verdes había muchos recortes de periódicos, no podía leer bien lo que decían. Parecían noticias de asesinatos.

Empezó a entrarme el pánico, yo había descubierto un cadáver de un hombre, dicho cadáver seguramente era resultado de una perversión de algún psicópata. Comencé a repasar todos los asesinos en serie sobre los que había leído algo, pero el único que coincidía en lo que había visto era un tipo a que llamaban: El Sastre. Por lo visto su especialidad era quitar la piel a sus víctimas antes de matarlas. Lo único que encontraban de las víctimas era la cabeza y algunos deshechos, llegaron a la conclusión que el asesino era un caníbal y sólo dejaba las partes menos… exquisitas. Se me revolvió el estómago, estaba asustado, pero yo no soy un cobarde. Mi nombre es Greg Michel Brown, soy un respetado periodista. Yo sabía de primera mano como iban en este tipo de secuestros. Generalmente no había ni si quiera un rescate. Me alegraba de haber traído mi navaja multiusos, cogí con mucho cuidado mi navaja encontrada en mi chupa de cuero. Corté las cuerdas de la silla y me desaté de los pies. Estaba tan drogado que apenas podía moverme, pero lo conseguí. Me puse de pie y vi un vaso de cristal encima de una mesa, contenía lo que parecía ser sangre.

Entonces observé bien cada parte de mi estancia. Había visto muchas muertes, muchos cadáveres, pero no había visto nada igual. Toda la pared estaba llena de fotos de las víctimas, también había diseños de ropa, realizada con la piel de las víctimas. Me giré y vi dos neveras, de ellas salía un aire frío que me ponía carne de gallina. Yo ya me imaginaba el contenido de su interior, pero tenía que estar completamente seguro. Si conseguí salir vivo de allí tendría que declarar en un tribunal y las simples sospechas no valdrían para la defensa, yo ya lo sabía por experiencia. Me dirigí hasta la nevera y abrí la primera. En ella había carne, en perfecto estado. Había también órganos, estaban dentro de bolsas de plástico. No llevaban ningún tipo de etiqueta ni de organización. No era lo natural en los psicópatas. Eran muy metódicos, inteligentes y tenían una pauta muy organizada. Cerré la tapa y me dirigí a la otra nevera. Esta si estaba organizada. Todo estaba meticulosamente ordenado. En las primeras estanterías estaban los órganos, organizados alfabéticamente. Todos tenían una etiqueta que los diferenciaba. Además poseían un nombre, me figuré que sería el nombre de la víctima. En las posteriores estanterías estaba la parte del torso, y posteriormente las extremidades, es decir, brazos y piernas. Cerré la puerta de la nevera, no necesitaba ver más. Era evidente que la primera nevera contenía los restos de una víctima reciente, probablemente la misma que yo había encontrado en la carretera.

Tenía que salir de allí de inmediato, era altamente probable que si esperaba más no lo pudiera contar. Así pues empecé a buscar la puerta para salir, no encontré nada. Había un conducto de ventilación, pero era demasiado pequeño para poder entrar por él. Aquello era absurdo, tenía que haber alguna puerta, ese cuarto era claramente su despacho y además estaban las neveras. ¿Cómo iba a poder sino llenarlas y vaciarlas sino podía entrar y salir fácilmente de la habitación? Me dí miedo a mí mismo por pensar tal cosa, pero tenía que encontrar una salida antes de que fuera demasiado tarde. Empecé tocando las paredes, alguna de ellas debía de ser una pared falsa. La encontré, era la pared de los recortes de periódico. Empujé con todas mis fuerzas y cuando volví a abrir los ojos había salido del cuarto. Una sensación de alivio me recorrió entero. Pero este tipo de asesinos eran muy listos, si me había encerrado en ese cuarto tan especial era porque sabía que no iba a salir de ese lugar con vida. Probablemente habría instalado trampas en todas las salidas posibles o me había envenenado. No, no lo creía posible, era caníbal, uno no envenena a la comida. Sí, acababa de verme a mí mismo comida, bueno como comida y una posible chaqueta nueva. Desde aquel momento no iba a llevar nunca más piel de verdad. Miré a todas las partes, aquel lugar era merecido de una casa del terror. Había más neveras, no quise ni siquiera abrirlas.

Había también piel con sangre que se estaba secando, como extendida gracias a un artilugio de madera. Formaba el contorno de una camiseta de mangas cortas. A su lado tenía una especie de marcas y apuntes. La máquina de coser estaba al lado de las pieles. En medio de la habitación debajo de mis pies había una alfombra. Estaba cubierta de pelo, cerré los ojos deseé con todas mis fuerzas que no fuera pelo humano. Parecían trozos unidos de diferentes personas. La alfombra cubría toda la estancia al milímetro. Del techo colgaban pinchos, como si fuera un matadero, ventiladores y focos. A un lado de la habitación cerca del tendedero había un gran armario. Era enorme. Anduve hacia él y abrí las puertas de par en par. Casi vomito. Todo un montón de ropa realizada con piel humana. Camisetas, blusas, chaquetas, zapatos, guantes, gorros, bufandas, e incluso ropa interior. Todo estaba milimétricamente ordenado alfabéticamente y en cada ropa tenía una etiqueta realizada con papel en la que llevaba escrita un nombre, un número y una letra. Por ejemplo: Andrew Thomson,36. M

La letra solía ser siempre la misma: M, o L. Seguramente era una forma de organizar la talla de la ropa. La había visto en Europa, pero en Estados Unidos no era así.El número sin embargo cambiaba muchísimo. El número más bajo que observé fue el número 23 y el más alto el 68. Una especie de escalofrío me recorrió la espalda.Comprobé que todas las camisas eran muy anchas, de hombre, por lo que sus víctimas en su mayoría eran hombres, para que la ropa le quedara bien. Los zapatos, esto era bastante curioso y muy asqueroso estaban realizados con la piel de los pies de las víctimas. Las bufandas estaban realizadas por lo visto con la piel sobrante, los guantes con las manos y los gorros con una parte desconocida del cuerpo, pero no era la cabeza, porque era lisa. Los pantalones lógicamente estaban realizados con la piel de las piernas, había algunas prendas con tintes, seguramente porque las usaba a menudo. El color de piel predominante era el blanco, es decir, su víctima era un hombre de unos 20 a70 años, blanco, probablemente soltero, divorciado o viudo. Para que no se denunciara su desaparición tan fácilmente. Cerré las puertas del armario, aquello se me hacía cada vez más difícil, de lo único que me alegré era que no mataba niños o mujeres. Su insistencia en el blanco de un hombre era probablemente debido a que algún nombre de su entorno le había arruinado la vida.

Seguramente tenía estudios universitarios, puede que una carrera en medicina. Pero había estudiado muy bien para ser abogado, conocería todos los trucos para evitar su ingreso en prisión, por eso no había sido descubierto aún. Es posible incluso que fuera policía de joven, puede que asesinaran a su familia o ésta se marchara de su vida por alguna razón. Es muy probable que todas las personas de su alrededor lo traicionaran de alguna manera y es muy probable que hubiera comenzado con todo esto por un profundo trauma psicológico infantil por una niñez complicada. Es por tanto un hombre solitario, seguramente divorciado o viudo. Deseó con todas sus fuerzas que separado porque era bastante probable que si fuera viudo su mujer hubiera sido asesinada por él mismo, y es posible que por tanto que sus hijos también. Apostaría que era un alcohólico, o tendría en su momento problemas con algún tipo de sustancia adictiva, droga, probablemente marihuana. Es muy probable que estuviera ingresado y lo echaran del trabajo por su percance con las drogas.

Actualmente vivía del dinero que robaba a sus víctimas, de algún tipo de herencia o del seguro en cuyo caso de su esposa por asesinato, seguramente realizado por él mismo. Repasé mentalmente todas las noticias locales de un tipo similar, pero nada.  Noticias nacionales, pero nada. Es normal si hubiera alguna sospecha de que pudiera ser un asesino todo esto habría acabado hace mucho tiempo. Además ese tipo de hombres eran muy listo, aunque hubiera habido prueba contra ellos no hubiera dejado que la prensa se enterara y habría salido victorioso de su encontronazo con la ley. Quizás con toda esa información conseguía dar con su secuestrador, claro está que tendría que salir primero de allí vivo y no convertido en su próxima colección de otoño- invierno. Vi justo en el medio de la habitación una puerta de metal, fui para abrirla. Cerrada. Busqué ventanas, y las encontré, pero tapiadas con madera.No podía arriesgarse a romperlas, es posible que el asesino todavía estuviera cerca y si lo oía iría para matarle. No espera, el asesino no quería matarme, no al menos dentro de poco.
Tenía en la nevera los restos de su antigua víctima, no me iba a matar, ya tenía comida suficiente. Probablemente esperaría una semana, tal vez dos.

Entonces me di cuenta de que había un trastero en la última esquina de la habitación.La puerta estaba cerrada, delante de mí había unas llaves. Abrí la puerta. La sala de armas o al menos eso parecía. En una vitrina como si fuera su mayor logro había unas manos de podar. Había tijeras, alicates, martillos, tenazas, llaves inglesas y taladradoras claramente a la vista. Luego disponía de una estantería en la que guardaba estuches negros. Abrí uno por uno los estuches. Armas de fuego, generalmente pistolas cortas. También había munición para las armas de fuego y una escopeta. No parecía usada. Había un maletín rojo, me llamó la atención. Lo abrí era una especie de maletín quirúrgico. Repasé en mi memoria había un maletín igual en la sala dónde me habían atado, había pasado de largo porque estaba muy usado y supuse que era un maletín de herramientas normal y corriente. El que sostenía en mis manos entonces era el de repuesto, necesitaba tener uno siempre a mano porque lo necesitaba para sus juegos macabros con la piel de las víctimas.Lo puse todo tal y como estaba una sola modificación y el asesino se habría dado cuenta de mi intrusión. Cerré la puerta del trastero y dejé las llaves en su sitio. Me quedé unos segundos pensativo.Podría usar las herramientas para salir, pero era mejor usar las de la habitación anterior.

Entré de nuevo en la habitación anterior y busque un maletín negro. Lo encontré enseguida, era bastante evidente. Lo tenía todo ordenado alfabéticamente. Cogí el maletín entero y con la silla en la que me habían amarrado anduve hasta las ventanas. Me monté en la silla y con un martillo conseguí quitar algunas tablas de la ventana. Miré a través de ella, pero no pude ver nada. Rompí el cristal a base de golpes y el cristal cayó hacia atrás. Se quedó enganchado en una especie de bolsa. La rompí con un destornillador. Me arrepentí al segundo de haberlo hecho. Un brazo de un esqueleto salió de repente, me agarré como pude y algo asustado guardé de nuevo como pude el brazo en su sitio. Con una cinta aislante arreglé todo el estropicio y puse de nuevo las tablas igual que antes, no quería que el asesino notara nada cambiado. Es probable que a este paso no me diera tiempo de escapar y entonces tendría que volver a atarme y simular estar dormido. Comprendí que todo aquello estaba en el subsuelo y que el asesino guardaba los restos de huesos alrededor de él. Probablemente había matado a tantas personas que ya se había visto obligado a poner los cadáveres pegados a la pared de ese cuartel subterráneo. Eran esqueletos, no estaban en descomposición, por eso no había un olor intenso a podrido, excepto el que salía de las pieles a modo de ropa. Estaba pensando en usar las herramientas para escapar por la puerta principal, había descartado esta idea en principio porque pensaba que evidentemente tendría puesto algún tipo de sistema de alarma o trampa en la puerta principal y más si él sabía que por las ventanas no podía uno escaparse, al menos que quisiera uno ir quitando cadáveres a una profundidad no calculada hasta llegar a la superficie y probablemente encontrarse con el asesino. La puerta principal por tanto no tenía sentido si quiera intentarlo, pero nunca se sabe. Cuando estaba apunto de martillear la puerta me cayó arena de encima.

Había alguien encima del cuartel, probablemente el asesino. Corriendo lo puse todo tal y como me lo había encontrado.
Encontré las cuerdas en el despacho del asesino, puse la silla en la situación que recordaba y me guardé la navaja en el mismo sitio de la chaqueta para poder volver a escapar. Me puse el mismo trozo de cinta aislante sobre la boca que anteriormente me quité al despertarme. Me até primero los pies y luego las manos. Como pude. Sonaron pasos, eché un último vistazo, no veía nada fuera de su sitio. Cerré los ojos y escuché como se habría una puerta de metal. Escuché como retiraba cosas. “La trampa, estaba en lo cierto” pensé. Después escuché unas llaves. “Cerrada con llave, no hay sistema de alarma, bien algo menos de lo que preocuparme, aunque no sea mucho consuelo”. Luego se abrió la puerta secreta del despacho y escuché un resoplido. La voz de un hombre mayor resonó en toda la estancia con un eructo. El asesino se sentó en la silla que había delante de su escritorio y bostezó.

– Tal vez debería de despertar ya a mi próxima víctima- se dijo así mismo el asesino.

Se levantó de la silla y me dio una bofetada. Yo abrí los ojos inmediatamente.

El miedo me recorría todo el cuerpo, estaba aún más desorientado que antes.

– Buenas tardes bella durmiente. Espero que hayas dormido bien. Por si no lo habías notado yo soy tu secuestrador. Me puedes llamar Tailor Butcher.

“No se ha comido mucho la cabeza con el nombre Sastre Carnicero, en inglés suena mejor al menos tiene sentido artístico” pensé sarcásticamente

– Perdona, había olvidado que tienes la cinta- Tailor me quitó la cinta de un tirón y yo solté un quejido- No te quejes, no ha sido para tanto.

– Menos mal que me afeité el viernes pasado

Tailor no pudo evitar reírse- ¿Eres cómico o algo así?

– ¿No se supone que deberías saberlo? ¿No sabes nada de tu víctima? Qué bonito.

Tailor me lanzó una mirada agresiva- Claro que sé quién eres. Eres ese periodista de la televisión. Te he visto varias veces en reportajes. Nunca has hecho nada sobre secuestros o asesinatos. Bueno he aquí tu primera toma de contacto y además de primera mano.

– Si vas a matarme, ¿qué haces ahí parado?

– ¿Tienes prisa o qué?

– Es que no lo veo lógico, en vez de pedir un rescate antes vas a matarme así sin más

Tailor se mostró algo cabreado- No voy a pedir un rescate, nos descubren así. Puede que la policía no sea demasiado lista, pero si le doy algún indicio me detendrán y no quiero ir a la cárcel. Me he vuelto adicto a algo que sé que no podría tomar en la cárcel

– ¿Marihuana? ¿Hachís? ¿Polen? De eso hay más en prisión.

Tailor sonrió- Lo sé. Me he vuelto adicto a algo mucho más indispensable

– ¿Lacasitos?- pregunté con ironía

Tailor se rió- Jajajaja – De pronto se puso serio- No. A una comida un tanto… especial

– Hombre la comida de la cárcel es una mierda, pero es mejor que la de mi comedor de la cadena. Un exprisionario lo garantizó.

Tailor no pudo aguantarse una sonrisa- No es comida de animal

Miré a las neveras y me mostré impresionado- Humana. Eres caníbal

– Joder macho, menos mal, ya me empezaba a cansar de dar indirectas.

– ¿Desde cuándo eres caníbal?

– Una excursión a África con unos amigos me abrió los ojos- contestó siniestramente

– ¿Un año, dos quizá?

– Cuatro años y seis meses- respondió Tailor muy seguro.

Me quedé de piedra. Cuatro años matando a personas cada semana y no había sido descubierto, ni siquiera tenían una leve sospecha. Sólo una leyenda urbana que decía que había un asesino que fabricaba su ropa con piel humana. No se sabe de dónde salió la leyenda, pero yo ahora sabía con certeza que era totalmente cierta.

– Si has estado tanto tiempo asesinando a personas. ¿Por qué lo arriesgas todo ahora conmigo? ¿Qué es lo que ha cambiado?

Tailor se mostró muy serio- Sabes. Eres el primero con el que me ocurre esto. Nunca nadie se había fijado en el árbol. Nunca nadie había descubierto un cadáver de los que he asesinado y mucho menos he tenido que intervenir para nada. Mi sistema era perfecto. Ofrezco las sobra a la naturaleza para que desaparezca. La quemo para huela más y acudan los lobos de la zona. Generalmente ellos cogen todos los huesos y los entierran, yo no me tengo que preocupar por nada de eso.

– Si eres tan listo porqué me muestras tu rostro

Tailor esbozó una sonrisa tenebrosa- Porqué se con certeza que no vas a salir vivo de aquí. Yo mismo te estrangularé entre mis manos. Generalmente suelo drogar a mis víctimas y luego la descuartizo. Aunque primero claro está les quito la piel. Me gusta hacerme mi propia ropa usando piel humana real. Es bastante cómoda, aunque tengo que teñirla y pasarla por muchos productos para que me dure lo suficiente como para que merezca la pena cortarles la piel. No es nada fácil. ¿Sabes?

– Verás, es que nunca me ha picado la curiosidad con eso de quitarle la piel a las personas, matarlas y comérmelas. Llámame loco si quieres.

Tailor me miró con sus dos grandes ojos azules- Es una auténtica pena que tenga que matarte. Eres una de las personas que mejor me han caído. ¿Seguro que no eres cómico?

– No. Soy periodista, como bien dijiste antes. Apasionado de las dos ruedas.

– Es cierto. Tengo tu moto guardada en un garaje a parte. ¿Por qué te paraste?

– Instinto periodístico, llámalo como quieras. Tuve una intuición, aunque si hubiera sabido que acabaría secuestrado y posteriormente muerto probablemente no me hubiera acercado. Y yo no estaría aquí con las manos atadas y una brecha en la cabeza

– Disculpa por el golpe, pero no tenía otra opción que dejarle inconsciente, sino usted habría llamado a la policía y destruido 4 años de meticuloso trabajo en un plumazo.

– Aquí no hay cobertura, como sabrás. Iba a llamar, eso sí es cierto.

– Bueno es normal. Uno no ve todos los días un cadáver y mucho menos en ese grado descomposición. Me gusta intentar aprovechar al máximo a mis víctimas, pero hay ciertas partes del cuerpo que ni siquiera soy yo capaz de comer. Una vez probé el cerebro de una víctima, no estaba nada mal, pero como comprenderás no se volverá a repetir. Es como comer serpiente, se hace pero luego no lo vuelves a comer.

– Tailor. ¿Puedo preguntarte algo sobre ti? Quiero conocer tu historia.

– Vosotros los periodistas siempre deseosos de conocer más y más. Tiene cierto sentido dado vuestra profesión, pero a veces os paséis demasiado. Claro que supongo que mereces una última gran noticia antes de morir. Bien, así pues te contaré mi historia.

Yo le regalé una sonrisa y deslicé mis manos hasta mi móvil, no podía llamar, pero si grabar. Tenía un botón al costado para la grabación. Lo había instalado para situaciones extremas, perfecto para declaraciones en secreto.

Tailor Butcher empezó a hablarme con una voz grave y serena. Su rostro era indescriptible, era precisamente el tipo de hombre que ves por la calle y saludas con una sonrisa. Tailor era médico. ¡Médico! Yo había acertado. Él salvaba vidas por todas las que arrebatada. Entonces el historial conflictivo de las víctimas era abrumador. Acoso, asesinato, extorsión, chantaje, robo, tráfico de drogas, violación, pederastia, prostitución, homicidio, agresión, amenazas, asalto a una propiedad privada, secuestro, intentos de suicidio, tenencia ilegal de armas… El historial era enorme, por supuesto no en una misma persona, pero todos ellos eran delincuentes y además bastantes reconocidos. No se les echaba de menos porque todos acababan igual.

Tailor además tenía un conocimiento impresionante sobre la abogadacía, dice que se vio obligado cuando su exmujer le pidió el divorcio y la custodia de los niños. Yo había acertado en todo. Él seguía trabajando aunque por separado y en individual. Se divorció porque tuvo una amante en el trabajo y luego cayó en el alcohol. Más tarde su amante lo dejó, sus hijos no querían saber nada de él, lo despidieron de su trabajo y cayó en las drogas. Viajó a África con algunos compañeros, allí sufrió un shock y se convirtió en lo que era ahora, es decir un psicópata caníbal. Luego había motado una consulta privada muy barata, y había dejado la droga, aunque seguía siendo alcohólico. Tailor tenía un apartamento en el centro y múltiples amantes, dijo que jamás hizo daño a alguna; y que jamás había tenido pensamientos impuros si quiera con menores de edad. Estaba loco, pero tenía una filosofía un tanto extremista. Él se creía que libraba al mundo de su mal, mataba a las personas que habían dañado de alguna forma a la gente y no lo podía hacer de cualquier forma. Él necesitaba su comida y su ropa y que mejor que usar el cuerpo de sus víctimas. Y es así como comenzó todo.Cuatro años y seis meses con planes perfectos y más de 400 víctimas dejadas de la mano de Dios. Personas completamente desconocidas, escoria de la sociedad, ladrones, asesinos, traficantes, todas esas personas que habían tenido una vida llena de delincuencia y no hacían más que entrar y salir de la cárcel. Él quería eliminar a todas esas personas para crear un mundo mejor. Él era un héroe.

Yo cerré los ojos al ver una aguja acercarse a mi brazo. Tenía tanto miedo que estaba temblando.

Tailor- Tranquilo. No sentirás nada.

– ¿Es este mi final?
Tailor- No. Es tan sólo tu muerte. Esto es solamente el principio

Autor: elenasiles

En 2014 publiqué mi primer libro impreso "La Prueba". En 2019 publiqué La Guerrera Drager , en 2020 Piratas de Sagara y en 2021 Los Guardianes de Almas. Fui directora de YouAreWriter desde 2013 a 2019. He participado como autora en Renacer, Antología Benéfica (2020), en Invencibles, Una antología benéfica (2021) y en Antología Recuerdos de Tinta (2021). Además he coordinado, editado y publicado Antología Show Your Rare (2020) , Antología Sueños de Aire (2020) y Antología Criaturas de la Noche (2021) Mi email es: youarewriter.wordpress@hotmail.com Mi blog: www.elenasaavedrasiles.wordpress.com

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